15-06-2026, 05:50 PM
Valle del Silencio, Báltigo
10:00 AM, día 30 de invierno, año 17
10:00 AM, día 30 de invierno, año 17
Demasiado ajetreo. Los días desde que habían llegado a Báltigo habían estado llenos de encuentros, reuniones, presentaciones y toda la demás parafernalia. Kisuke apenas había tenido una mañana para si mismo y no habían sido más que unas pocas horas. Por eso mismo, esa mañana, se ajustó las katanas al cinto, como siempre, y salió de la base en dirección al Valle del Silencio. Esperaba poder tener allí un rato a solas consigo mismo, y con sus katanas, para meditar y planificar, en cierta medida, como debía de proseguir con su entrenamiento.
"Vamos a ver si soy capaz de aclararme."
Mientras caminaba, adentrándose en el valle, Kisuke reflexionaba fumando tranquilamente buscando un buen sitio para llevar a cabo su entrenamiento. El antiguo pescador sentía que su habilidad con la espada no avanzaba ya en gran medida, aunque le seguía faltando quizá algo de potencia bruta. En cuanto al haki, sentía que era más poderoso que nunca y que su voluntad, ligada siempre a este poder, se había ido afianzando y solidificando, más aún con lo vivido el día que llegaron a la blanquecina isla. Y luego estaba su poder como usuario.
"Ciertamente tengo demasiado abandonada mi habilidad... quizá debería pensar en como sacarle más jugo..."
Al final, encontró un lugar junto a una caverna, cerca del meandro de un arroyuelo, que estaba junto a un grupo de árboles medio secos y raquíticos, seguramente debido a las inclemencias del viento que soplaba incesante en aquella isla. Dejó el macuto en el que se había llevado un refrigerio para después y su odre junto a las raíces de uno de estos árboles, mientras se estiraba y respiraba profundamente, relajando la mente y vaciándola de toda preocupación y responsabilidad inherente a su cargo. No es que detestase ser Comandante, de hecho, le gustaba sentirse útil y que aportaba a la causa, evidentemente, pero a veces se sobresaturaba y necesitaba aquellos ratitos consigo mismo.
-Bueno... va siendo hora de dejar de vaguear, lanzacañas... kuhahahaha...
Hizo un breve calentamiento, poniendo a tono los músculos y articulaciones de su cuerpo, para evitar sustos en forma de algún tipo de lesión. Después de esto, desenvainó a Yamigiri y a Onikiba y se dispuso a hacer una serie de movimientos, fintas y tajos para desoxidarse de la falta de combates. Ciertamente no era suficiente, puesto que en el combate real es donde se encuentra la mejora real en el camino de la espada, pero, a falta de pan, buenas son tortas, como se suele decir.
"Parece que al menos no se me ha olvidado como se sostienen las katanas... kuhahaha..."
Siguió así un rato más probando sus límites en cuanto a velocidad y encadenamiento de ataques, forzando sus capacidades al máximo, hasta que, tras una media hora agitando sus katanas contra algún enemigo imaginario, se paró con la frente, los brazos y el pecho, perlados de sudor, a pesar del frío invernal que había allí, acentuado por el gélido viento del norte que soplaba. Envainó las espadas y se acercó a beber un poco de agua de su odre, vaciándolo de una vez, y acercándose a rellenarlo en el meandro del arroyuelo, que le inspiraba la suficiente confianza para ello.
"Practicaré un poco la meditación para el haki..."
Tras esto, se sentó en la posición de flor de loto con las katanas en el regazo, las tres que portaba consigo, y cerró los ojos expandiendo su kenbunshoku en un radio de 50 metros en un inició, subiendo su nivel de percepción y detectando todas las formas de vida que había en aquella zona, desde aves de rapiña a lagartos hibernando, o algún tímido pez que pasaba de largo por el arroyuelo. Sin abrir los ojos, activó su haki de armamento, lo que cubrió sus brazos en negro y se levantó, con los ojos cerrados aún, acercándose a uno de los árboles y golpeando con sus puños desnudos en el tronco, sintiendo como hacía un tremendo abollón en la corteza del mismo. El árbol, que estaba en las últimas emitió un crujido a modo de quejido. Pero el antiguo pescador no era alguien que supiese usar los puños adecuadamente, por lo que se acercó, aún con los ojos cerrados a sus katanas y desenvainó de nuevo a Yamigiri y Onikiba, imbuyendo ambas con su busoshoku y tornándo sus hojas de un negro azabache como la noche sin estrellas. Con un simple movimiento en cruz con ambas consiguió cortar el tronco como si fuese un pedazo de mantequilla y el árbol cayó librado por fin de su sufrimiento. Kisuke envainó las katanas, abrió los ojos y de nuevo rompió a sudar, más abundantemente que antes, cuando desactivó sus hakis. Aquel era un buen método para aumentar su control del haki y seguir mejorando; todavía se preguntaba si esos hakis podría mejorarlos más.
