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[Presente relativo] Joe es un as, los demás del montón - Triana Tempesta - 17-06-2024 Cuando llegué a aquella isla creía que nunca me iba a acostumbrar. Era algo antinatural. ¿Cómo podía existir un lugar en el que todo era de color rosa? Los árboles y las plantas tenían un pase, podían tratarse de especies diferentes a las que habíamos visto nunca o, más sencillo, que a los habitantes de la isla les gustase el color y hubiesen decidido plantar tan solo especies de ese color. Pero, ¿los animales? Ni siquiera eran animales desconocidos, incluso las hormigas eran rosas. Era un sinsentido y un despropósito. Para colmo, en toda isla parecía no haber ni una sola mujer. Los habitantes tenían un aspecto peculiar. Vestían de forma femenina, pero no pretendían ocultar sus rasgos masculinos, como el vello facial. Aunque eso era lo de menos. Lo importante es que parecían simpáticos. Estaban acostumbrados a que gente de diferentes lugares visitase su isla, así que no corríamos excesivo peligro mientras no llamásemos demasiado la atención. Aprovechando que Yamamura estaba perdido encargándose de sus asuntos y que Aspros también había desaparecido, completamente encantado con aquel lugar, le ofrecí a Jolyne ir a tomar algo a un bar. Ya había comenzado a anochecer, pero todavía no estaba cansada como para irme a la cama. Era la segunda vez que me la llevaba para que me hiciese compañía, la primera no fue demasiado bien, o eso imaginaba, porque no recordaba nada de aquella noche. Esperaba que esta vez nos lo tomásemos con más calma. Entramos en uno de los tantos bares de la zona en la que nos encontrábamos. En el letrero exterior se podía leer su nombre: Le festín. Imaginaba que sería glamuroso, pero el interior tenía un aspecto similar al de una taberna, aunque en tonos rosados y con un nivel de higiene aceptable. Había una barra con varios taburetes frente a ella. Tras la barra, en la pared, se encontraba el estante con las diferentes bebidas. En uno de ellos también había un pequeño reloj de pie de madera y en una esquina había una tetera de porcelana blanca con varias tacitas a juego sobre una bandeja. El resto del local estaba lleno de mesas de madera con sus asientos. Sobre cada una de ellas había un candelabro dorado reluciente. Me dirigí a una de las mesas vacías para sentarme, esperando que Jolyne me siguiese. —Esta vez nada de pedir tés. Pídete algo decente, aunque sea una cerveza. ¿No bebías de esas en tu pueblo? —le pregunté esperando a que me entretuviese con una de sus historias rurales. Aspros aseguraba que más de la mitad eran inventadas, pero y tenía mis dudas. Al fin y al cabo, si existía una isla donde todo era de color rosa, ¿por qué no iba a existir un pueblo cuya tradición principal consistía en atar lazos a los cuernos de las cabras para tratar de desatarlos llevando un huevo en la boca? RE: [Presente relativo] Joe es un as, los demás del montón - Joe - 19-06-2024 Desde luego este sitio era una cosa. Tras ver todo lo que vi en la isla del cielo, pensaba que no podría haber otro sitio tan peculiar y raro, pero estaba equivocado. La rareza de que todo lo que hay en este lugar tenga color y pigmentaciones rosas desde luego era extraño y peculiar, pero sorprendentemente precioso. Decidí salir por mi cuenta a investigar un poco más este sitio, algo bastante temerario por mi parte por varias razones. La primera es que este sitio está bajo el mando de la Revolución, aunque a primera vista no lo parezca en absoluto. A esto se le añade que mi cara ha salido completamente de lleno en el último periódico, puedo ser bastante reconocible a pesar de que no lleve mi uniforme de la Marina, tengo que ir totalmente con los 5 sentidos activados. Por suerte, Jalindra me enseñó muy bien a usar el Kenbunshoku. Durante el viaje he seguido entrenándolo en el barco, intentando perfeccionarlo todo lo que he podido, y actualmente puedo decir que todo lo aprendido por la joven lo domino bastante bien, desde luego me ha venido como anillo al dedo aprender algo tan útil en una isla como esta. Me encontraba en, lo que parece ser, la ciudad principal de Momoiro. Y lo dicho, todo de color rosa, todo muy colorido, todo muy exageradamente vivaz y extravagante. Todo hacía demasiado contraste con mi nueva ropa, la cual era demasiado verde y me daba la sensación de que llamaba la atención demasiado — Espero que nadie me reconozca... — Pensé, pasando mi mano derecha por la barba hacia abajo para continuamente extender el dedo pulgar y el índice por las comisuras que estaban creciendo por encima de mi boca. A simple vista, no parece que la gente de aquí sea muy fuerte. Todos eran hombres, pero tengo entendido que se sentían mujeres, cosa totalmente válida y que respetaba, es por eso que no podía fiarme por las apariencias. A mi mente, se