17-06-2024, 09:54 PM
Cuando llegué a aquella isla creía que nunca me iba a acostumbrar. Era algo antinatural. ¿Cómo podía existir un lugar en el que todo era de color rosa? Los árboles y las plantas tenían un pase, podían tratarse de especies diferentes a las que habíamos visto nunca o, más sencillo, que a los habitantes de la isla les gustase el color y hubiesen decidido plantar tan solo especies de ese color. Pero, ¿los animales? Ni siquiera eran animales desconocidos, incluso las hormigas eran rosas. Era un sinsentido y un despropósito. Para colmo, en toda isla parecía no haber ni una sola mujer. Los habitantes tenían un aspecto peculiar. Vestían de forma femenina, pero no pretendían ocultar sus rasgos masculinos, como el vello facial. Aunque eso era lo de menos. Lo importante es que parecían simpáticos. Estaban acostumbrados a que gente de diferentes lugares visitase su isla, así que no corríamos excesivo peligro mientras no llamásemos demasiado la atención.
Aprovechando que Yamamura estaba perdido encargándose de sus asuntos y que Aspros también había desaparecido, completamente encantado con aquel lugar, le ofrecí a Jolyne ir a tomar algo a un bar. Ya había comenzado a anochecer, pero todavía no estaba cansada como para irme a la cama. Era la segunda vez que me la llevaba para que me hiciese compañía, la primera no fue demasiado bien, o eso imaginaba, porque no recordaba nada de aquella noche. Esperaba que esta vez nos lo tomásemos con más calma. Entramos en uno de los tantos bares de la zona en la que nos encontrábamos. En el letrero exterior se podía leer su nombre: Le festín.
Imaginaba que sería glamuroso, pero el interior tenía un aspecto similar al de una taberna, aunque en tonos rosados y con un nivel de higiene aceptable. Había una barra con varios taburetes frente a ella. Tras la barra, en la pared, se encontraba el estante con las diferentes bebidas. En uno de ellos también había un pequeño reloj de pie de madera y en una esquina había una tetera de porcelana blanca con varias tacitas a juego sobre una bandeja. El resto del local estaba lleno de mesas de madera con sus asientos. Sobre cada una de ellas había un candelabro dorado reluciente.
Me dirigí a una de las mesas vacías para sentarme, esperando que Jolyne me siguiese. —Esta vez nada de pedir tés. Pídete algo decente, aunque sea una cerveza. ¿No bebías de esas en tu pueblo? —le pregunté esperando a que me entretuviese con una de sus historias rurales. Aspros aseguraba que más de la mitad eran inventadas, pero y tenía mis dudas. Al fin y al cabo, si existía una isla donde todo era de color rosa, ¿por qué no iba a existir un pueblo cuya tradición principal consistía en atar lazos a los cuernos de las cabras para tratar de desatarlos llevando un huevo en la boca?
Aprovechando que Yamamura estaba perdido encargándose de sus asuntos y que Aspros también había desaparecido, completamente encantado con aquel lugar, le ofrecí a Jolyne ir a tomar algo a un bar. Ya había comenzado a anochecer, pero todavía no estaba cansada como para irme a la cama. Era la segunda vez que me la llevaba para que me hiciese compañía, la primera no fue demasiado bien, o eso imaginaba, porque no recordaba nada de aquella noche. Esperaba que esta vez nos lo tomásemos con más calma. Entramos en uno de los tantos bares de la zona en la que nos encontrábamos. En el letrero exterior se podía leer su nombre: Le festín.
Imaginaba que sería glamuroso, pero el interior tenía un aspecto similar al de una taberna, aunque en tonos rosados y con un nivel de higiene aceptable. Había una barra con varios taburetes frente a ella. Tras la barra, en la pared, se encontraba el estante con las diferentes bebidas. En uno de ellos también había un pequeño reloj de pie de madera y en una esquina había una tetera de porcelana blanca con varias tacitas a juego sobre una bandeja. El resto del local estaba lleno de mesas de madera con sus asientos. Sobre cada una de ellas había un candelabro dorado reluciente.
Me dirigí a una de las mesas vacías para sentarme, esperando que Jolyne me siguiese. —Esta vez nada de pedir tés. Pídete algo decente, aunque sea una cerveza. ¿No bebías de esas en tu pueblo? —le pregunté esperando a que me entretuviese con una de sus historias rurales. Aspros aseguraba que más de la mitad eran inventadas, pero y tenía mis dudas. Al fin y al cabo, si existía una isla donde todo era de color rosa, ¿por qué no iba a existir un pueblo cuya tradición principal consistía en atar lazos a los cuernos de las cabras para tratar de desatarlos llevando un huevo en la boca?
![[Imagen: 8Rsjucn.png]](https://imgur.com/8Rsjucn.png)
