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[Presente relativo] Una fiesta de reyes - Versión para impresión

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[Presente relativo] Una fiesta de reyes - Kovashi Shimatsu - 21-08-2023

Los golpes se daban, uno tras otro y el animal sufría cada impacto, cada gemido daba la sensación de que podía ser el final de una vida, pero no lo era. Lo importante es que no lo era. Kovashi escupió algo de sangre, aún seguía haciendo estragos el golpe de Durin, no olvidaría aquel pirata.
— Lo solucionaremos más tarde — Respondió seriamente Kovashi al tiempo que guardaba su katana tras su espalda. El Shimatsu le alargó la mano al panda para cerrar un día de locos. Posteriormente, les comunicó que pertenecía a la armada revolucionaria y que estaba buscando nuevos integrantes. Mira tu la casualidad, tanto Derya (que Kovashi desconocía si era o no miembro ya, pero por las conversaciones que había tenido con ella en el pasado encajaba en la revolución) Caló y él mismo, podrían formar parte de un mismo grupo. Los ojos del peli blanco se centraron en Caló, era de las primeras veces que utilizaba su habilidad de akuma, pero por el último golpe, estaba claro que ya dominaba su poder. Por otro lado le levantó la mano en señal de calma. — No os preocupéis, no es peligroso, pero tiene perdidas de memoria a corto plazo desde hace un tiempo — Comenzó a caer en el foso que era su mente, por como miraba a Derya ... — Caló, no son enemigos, aún — Chocó miradas de nuevo frente al Panda. — Déjala — Señaló a Derya.

Muchas veces Kovashi tenía que ser estricto en gestos o actitudes con el oso, pues su particular capacidad para olvidar les había otorgado un sin fin de problemas en varias islas, era importante que eso no sucediera ahora que estaban a punto de embarcarse en una nueva aventura.
— Respecto a lo del ejército revolucionario, creo que es lo que hemos buscado mucho tiempo — Fue sincero, la realidad es que de todas las facciones que el mundo tenía para ofrecer para personas como ellos, la revolución era considerado el lugar apropiado. Eso sí, quién sabe si serían capaces de aguantar al Shimatsu.

Dia 6 / Año 11 / Primavera


Había pasado ni más ni menos que cuatro días. Cuatro días de comodidades por parte de los vecinos del pueblo, que si comidas gratis, bebidas gratis, alojamiento por la cara. "Para los héroes, lo que quieran" decían de forma modesta. Pero claro, esa carta blanca no se la puedes dar a alguien como Kovashi. Llevaba todos los días de fiesta, todos los días metiéndose lo que el cuerpo era capaz de aguantar. "Un humano no es capaz de beber de esa manera, no puede entrarle más alcohol" también se escuchaba mucho.  Su problema con la adicción al alcohol se incrementó esos días, llegando a levantarse borracho, en condiciones pésimas. Pero no llegó a morir, un dato importante, ya que estaba prometida la madre de las fiestas aquella noche.

Cuál estrella del rock, él pidió quedarse en la suite ... Que en este caso tan solo ofrecía más metros de habitación, una ducha más grande y las mejores vistas que podía ofrecer una villa humilde como aquella. Eran las siete de la tarde y Kovashi ya iba medio ebrio, no pudo evitarlo. Abrió la puerta de la habitación y fue bajando escalones hasta encontrarse que en la planta de abajo había ya per-se una fiesta montada. - Tenía entendido que el fiestón serían en la plaza del pueblo - Cuando terminó de bajar las escaleras, todos gritaron su nombre al unísono. Se sentía el amo de la fiesta y le encantaba.

Salió del hostal camino a la plaza principal, ese día no había tenido interacción con ninguno del grupo, pero quedaron todos en la fiesta. Kovashi vestía una elegante camisa negra abierta por el pecho, mangas remangadas, pantalón amarillo apagado y unos zapatos negros de piel de cocodrilo que encontró debajo de la cama. Es lo que tenían las mejores habitaciones, de vez en cuando algo se dejaba el antiguo inquilino.

— ¡PAPÁ YA ESTÁ AQUÍ! — Gritó con fuerza. Fue recibido, como lo que había sido esos días, el rey de la fiesta.



RE: [Presente relativo] Una fiesta de reyes - Derya Tyhr - 21-08-2023

La gorila no dejaba de recibir golpes por todos lados. Menos mal que al final salió huyendo, porque ya había soltado al niño que secuestró y empezaba a darle un poco de pena. La mujer se levantó del suelo, un poco magullada. Todo el peso del golpe recayó sobre su hombro y brazo izquierdos, así que se lo sostuvo con la otra mano mientras intentaba que no se le notase. Aunque no pudo ocultar el hilo de sangre que salía de su nariz. Se acercó al panda, parecía que todos se estaban reuniendo. Él y Kovashi se dieron la mano en señal de que toda la disputa anterior estaba zanjada, de momento. Aunque al peliblanco se le notaba especialmente tenso, sobre todo por su amigo. No tardó en aclarar al resto del grupo que sufría de una condición extraña, una serie de pérdidas de memoria. Intentó dejarle claro a su compañero mink que ni el panda ni ella eran enemigos, y que sobre todo a ella, debía dejarla en paz. Menos mal. Menos mal que la había defendido. Derya suspiró con alivio. — Seamos amigos. ¡Me llamo Derya! — Se presentó alegremente y sonriendo. Si su compañero oso se había olvidado del incidente que tuvieron, ella también podía olvidarlo.

