16-06-2024, 09:54 PM
(Última modificación: 16-06-2024, 09:56 PM por Max D. Bambú.)
Fue la mención de Little Garden lo que borró por unos instantes la sonrisa del panda. Pequeños flashes de lo que allí había acontecido se le vinieron a la cabeza. Cómo Kovashi había recibido un tremendo golpe por parte de uno de los gigantes y había perdido el conocimiento. Cómo había ido a buscar ayuda. Cómo no había nadie y Kovashi había desaparecido misteriosamente del refugio. Nunca encontró los cadáveres, nunca quiso perder la esperanza. Kisuke hizo alusión a la escasa veracidad del periódico en estos casos. El panda dio una calada pequeña a su cigarrillo y decidió hablar. Al fin y al cabo, no podía guardarse la historia para siempre. —Fueron gigantes. —Comenzó. Los ánimos que hasta hacía poco había exhibido el panda se habían desvanecido sin dejar rastro. Sólo quedaba de él un semblante lúgubre mientras contaba la historia. —Les robábamos comida para sobrevivir. No nos iba mal. Con mis poderes lográbamos infiltraciones bastante exitosas, pero... en la última incursión Kovashi fue demasiado de frente. Le dijo que esperase mi señal, pero decidió no esperar. Siempre se dice que los gigantes son tan fuertes como lentos, pero pueden llegar a sorprender. Cuando me llevé al camarada a nuestro refugio me lo encontré vacío. Le dejé allí mientras iba a por ayuda, pero no encontré a nadie. Ni Nadja ni Enma estaban allí. Al volver, tampoco estaba Kovashi. —Le tembló ligeramente la mano del cigarrillo mientras daba otra calada, esta vez algo más larga. —Ese día desaparecieron todos sin dejar rastro. Evidentemente no me rendí. Salí en su busca. No me costó encontrar el campamento de los gigantes, tenían un rastro muy fácil de seguir. Fui a buscar a mis amigos, pero tampoco estaban allí. Sólo tenían a un prisionero, Caoba. Seguramente siga en la corriente de Rakusei, no me acompañó a Skypiea. —Se preguntaba cómo estaría le joven revolucionarie.
El panda sacudió su cabeza. No le apetecía continuar profundizando en aquella historia. La carnicería que se montón en aquel campamento cuando el panda recibió el poder de la luna llena no era plato de buen gusto para nadie. Además, ni siquiera sabría decir cómo es que había salido vivo de allí. —El caso es que me pasé meses en aquella maldita isla y jamás encontré rastro de mis compañeros. ¿Muertos? Con total seguridad lo estarán, por mucho que me duela admitirlo. Pero tampoco tengo evidencias que lo corroboren. —Finalizó. Dejó el cigarro a un lado y agarró una fruta especialmente apetecible en ese momento. Comer era una buena manera de dejar de hablar.
El panda sacudió su cabeza. No le apetecía continuar profundizando en aquella historia. La carnicería que se montón en aquel campamento cuando el panda recibió el poder de la luna llena no era plato de buen gusto para nadie. Además, ni siquiera sabría decir cómo es que había salido vivo de allí. —El caso es que me pasé meses en aquella maldita isla y jamás encontré rastro de mis compañeros. ¿Muertos? Con total seguridad lo estarán, por mucho que me duela admitirlo. Pero tampoco tengo evidencias que lo corroboren. —Finalizó. Dejó el cigarro a un lado y agarró una fruta especialmente apetecible en ese momento. Comer era una buena manera de dejar de hablar.
