[Presente Relativo] Trio Revolucionario
#11
Kisuke escuchaba atentamente lo que decían tanto Zorak como Don Bambú mientras terminaba de devorar su desayuno. Ciertamente la historia de Skypiea era cuanto menos extraña, era bastante sorprendente, y a la vez, perturbador el hecho de que lo que para el mink panda fue una semana, fue un año para el resto de las personas. Aún así sonrió al recibir los cinco mil berries de una apuesta que tuvo con Zorak cuando vieron la noticia de la desaparición la división 21. Cogió el dinero y le dio una palmada amistosa en el hombro a su amigo.

-Kuhahaha, aunque sea marine, ese tipo es bien duro, Zorak, estaba claro que no estaba muerto.

Se bebió de una sentada el café y encendió un cigarrillo para rebajar la comida. Dio un par de caladas reflexivas; era verdad que Skypiea era una isla legendaria, no en vano era una de las raras islas del cielo, que según había leído se formaban en las nubes a diez mil metros de altitud. No conocía mucho respecto al tema, pero desde luego era fascinante que pudiese haber islas flotando en los cielos.

-Skypiea, la mítica Isla del Cielo, seguro que fue una experiencia increíble.

Entonces tras un chascarrillo de Don Bambú, Zorak le preguntó por Little Garden. Kisuke estaba también interesado en aquello, sabía que el grupo revolucionario al que pertenecía y en el que estaba con otros poderosos miembros que habían causado un gran revuelo en Whiskey Peak, habían desaparecido por completo, quedando el mink panda completamente solo.

-La verdad fue muy impactante leer el periódico y ver aquella noticia, pero uno no sabe que creer nunca del periódico, ya que siempre suele haber cierta manipulación. Me resultaba complicado creer que vuestro grupo fuese prácticamente aniquilado.

Se quedó mirando al mink, esperando que pudiese hablar sobre el tema, ya que era algo que le llamaba poderosamente la atención. Pensaba que sería positivo que si sabía que había pasado con gente tan fuerte podría ser capaz de evitar cometer los mismos errores que pudieran haber cometido ellos. No obstante, Don Bambú seguía ahí, era todo un superviviente, y había estado en Skypiea, donde reinaba un Shichibukai y estaba la división 21, así que más mérito todavía las andanzas en solitario de su compañero.
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#12
Fue la mención de Little Garden lo que borró por unos instantes la sonrisa del panda. Pequeños flashes de lo que allí había acontecido se le vinieron a la cabeza. Cómo Kovashi había recibido un tremendo golpe por parte de uno de los gigantes y había perdido el conocimiento. Cómo había ido a buscar ayuda. Cómo no había nadie y Kovashi había desaparecido misteriosamente del refugio. Nunca encontró los cadáveres, nunca quiso perder la esperanza. Kisuke hizo alusión a la escasa veracidad del periódico en estos casos. El panda dio una calada pequeña a su cigarrillo y decidió hablar. Al fin y al cabo, no podía guardarse la historia para siempre. —Fueron gigantes. —Comenzó. Los ánimos que hasta hacía poco había exhibido el panda se habían desvanecido sin dejar rastro. Sólo quedaba de él un semblante lúgubre mientras contaba la historia. —Les robábamos comida para sobrevivir. No nos iba mal. Con mis poderes lográbamos infiltraciones bastante exitosas, pero... en la última incursión Kovashi fue demasiado de frente. Le dijo que esperase mi señal, pero decidió no esperar. Siempre se dice que los gigantes son tan fuertes como lentos, pero pueden llegar a sorprender. Cuando me llevé al camarada a nuestro refugio me lo encontré vacío. Le dejé allí mientras iba a por ayuda, pero no encontré a nadie. Ni Nadja ni Enma estaban allí. Al volver, tampoco estaba Kovashi. —Le tembló ligeramente la mano del cigarrillo mientras daba otra calada, esta vez algo más larga. —Ese día desaparecieron todos sin dejar rastro. Evidentemente no me rendí. Salí en su busca. No me costó encontrar el campamento de los gigantes, tenían un rastro muy fácil de seguir. Fui a buscar a mis amigos, pero tampoco estaban allí. Sólo tenían a un prisionero, Caoba. Seguramente siga en la corriente de Rakusei, no me acompañó a Skypiea. —Se preguntaba cómo estaría le joven revolucionarie.