Entonces el panda mencionó al ejército revolucionario, ¿era él también parte de su mismo grupo? No tenía ni idea, nunca le había visto. También es verdad que a ella la reclutaron un grupo de gyojins, aparte de ellos no conoció a más revolucionarios. Escuchó con atención la respuesta de Kova y sonrió ampliamente. — Pues que casualidad, yo ya soy miembro. Parece que podríamos formar un buen equipo. — A pesar de sus heridas físicas, el ánimo de Derya estaba por las nubes. ¿Era posible? ¿Había encontrado un grupo?

♒︎ Cuatro días después ♒︎

Hoy era el día, el día de la fiesta. Les habían tratado como a reyes a los cuatro salvadores desde que ocurrió en incidente en el pueblo. Los aldeanos se habían negado a aceptar nada de dinero por parte de ellos, y les habían ofrecido las mejores comodidades. En el caso concreto de Derya, con sus peculiaridades especiales, le ofrecieron una habitación en primera línea de mar. Ella tan solo tenía que saltar desde el balcón para llegar a su reconfortante océano. Además, no sabía de dónde, pero le habían conseguido una cama de agua. No era lo mismo que dormir en el lecho marino, pero le resultaba tremendamente cómoda. Eso obviando toda la comida que le ofrecieron, la peluquería finalmente le salió gratis y además le hicieron unas mechas azules que reflejaban perfectamente su estado de ánimo. Al fin y al cabo, era su color favorito.

Se acercaba la hora. Cuando Derya terminó de ducharse, un grupo de cuatro mujeres llamaron a su puerta. Eran mujeres de la peluquería y de la boutique del pueblo, con las que Derya ya había tratado antes de aquel incidente y con las que se llevaba divinamente. Estuvieron una hora arreglándola. Le hicieron un precioso peinado, lleno de trenzas que luego acababan con la melena suelta. Elegante, pero con un toque guerrero. La maquillaron, Derya pidió que no fuese excesivo, así que solo le pusieron un poquito de sombra de ojos negra y pintalabios de un color parecido a su carne salmón. Ella ya estaba tremendamente agradecida por todo, pero aquello no acabó allí, pues también le habían traído un hermoso vestido. Era de un rosa claro, corto, igual demasiado para lo que ella estaba acostumbrada, y con un escote de corazón que compaginaba muy bien con el detalle exclusivo que le habían hecho para ella. Para arreglar el asuntillo de su cola, le habían hecho al vestido una abertura en la espalda a medida para que pudiera salir por ahí, además tenía también forma de corazón. Precioso, era todo precioso. Derya se sentía como una princesa. Se colocó unos taconcitos pero sin demasiado tacón -sino se caería seguro- y después de agradecer ese gesto cincuenta y tres veces, finalmente salió por la puerta.

Llegaría tarde, media hora tarde, le sabía mal pero aquellas mujeres le habían dicho que era elegante en una mujer llegar tarde. Así que no rechistó, ella no entendía muy bien ese tipo de cosas. Apremió el paso, para que su tardanza no fuese descarada, y por fin llegó. Lo habían montado todo en la plaza del pueblo, un banquete gigantesco. La recibieron con un gran grito aclamando su nombre a lo que ella respondió saludando con ambas manos efusivamente. Estaba tan feliz que no había dejado de sonreír ni un momento en esos cuatro días. Entonces su mirada encontró a Kovashi. No era difícil, la verdad, pues era el alma de la fiesta allá donde iba. Estaba tan guapo. No dudó en acercarse a él para saludarle. — ¿Nos dejarás un poco de alcohol a los demás? — Bromeó, era imposible no saber de sus costumbres, sobre todo después de que ya habían estado cuatro días viéndose. Un hombre se acercó a ella y le dejó una copa ya servida en la mano. Derya sabía que tenía que tener cuidado... a ver si era verdad, porque sinceramente, no le apetecía nada ser cuidadosa ahora mismo.



RE: [Presente relativo] Una fiesta de reyes - Max D. Bambú - 21-08-2023

Kova le tendió la mano en señal de tregua, aunque sospechó que no en señal de amistad. Le tendió la mano enérgicamente y aceptó la tregua de buen gusto. No le interesaba pelearse con el peliblanco después de ver lo que sabía hacer con la espada. Menos aún ahora que él sabía que el panda tenía una habilidad especial: Le había visto usar su fruta del diablo. Por su parte, Derya pareció también aliviada ante el desenlace de la situación. Le sorprendió, eso sí, que ella ya formase parte del ejército, pero pensándolo bien, ni siquiera debería sorprenderle. El ejército buscaba el apoyo de los gyojin con ímpetu, porque atacar desde debajo del agua sin que los marines tengan mucho con que defenderse es una ventaja nada desdeñable. Kova, por su parte, no formaba parte, pero tenía interés en la cuestión. —Y el ejército os buscaría a vosotros si hubieran visto lo que yo. —Confesó el panda.
Unos días más tarde

