[Pasado] - La determinación de un capitán
#11
Colgado cuál pera de un melocotonero, Garnet se zafaba del vacío y de la fuerza de la gravedad, amarrándose como podía de la pierna de Yojimbo después de que este recibiera su ofensiva. Pero aquel lunarian no era el capitán de  la temida banda de los Alas Negras por nada. En un acto que parecía desesperado, el capitán pirata se dispuso a propinarle una patada en toda la cara al pelirrojo que, si bien podía ver venir perfectamente, como si fuera un duelo lleno de hombría, el músico se negó por completo a esquivarlo.- Dame con lo que más coraje te de, colegui. - Pensó con una falsa confianza el skypiean, recibiendo de lleno aquella especie de pisotón, haciendo que Garnet soltará un pequeño quejido. Sin embargo, lo mejor estaba aún por venir.

Como si de un torbellino en erupción se trataran, con la suela de sus pies sobre el bello rostro del fan número uno de la chica leyendo esto, ambos combatientes comenzaron a descender, como una estrella fugaz, mientras estos giraban sobre sí mismo, tomando la dirección de la caída como eje de giro, todo al mismo tiempo que Yojimbo gritaba palabras que acompañaban a su espíritu combativo.- ¡PEROOO QUÉ COJONEEEES! - Gritaba Garnet en pleno descenso, abrumado por la decisión bélica del lunarian y es que, a partir de ahora, sabía que no era buena idea agarrarse a alguien que tenía la ventaja aérea por su mano.

Aquella suerte de meteorito conformado por el cuerpo de los dos alados, terminó por impactar sobre el tejado de madera del local, llevándose Garnet la peor parte al sufrir su espalda, de primera mano, el vasto aterrizaje, habiéndose alejado antes de tiempo el capitán de los Alas Negras.- ¡PUAGH! - Escupió sangre en el acto, poniéndosele los ojos en blanco mientras su transformación se desvanecía, hasta volver a la forma de guarrindongo base, ¡vaya marrano! Dos cosas estaban más que claras, y es que, Yojimbo pegaba como un camión y, por el otro lado, que la determinación de Garnet no era lo suficientemente inquebrantable para aguantar los embates del lunarian.

Estando atumbarrado sobre la madera quebrada, sus vista se emborronaba, pero podía ver lo suficiente como para captar la silueta de quién sería el futuro rey de los piratas. Su figura, majestuosa, una vez más se dibujaban a la perfección en contraste con la inmaculada luna a sus espaldas, sirviendo a Garnet de inspiración para que su mente y alma no volvieran a flaquear, dándose dos bofetadas simultáneas en sus dos mejillas, resonando aquel choque en la noche, hasta que su propia risa cortó el momento.- Pueje puejejee... -  Reía Garnet, débilmente, al mismo tiempo que el lunarian lo hacía a una distancia de un metro, mientras se volvía a incorporar lentamente para seguir - como diría su compañera Jolyne - con el ruedo. Una vez que se hallaba de pie, frente a Yojimbo, formando una previa guarda con sus puños frente a su pecho, lanzó de primeras un cruzado con su derecha que, por tema de alturas, iría directo hacia su rodilla derecha y, consecutivamente, otro cruzado pero, esta vez, con su brazo izquierdo que iría directo a su otra rodilla. Aquella pelea, en aquel momento, se había convertido en la típica pelea de barrio de la que Garnet había sido varias veces partícipe durante su adolescencia.

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#12
El hombre que tenía enfrente era pura determinación. Sin lugar a dudas, la determinación se veía completamente personificada en él, la determinación de un auténtico guerrero de los mares. Garnet no perdía las ganas de pelear, en un abrir y cerrar de ojos, sin que pudiera percibir ningún movimiento, noté dos golpes en mis rodillas. No eran demasiado fuertes, pero tenían intencionalidad. Él no quería parar de pelear, pero la verdad es que los dos estábamos para el arrastre, y el cansancio se abría camino y se hacía notar. Inmediatamente después de recibir sus golpes, mi rodilla izquierda se elevó e impactó en su mentón para luego volver a su posición original, y justo después mi torso se agachó para propinarle un cabezazo en su cara, que ahora miraba hacia el cielo a consecuencia del golpe anterior. Estiré mi mano izquierda, que apoyé en su cabeza, y retrocedí con su ayuda dos metros al mismo tiempo que las llamas de mi espalda se escondían dentro de mi cuerpo.

¿Qué significaba la determinación para un guerrero como él? Este encuentro me estaba enseñando muchísimas cosas; la primera es que un tipo como el que tenía delante no paraba, no se detenía jamás. Incluso cuando el cuerpo estuviera cansado, cuando apareciera el miedo, la duda o la fatiga, no se tenía permitido parar. Garnet se había levantado una y otra vez y aún me enfrentaba. Su gracia al moverse o su agilidad no era algo que se tuviera por talento, era el producto de un duro entrenamiento que había pasado solo y que, seguramente, había sufrido en silencio. Su yo de ahora, tan resistente y persistente, era el resultado de una disciplina diaria, de no rendirse en el día a día. Era pura voluntad.

Sonreí y solté todo el aire de mi cuerpo relajando mis músculos y lo miré fijamente. El tío era duro de pelotas y nos podíamos estar arreando tortazos todo el día hasta quedarnos con la cara hinchada como un globo, y aun así, no pararíamos.

