[Aventura T2- P.A] - Corazón de León
#1
Dia 47 de Primavera, Año 18


La mañana había avanzado lo suficiente como para que Baquella rebosara vida, el sol caía con fuerza sobre los tejados de teja anaranjada, arrancando destellos de las paredes encaladas que daban al pequeño pueblo costero ese aspecto cálido y apacible tan característico. La brisa marina llegaba desde el puerto cargada del olor a sal, madera húmeda y pescado recién descargado, mientras el murmullo de comerciantes, pescadores y vecinos componía la rutina de un día cualquiera.
O eso parecía.
La calle donde se encontraba la vieja sastrería no era una excepción. Varias personas caminaban de un lado a otro, algunas cargando cestas, otras conversando frente a los escaparates o deteniéndose a observar las telas expuestas tras el ventanal del pequeño negocio. Sin embargo, aquella aparente normalidad se rompía unos metros más adelante.
Una reducida guarnición de marines bloqueaba el acceso al establecimiento.
Cuatro soldados rasos permanecían apostados frente a la puerta, firmes, con las manos cerca de sus armas y una expresión lo bastante seria como para disuadir a cualquier curioso de acercarse demasiado. Los vecinos observaban desde la distancia, intercambiando miradas de inquietud y susurrando entre ellos, aunque ninguno parecía dispuesto a preguntar qué estaba ocurriendo, y es que desde hacía unos días circulaba por el pueblo un extraño rumor. El anciano sastre, un hombre humilde conocido por todos los vecinos, había pasado a ser objeto de conversación tras decirse que había conseguido varias joyas de gran valor por medios que nadie era capaz de explicar. Nadie conocía la verdad, pero bastó aquel murmullo para que las miradas empezaran a posarse sobre su pequeño negocio.

Nine alcanzó la calle en ese preciso instante.
Desde donde se encontraba, no podía ver el interior de la sastrería. La puerta permanecía abierta, pero los propios marines impedían distinguir lo que sucedía tras el umbral. 
Entre el ruido del pueblo consiguió distinguir voces procedentes del interior.
-...¡Las joyas!
El grito resonó con claridad.
Después llegó el estruendo de algo pesado golpeando el suelo, luego otro impacto, después: el chirrido de un mueble arrastrándose con violencia, y finalmente, el sonido seco e inconfundible de un puñetazo seguido de un quejido ahogado.
Los soldados intercambiaron una rápida mirada, pero ninguno hizo ademán alguno de intervenir. Permanecían inmóviles, vigilando la entrada como si su única misión fuera impedir que nadie interrumpiera lo que estaba sucediendo dentro.

Fuera, el bullicio del pueblo continuaba ajeno a la gravedad de la escena. Algunos caminaban de largo fingiendo no haber visto nada; otros observaban desde la distancia con una mezcla de miedo y resignación. Nadie parecía dispuesto a enfrentarse a la autoridad de la Marina.
Sin embargo, Nine había llegado justo a tiempo para decidir si permanecería entre los espectadores... o si cruzaría aquella puerta antes de que los golpes dejaran de oírse.

INFORMACION DE LA AVENTURA
[Imagen: ksMOGZu.png]
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#2
Nine sentía una fuerte lealtad hacia el sastre, debido a que, anteriormente, este le había reparado su preciada chaqueta con mucho esmero y cariño. Tan solo imaginar que estaría sucediendo en el interior de la sastrería ya era suficiente para sentir la necesidad de ayudar al anciano. Sumando además su odio inamovible contra los Marines, el lunarian no fue capaz de controlar sus emociones. Cerró los puños con fuerza, inclinó todo su cuerpo levemente hacia el cielo y gritó con todas sus fuerzas.

—!AAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHH! ¡Malditos Marines! 

Los cuatro soldados se giraron de repente, mirando directamente hacia la fuente del estruendo. Nine frunció el ceño y les dirigió una mirada tan directa como contundente.

—Presumís en nombre de la justicia injustamente, y eso hace perder la confianza de la gente en la misma. ¡Se acabó vuestro trabajo aquí!

La llama de su espalda ardía con fuerza. Con ayuda de sus grandes alas negras, el lunarian saltó hacia adelante, con sus brazos abiertos y directo hacia la puerta del establecimiento. Entre medio, se encontraban los cuatro soldados, posicionados de espaldas con aquellas gaviotas que el lunarian tanto detestaba dibujadas en sus uniformes. 

—¡Sois unos privilegiados, ya que vais a ser los primeros en presenciar mi nueva técnica! ¡Golpe Cuerpo!

Ninguno de ellos tuvo tiempo de defenderse. En cuestión de milésimas de segundo, los cuatro soldados recibieron una fuerte embestida, como si fueran atropellados por un tren en marcha. Uno de ellos chocó violentamente contra la fachada de la sastrería, llegando a romper parte de esta con el impacto. Otro atravesó el escaparate volando hacia el interior de la tienda, quedando rodeado de algunas piezas de maniquí y la ropa que se exponía esa mañana. Los dos restantes entraron por la puerta junto al lunarian. Sus cuerpos permanecían inmóviles. Nine se mantuvo cabizbajo, con una rodilla en el suelo mientras sujetaba las cabezas de ambos soldados con sus propias manos, aplastándolas contra el suelo del establecimiento. 

Sin apenas levantar la mirada y sin tiempo a analizar la situación en el interior, Nine se levantó sacudiendo su chaqueta con ambas manos y exclamó.

—¡Viejo, he venido a recoger mis joyas! Mas te vale que estén todas si no quieres que tu familia sufra mientras la Luna aún Arde. !RAAAAAAAHAHAHA!


INFORMACIÓN
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