A lo largo de los últimos días, Don Bambú gozó de una cantidad muy grande y muy necesaria de tiempo en soledad. Se pasaba tardes enteras leyendo, encerrado en el cuarto que le habían cedido amablemente unos señores que iban en el grupo del bosque. Dijeron que el chaval que el panda había rescatado con ayuda de sus compañeros era sobrino del primo de alguien que conocían y eso, al parecer, era motivo suficiente como para ofrecerle todo lo que solicitara. —¿Una habitación silenciosa? —Fue su única pregunta al respecto. Los señores se miraron asombrados. Le ofrecieron suministros grandes de alcohol y comida, pero lo único que aceptó el panda (a regañadientes, hay que añadir) fue la comida. —No es necesario, tengo dinero, pero si insistís aceptaré una comida al día. Y ayudaré a prepararla. —Con aquella sentencia fue suficiente. Todas las tardes el panda salía de treinta minutos a dos horas de su agujero para ayudar al señor de la casa a hacer la comida. Verlos hacer una barbacoa en el jardín, mirando ambos en completo silencio el fuego, comentando de vez en cuando cómo los tiempos cambian a toda velocidad, y que antes estas cosas (fueran cuales fueran) no ocurrían tanto como antes, era como ver un cuadro que representase a la sociedad masculina en su totalidad. El panda se llevaba mejor con la señora, que había leído unos cuantos libros y hacía agudos comentarios sobre algunas obras de Marl Karx, resaltando cómo su doctrina debía evolucionar con los tiempos y no estancarse en la literalidad de sus textos. Don Bambú tuvo que estar de acuerdo, eran argumentos sólidos. Él respetaba los argumentos sólidos. Eran importantes.
 
A veces, por las noches, Panda se animaba a salir a beber y se encontraba de fiesta a Kovashi, que se hundía en alcohol como los hipopótamos en el agua y se comportaba como un babuino en las fiestas. Le parecía un poco idiota, y sin embargo no le caía mal. Cuando hablaba, a pesar del hedor insoportable del alcohol en su aliento, sus palabras bailaban en el aire como bailarinas en un escenario. Uno no podía evitar convertirse en mero espectador ante ellas. Se encontraba también de vez en cuando con Derya, que tenía una vibra completamente diferente a la del peliblanco. Era una mujer agradable y risueña. Un mal día se convertía en una tarde alegre tras estar en su presencia unas horas. Parecía completamente impermeable al pesimismo, como si eso fuera algo que le pasase a otras personas. Eso sí, con la mecha corta. Por lo que había observado su sonrisa podía fácilmente convertirse en un puñetazo si le tocabas los ovarios. Y luego estaba Khruner. Su congénere carecía de memoria a corto plazo, y eso explicaba por qué llamaba Richar a Don Bambú todo el tiempo. Al final, el panda lo abrazó y dejó de intentar corregirle, pues de nada servía. Era feo el cabrón, pero solo por fuera. Después de conversar cinco minutos con él, Panda se dio cuenta de que compartía una visión muy parecida a la suya del mundo. Era un mink muy sacrificado, dispuesto a darlo todo por otras personas, y que contra todo pronóstico conectaba muy bien con las emociones de otras personas. Don Bambú encontró extrañamente agradables los momentos con él, tal vez por compartir origen racial. 
 
Normalmente, el panda no salía hasta la noche a tomar un par de copas y esporádicamente al jardín a fumar. Sin embargo, aquella tarde se estaba preparando un evento para agradecer y celebrar, y no asistir hubiera sido una falta de respeto al amor y los cariños recibidos hasta el momento. La señora no aceptaba un no por respuesta, vamos. Le obligó a salir de su cuarto, a dejar sus libros tirados en una esquina y a prepararse para festejar como nunca lo había hecho. En cuanto llegó allí, identificó la presencia estruendosa de Kovashi y a Derya junto a él. En sus manos aparecieron dos vasos con un líquido que identificó como alcohol. Claro, le daban dos porque medía el doble que los humanos altos. Don Bambú se los bebió de un trago y se acercó a sus compañeros. —Buenas. —No sabía qué decir. Instintivamente sacó su cartón de tabaco y abrazó el primero que agarró con los labios. Luego le tendió la caja a sus compañeros, sin decir nada.



RE: [Presente relativo] Una fiesta de reyes - Khruner - 21-08-2023

La gorila después de recibir tal paliza de nosotros cuatro se fue con chillidos de dolor, y dejando un rastro de sangre por el camino, Kova se acercó al primo y le dio la mano, que raro porque ellos se llevaban bien, pero, dios las ganas de comer pescado no me la quitaba nadie, y sobre todo con esa tibur…

Kova me dijo que ellos dos no eran enemigos acaso alguna vez lo había sido mi primo y la tiburón, seguía sin entender ni una mierda todo lo que me estaba contando, pero luego en voz alta dijo que yo sufría pérdidas de memorias y que por eso nos habíamos metido en algunos problemas, y entonces pensé que quizás ya los habíamos visto y que ese no era mi primo, pero se parecía un montón a él lo que más fuertote y más valiente que él, pero hace tiempo que yo no lo veo no se ahh me estaba volviendo loco mi cabeza parece estar a punto de estallar, pero todavía no sabía que tenía que ver en todo esto la tiburón y cuando ya pensaba en comerla otra vez, de nuevo Kova me dijo que no me la podía comer, -Pues eso es una mierda necesito pescado- y con un jadeo de cabreo me senté vaya mierda.

Después de unos días…

Durante 4 días estuve alejado de la gente, pues aquello que me dijo Kova me impactó un poco qué es esto de que me olvido las cosas, acaso soy subnormal? Puede ser no sé ni leer ni escribir, solo puedo hacer menjunjes de hierbas medicinales, por dibujos de la libreta de mi madre, pero es que ellos también eran igual que yo.