El panda sacudió su cabeza. No le apetecía continuar profundizando en aquella historia. La carnicería que se montón en aquel campamento cuando el panda recibió el poder de la luna llena no era plato de buen gusto para nadie. Además, ni siquiera sabría decir cómo es que había salido vivo de allí. —El caso es que me pasé meses en aquella maldita isla y jamás encontré rastro de mis compañeros. ¿Muertos? Con total seguridad lo estarán, por mucho que me duela admitirlo. Pero tampoco tengo evidencias que lo corroboren. —Finalizó. Dejó el cigarro a un lado y agarró una fruta especialmente apetecible en ese momento. Comer era una buena manera de dejar de hablar.
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#13
La sonrisa se borró de la cara del mink tras mi pregunta sobre Little Garden y tras darle una calada al cigarro el panda comenzó a hablar, comentó que se encontraron con gigantes, que les robaban comida para sobrevivir y algo sobre sus "poderes" con los que lograban infiltraciones exitosas, esas palabras hicieron que mi ceja derecha se levantara. No parecía el tipo de persona buena para infiltrarse, por obvias razones de tamaño, entonces era un usuario de fruta del diablo igual que yo? El mink se me hacía cada vez mas interesante, tras contar su historia al mink se le veía afectado, estaba claro que estaba siendo sincero.

"Agradezco tu sinceridad, Don Bambú."

Dije mientras me levantaba de la mesa, pues ya estaba llegando la hora de comenzar mi entrenamiento en el ryusoken y no era buena idea hacer esperar a alguien tan estricto como el Mariscal Nilats, me posicioné detrás de Kisuke y coloque mi mano derecha en su hombro izquierdo mientras miraba al mink.

"Tomate un par de días para descansar, debe de haber sido un viaje largo y agotador"

En parte quería irme porque las palabras del mink habían removido recuerdos propios, estaba seguro que Kisuke se daría cuenta, por otra parte la historia del mink me hizo pensar que tal vez necesitara esos días de descanso y sobre todo adaptarse al cuartel, aún con la mirada puesta en el dije para Kisuke en tono autoritario.

"Capitán Kageyama, enseñe las instalaciones a Don Bambú y busque una habitación tranquila donde pueda descansar."

Me giré y me encamine hacia la puerta, mientras levantaba mi mano derecha a modo de despedida de mis compañeros.

"Bienvenido a casa, Soldado."

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#14
Quizá no había sido la mejor idea sacar aquel tema, se notaba a leguas que seguía siendo muy doloroso para el mink hablar sobre sus antiguos compañeros. Zorak también se había sentido afectado, o eso le pareció al antiguo pescador, y de hecho, tras agradecer al mink que les contase un poco su historia, se levantó y se fue, no sin antes pedirle, como su superior, que acompañase al mink por las instalaciones y se asegurase que estaría cómodo.

-Como ordene, Mariscal Ideale.

Se le hizo un tanto extraño dirigirse de aquella manera a su amigo, pero en el cuartel había que guardar las formas, supuso Kisuke. Entonces se fijó de nuevo en el mink, estaba concentrado en su desayuno intentando evadir los recuerdos que habían despertado ellos dos con sus preguntas. Kisuke se sentía responsable.

-Lamento haber sacado el tema, debe ser jodido pasar por algo así.

Sin saber muy bien qué más hablar, recordó el asunto de Skypiea. Seguro que en aquel lugar se juntaron verdaderas bestias del combate, posiblemente muchos de los cuales, había visto en los carteles de recompensa. Pensó que quizá eso le distraería al mink de los recuerdos dolorosos, y además, sabría de primera mano que tipo de gente eran aquellos monstruos que habían estado en la isla del cielo. Estaba convencido, que más allá de la afamada división 21 de la marina, habría habido mucha gente de cualquier facción, piratas, cazadores de recompensas, y demás.

-Por cierto, ¿qué tal fue el tema de Skypiea? Imagino que verías a gente muy poderosa allí. Si te parece bien me gustaría saber un poco de lo que viste allí. A cambio también puedo responder a lo que quieras. Me parece un trato justo, ¿no? kuhahahaha.