me vino Triana Tempesta, recordando cuando peleamos juntos en los Cabos Gemelos contra aquel Gyojin asesino, y también en la prueba de fuerza de la isla del cielo, la cual ganó con creces. Era el perfecto ejemplo de que por mucha mujer que alguien sea o se sienta, se puede tener una fuerza abrumadora. Empecé a agobiarme, estaba solo y ya estaba en alerta constante, la frente comenzó a soltar unas gotas de sudor, y no era porque hiciera calor en el ambiente, eso es algo con lo que lidio sin problema. Intenté distraerme mirando los establecimientos, a ver si encontraba alguno que vendiera alimentos e ingredientes y así descubrir alguno nuevo que desconociera. Pero en mi ojeada, lo que sí vi, era una especie de bar con un cartel bastante llamativo, "Le Festín" — Aquí seguro que dan de comer. Así que tendrán cerveza. Necesito una — Pensé, notando como la boca poco a poco se me iba secando de imaginar como aquel líquido de los dioses bajaba por mi garganta y acababa con esta sensación de agobio. Cogí con mi mano derecha el pomo de la puerta, el cual intentaba imitar que estuviera hecho de oro, pero no lo era. Al abrir la puerta, las típicas campanas sonaron en el interior, alertando de que alguien había entrado en el establecimiento. Me esperaba que aquel lugar fuera igual de extravagante que todo lo que había visto hasta ahora, pero ara mi sorpresa no fue así. Si es cierto que los tonos rosados estaban presentes de igual manera, pero la decoración era la similar a cualquier taberna típica. Mesas de madera repartidas por el establecimiento, un gran estante tras la barra que mostraba todas las bebidas disponibles, un reloj de pie... Lo dicho, lo clásico que encuentras en un lugar como este. Me dirigí a la barra directamente, allí estaba el tabernero... Perdón, la tabernera, limpiando algunas jarras sucias con un trapo rosa y estampado de lunares.
Tabernera
Me acerqué a su ubicación — Buenos días, una jarra de cerveza fría cuando pueda, por favor — Dije educadamente. Simplemente, se dio media vuelta para agarrar una jarra vacía de una de las baldas bajas con la mano derecha, mientras que con la izquierda comenzó a abrir el grifo, el cual estaba conectado a un barril de madera rústica, aunque, como no, con ciertos tonos rosados. Me di la vuelta en lo que esperaba a ser atendido, con los codos apoyados en la barra, observando aquel lugar con curiosidad y la poca gente que estaba allí tomando el almuerzo y relajándose. Cuando de pronto, me percaté muy bien — Venga, va... No puede ser ... — Una vez más, el destino estaba riéndose de mí. Si antes pensaba en alguna cosa, antes aparecería. En una de las mesas, había dos mujeres que destacaban por encima del resto. De normal tengo buena memoria visual, pero esta vez no era necesario, reconocí por encima a una de ellas en especial. Era Triana Tempesta. Sentada, adoptando la típica pose de mujer adinerada, con uno de sus brazos por debajo de su pecho, con las piernas cruzadas, con sus armas a su lado, y como no, fumando un puro con la mano restante. Eso sí, todo con una elegancia arrolladora, eso había que reconocerlo. Ahora, recordaba bien lo que costaba su cabeza: 210.000.000 Berries. A su lado, estaba Jolyne Jones, 150.000.000 Berries. Era curioso, pero era totalmente lo contrario a Triana. Era más... campechana, más de calle - o de campo, más bien - Lo que destacaba era la pequeña ramita que sujetaba con la boca. Recuerdo que donde me crie, los granjeros solían decir que era para atraer la suerte a sus cosechas y plantaciones. Pero no era momento de análisis de apariencias y personalidades. Abrí la cajetilla metálica, la cual estaba en el bolsillo de mi nueva camisa, para sacar un cigarrillo con mi mano derecha a la vez que con la izquierda sacaba del bolsillo del pantalón mi zippo con el estampado metálico de un pulpo y proceder a encenderlo. Todo esto, mientras la tabernera ponía a mi lado la jarra de cerveza, cosa que escuché - conocía perfectamente ese sonido sin problema - pues no apartaba la mirada de las dos mujeres de la mesa que estaban justo frente a mí. — Son dos. Y estoy solo. Ten cuidado, Joe —
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RE: [Presente relativo] Joe es un as, los demás del montón - Jolyne Jones - 19-06-2024 En mis andanzas como muchacha de mar, jamás me habría imaginado que me encontraría con una isla que fuera entera del color de los almendros. Es más, estoy segura de que si se lo contara a los borrachos del pueblo, pensarían que en realidad me había estado dedicado a lamer sapos debajo de un puente. Pero qué sabrán esos viejos, si su viaje más largo sería al acantilado para regurgitar tanta bebida. Sin importar nada más, ahora yo me encontraba conociendo otro lugar exótico digno de apuntar en mi diario y no dudaría en aprovechar cualquier escapada con Triana para divertirnos.