Después de la pelea lo único que tenía ganas era de estar a mi rollo y con la naturaleza, era lo único que podía hacerme sentir vivo y reconfortarme, es más, si estaba en la naturaleza me sentía de alguna manera más cerca de los míos, tocar la tierra, sentir el alma de cada planta, y el ruido y sonidos de los otros animales, pero la gente del pueblo era de lo más amables y sabían que me gustaba el pescado a sí que me dejaban sacos de peces durante estos días,
y se lo agradecí aunque, lo mío no era encontrarlos el primer día me perdí tanto por la mañana como por la noche, hasta que unos pueblerinos muy agradecidos me hicieron un camino de antorchas para que supiera donde estaba, no me podía perder y comía de lo lujo, pero durante el resto lo único que hacía era dormir y recuperarme, además estaba investigando sobre las hierbas que había ese bosque, me estuve preparando mejunjes machacando y haciendo aceites curativos, también estuve haciendo unos aceite que por alguna razón me hacía recuperar mi resistencia, o más bien hace que mi cuerpo deje de sentir cansancio durante al menos cuatro minutos, y eso me motivaba a experimentar más, el último día los pueblerinos que se estaba organizando una fiesta para la noche y que me dejaran un camino para no perderme.

El camino de antorchas se empezó a encender y para ese momento me preparé un pequeño traje de hombros dejando mi cuerpo al descubierto y me puse lo más elegante que tenía mi collar de oro. Fui de camino hacia la fiesta y ahí estaba Kova, un panda que era… No podía ser, era él verdad,-Primo Richi que estás haciendo aquí?- y una especie rara que hablaba con mi hermano Kova y se hacían ojitos, pero era un tiburón, olía muy bien ha pescado y aunque ya comí al mediodía la comida que me dejaban, ya era hora de comer y mmm que olor a mar -Oye tibu estás ñam ñam-, y ahí me quede de pie al lado de mi hermano, -Kova no hacía falta lo del tiburón, pero así como no te voy a querer por cierto qué hace aquí el richi?- notaba la lengua muy seca y veía que mi hermano estaba bebiendo, pero no sabía si era la mierda que él tomaba - hermano me das algo de beber que no sé dé lo tuyo, que es eso?.

Off



RE: [Presente relativo] Una fiesta de reyes - Kovashi Shimatsu - 22-08-2023

Toda la plaza estaba decorada con luces de varios colores, verdes, rojas y azules predominaban, dando una espectacular gama de color a las calles incluso cercanas. Estaba todo el pueblo en aquella fiesta, desde niños, ancianos, hasta mujeres ... ¿De noche? Para Kovashi era sorprendente la libertad que poseían las hembras en aquella parte del mundo, incluso salían de noche, estaba encantado. Le flipaba encontrar culturas tan diferentes a la suya, desde las tres comidas al día, hasta la libertad que poseía uno para literalmente no hacer nada si se quería. Allá de donde procedía el espadachín, todo el mundo tenía algo que hacer, un oficio que ejercer, un destino que cumplir, pero aquí no, aquí ... Podías ser un cualquiera sin avergonzarte de ello.
— Niño ... —  Entre los que se le acercaron estaban los pequeñajos de Deisy, aquella madre que se enfrentó a los otros civiles para buscar una solución. Los mocosos tiraban de las prendas de Kovashi, este les respondía con cara graciosa, hasta que una seria los medio ahuyento. Odiaba a los niños, se le veía en la cara, nunca le gustaron, lo que no quitaría que de vez en cuando fuera por los únicos que sentía cierta empatía irracional.

— No —  Respondió al comentario de Derya. También respondió dando un largo trago a la copa de vino tinto que le sirvieron. Pegarse una colocada con vino era todo un desafío, se había dado cuenta de que el vino le ponía políticamente activo, con ganas de buscar las cosquillas del personal, de ensalzar sus pensamientos cuasi comunistas pero tejidos por unos hilos de liberal, liberalcomunista, que es lo que era él. ¿Habría allí algún Marxistalibertario? ¿un anarquista? si así fuera la batalla dialéctica estaba servida. Pronto aparecieron los dos osos, Panda antes que Khruner. Desde la batalla parecía que estaban unidos; sin embargo, unirse a Khruner no era fácil, ya que se olvidaba de todo y todos. — ¡Mi oso! —  Realizando un pequeño salto se colgó del cuello de Caló, rascándole la cabeza — ¿Te la quieres comer? Venga va, un bocadito — Se notaba en el ambiente una sombra de comedia constante, todos se reían de todo. Soltó a Caló y caminó hasta Panda que estaba un par de metros por detrás. Tan serio. Ambos se habían encontrado de noche, Kovashi lo sabía, aunque no recordara muy bien la interacción que tuvieron. Lo que sí recordaba es que era un tipo muy sobrio, ni siquiera esperaba el Shimatsu que apareciera allí esa noche.