"Bueno, estaré otro rato más y pararé a comer..."
Una vez más, se sentó con las katanas envainadas en el regazo y vació su mente para concentrarse. Esta vez, trataría de alcanzar su máxima capacidad de despliegue sensorial. Pero no iba a ser tan sencillo. En esta ocasión no fue capaz de hacerlo, puesto que tres presencias aparecieron ante él, reclamando su atención. Dos hombres y una mujer. Kisuke los conocía muy bien a los tres, pero hacía mucho que no se tomaba su tiempo para conversar con ellos. Sode no Shirayuki, Onikiba y Yamigiri.
-¿Vais a darme la turra vosotros también?
La mujer, Sode no Shirayuki, hizo un puchero mirándolo con resentimiento y acercándose sensualmente a él, como hacía siempre, para tomarle del brazo izquierdo y acariciar su bíceps. Después pasó su mano al pectoral izquierdo de Kisuke haciendo un remolino con su dedo índice.
-No seas tan frío conmigo, cariño... Hace mucho que no bailamos juntos... te echo de menos...
Kisuke suspiró.
-No seas caprichosa, sabes que no he combatido en serio en mucho tiempo...
Onikiba le lanzó una mirada de desaprobación, casi de asco.
-Cuando te coja Ashura te va a destrozar por blandengue y vago, lanzacañas...
Yamigiri por su parte, se llevó la mano a la frente frotando sus sienes con hastío.
-De verdad... No podéis exigir nada y lo sabéis...
-Eres demasiado blando con él y así le irá, Yamigiri...
-Cariño, pasa de estos dos mugrientos y vente conmigo... Vamos a pasarlo bien.-dijo susurrando mientras guiñaba un ojo a Kisuke, que la ignoró por completo a pesar de que ella acercó aún más su cuerpo al brazo de Kisuke para que sintiera sus curvas.
Pero Kisuke, que estaba a otras cosas, sonrió al notar el respeto que tenía Onikiba por Yamigiri, al parecer la díscola katana sabía reconocer los rangos entre ellas y admitía la superioridad de la meitõ. Con una mirada fría tanto a Onikiba como a Sode no Shirayuki, les hizo cuadrarse y quedarse calladitos a ambos. Tanto que la mujer se separó por completo de Kisuke.
-No estamos aquí para divertirnos, estamos aquí para guiarle a seguir mejorando. Y lo primero que debes hacer es aprender a utilizar mejor tu poder de akuma no mi.
Kisuke se sorprendió ante ello. No esperaba que sus katanas le dijesen que tenía que mejorar en algo que, en principio no tenía que ver mucho con ellas. Siempre había tratado de buscar formas de mejorar aunando sus poderes pero no se le había ocurrido mucha cosa, realmente. Como si leyera un libro, Yamigiri sonrió al ver la cara de Kisuke.
-El Susu no Koromo fue una buena idea, pero hay una mejor manera de usar tu poder... Pero aún no estás listo, necesitas un control mucho más fino sobre tu poder del que tienes ahora mismo
-¿A qué te refieres, Yamigiri?
Onikiba no pudo seguir conteniéndose.
-¡A QUE ERES UN INÚTIL QUE NO APROVECHA SU POTENCIAL AL MÁXIMO, CENUTRIO!
Tanto Sode no Shirayuki como Yamigiri le lanzaron una mirada asesina a Onikiba, que se limitó a girar la cabeza con dignidad hacia un lado. La mujer parecía haberse puesto seria, lo que no dejó de sorprender a Kisuke, pero no dijo nada, por lo que Yamigiri siguió con su explicación.