Seguí a la espadachina hasta un bar llamado Le Festín. Me gustaba acompañarla porque siempre escuchaba mis historias con asombro mientras ella se dedicaba a beber como un jabalí. Sin embargo, mientras se dirigía a una de las mesas, escuché algo de lo más animado de un grupo de gente que salía del bar. En él, una de las personas aseguraba haberse encontrado con una auténtica bestia en la cama. Al parecer, ni la isla más exótica se podía librar de tener animales salvajes y peligrosos sueltos. Ya podía imaginármela, cruzando los bosques rosas entre nieblas y tinieblas, colándose en el catre y devorando a la gente mientras duerme. Debía ser una bestia muy osada si era capaz de entrar en los hogares de la gente. Ni el chupacabras de mi pueblo se atrevía a tanto, que, como mucho, dejaba algún animal muerto en la parcela o en los alrededores.
- En mi pueblo la cerveza es para los que no tienen ni oficio ni beneficio – le contesté distraída echando un vistazo a ese lugar tan pintoresco. Realmente me sorprendía su capacidad para aguantar cada jarra como una mula de feria, y estaba segura de que podríamos ganar muchos concursos con ella, pero tenía que contarle lo que se me pasaba por la cabeza. – Como sea, acabo de escuchar algo interesante. Mascullando mi ramita, apoyé una mano sobre la mesa y me acerqué levemente a la espadachina. – Hay rumores de que una bestia anda suelta. Dicen que se cuela en las casas, que tiene largos colmillos y que sus garras te arrancan la piel. ¿Y si vamos a por ella?
Me recosté de nuevo en la silla apoyando la otra mano sobre el respaldo y fantaseé con los múltiples usos que le podríamos dar a su carne o sus huesos, pero cuando dirigí mi mirada hacia la barra, una figura que me quería sonar llamó mi atención. Destacaba entre el resto de lugareños y parecía que nos estaba observando. ¿Habría escuchado nuestra conversación? Qué más daba. Yo solo podía ver que ese mozo tenía el cuello más fuerte que un toro. No había otro más macho en la taberna y, además, tenía unos bíceps que eran de envidiar. Si me preguntaban, era refrescante ver muchachos tan fornidos de vez en cuando. Me gustaba imaginármelos peleando contra osos o talando algún gran árbol. Y hablando de osos, yo podría disparar a la bestia salvaje y Triana cortarla en filetes, pero nos vendría bien tener a alguien robusto capaz de inmovilizarla sujetándola por el cuello. Tal vez incluso capaz de agarrar las fauces con sus manos desnudas y partirle la mandíbula de un chasquido mientras se revuelve intentando atacar. – Ya lo tengo – le dije a Triana. - ¡Eh, tú! El de verde. Y sin más, le hice alegremente un gesto con la mano que reposaba sobre el respaldo para que se acercara.
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RE: [Presente relativo] Joe es un as, los demás del montón - Triana Tempesta - 20-06-2024 Mis ojos giraron hacia arriba al escuchar la respuesta de Jolyne sobre la cerveza. ¿Qué éramos acaso nosotras? Como si nos deslomásemos trabajando en el campo, sobre todo ella. Se había pasado toda nuestra estancia en la isla del cielo durmiendo en un palacio de oro y comiendo manjares. Por lo menos yo había aprovechado para entrenar y le había partido la careta a uno de los cazarrecompensas. Me merecía una copita de vino. Una de las camareras se acercó y aproveché para pedirle la botella entera para que no hacer que tuviese que venir constantemente a rellenarla. Antes de que volviese con la botella, Jolyne se aproximó a mí para contarme, como si fuese un gran secreto, que acababa de escuchar que había una bestia suelta. —¿Pero qué narices dices? —le respondí sin poder ocultar mi expresión de asombro, más que nada porque no sabía dónde había podido escuchar semejante estupidez. Describió una especie de monstruo atroz que no pegaba nada en aquella isla rosa que parecía sacada de un cuento de hadas. Aunque, pensándolo bien, hasta en los cuentos de hadas había bestias. Di una calada a mi puro e instintivamente me llevé la mano al bolsillo donde se encontraba mi cajita con el resto de puros para sentirla. La camarera llegó bastante rápido con mi botella de vino. Sin preguntarle a Jolyne la serví en una copa para mí y en otra para ella aprovechando que no iba a rechistar. Estaba metida en su propio mundo. Di un sorbo y casi se me cayó la copa al suelo al escuchar el grito repentino de la tiradora. Parecía que había tenido una idea y apostaría lo que fuese a que no sería nada brillante. Empezó a llamar a alguien que se encontraba entre la gente. Lo que nos faltaba, ahora me iba a dejar en ridículo delante de alguno de los habitantes de aquel lugar. Cuando dirigí mi vista hacia donde estaba llamando, no me lo podía creer. Ahí estaba, cerca de la barra, ese marine barbudo que no dejaba de perseguirnos. Estaba obsesionado conmigo, primero en mi plataforma de los Cabos, luego en mi prueba de los juegos de Skypiea, y ahora en mi bar de Momoiro. Todo eso no podían ser casualidades, era un enfermo. —Jolyne. ¿Qué coño haces? ¿Sabes quién es ese? —le pregunté apresuradamente para que me respondiese antes de que al otro se le pudiese ocurrir la idea de hacer caso y aproximarse. No entendía qué tenía que ver él con la historia de la bestia que me estaba contando y tampoco era propio de ella buscar pelea con los marines. Si era lo que pretendía, qué menos que avisar con un poco de antelación. Pero no debía tratarse de eso, estaba demasiado animada y despreocupada. Podía ser que no lo hubiese reconocido, y no me extrañaba. Iba camuflado o, más bien, disfrazado con una ropa extraña. Parecía el personaje secundario de una telenovela de bajo presupuesto. Aquella tontería ya me había fastidiado el día. Pues no pensaba permitir que la botella se echase a perder. Di otro trago rápido de la copa alternando la mirada entre el marine y los alrededores, por si había alguno más de sus compañeros. Parecía que no era así, pero no conseguía fiarme. —Jolyne, este tío es un marine. Y no uno corriente. De entre los mierdecillas es un cargo más o menos relevante. ¿Qué pretendes hacer?