Se rio intentando darle la mayor levedad posible a su petición, quería saber más de aquel tipo. Se veía buena gente, comprometido con la causa y le gustaría que se uniese al escuadrón, que por ahora solo formaban él y Zorak, pero para eso primero debería surgir una confianza entre ellos, si no, no sería beneficioso para ninguno.
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#15
Mientras daba buena cuenta del resto de su comida, Zorak decidió que era su momento de marchar y se levantó sin excusarse, agradeciendo la sinceridad del panda y permitiéndole un par de días de descanso para asentar la cabeza. El panda no necesitaba descansar, pero emplearía este recién adquirido tiempo para meditar en paz para despejarse. No saludó militarmente porque el propio Zorak no parecía por la labor de que lo hicieran, pero sí que asintió educadamente con la cabeza mientras el mariscal se marchaba. —Es un placer haber vuelto, mariscal. —Contestó a su bienvenida antes de girarse hacia su capitán. Ya había terminado toda su comida y estaba completamente saciado, de modo que Kisuke gozaba de su completa atención. —No se preocupe, por mucho que duela es la realidad en la que vivimos. No puedo huir de ella toda la vida. —Contestó el panda tratando de mantenerse estoico. Agradeció sin embargo el cambio de tema que el rubio le estaba proporcionando. Los acontecimientos fantásticos en la isla del cielo alejarían al panda de aquellos dolorosos recuerdos.

—Ocurrieron muchas cosas en aquella isla. Acudí como pretexto para escapar de Little Garden, pero pronto me vi involucrado en una aventura que bien podría ser un relato épico. Descubrimos la legendaria ciudad de Shandora, capital del imperio en el cielo. Es una ciudad gobernada por ningún otro que el Shichibukai Zarutsuki, el más viejo y probablemente poderoso de todos ellos. Naturalmente oculté mi identidad. ¿Quién sabe qué querellas tendría el viejo mono contra un revolucionario? —El panda se animó contando aquella historia. Su estancia en Skypiea había sido algo completamente extraordinario. Le relató a Kisuke cómo se habían desarrollado los juegos y que el equipo ganador de un deseo había sido el compuesto por el cazador Sohem, la pirata de los Shogun Gari (con los que se había juntado el panda), Sasha; la pirata de los Alas Negras, Triana Tempesta y una marine pelirrosa o rubia o algo así cuyo no recordaba muy bien, algo como Pilimari. —No sé qué pidieron, pero no tiene importancia. En Shandora estuve entrenando con un maestro en algo que se llama haki. Se trata de la energía de nuestro espíritu. Nuestra voluntad manifestándose para asistirnos. En algunos clases incluso materialmente. Si algún día está interesando en el tema, capitán, compartiré humildemente lo que bajo la tutela del maestro Kaelith pude aprender. —Dijo el panda con cierto entusiasmo. El haki le parecía una herramienta tan útil para la revolución que no compartirlo sería un delito. —Pero volviendo a la historia, finalmente me separé de los Shogun Gari para regresar con el Ejército Revolucionario a la base de esta isla. El deber me llamaba. —Concluyó el panda incluso enderezándose un poco con orgullo. Finalmente volvía a estar con los suyos. Aunque disfrutase enormemente de la compañía de los Shogun Gari, nada podía compararse al hecho de estar de nuevo con los revolucionarios luchando por lo que creía correcto.

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#16
Kisuke se alegró de haber cambiado de tema. Mientras el mink panda se explayaba contando sus aventuras en la isla del cielo, se le veía que estaba aliviado de cambiar de tema, y, al fin y al cabo, aquella experiencia había sido bastante sorprendente. Kisuke se interesó mucho en lo que contaba su nuevo compañero de aquel tipo, el Shichibukai Zarutsuki, el que se suponía era el más veterano de la orden de los llamados Caballeros del Mar, aunque el antiguo pescador los veía más como piratas con licencia por decirlo de alguna manera. Lo que no esperaba es que aquel tipo fuese el gobernante de la Isla del Cielo.