-Oye, yo no tengo ningún as en la manga… -dije justo antes de jadear levemente debido al cansancio. -Si quieres, nos podemos meter de tortazos hasta que uno de los dos se aburra, puejejeje… -continué, imitando su risa. -O si lo prefieres…

Entonces saqué del interior de mi kimono una petaca rellena de un líquido alcohólico de origen dudoso que robé del camarote que tenía Triana en el maltrecho Tango de la Sultana hace unos meses. Lo agité levemente y se lo tendí para que lo cogiera.

-Creo que ya te has despedido de tus poderes con honor, guerrero Garnet. ¿Brindamos también por lo que ya no están y por la aventura que nos queda por vivir? -le pregunté con una sonrisa mientras me sentaba cruzando las piernas sobre el ajado techo de la taberna.

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#13
La pelea entre los dos piratas llenos de ambición y determinación había llegado a un punto en el que aquello parecía más una batalla callejera sacada de los suburbios del Reino de Ballywood. Si bien Garnet no era oriundo de esas tierras, durante su adolescencia, gracias a su rebeldía que le impedía pisar su música debido al rechazo que sentía su madre hacia su música, muchas veces había tenido que recurrir a este tipo de violencia, o bien para ganarse el pan de cada día, o bien para zurrarle la jeta a algún marine tonto que le impidiera tocar la música que él tanto amaba.

Garnet empezaba a notar el cuerpo ya cansado, fatigado y agarrotado, además de que el estar expuesto continuamente a su trauma, agotaba continuamente la psique del miembro de los Shogun Gari. Pero había algo dentro de él que le ardía, que le instigaba a seguir peleando hasta que cayera rendido al suelo. El pelirrojo estaba más que preparado para la siguiente ofensiva por parte del lunarian. Estaba listo hasta que, lejos de iniciar otra acometida, soltó todo el aire que guardaba en su interior, llegando hasta relajar su cuerpo, causando que el pelirrojo hiciera lo mismo por inercia, mientras lo observaba confuso y con una de sus cejas arqueadas.- ¿Huh? - emitió, sonoramente, ante el comportamiento tan pasivo del hombre de las alas negras. ¿Qué tramaba Yojimbo?

Las dudas a aquella pregunta pronto serían resueltas. El capitán de la gran banda pirata, expuso que tenían dos opciones, o seguir dándose de hostias, o brindar y beber con una petaca de dudoso contenido que se acababa de sacar del interior de su kimono. Alegó que había despedido sus poderes con alto honor.- ¿Brindar por los que ya no están y futuras aventuras, huh? - preguntó, acercándose lentamente hasta el lunarian, sin ninguna hostilidad aparente en su ser. Pensó en todos los amigos y seres queridos que había perdido cruelmente por el camino. En las nuevas relaciones que estaba forjando de cara al futuro. En todas las aventuras que le esperaban, en pos de poder cumplir su sueño de ser la mayor superestrella jamás vista. Esbozó una silenciosa y discreta sonrisa, pasando a agarrar con su diestra la petaca.- Sí... Eso suena de puta madre... - declaró sonriente, mientras miraba fijamente al envase, comenzando a desenroscar con su siniestra el tapón de la misma. Una vez quitado, podía oler como el interior apestaba a un alcohol super fuerte, ¿quién se podía beber algo así? - Por los que ya no están y por más aventuras, ¿es o no es? - Alzó el envase hacia el cielo nocturno. Entonces, sin pensárselo dos veces, tragó saliva, cerró los ojos, y se llevó la petaca a su boca, comenzando a beber como un poseso. Engullendo todo el alcohol que no se le caía entre la comisura de los labios como un ganso. La bebida era tan o más fuerte de lo que olía, era como beberse un bote de colonia, hasta el punto de que la gargante de Garnet ardía.

- PUAJ - Sacó la lengua, en señal de asquerosidad mientras tiraba al suelo la petaca ya vacía que le había dado Yojimbo. Se pasó entonces su brazo derecho por su boca, para quitarse los restos de líquido que había ingerido, limpiándose así cualquier rastro que pudiera tener.- Bien... - pronunció nada más terminar, flexionando ambas piernas, además de cerrar con firmeza ambos puños. Garnet, sin estar transformado, propinó un salto que le llevó hasta quedar a la altura del pecho de Yojimbo. Por mucho que su cuerpo le pidiera parar, su alma combativa le exigía terminar hasta que no tuviera fuerzas para más. Esbozó una amplia sonrisa, se lo estaba pasando muy bien. - ¡Ya hemos brindado suficiente! ¿Es o no es? - declaró, pasando a propinar una consecuencia de dos puñetazos, comenzando por un derechazo al que le seguiría un jab de izquierda, ambos dirigidos al pecho del lunarian. Mientras caía debido a la diferencia de alturas, su mirada se ancló en la luna, que brillaba en lo más alto de la noche.- Hoy la luna está increíble, ¿o es el menda? - expresó Garnet, sin dejar de sonreír.- Xas, Bepso, Nekah, Ariel, Platypo, Gronn, Aurora... Seguiré avanzando, por todos vosotros y sin olvidaros nunca, ¿es o no es? - Se prometió a sí mismo, en aquella noche en la que su determinación estaba siendo a prueba, mientras la fuerza de la gravedad lo arrastraba hacia el tejado de la taberna.

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