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RE: [Presente relativo] Joe es un as, los demás del montón - Joe - 20-06-2024 Cerré mi zippo con mi mano izquierda, con un rápido movimiento de muñeca hacia el mismo lado, y así volver a guardarlo en el bolsillo de mi pantalón. Mantuve el cigarrillo en la boca para tener la mano derecha libre y, sin mirar directamente, cogí la jarra de cerveza por el asa. Notaba como el frío helado de aquel cristal se trasladaba a mi piel, sintiendo las pequeñas gotas recorriendo los dedos — Muchas gracias — Dije al camarero amablemente, sin ni siquiera darme media vuelta ni hacer contacto visual con ella. Fui a dar el primer sorbo a aquel líquido sagrado, tenía la boca completamente seca, y a pesar de tener delante de mí a dos personas buscadas y con un precio por sus cabezas, iba a ser capaz de desviar la mirada por un momento solamente para poder beber un buen trago de cerveza en una jarra prácticamente congelada, era lo que más necesitaba en ese momento para saciar mi sed y, porque no decirlo, los nervios ante la situación que me encontraba. Levanté el brazo para por fin deleitarme con un buen trago. Ni siquiera mis labios llegaron a simplemente rozar la jarra, tampoco mi mirada se había desviado completamente de las dos mujeres que estaba observando, cuando repente, Jolyne gritó, pero lo más raro, es que me estaba llamando a mí, acompañado de un gesto con la mano que reposaba en el respaldo del asiento, invitándome a acercarme. Me paré en seco, de la emoción de beber cerveza, pasé a la alerta de esta acción. Pude ver como Triana la habló prácticamente al momento, no pude escuchar el que, pero en mi cabeza ya estaba maquinando cosas — Me han reconocido, mierda ¿Van a buscar pelea? — La situación era bastante peliaguda para mí, pues, si ya de por sí estaba en desventaja contra ellas dos, esta isla lo complicaba todo más. — No puedo llamar la atención, no te queda otra, Joe — Me dije a mí mismo. Así que, con mi cigarro en la boca, la jarra helada de cerveza en mi mano derecha, y mi mano metida en el bolsillo izquierdo del pantalón, comencé a andar para acercarme a la mesa donde ambas estaban sentadas — No me conviene empezar una trifulca aquí y ahora. Sé de sobra lo peligrosa que es Triana, y Jolyne, aunque parece más dicharachera, no andará muy lejos — Pensé, mientras me acercaba a ellas andando con normalidad, pero buscando por los alrededores con la mirada algún otro posible problema — ¿Estará aquí su compañero Yojimbo? ¿O se habrá quedado en la isla del cielo? ¿Y Aspros? Fue mi compañero en los juegos, era bastante fuerte aunque no lo parece a simple vista — Preguntas, todo el rato preguntas por mi cabeza. No sabía si me estaba metiendo en la boca del lobo o que. Decidí acercarme por el simple motivo de que, si no lo hacía, podían alertar a la gente de aquella taberna y alrededores de quién era yo realmente. Eso ya era poner a las autoridades de aquella isla en alerta y en contra, poniendo en peligro, no solo a mí, sino a toda la División 21. Llegué a la mesa donde estaban sentadas. Agarré con mi mano izquierda una silla vacía que había al lado, de una mesa diferente. La acerqué a la mesa donde estaban las delincuentes, poniéndola enfrente de ellas, para proceder a sentarme tranquilamente — Buenos días, bellas damas — Dije, para continuar dándole un buen trago a la cerveza, por fin pude saborearla, aquel líquido estaba relajando toda la tensión que tenía encima, me sentó demasiado bien, pero no puedo pasarme de la raya con el alcohol. Tras beber, esbocé una sonrisa natural, normal, pensar en aquel refrescante trago me ayudó a que pareciera real. Miré primero a Triana, sin decirla ni una palabra, solamente levantando rápidamente y de manera corta la cabeza para saludarla, en plan adolescente de 16 años — ¿Qué cojones acabas de hacer, Joe? — Pensé, disimulando totalmente la estupidez que acababa de hacer. A pesar de que estaba fumando, era capaz de oler la colonia que llevaba puesta. O es que era bien cara, o se echó un litro de ella. Pero desvié la mirada a Jolyne, que fue la que me llamó, y con mucha amabilidad y una sonrisa la hablé — Dígame, buena mujer — Dejé mi cerveza encima de la mesa, para acto seguido, girar un poco mi cuerpo, elevando mi brazo izquierdo para apoyarlo en el respaldo de la silla en la que estaba, con mis dos pies tocando el suelo — ¿Me ha llamado? ¿Puedo ayudarla en algo? — Dije, cogiendo con mi mano derecha el cigarro y apartándomelo de la boca — Venga, va, si me permiten, pago yo esta ronda — Sentencié, intentando bajar los nervios, pasase lo que fuera a pasar. Estaba preparado. Estoy seguro de que me habían reconocido, sabían que estaba en clara desventaja en este sitio. Triana parece arrogante y creída, que le gusta tener el poder y dominar a todo lo que tenga por delante. Y Jolyne, puede que sea una fachada. Detrás de ese carácter tan campechano y calmado, puede que se esconda alguien frío y manipulador. No me quedaba otra, por el momento, que aceptar su invitación y ver que iba a decirme.