— Nos honras con tu presencia, Panda — Bajó la cabeza, en forma de saludo. — ¿De dónde has sacado el tabaco?
— ¿Sabes que eso M-a-t-a? — Alzó la voz Adam, uno de los vecinos, camarero en uno de los locales de la villa. Todos se rieron por como dijo este sus últimas palabras.
— Claro que lo sabe Adam, él lo sabe todo, ¿verdad? —  Asomaba la sorna. Las noticias en el pueblo volaban y sobre Panda y Khruner más. Dos osos tan extraídos de la comodidad que ofrecía el vecindario. Casi podría verse como un gesto de superioridad el no aceptar los regalos. Sabían que Khruner estaba obsesionado con las plantas, que Panda era muy reflexivo, inteligente y especialmente solitario, que Derya nunca daba un no si conllevaba una buena experiencia y que Kovashi era amante de los excesos, pero que de vez en cuando le gustaba estar también en comunión con la naturaleza. Allí en cuatro días se sabía todo, los rumores volaban. — Pero bueno, eso está bien —  No sabía ni como, pero a su diestra le llegó otro copazo de vino que por supuesto bebió de un trago. — No esperábamos menos de ... ¡Un comandante revolucionario! —  Todos estallaron en aplausos y gritos, una marabunta de personas se acercó a Panda, apartando con ello a Kovashi de en medio, con una sonrisa enorme en el rostro.

— Osito toma — Le lanzó su petaca a Khruner. — Me he encargado de guardarte la que no tenía alcohol —  Le guiñó un ojo. Era mentira, en que mundo Kovashi guardaría en su preciosa petaca algo como un zumo de piñas, ahí estaba el alcohol más cargado que este lugar del mundo podía ofrecer. Engañar a Caló era tan fácil, el duó que conformaba con el pardo era de temer, de temer para el propio Khruner. Conforme los meses al lado de Caló pasaron, la actitud para con el mundo de Kovashi lo hizo igual, aún y así cada uno era como era, el espadachín se medía constantemente con casi cualquiera, justificando acciones con un típico "Si el hubiera vivido la mitad de cosas que me han pasado" una forma de pensar que le exculpaba de casi todas sus acciones. Es increíble como una persona puede cambiar tanto al abrazar la libertad, era un tipo muchísimo más respetable, recto y honorable cuando vivía subyugado por su padre. 
Qué peligrosos eran esos conceptos; Libertad, empoderamiento, justicia, revolución... Para cada uno podían significar cosas tan diferentes.
Cita:Karma negativo: Vicio (saciado)
Karma positivo: Oratoria imperturbable



RE: [Presente relativo] Una fiesta de reyes - Derya Tyhr - 22-08-2023

"No." ¿Con que esas teníamos? Aferró su mano a la copa recién servida y se la bebió de un trago. Sintió que la garganta le quemaba y reprimió un escalofrío típico de cuando tu cuerpo no está acostumbrado a esa sustancia. Dejó la copa vacía en una mesa y enseguida le trajeron una nueva, parecía que todo el mundo estaba atento a que estuvieran bien servidos. "¿Ni un solo comentario? ¿Con lo guapa que estoy y el pedazo de vestido de tía buena que me han puesto?" En el interior de su cabeza empezaba a calentarse el volcán de las emociones. No dejó que se le notara en el rostro, con aquella sonrisa imperturbable, pero le jodía un poco, sí. Sobre todo porque eran ya cuatro días que jugaban a ignorarse, al rato tonteaban, luego él pasaba de ella, más tarde volvía a verla, luego se acercaba ella... A ratos era divertido, y a ratos un sinvivir, porque ella no entendía que todo tuviera que ser tan complicado. Pero la noche solo acababa de empezar, no tenía que perder el juego tan rápido.

Y apareció Khruner. Aquel oso pardo con pérdidas de memoria a corto plazo, al menos en cuanto a lo relativo a personas, porque de otras cosas si parecía acordarse bien. Derya ya había entrado en modo zen con aquel oso, no iba a dejar que cada encuentro que tuvieran la perturbase. Además era gracioso, porque siempre era igual. Llamaba a Don Bambú como primo Richi, y a ella le decía tiburón y que se la quería comer. Y siempre tenían que explicarle que no, que Don Bambú no era su primo y que Derya era una persona y que no se podía comer. Así que cuando se acercó a la pareja, volvió con lo mismo de siempre, además, alentado por las palabras de Kovashi. — ¡Otra vez con lo mismo! Como os pegue yo un bocado a cada uno os cagáis. — Bromeó, enseñando sus enormes y afilados dientes de sierra. Todo eran bromas, había tan buen ambiente que era inevitable caer en eso.

Llegó Don Bambú, al fin Derya conocía su nombre y podía dejar de referirse a él como "panda", que era bonito, pero claro, era como si ahora a ella se refirieran como "tiburón", pues es apropiado, pero uno prefiere que le llamen por su nombre, ¿no? La sonrisa de ella se ensanchó cuando les saludó. — ¡Hola Don! — Le llamaba así, era más cortito. Y se abalanzó sobre él con un abrazo. Le rodeó por la cintura, al fin y al cabo era muy alto. Todavía no es que se conocieran demasiado, pero, ¿sabes cuando conoces a una persona y enseguida te das cuenta de que te cae genial? A Derya le había pasado con él. Le parecía respetuoso, considerado y amable, mucho más de lo que se podía decir de la mayoría de la gente, y le gustaba tenerle cerca. Éste ofreció un cigarro al grupo. Se vio tentada por un segundo. Era una mujer un poco influenciable, sobre todo cuando estaba de fiesta, pero finalmente lo rechazó. — No, gracias. — No le venía bien para sus hermosos dientes. — ¡Toma! — Agarró una copa de la mesa con la cola, se la llevó a la mano y se la ofreció a Don Bambú. Sí, controlaba tan bien su otra extremidad que a veces es como si fuera otro brazo más.