Le habló de varias personas, de las cuales solo reconoció a Sasha, la muchacha prodigio con una recompensa monstruosa para su edad, y a Triana Tempesta, que por lo que había leído era espadachina, así que podría ser alguien interesante con quien mantener un duelo. Tanto Sohem como la tal Pilimari no sabía quienes eran, puesto que al ser uno un cazarrecompensas, y la otra una marine, suponía que del escuadrón de Joe Joestar, por lo que no tenían cartel de recompensa, aunque el nombre de Sohem si que le sonaba de haberlo leído en algún periódico viejo.

-Parece que conociste a mucha gente, compañero. Me alegro que aquellos tipos los Shogun Gari te acogiesen con ellos, parecen buenos tipos, y, por lo que se decía en el periódico, han pasado por mucho también.

Entonces mencionó algo llamado haki, que se suponía que era una especie de manifestación de la voluntad para ayudarte en combate, o algo así. Aquello le interesó, todo aquello que le ayudase a ser más fuerte captaba su atención al instante. Desde que entrenase el nitoryuu se sentía un poco estancado y no sabía como mejorar de manera sustancial. Aquello podría ser la respuesta que estaba buscando.

-Suena muy interesante esto del... haki, dijiste, ¿verdad? Seguro sería de mucha utilidad para muchos de nosotros.

El mink terminó su historia contando brevemente como ante la llamada del deber de la revolución se separó de los Shogun Gari.

-Una aventura fascinante la verdad, y seguro que el haki ese nos beneficiará mucho. Ahora es tu turno, compadre, ¿hay algo que pueda ayudarte o que quieras saber?

Formuló su pregunta con una sonrisa dispuesto a contarle lo que quisiese escuchar; sin duda Don Bambú le había parecido un tipo genial, y estaba seguro que sería un gran activo si se unía a su escuadrón de los Toros Negros.
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#17
Kisuke se mostró sumamente interesado en lo que el panda le estaba contando, o al menos eso parecía por su atenta mirada y su implicación en la conversación. Se alegró de que hubiese conocido a gente como los Shogun Gari. Aunque fueran piratas, tenía que decir que se habían convertido en gente muy querida para el panda. Se entendía sobre todo con Garnet, que era con el que más había hablado, pero Sasha y Tobías también le habían caído en gracia. Kuraku, por desgracia, a penas había intercambiado palabras con él. Parecía el más tímido de todos y aunque tenía un carácter explosivo (como demostró en una de las pruebas durante los Juegos) parecía extremadamente reservado. —Yo también me alegro. Es importante rodearse de gente agradable como ellos en momentos difíciles. —Dijo el panda con una leve sonrisa. Se preguntó cuándo podría volver a verlos de nuevo. Quizás al final de la Corriente Daiya, en el Archipiélago de Sabaody, donde todas las corrientes confluyen ante la puerta al Nuevo Mundo, pudiera encontrarse de nuevo con sus amigos de los Shogun Gari. No sería raro encontrarse también con aquellos cazarrecompensas o aquellos marines con los que ya había coincidido en los Cabos Gemelos. El destino parecía estar empeñado en juntarlos a todos ellos en un mismo lugar en diversas circunstancias. En ambos casos, pensó el panda, un Shichibukai acabó implicado en el asunto.

Sin embargo, la conversación no había terminado, de modo que el panda no se dejó llevar por sus más que corrientes divagaciones y volvió a atender a Kisuke. —El haki es más útil de lo que pueda imaginarse, pero es algo que sólo comprenderá una vez le haya transmitido todo lo que sé. —Dijo el panda con absoluta sinceridad. Sobre la oferta de Kisuke no supo qué preguntar. Lo cierto es que no le interesaba recompensa alguna y no tenía preguntas acerca de nada en concreto. —No lo sé. —Concluyó. —Quizás en un futuro pueda pedirle un favor, pero por el momento no necesito nada. Tal vez un pequeño descanso. —Llevaba muchos días de viaje y le acababan de dar dos días libres para descansar. —Con permiso, creo que eso es lo que haré ahora mismo, descansar. —El panda se levantó de su asiento y llevó su bandeja a la barra para que la camarera no tuviera que recoger nada. Se acercó una última vez a la mesa y saludó a su capitán como era debido. —Un placer conocerle, capitán. Espero que podamos entrenar juntos pronto. —Y dicho aquello, salió de la cafetería en busca de los dormitorios.

A decir verdad, no tenía ni idea de dónde estaban. Tal vez aquella hubiera sido una buena pregunta.

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