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RE: [Presente relativo] Joe es un as, los demás del montón - Jolyne Jones - 01-07-2024 Con el brazo todavía apoyado en el respaldo y justo después de llamar a ese hombre, Triana me preguntó que si le conocía. Probablemente recordaría haber coincidido con un buen mozo como él, pero tampoco pondría la mano en el fuego por ello. Lo observé nuevamente para averiguar si lo había visto antes, pero aunque su cara me resultaba familiar, no era capaz de recordar dónde. Por su figura, podría decir que se daba un aire al hijo del vecino que venía a traernos las sandías sobrantes de su huerto, pero dudaba mucho que él estuviera por aquí. Más que nada porque, hasta donde yo sabía, un caballo le dio una coz en la cabeza y nunca más volvió a ser el mismo.
Me encogí de hombros al no reconocerle y enseguida Triana me advirtió de que el tipo era un pez gordo dentro de los marines. Ese era un dato que no tenía previsto, pero si le contábamos que una bestia andaba suelta atemorizando a gente inocente, no tendría más remedio que participar en nuestra cacería particular. Era bien sabido por todos que los marines como él eran tozudos como mulos y que no se quedarían de brazos cruzados ante tal información. O al menos eso esperaba, porque de lo contrario, no entendía qué era lo que los hacía tan importantes como para que los niños los admiraran con tanto fervor. La única parte mala del plan era que nos reconociese y que tratara de darnos caza él a nosotras, pero con Triana a mi lado, no tenía de qué preocuparme. A mí, con tal de ver a un forzudo como él peleándose contra una bestia, me servía. - Tranquila, que no vamos a hacer nada malo. Solo convencerle de ir a por la bestia - susurre a mi compañera en el último momento.
Cuando dirigí mi mirada hacia la barra, el marine pareció haber aceptado mi invitación al acercarse a nosotras con su jarra. Rápidamente agarré una de las tazas de té a medio terminar de la mesa de al lado para no ser la única sin bebida y le di un pequeño toque a Triana con el codo para que no dijera nada fuera de lugar. Cuando aquel mozo se sentó con nosotras, nos saludó amigablemente. Ignoraba si su amabilidad era porque no nos había reconocido o si simplemente estaba dispuesto a escuchar lo que teníamos que decir. De todos modos, si Triana no se ponía quisquillosa como siempre, parecía la oportunidad perfecta para hablar con él.
Nada más acomodarse me preguntó el por qué de mi llamado, pero yo estaba demasiado concentrada en mirarle tan de cerca como al ganado en el día de feria. Tenía que mantener la calma porque sabía que no era el momento de emocionarse por un mozo aunque sirviera a la perfección para llevar a cabo nuestro plan. A falta de abrirle la dentadura para comprobar su mordida, se podía ver que tenía una mandíbula tan robusta como para clavar los dientes en la lucha. Un poco nerviosa, empecé a revolver el té con mi dedo índice para levantar las hierbas que se habían quedado asentadas en el fondo. - Tú tienes pinta de ser muy fuerte. Seguro que debes comer hasta una docena de huevos al día. ¿O tal vez cuarenta? No quería andarme con rodeos, así que fui directa al grano - Verás, mi amiga y yo estamos buscando a una bestia por estos lares. No sé si me entiendes - dije guiñándole un ojo mientras me secaba el dedo con mi chaqueta. Esperaba que eso fuera suficiente para despertar su interés y que se quisiera unir a la búsqueda.