Se separó del abrazo del panda y se bebió su propia copa mientras escuchaba a Kovashi. Siempre había como tensión cuando los dos se cruzaban. Kovashi era un vacilón, aunque Don Bambú era más templado, también se dejaba llevar fácil por las provocaciones, como ocurrió cuando se conocieron, que pareció por un momento que ambos iban a enzarzarse en una pelea. Kovashi mencionó la revolución y todo el pueblo gritó y aplaudió, a lo que ella se sumó enseguida. Pero una marabunda de gente empezó a acercarse a él, así que Derya se alejó un poco, dejando espacio para el agradecimiento.

Por un segundo se vio sola, Kova con Khruner y Don Bambú atendiendo a los civiles. Se terminó su copa de un trago y suspiró. Realmente, pensándolo bien, era impresionante que un grupo de raritos como ellos fueran tan queridos, igual el mundo realmente estaba dispuesto a cambiar. Entonces se le acercó un grupo de niñitas, tímidas y con risitas. Derya las recibió con cariño, le gustaban mucho los niños y ellos también parecían gustarle Derya. Se agachó en cuclillas para escucharlas, y una de ellas reveló de detrás de su espalda un collar de flores que Derya enseguida se echó al cuello. Olían tan maravillosamente, además pudo ver como le habían añadido alguna alguita entre flor y flor. Las abrazó y entre las palabras de gratitud y cariño se le ocurrió algo. Se levantó del suelo, se subió a una mesa, llamando la atención de todo el mundo, y subió con ella en brazos a la niña que le había hecho aquel regalo. — ¡Un momento, por favor! — Y prácticamente todos los civiles se callaron para escuchar a la gyojin. — ¡Un brindis! — Levantó su copa y la mayoría de la aldea la imitó. — ¡Por la libertad! — Dijo, mirando todas aquellas caras sonrientes a su alrededor. — ¡Por la revolución! — Y su mirada se dirigió a aquel nuevo grupo que habían formado. — ¡Y por el futuro! — Y esta vez miró a la niña en su brazo. Todos volvieron a gritar y como si estuviesen al compás, bebieron a la vez. Dejó a la niña en el suelo, y antes de bajarse ella también de la mesa, se dirigió a un grupo de aldeanos, eran cuatro, con instrumentos, en el lado izquierdo de la plaza. — ¡Música, maestros! — Les indicó, señalándoles con el índice. Y enseguida, como si llevaran esperando aquella señal toda la noche, comenzaron a tocar. Derya bajó de la mesa de un salto, agarró la primera copa que vio llena y comenzó a bailar, dejándose llevar por aquel ritmo desenfrenado y alocado. Se movía como pez en el agua, y es que bailar le encantaba y se podía notar solo con verla.




RE: [Presente relativo] Una fiesta de reyes - Max D. Bambú - 22-08-2023

Una vez más, Panda era erróneamente identificado como Richar, el primo de Khruner. A estas alturas, ya no le corregía, le daba igual. Khruner siempre terminaba dándose cuenta de que Don Bambú no era su primo Richar. Tarde o temprano rectificaría... O no. No, tal vez no rectificase, pero al menos el oso podía identificarle con facilidad en multitudes. Sus compañeros, rechazaron el tabaco, así que Don Bambú lo guardó sin dedicarle mayores reflexiones justo a tiempo para no soltarlo con el repentino abrazo de Derya. La gyojin le parecía muy extrovertida, algo que chocaba de frente con la personalidad del panda, pero se llevaban muy bien. Don Bambú devolvió el abrazo con una mano que ocupaba toda la espalda de su compañera y luego la liberó justo a tiempo para recibir tanto una copa de vino como el comentario de Kova sobre su intelecto. —Sé unas cuantas cosas. —Concedió sin escalar la situación y dio un trago a su bebida. Era vino blanco. Le encantaba el vino blanco. No tenía sentido enfadarse con las bromas de Kovashi, él era así. Decía lo que pensaba pasando por encima de quien tuviera que pasar. Lo que sí que no le gustó fue que le denominase comandante revolucionario. Todavía no había hecho suficiente por la causa como para merecer siquiera tal denominación y no le parecía que Kovashi tuviera la mínima idea de lo que significaba tener un alto cargo en la revolución. Todavía tenían mucho que aprender, mucha fuerza que obtener... Pero no tuvo tiempo para reprochar ni para enfadarse, pues una marabunta de gente emocionada ante la idea de tener un comandante revolucionario tan cercano a ellos se le echó encima. Le llovieron al panda agradecimientos, ofertas de regalos, abrazos de niños y solicitudes de autógrafos. El panda intentó por todos los medios evitar que los habitantes de aquel lugar continuasen pensando que era un comandante, pero sus esfuerzos fueron inútiles.
 
El panda pudo liberarse, no obstante, gracias a la llamada de atención de Derya, que proponía un brindis por la libertad y por el futuro. El panda alzó su copa de vino a medio beber y aprovechó para alejarse un poco de la gente. Se la terminó de un trago y entonces empezó la música. Ahí sí que no le pillaban. No le gustaba nada bailar porque no se le daba bien. Un tambor bajo una lluvia de piedras tenía mejor ritmo que él. Hizo la jugada mítica y se fue a la zona de bebidas a servirse otro vino y a conversar con quien pillase. La encargada de los cócteles le servía. En cuanto el panda se sirvió su vino y cruzaron miradas, la coctelera sacó una conversación de la nada. —
¿Qué se siente al ser un héroe? —Empezaba bien la conversación. —No soy un héroe. —La coctelera parecía confusa, y el panda decidió que aquella conversación le serviría para distraerse, así que se sentó en el área de comida y se sirvió un filete de ternera para acompañar el vino.