-El poder sin entrenamiento no es nada más que cenizas... y eso es lo que estás haciendo hasta el momento con tu habilidad...
Kisuke sonrió torvamente; parecía que las cosas se iban a poner interesantes, así que chocó su puño derecho con la palma de su mano izquierda y dijo:
-Pues pongámonos a ello...
"Vamos a ver si soy capaz de aclararme."
Mientras caminaba, adentrándose en el valle, Kisuke reflexionaba fumando tranquilamente buscando un buen sitio para llevar a cabo su entrenamiento. El antiguo pescador sentía que su habilidad con la espada no avanzaba ya en gran medida, aunque le seguía faltando quizá algo de potencia bruta. En cuanto al haki, sentía que era más poderoso que nunca y que su voluntad, ligada siempre a este poder, se había ido afianzando y solidificando, más aún con lo vivido el día que llegaron a la blanquecina isla. Y luego estaba su poder como usuario.
"Ciertamente tengo demasiado abandonada mi habilidad... quizá debería pensar en como sacarle más jugo..."
Al final, encontró un lugar junto a una caverna, cerca del meandro de un arroyuelo, que estaba junto a un grupo de árboles medio secos y raquíticos, seguramente debido a las inclemencias del viento que soplaba incesante en aquella isla. Dejó el macuto en el que se había llevado un refrigerio para después y su odre junto a las raíces de uno de estos árboles, mientras se estiraba y respiraba profundamente, relajando la mente y vaciándola de toda preocupación y responsabilidad inherente a su cargo. No es que detestase ser Comandante, de hecho, le gustaba sentirse útil y que aportaba a la causa, evidentemente, pero a veces se sobresaturaba y necesitaba aquellos ratitos consigo mismo.
-Bueno... va siendo hora de dejar de vaguear, lanzacañas... kuhahahaha...
Hizo un breve calentamiento, poniendo a tono los músculos y articulaciones de su cuerpo, para evitar sustos en forma de algún tipo de lesión. Después de esto, desenvainó a Yamigiri y a Onikiba y se dispuso a hacer una serie de movimientos, fintas y tajos para desoxidarse de la falta de combates. Ciertamente no era suficiente, puesto que en el combate real es donde se encuentra la mejora real en el camino de la espada, pero, a falta de pan, buenas son tortas, como se suele decir.
"Parece que al menos no se me ha olvidado como se sostienen las katanas... kuhahaha..."
Siguió así un rato más probando sus límites en cuanto a velocidad y encadenamiento de ataques, forzando sus capacidades al máximo, hasta que, tras una media hora agitando sus katanas contra algún enemigo imaginario, se paró con la frente, los brazos y el pecho, perlados de sudor, a pesar del frío invernal que había allí, acentuado por el gélido viento del norte que soplaba. Envainó las espadas y se acercó a beber un poco de agua de su odre, vaciándolo de una vez, y acercándose a rellenarlo en el meandro del arroyuelo, que le inspiraba la suficiente confianza para ello.
"Practicaré un poco la meditación para el haki..."
Tras esto, se sentó en la posición de flor de loto con las katanas en el regazo, las tres que portaba consigo, y cerró los ojos expandiendo su kenbunshoku en un radio de 50 metros en un inició, subiendo su nivel de percepción y detectando todas las formas de vida que había en aquella zona, desde aves de rapiña a lagartos hibernando, o algún tímido pez que pasaba de largo por el arroyuelo. Sin abrir los ojos, activó su haki de armamento, lo que cubrió sus brazos en negro y se levantó, con los ojos cerrados aún, acercándose a uno de los árboles y golpeando con sus puños desnudos en el tronco, sintiendo como hacía un tremendo abollón en la corteza del mismo. El árbol, que estaba en las últimas emitió un crujido a modo de quejido. Pero el antiguo pescador no era alguien que supiese usar los puños adecuadamente, por lo que se acercó, aún con los ojos cerrados a sus katanas y desenvainó de nuevo a Yamigiri y Onikiba, imbuyendo ambas con su busoshoku y tornándo sus hojas de un negro azabache como la noche sin estrellas. Con un simple movimiento en cruz con ambas consiguió cortar el tronco como si fuese un pedazo de mantequilla y el árbol cayó librado por fin de su sufrimiento. Kisuke envainó las katanas, abrió los ojos y de nuevo rompió a sudar, más abundantemente que antes, cuando desactivó sus hakis. Aquel era un buen método para aumentar su control del haki y seguir mejorando; todavía se preguntaba si esos hakis podría mejorarlos más.