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RE: [Presente relativo] Joe es un as, los demás del montón - Triana Tempesta - 02-07-2024 Podía perfectamente ignorarnos por completo. Fingir que no nos había visto o que no nos había reconocido. Sin embargo, comenzó a caminar hacia nosotras a paso lento pero firme mientras miraba alrededor. Por extraño que fuese, no tenía ganas de pelea, así que todo habría sido mucho más sencillo si hubiésemos decidido hacernos los locos y mirar hacia otro lado. Lo que más me inquietaba era no conocer sus intenciones. Me arriesgaría a decir que un tipo como aquel no planeaba nada bueno. Al menos, nada bueno para nosotras. Por su parte, Jolyne parecía continuar empeñada en pedir ayuda para encontrar a aquella bestia imaginaria. No sabía por qué le daba tanta importancia. ¿A quién le interesaba una estúpida bestia? Y, aunque fuésemos a cazarla, podríamos hacerlo solas. Es más, yo sola me bastaba. Como si nada, el marine cogió una de las sillas vacías de otra mesa y se sentó en ella frente a nosotras. Para colmo, se recochineó de nosotras llamándonos " bellas damas", cuando estaba claro que Jolyne no tenía nada de bella ni de dama. Dio un trago a su bebida e hizo un gesto dirigido hacia mí con la cabeza que podría interpretarse como un saludo. Fruncí el ceño confundida. ¿Qué narices estaba haciendo? Se comportaba como si fuésemos amigos de toda la vida. Y no solo eso, también ofreció su ayuda a Jolyne e insistió en pagarnos la ronda. O nos estaba tomando el pelo, o tramaba algo o de verdad era tan estúpido como para no habernos reconocido. Dudaba mucho de esta última opción. Me tomé mi tiempo para dar otro sorbo a mi bebida. No era el mejor momento para tomar alcohol, pero parecía que estaba solo y que sus intenciones no eran hostiles por el momento. Si era necesario, Jolyne y yo podríamos quitárnoslo de encima con facilidad, aunque fuese con trucos sucios, como usando de rehenes a algunos civiles. Tal vez eso era lo que pretendía evitar, que hubiese heridos. Y que fuésemos unas bestias. Antes de que me diese tiempo a dirigirle la palabra, Jolyne se me adelantó. Mi ceño se frunció aún más si cabía al escucharla. No entendía qué era eso de los huevos y por qué se suponía que el marine debía comer tantos. No contenta con ello, le pidió ayuda de la forma más extraña y ambigua posible. Parecía que le estaba dando una especie de mensaje encriptado. ¿Qué hacía halagándole y a qué venía aquel “no sé si me entiendes”? Evidentemente que no lo iba a entender si ni se había molestado en explicarle la situación. Si dejaba que ella continuase al mando todo se podía descontrolar. Tenía que tomar las riendas y cortar por lo sano. —No queremos tu dinero. Dáselo a quien lo necesite como el buen samaritano que seguro que eres. Y tampoco queremos tu ayuda. No hay ninguna bestia. Mi amiga está borracha y no sabe lo que dice. Lárgate —le dije con firmeza. Esperaba que no se percatase de que lo que tenía Jolyne en su taza era simplemente té. Ahora ella tan solo tenía que mantener su bocaza cerrada para que nuestro problema se esfumase como el humo de su cigarrillo.
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RE: [Presente relativo] Joe es un as, los demás del montón - Joe - 03-07-2024 Una vez sentado en la silla y delante de ambas mujeres con su recompensa, decidí ver que era lo que Jolyne tendría que decirme, me fijé que tenía sus armas encima, tanto ella como Triana, así que intentaré mantener la poca distancia que había entre ellas y yo por si habría que actuar rápido, aunque no me beneficiaba para nada la situación: Dos contra uno, y encima en territorio totalmente hostil para mí, pero mantuve la calma ante la situación y dejé que fluyera totalmente lo que pasase. La peli rosa cogió su taza de té algo nerviosa, cosa que me extrañó mucho, ni siquiera fue necesario usar mi Kenbunshoku para poder verlo — ¿Por qué se pone nerviosa? ¿Querrá hacer algo? — Pensé rápidamente — ¿Y por qué no usa una cucharilla para mover el té, que cojones... ? — Levanté una ceja al ver aquel raro movimiento por su parte. A continuación por fin me habló, confirmando más que preguntando que tomaba al día unos 40 huevos y por eso estaba así de fuerte, estaba alucinando un poco, esta mujer era un poco rara — Pues la ver... — Ni siquiera me dejó responderla, pues pasó directamente a volver a hablarme, diciéndome que tanto ella como su amiga, estaban buscando "a una bestia" que habitaba en Momoiro, intuyendo que yo sabía de lo que estaba hablando. Se secó el dedo y me guiñó un ojo — ¿Pero qué...? — Me ruboricé un poco tras ese gesto por su parte, no estaba acostumbrado a este tipo de interacciones con las mujeres, pero no dejé que eso me desconcentrara, estaba delante de alguien con un cartel de Se Busca, y me estaba hablando de algo que se... ¿Supone tengo que saber? Ni idea, pero decidí seguirla el juego a ver donde llegaba. — Pues lo pri... — Intenté responder, pero otra vez fui interrumpido, esta vez por Triana. No aceptaba mi invitación y continuo con que Jolyne estaba borracha y estaba diciendo tonterías inventadas por ella, finalizando con una invitación a irme a tomar por culo. Triana, tan amable como la recordaba de los Cabos gemelos — ¡Tranquila, mujer! No te guardo rencor por haber ganado la prueba de Fuerza de los juegos de la isla del cielo. Era tan solo eso, un juego — Le dije con una sonrisa y cogiendo el asa de la jarra de cerveza — Voy a tener que