RE: [Presente relativo] Una fiesta de reyes - Khruner - 22-08-2023

La noche empezó bien, la gente se veía contenta, mi hermano estaba de lujo y en su mejor momento, es decir, siendo protagonista, la tiburón estaba de bromas, que si nos mordía, que si no sé qué, no la conocía, pero… me caía bien y lo que tenía seguro es que a mi hermanito le molaba o al menos le llamaba la atención, luego mi primo Richi que nos había ofrecido. - Pero qué mierda es esa primo, anda guárdala que como se entere tu mama te mata-.

Ya le valía al primo mi que meterse en esas cosas si eso son drogas, - pero tu que tienes cacota en la cabeza o qué?-, odiaba que los míos estuvieran con drogas, eso estaba muy mal visto en mi comunidad, pero bueno él era el que escogía el camino, Kova me dio mi petaca, que solo lleva zumitos no penséis que lleva alcohol, pero siempre queda uno más interesante con una petaca queda de mayor. La tibu se alzó y empezó a hacer un brindis que si la libertad y algo de la revolución que no sé que era si todavía no sabía por qué ella podía hablar y pegar tan fuerte, es más creo que luego se lo explicaré, pero estoy con ganas de irme a una esquina solo, este no era mi ambiente una cosa era estar Kova y yo, pero con tanta gente…, que mal royo, abrí la petaca tras el brindis de la chica, y bebí el sabor era algo distinto, pero sabía algo a piña, -Uh qué fuerte está esto chacho- le dije a Kova, pero bueno quizás era así el zumo aquí así que empecé a beber, entraba como agua, pero el sabor amargo no se quitaba.

La bebida se me acabó del todo, me fui hacia la barra de zumos para que me la llenen y beber más, pero la música empezó a sonar, y que música más… más rara, mis ojos se abrieron como si algo por dentro estuviera circulando, y eso solo podía pasar cuando Kova me engañaba con la petaca me daba droga de esa que él toma, mierda no sé cómo se lo hace, pero siempre caigo en la misma tontería, mis ojos se entrecierran, y mi sonrisa llegaba de oreja a oreja mi cuerpo era más libre y más ligero, me palpe mi pelaje y era una sensación rara no la notaba igual de rugosa, la notaba muy, pero que muy suave, la música ya se terminó, y con toda mi soltura le pedí amablemente a uno de los músicos una de las guitarras para poder tocar, me puse delante de Kova y le mire - vamos Pharl- me senté en el suelo, coloque la guitarra entre mi barriga, mi oído derecho apoyado en la oreja para poder escuchar las notas y para calentar toque un poquito de acústica y después ya empecé a cantar y a tocar otras cositas, una de las chicas del pueblo se puso a bailar mientras bailaba le iba chillando -olee, toma que toma-.  Mientras tocaba tal y como dice la canción la gente del pueblo me empezó a poner bebidas con alcohol pero una vez ya tenia una venían las siguientes, hay que decir que contra mas bebo mas relajado me siento y mas canciones empiezo a tocar y a cantar.

Off



RE: [Presente relativo] Una fiesta de reyes - Kovashi Shimatsu - 22-08-2023

Las personas ovacionaron al panda, estaban encantados de tener allí a un mismísimo general revolucionario. Qué cachondeo. Kovashi no podía dejar de reír y beber, de beber y reír. La noche se empezaba a volver divertida y apenas comenzaba, esas eran las buenas, las otras tan solo eran noches de paso. No cayó en como iba vestida Derya, no la halagaría, no iba con Kovashi, podía estar tremendamente guapa, pero si buscaba llamar la atención con aquello, la de él no la tendría. Eso sí, aquel pelo le queda precioso -No olvides que no es natural- Se dejó caer sobre un asiento mullidito, desde allí contemplaría el espectáculo de la gyojin. No solo subió a la mesa, sino que daría un espectacular discurso para oídos ilusionados. Kovashi no pudo evitar estirar una sonrisa, aunque el discurso como tal no fue de su agrado. La libertad, la revolución y el futuro tenían muchos grises, demasiados. — Es increíble lo que permitís aquí. —  Comentó entre varias voces el peliblanco haciendo referencia nuevamente al tema de la libertad de las mujeres.

De un momento para otro los allí presentes comenzaron a bailar, algunos unían sus manos iniciando coreografías bien pensadas, incluso agradables a la vista, pero Kovashi era muy ajeno a todo eso, no estaba lo demasiado borracho para desinhibirse hasta el nivel de olvidar su propia vergüenza ajena. Logró escabullirse hasta la barra, donde se toparía con un portento de mujer que rezumaba sexualidad, belleza, un magnífico olor ... Pero desgraciadamente morena.
— ¡Una copa gratis para el héroe! — Kovashi, que venía un poco pensativo del discurso de Derya, fue seco contestando. —  No soy ningún héroe. —
— ¿Que coño os pasa? — Confusa, se fue a servir a otra mesa.

