21-08-2023, 06:32 PM
La gorila no dejaba de recibir golpes por todos lados. Menos mal que al final salió huyendo, porque ya había soltado al niño que secuestró y empezaba a darle un poco de pena. La mujer se levantó del suelo, un poco magullada. Todo el peso del golpe recayó sobre su hombro y brazo izquierdos, así que se lo sostuvo con la otra mano mientras intentaba que no se le notase. Aunque no pudo ocultar el hilo de sangre que salía de su nariz. Se acercó al panda, parecía que todos se estaban reuniendo. Él y Kovashi se dieron la mano en señal de que toda la disputa anterior estaba zanjada, de momento. Aunque al peliblanco se le notaba especialmente tenso, sobre todo por su amigo. No tardó en aclarar al resto del grupo que sufría de una condición extraña, una serie de pérdidas de memoria. Intentó dejarle claro a su compañero mink que ni el panda ni ella eran enemigos, y que sobre todo a ella, debía dejarla en paz. Menos mal. Menos mal que la había defendido. Derya suspiró con alivio. — Seamos amigos. ¡Me llamo Derya! — Se presentó alegremente y sonriendo. Si su compañero oso se había olvidado del incidente que tuvieron, ella también podía olvidarlo.
Entonces el panda mencionó al ejército revolucionario, ¿era él también parte de su mismo grupo? No tenía ni idea, nunca le había visto. También es verdad que a ella la reclutaron un grupo de gyojins, aparte de ellos no conoció a más revolucionarios. Escuchó con atención la respuesta de Kova y sonrió ampliamente. — Pues que casualidad, yo ya soy miembro. Parece que podríamos formar un buen equipo. — A pesar de sus heridas físicas, el ánimo de Derya estaba por las nubes. ¿Era posible? ¿Había encontrado un grupo?
♒︎ Cuatro días después ♒︎
Hoy era el día, el día de la fiesta. Les habían tratado como a reyes a los cuatro salvadores desde que ocurrió en incidente en el pueblo. Los aldeanos se habían negado a aceptar nada de dinero por parte de ellos, y les habían ofrecido las mejores comodidades. En el caso concreto de Derya, con sus peculiaridades especiales, le ofrecieron una habitación en primera línea de mar. Ella tan solo tenía que saltar desde el balcón para llegar a su reconfortante océano. Además, no sabía de dónde, pero le habían conseguido una cama de agua. No era lo mismo que dormir en el lecho marino, pero le resultaba tremendamente cómoda. Eso obviando toda la comida que le ofrecieron, la peluquería finalmente le salió gratis y además le hicieron unas mechas azules que reflejaban perfectamente su estado de ánimo. Al fin y al cabo, era su color favorito.
Se acercaba la hora. Cuando Derya terminó de ducharse, un grupo de cuatro mujeres llamaron a su puerta. Eran mujeres de la peluquería y de la boutique del pueblo, con las que Derya ya había tratado antes de aquel incidente y con las que se llevaba divinamente. Estuvieron una hora arreglándola. Le hicieron un precioso peinado, lleno de trenzas que luego acababan con la melena suelta. Elegante, pero con un toque guerrero. La maquillaron, Derya pidió que no fuese excesivo, así que solo le pusieron un poquito de sombra de ojos negra y pintalabios de un color parecido a su carne salmón. Ella ya estaba tremendamente agradecida por todo, pero aquello no acabó allí, pues también le habían traído un hermoso vestido. Era de un rosa claro, corto, igual demasiado para lo que ella estaba acostumbrada, y con un escote de corazón que compaginaba muy bien con el detalle exclusivo que le habían hecho para ella. Para arreglar el asuntillo de su cola, le habían hecho al vestido una abertura en la espalda a medida para que pudiera salir por ahí, además tenía también forma de corazón. Precioso, era todo precioso. Derya se sentía como una princesa. Se colocó unos taconcitos pero sin demasiado tacón -sino se caería seguro- y después de agradecer ese gesto cincuenta y tres veces, finalmente salió por la puerta.
Llegaría tarde, media hora tarde, le sabía mal pero aquellas mujeres le habían dicho que era elegante en una mujer llegar tarde. Así que no rechistó, ella no entendía muy bien ese tipo de cosas. Apremió el paso, para que su tardanza no fuese descarada, y por fin llegó. Lo habían montado todo en la plaza del pueblo, un banquete gigantesco. La recibieron con un gran grito aclamando su nombre a lo que ella respondió saludando con ambas manos efusivamente. Estaba tan feliz que no había dejado de sonreír ni un momento en esos cuatro días. Entonces su mirada encontró a Kovashi. No era difícil, la verdad, pues era el alma de la fiesta allá donde iba. Estaba tan guapo. No dudó en acercarse a él para saludarle. — ¿Nos dejarás un poco de alcohol a los demás? — Bromeó, era imposible no saber de sus costumbres, sobre todo después de que ya habían estado cuatro días viéndose. Un hombre se acercó a ella y le dejó una copa ya servida en la mano. Derya sabía que tenía que tener cuidado... a ver si era verdad, porque sinceramente, no le apetecía nada ser cuidadosa ahora mismo.