preguntar a la camarera que es lo que tiene ese té para conseguir emborrachar a alguien, ¿es algo raro, no? — Dije irónicamente, pues por mucho que me dijese eso, a mi olfato no puede engañarlo — Muy buena colonia, por cierto — Terminé de decirla levantando levemente la jarra en modo de "amistad y buen rollo", pero para nada. Si me hubiera querido rebanar con sus katanas, ya lo hubiera hecho, pero decidió directamente decirme que me largase, aun así, seguía al loro de cualquier movimiento, solamente que intentando no cabrearla mucho, aunque no sé si hice bien en vacilarla. Todavía ninguna ha mencionado nada delante de mí algo sobre la Marina, pero no era tonto, sabía perfectamente que Triana sabe quién era, y aunque eso no fuera así, mi cara ha salido en el maldito periódico, más de una vez. O eran muy tontas o estaban tramando algo. Tras esto, miré a Jolyne de nuevo — 40 huevos al día, es una barbaridad, señorita. Entre 1 y 3 es la cantidad perfecta para un ser humano como tú y yo... Pero sí, yo al día intento comer 1 más, hasta 4, se me da bien cocinar, ¿sabes? — Dije con amablemente con una sonrisa, mientras me llevaba la jarra de cerveza a la boca para pegarle un trago largo, dejando casi el recipiente vacío — ¡Ahhhh, que rica es la cerveza! ¡Ojalá poder tomar una de estas más de 4 veces al día, ¿eh? — Dije dejando la jarra de nuevo en la mesa y bromeando, porque a pesar de que la cerveza me encanta, no me gusta tomar mucha, ya que no soporto a la gente borracha — Peli rosa, la verdad que no sé de qué tipo de bestia me estás hablando, soy nuevo por este sitio y ando perdido, pero me interesa lo que tengas que decir — Giré completamente el cuerpo para ponerme frente a ella — Venga, va, cuéntame, soy todo oídos — Le dije, devolviéndome un guiño con el ojo, como el que me hizo ella antes. Si podía sacar alguna información valiosa, era un punto positivo para mí.
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RE: [Presente relativo] Joe es un as, los demás del montón - Jolyne Jones - 14-07-2024 -Los famosos juegos de Skypiea… -pensé. Reconozco que estaba tan emocionada y centrada en que mi equipo ganara la dichosa competición, que se me pasó por alto casi todo lo demás, incluidos los demás participantes. Pero si compitió en la prueba de fuerza contra Triana, debía tratarse del marine del grupo de Aspros. De ser así, ya sabía perfectamente quiénes éramos y, aun así, no parecía haber hostilidad por su parte. Respondiendo a mi pregunta de los huevos, fue una decepción que no comiera cuarenta como me había imaginado, pero al menos sabía cocinar. Si hacía las gachas igual que hablaba, sería todo un buen partido.
-Ya decía yo que me sonabas. Creo que no nos han presentado antes - volví a dirigirme a él. Algo nerviosa, apoyé el codo sobre la mesa y puse mi cara sobre el puño. Había ensayado esto muchas veces, solo tenía que hacer una presentación simple que llamara la atención hasta del mozo más zalamero. - Soy patatas y me gustan las Jolyne - dije seriamente. Tras decir mi frase, me quedé pensando por unos segundos. Había algo que no me cuadraba en lo que había dicho, pero sin darle más importancia, le di un sorbo a mi taza de té hasta acabar con todo su contenido. Desde luego, no tenía nada de alcohol, pero cualquiera le llevaba la contraria a Triana. Volví a apoyar el vaso sobre la mesa y continué como si nada para contarle mi historia. - Y me alegra que me preguntes, querido conocido. No pretendo ser chismosa, pero he oído que una de una de las personas de este bar se encontró con una bestia en su cama. Nos preguntábamos si alguien como tú estaría interesado en darle caza a un monstruo como ese. Pero primero háblanos de ti, ¿tienes experiencia peleando contra bestias? Miré a mi alrededor buscando algo. Por muy fuerte que pareciera, era mejor asegurarse de que podría sernos de utilidad. - ¿Por qué no nos haces una demostración partiendo...? No sé, ¿sandías con los brazos? Nada más terminar la pregunta, levanté la mano y empecé a chistar a la persona que estaba detrás de la barra mientras chasqueaba los dedos. - ¡Eh, jefa! Aquella mujer no pareció hacerme mucho caso y siguió con lo suyo, así que miré a Triana. - Es jefa, ¿verdad? Bueno, da igual. Se me ha ocurrido algo mejor. ¿Por qué no hacéis un pulso? - dije señalándoles repetidas veces para añadir un poco más de énfasis a mi idea. Estaba acostumbrada a resolver todo tipo de situaciones con competiciones amistosas, aunque algunas no lo fueran tanto. Y además, sería divertido ver a la campeona de la prueba de fuerza contra el marine peludo y forzudo. Era igual que en las tardes de verano desde hace doce primaveras, cuando recogía escarabajos y los hacía pelear entre ellos para mi disfrute. Por su parte, Triana había demostrado tener una especie de fuerza oculta, y nosotros estábamos aquí desaprovechándola como estúpidos. Aunque por supuesto que también lo hacía porque me gustaba mirar las competiciones entre borrachos, donde daban tumbos hasta atinar un mísero escupitajo líquido y sin consistencia dentro de una lata. Lo bueno era que si recolectaba algún diente caído en el intento, lo daba como mi día de suerte. Pero aunque aquí no fuera tan fácil volver a esos tiempos, sin duda sería un espectáculo digno de ver. La pregunta era, ¿Triana se prestaría a participar? Ella era orgullosa como un gallo, pero si agitaba la colmena, podría hacer que saliera la abeja reina. - Venga Triana, no te vayas a rajar ahora.
