Hace 5 horas
El golpe de Eele había hecho efecto en Brutus, quién se había visto desestabilizado por el cabezazo. Era de esperar, el golpe había sido fuerte y él mismo había sufrido los efectos de aquella técnica que le enseñó la maestra Matcha. Sin embargo, el efecto que no esperaba es el que produjo entre el público. En primer lugar, la grada se dividió entre los que encontraron gracioso el comportamiento de Eele, los que creyeron que era una jugada de lo más sucio y los que vieron en el tambaleó de Brutus un resquicio para la victoria del gyojin. Una reacción normal, pues no todo el mundo encajaría igual los mismos golpes.
Tras esto, llegó la reacción del presentador, el cual no tenía claro como definir la estratagema de Eele. ¿Se trataba de algo ilegal? Sí bien es cierto que en el boxeo no está permitido, no había sido definido como ilegal en esta ocasión. Sin embargo, el árbitro no dudó en señalar la acción de Eele como antirreglamentaria, algo que terminó de avivar los ánimos en la grada. Las quejas llegaban hasta el cuadrilátero, donde el árbitro se excusaba. En medio de aquella discusión, el público descubrió los papeles que dejaban entrever que los combates habían sido amañados, hecho que los encendió por completo, exigiendo en el acto la devolución de su dinero.
El caos formado fuera del cuadrilátero no desconcentró a Eele de su objetivo. El gyojin permanecía apoyado en las cuerdas, sonriente, desafiante. Cuando Brutus habló, el navegante se incorporó para cuadrarse de nuevo, la guardia alta, pero consciente de que al más mínimo movimiento, se lanzaría sobre su rival. Sin embargo, el único movimiento que pudo ver de su rival fue ver cómo se desplomaba tras un estallido. Eele reconoció al instante el sonido, un arma de fuego. Alguien había disparado a Brutus.
—¡Maldito bastardo! Me has robado la victoria-ring
Eele sacudió la cabeza de un lado a otro buscando al culpable. Lo vio, un hombre de traje que portaba una pistola. Su primer impulso fue el de atacarlo, saltar sobre él y golpearlo hasta que saciase sus ansias de combate. Sin embargo, sabía que seguramente, ese hombre no estuviera solo. ¿Sería parte de alguna mafia? Probablemente. Era algo que él gyojin ya había visto antes en el bajo mundo de Samba. Familias u organizaciones que se dedicaban a amañar combates para estafar a los apostadores. Algo totalmente indigno al parecer del gyojin, que pensaba que los combates debían ser justos.
—Me habréis dejado sin combate, pero no me voy a ir de aquí con las manos vacías.
Eele miró hacia la mesa donde se mostraban los premios. Le había echado el ojo a uno de ellos en concreto, por lo que corrió unos pasos por el ring en esa dirección y luego saltó hasta ellos. Cuando aterrizó sabía perfectamente lo que buscaba. Los guantes de boxeo podrían estar bien, aunque creía que le serían poco prácticos en sus combates habituales. Lo pensó un momento y decidió que tal vez, podría llevarse más de un objeto, así que tomó los puños y los guardó en su bolsillo. Sin embargo, lo que quería Eele no era aquello. Miró a la medalla, dejó formarse una sonrisa de medio lado en su rostro y la agarró. Se la puso al cuello y se giró hacia la muchedumbre marcando bíceps.
—Todos sabemos que esto pertenece al gran Eele. Sí no fuese por ese cabrón, hubiese ganado igualmente, jabjabjabjab
Eele permaneció regodeándose allí mismo unos instantes, ajeno a lo que sucedía a su alrededor, como si no le importase si había sido una estafa o sí la gente iba a luchar por recuperar su dinero.
Tras esto, llegó la reacción del presentador, el cual no tenía claro como definir la estratagema de Eele. ¿Se trataba de algo ilegal? Sí bien es cierto que en el boxeo no está permitido, no había sido definido como ilegal en esta ocasión. Sin embargo, el árbitro no dudó en señalar la acción de Eele como antirreglamentaria, algo que terminó de avivar los ánimos en la grada. Las quejas llegaban hasta el cuadrilátero, donde el árbitro se excusaba. En medio de aquella discusión, el público descubrió los papeles que dejaban entrever que los combates habían sido amañados, hecho que los encendió por completo, exigiendo en el acto la devolución de su dinero.
El caos formado fuera del cuadrilátero no desconcentró a Eele de su objetivo. El gyojin permanecía apoyado en las cuerdas, sonriente, desafiante. Cuando Brutus habló, el navegante se incorporó para cuadrarse de nuevo, la guardia alta, pero consciente de que al más mínimo movimiento, se lanzaría sobre su rival. Sin embargo, el único movimiento que pudo ver de su rival fue ver cómo se desplomaba tras un estallido. Eele reconoció al instante el sonido, un arma de fuego. Alguien había disparado a Brutus.
—¡Maldito bastardo! Me has robado la victoria-ring
Eele sacudió la cabeza de un lado a otro buscando al culpable. Lo vio, un hombre de traje que portaba una pistola. Su primer impulso fue el de atacarlo, saltar sobre él y golpearlo hasta que saciase sus ansias de combate. Sin embargo, sabía que seguramente, ese hombre no estuviera solo. ¿Sería parte de alguna mafia? Probablemente. Era algo que él gyojin ya había visto antes en el bajo mundo de Samba. Familias u organizaciones que se dedicaban a amañar combates para estafar a los apostadores. Algo totalmente indigno al parecer del gyojin, que pensaba que los combates debían ser justos.
—Me habréis dejado sin combate, pero no me voy a ir de aquí con las manos vacías.
Eele miró hacia la mesa donde se mostraban los premios. Le había echado el ojo a uno de ellos en concreto, por lo que corrió unos pasos por el ring en esa dirección y luego saltó hasta ellos. Cuando aterrizó sabía perfectamente lo que buscaba. Los guantes de boxeo podrían estar bien, aunque creía que le serían poco prácticos en sus combates habituales. Lo pensó un momento y decidió que tal vez, podría llevarse más de un objeto, así que tomó los puños y los guardó en su bolsillo. Sin embargo, lo que quería Eele no era aquello. Miró a la medalla, dejó formarse una sonrisa de medio lado en su rostro y la agarró. Se la puso al cuello y se giró hacia la muchedumbre marcando bíceps.
—Todos sabemos que esto pertenece al gran Eele. Sí no fuese por ese cabrón, hubiese ganado igualmente, jabjabjabjab
Eele permaneció regodeándose allí mismo unos instantes, ajeno a lo que sucedía a su alrededor, como si no le importase si había sido una estafa o sí la gente iba a luchar por recuperar su dinero.
Rincón de Eele