El trago fue ligero, como todos, había un momento de la noche donde el alcohol dejaba de tener ese fuerte golpe del inicio, pasando a ser casi testimonial su efecto. Aun así seguía bebiendo, para pasarlo bien, para olvidar, para pensar ... Cuando reflexionaba. Al esquivar la mirada encontró a Panda no muy lejos de allí. Era un revolucionario de verdad, ahí estaba, bueno Drya también lo era al parecer. Realmente estaban por todas partes. Terminó su cerveza, golpeó la mesa, no tardaron en servirle otra. Kovashi lo inspeccionó, era un tipo alto, fuerte, de aspecto rudo, pero las voces del pueblo lo identificaban casi como un puñetero monje ... Tranquilo, extremadamente calmado, muy pensativo, humilde, bueno, eran todo calificativos positivos, lo que todo el mundo esperaría de un revolucionario, ¿no? ¿qué tipo de revolucionario podía ser Kovashi? el se consideraba tan diferente, para mal. - Otra vez no - Pero ahí estaba, siempre estaba ahí, las inseguridades nunca le abandonaban. - ¿No existen los revolucionarios no tan buenos? - Intentaba dibujarse dentro de la armada, pero por mucho que lo intentaba, al compararse con un “hombre” como Panda, siempre parecía aproximarse más a un bando diferente al que pertenecería.

Descaradamente, el espadachín avanzó por la barra hasta quedarse a cinco o seis pasos de Panda, tomó de un trago otra cerveza y se ladeó. Cuando estuvo a punto de comenzar a hablar, alguien le interrumpió, era Clans, un hombre de un metro ochenta, de cuerpo fornido, barba extensa y tatuajes carcelarios por los brazos y manos. Este chocaría con Kovashi ligeramente.
— ¡Kova! — Le puso una mano en el hombro, pero la retiró pronto. — Esa mujer es ... Ufff ... Pura sensualidad. —  Apuntaba a Derya con la mirada, por lo visto varios se estaban quedando prendidos de la mujer pez, lo exótico llamaba la atención.
— Ten cuidado, los revolucionarios no suelen tener mucho ... — Hizo el gesto de mantener sexo, con los dedos, como un niño. — Como son un símbolo tan puro de lo que está bien o debería estarlo. —  Miró a Panda, después lo hizo el propio Clans. —  ¿Verdad? —  Silbo al terminar, lanzando un gesto de mal humorado, tomando la copa de vino que Clans portaba sobre su diestra. 
Se la metió de un trago, era vino blanco, no le gustaba.



RE: [Presente relativo] Una fiesta de reyes - Derya Tyhr - 22-08-2023

Todo el mundo se lanzó a bailar con ella. Al principio les costó seguir el ritmo, pues al fin y al cabo los músicos estaban improvisando, pero rápidamente empezaron a fluir con la melodía, dejándose llevar por lo que les apetecía hacer en ese momento. Derya se iba haciendo paso entre el gentío moviendo las caderas, las piernas, la cabeza de un lado a otro... Le encantaba la libertad que se sentía, notar como su cabello se revolvía a su alrededor marcando el tempo. Iba pasando de un brazo a otro, de una persona a otra, bailaba con uno un rato y cambiaba al siguiente. Había muchos chicos guapos, la cogían de la mano, la rodeaban por la cintura, pero Derya los apartaba cuando se aburría, como si nada. Y es que el alcohol empezaba a hacer mella en la gente. Los niños no se darían cuenta, con esos ojos inocentes, pero la bebida lo volvía todo más sexual. Menos mal que a la gyojin esas cosas no le interesaban.

Poco a poco se fue acercando, con mucha sutileza, a la barra donde estaban Don Bambú y Kovashi. Justo en el momento en el que la canción terminaba, dio un salto en medio de los dos. Era una entrada maravillosa. En todo el caos había perdido uno de los tacones. Como no tenía ganas de buscar, tiró el otro también, haciendo como una patada al aire, el zapato salió volando hacia atrás. La mujer se echó a reír. El alcohol le hacía mella muy rápido, pero le daba igual. Se bebió lo que le quedaba de su copa y la dejó, vacía sobre la barra. — ¡Pero bueno, ¿qué tal?! ¿Lo estáis pasando bien? — Preguntó a sus dos amigos, mirando primero a Don Bambú, pues le quedaba más cerca, y luego a Kovashi, que estaba un poco más lejos. Abrazó la espalda del panda y enseguida se acercó a Kovashi, que tenía a un tío al lado con el que casi se chocó. — ¿Este qué es, tu guardaespaldas? Vaya tiarrón. — Y se empezó a reír otra vez, pero enseguida le ignoró, su atención la reclamaba aquel peliblanco yakuza tan guapo. Se apoyó ligeramente sobre su hombro, intentando no molestarle, pero buscando un afecto físico por pequeñito que fuese. — Es broma, no lo necesitas, después de ver lo que haces con esa katana... ¿Hablábais de la revolución? — Preguntó curiosa, había conseguido escuchar alguna palabra suelta de la conversación, y quería formar parte de ella.

A todo esto, la música que a ella tanto le gustaba de repente había cambiado de ritmo completamente. Pudo ver por el rabillo del ojo como Khruner había cogido la guitarra y se había robado la canción. Rodó los ojos, aquel no era su estilo, pero bueno, al fin y al cabo era una fiesta para todos, ella no podía acaparar algo tan esencial como la música. Y la gente parecía pasárselo bien a su alrededor, que al final era lo que importaba.