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RE: [Presente relativo] Joe es un as, los demás del montón - Triana Tempesta - 17-07-2024 El marine mantuvo su actitud calmada y amistosa. Creía que mis recelos provenían de la prueba de fuerza y, para colmo, se había percatado de lo que bebía Jolyne era un simple té. Ahora se pensaría que la chica no estaba bien de la cabeza. Y encima se recochineaba halagando el olor de mi colonia. ¿Qué le pasaba a este tío? Estaba claro que tramaba algo, tendría que odiarnos y estar pensando en encerrarnos de por vida, no sentarse a beber con nosotras. O era una trampa o era el marine más raro que había visto nunca. Ni siquiera parecía estar intimidado por nuestra presencia. Debía tener mucha confianza en sí mismo o ser un iluso. Me decantaba más por la primera opción. No habría llegado tan lejos en la Marina si fuese lo segundo. La verdad era que parecía un oponente al cual temer, a pesar de su aparente aspecto apacible. No pensaba quitarle la vista de encima ni un segundo. Lejos de hacerme caso y marcharse, se quedó bebiendo su cerveza y contestando a las absurdas observaciones de Jolyne. Mientras hablaba me quedé mirándole fijamente dando pequeños tragos a mi copa. ¿Podía ser que estuviese haciendo tiempo hasta que sus compañeros viniesen para detenernos? Yo no pensaba huir, que viniesen los marines que quisieran. Como si llenaban todo el local. Cada vez me quedaba más claro que su intención era distraernos, le siguió el juego a Jolyne fingiendo interés por esa tontería de la bestia y le dio alas para continuar hablando sobre el tema. Iba a abrir la boca para cortar aquella locura, pero la tiradora se me adelantó. La velocidad con la que contestaba a aquel marine era asombrosa. La verdad era que, además de Yammaura, era él único que le prestaba tanta atención. Su frase de presentación me dejó descolocada. ¿Qué narices le pasaba? Se presentó como “patatas” y no hizo el más mínimo esfuerzo por corregir su error. Lo peor era que continuó hablando y quedando retratada como una loca. Al menos ya sabía de dónde se sacó lo de la bestia, ahora todo tenía más sentido. Tal y como imaginaba, no existía tal bestia, todo había sido un malentendido al cual la desmedida imaginación de Jolyne había contribuido. Lo que seguía sin comprender era por qué se había empeñado en pedir ayuda al marine. ¿Realmente pensaba que no podría matar a una bestia así yo sola? Me devolvió de mis pensamientos preguntándome sobre cómo referirse a la camarera. —Y a mí qué me cuentas —le respondí no de muy buen humor. Todavía no había tenido la oportunidad de relacionarme con la gente de la isla y no tenía ni idea de cómo hablarles, pero ese era ahora mismo el menor de nuestros problemas. La nueva genial idea de Jolyne era que Joe y yo hiciésemos un pulso. —No pienso tocarle —fue lo primero que respondí para quitarle aquella absurda idea de la cabeza. Di una última calada a mi puro y apagué lo poco que quedaba de él en el cenicero de la mesa. —Ya se te ha ido suficiente la olla. Te lo voy a decir por última vez. No hay ninguna bestia. Si la hubiese podría cargármela con mis propias manos sin ayuda de nadie. Y este señor no es nuestro amigo y a la mínima oportunidad que tenga intentará encerrarnos. Así que, que parta las sandías que quiera con los brazos, pero a mí no me va a poner la manos encima —resumí todo lo que se me pasaba por la cabeza, aunque no sabía si sería suficiente para persuadir a Jolyne —. Perdona. Otra ronda de cervezas —dije alzando un poco la mano para llamar la atención de la camarera—. ¿Quieres ver qué es lo que pretende? Seguro que si nos quedamos más tiempo aquí no tardarán en llegar sus amiguitos. Si tan solo está aquí para pasar el rato y disfruta tanto de nuestra compañía no le importará seguir bebiendo con nosotras.
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Karmas a tener en cuenta
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