"Bueno, estaré otro rato más y pararé a comer..."
Una vez más, se sentó con las katanas envainadas en el regazo y vació su mente para concentrarse. Esta vez, trataría de alcanzar su máxima capacidad de despliegue sensorial. Pero no iba a ser tan sencillo. En esta ocasión no fue capaz de hacerlo, puesto que tres presencias aparecieron ante él, reclamando su atención. Dos hombres y una mujer. Kisuke los conocía muy bien a los tres, pero hacía mucho que no se tomaba su tiempo para conversar con ellos. Sode no Shirayuki, Onikiba y Yamigiri.
-¿Vais a darme la turra vosotros también?
La mujer, Sode no Shirayuki, hizo un puchero mirándolo con resentimiento y acercándose sensualmente a él, como hacía siempre, para tomarle del brazo izquierdo y acariciar su bíceps. Después pasó su mano al pectoral izquierdo de Kisuke haciendo un remolino con su dedo índice.
-No seas tan frío conmigo, cariño... Hace mucho que no bailamos juntos... te echo de menos...
Kisuke suspiró.
-No seas caprichosa, sabes que no he combatido en serio en mucho tiempo...
Onikiba le lanzó una mirada de desaprobación, casi de asco.
-Cuando te coja Ashura te va a destrozar por blandengue y vago, lanzacañas...
Yamigiri por su parte, se llevó la mano a la frente frotando sus sienes con hastío.
-De verdad... No podéis exigir nada y lo sabéis...
-Eres demasiado blando con él y así le irá, Yamigiri...
-Cariño, pasa de estos dos mugrientos y vente conmigo... Vamos a pasarlo bien.-dijo susurrando mientras guiñaba un ojo a Kisuke, que la ignoró por completo a pesar de que ella acercó aún más su cuerpo al brazo de Kisuke para que sintiera sus curvas.
Pero Kisuke, que estaba a otras cosas, sonrió al notar el respeto que tenía Onikiba por Yamigiri, al parecer la díscola katana sabía reconocer los rangos entre ellas y admitía la superioridad de la meitõ. Con una mirada fría tanto a Onikiba como a Sode no Shirayuki, les hizo cuadrarse y quedarse calladitos a ambos. Tanto que la mujer se separó por completo de Kisuke.
-No estamos aquí para divertirnos, estamos aquí para guiarle a seguir mejorando. Y lo primero que debes hacer es aprender a utilizar mejor tu poder de akuma no mi.
Kisuke se sorprendió ante ello. No esperaba que sus katanas le dijesen que tenía que mejorar en algo que, en principio no tenía que ver mucho con ellas. Siempre había tratado de buscar formas de mejorar aunando sus poderes pero no se le había ocurrido mucha cosa, realmente. Como si leyera un libro, Yamigiri sonrió al ver la cara de Kisuke.
-El Susu no Koromo fue una buena idea, pero hay una mejor manera de usar tu poder... Pero aún no estás listo, necesitas un control mucho más fino sobre tu poder del que tienes ahora mismo
-¿A qué te refieres, Yamigiri?
Onikiba no pudo seguir conteniéndose.
-¡A QUE ERES UN INÚTIL QUE NO APROVECHA SU POTENCIAL AL MÁXIMO, CENUTRIO!
Tanto Sode no Shirayuki como Yamigiri le lanzaron una mirada asesina a Onikiba, que se limitó a girar la cabeza con dignidad hacia un lado. La mujer parecía haberse puesto seria, lo que no dejó de sorprender a Kisuke, pero no dijo nada, por lo que Yamigiri siguió con su explicación.
-El poder sin entrenamiento no es nada más que cenizas... y eso es lo que estás haciendo hasta el momento con tu habilidad...
Kisuke sonrió torvamente; parecía que las cosas se iban a poner interesantes, así que chocó su puño derecho con la palma de su mano izquierda y dijo:
-Pues pongámonos a ello...
