27-09-2026, 10:30 PM
Por nada del mundo hubiese esperado que ese sería el desenlace de los acontecimientos.
Había dejado de lado la ira, había custodiado bajo llave la sed de venganza. Sus sentidos estaban puestos en atender a la cría, en cuidar -a su manera- al guía. Se había tornado, en cierta medida, algo agradable. ¿Quizás podría ser su amiga? No se veía un mal chico realmente.
Sonrió al verle tomar el pedazo de pescado.
Pero la felicidad no es algo que le pudiese ser otorgado.
El estruendo del disparo heló su sangre por completo. Su rostro, marcado con las líneas que expresaban su contento se vio tintado de carmesí. Sus ojos se abrieron, la caja cayó de su mano, derramando las piezas sobre la maleza. Por un momento hizo la vista atrás, percatándose de cómo Aster se cernía sobre el hombre. Aún impactada volvió a ver al moreno. Bajó la mirada, la fuente de vida escapaba de aquel agujero que ahora adornaba su pecho, tiñendo la ropa durante el trayecto. Movió los labios sin emitir sonido, la voz quedó presa en su garganta.
Su mirada se humedeció, su corazón dio un vuelco que azotó su mundo. Avanzó hacia él antes de que este cayera, sosteniéndolo con los brazos. Se arrodilló, sujetando su cuerpo sin dejar de temblar—. N-no, no puedes hacer esto... —Su voz salió en apenas un hilo quebrado, roto. La emoción se hizo un nudo en el centro de su garganta. Un nudo especialmente doloroso. Finalmente las lágrimas terminaron por derramarse, aterrizando sobre los pómulos ajenos.
Llevó una mano al pecho, presionando la herida, sin embargo la sangre seguía filtrándose entre sus dedos. Por mucho que presionara, por mucho que intentaba evitar lo inevitable... no lograba hallar la salvación a aquel fatídico destino. Al darse cuenta de que no podía hacer nada, llevó la mano manchada al rostro ajeno. La acomodó en su mejilla y la acarició con suavidad—. Lo siento, lo siento... —Repitió una y otra vez. Había sido su culpa, total y absolutamente suya. Si hubiese sido más lista, si hubiese noqueado a aquel indeseable, incluso... si no hubiese tenido piedad, todo sería distinto.
El peso de sus acciones cayó sobre ella como una roca.
Sintió la vida escaparse entre sus manos. Su hilo se cortó. Sin vacilar, sin compasión. Tendió el cuerpo sobre la maleza con delicadeza y depositó un beso en su frente que tardó varios segundos en romperse. Podía escuchar las quejas del cazador tras de sí siendo atacado por su compañero. Con las piernas temblando se levantó. Alzó la cabeza y volteó a ver al hombre—. Lo mataste... —Susurró con absoluta frialdad. La ira y el coraje se filtraba a través de sus palabras como veneno. Si algo de humanidad habitaba en ella, había desaparecido hacia aquel despojo.— ¿Piensas que te irás de rositas...? ¿Que te dejaré ahora frente a los marines? —Escapó una risa seca, sin humor. Avanzó hacia él. Su peso hundía el césped por el que andaba. Cesó su andar frente a él.
Sin ápice alguno de delicadeza tomó su mentón justo después de que Aster lo soltara. Le alzó el rostro, le observó con asco, con odio. El fuego en su mirada era abrasador. Mil y un improperios pasaron por su cabeza. Quiso soltar una retahíla de maldiciones que finalmente no hallaron escapatoria. Se limitó a tensar la mandíbula. A morderse la venenosa lengua. Presionó los dedos en su mandíbula, hundiéndola en su carne hasta marcarla con sus huellas.
Apenas separó los dientes mientras susurró con voz ronca—. Aster... mátalo. —Ordenó, observando con atención los ojos ajenos.— Quiero que le hagas sufrir... —Su extremidad se deslizó hasta su nuca, sosteniéndolo ahí mientras lo llevaba frente al tigre.— Solo no te lo comas, cielo... este tipo de basura solo te dañará el estómago. —Lo empujó y Aster saltó hacia él. Su dentadura se cernió sobre su brazo, sus colmillos hundiéndose en su carne entre gruñidos.
Mientras tanto, la pirata volvió donde Kevin, arrodillándose a su lado—. Te regresaré con tu familia... —Musitó y se sentó a su lado. Su mirada estaba perdida en el cuerpo inerte, en lo que podría haber hecho, en lo que no, en los errores que cometió, en cómo sus propias acciones lo habían matado. Por su culpa. Todo por su culpa. El tiempo pasó, ni siquiera supo si fueron minutos u horas. Simplemente dejó de escuchar los quejidos de fondo, los gruñidos de Aster ya no sonaban. Asumió que todo había acabado.
Obvió el grotesco escenario que había dejado Aster—. Necesitaré que me ayudes, cielo... tenemos que llevarlo a casa. —El felino se acercó y se agazapó sobre la maleza, colocándose en la postura más cómoda posible para que pudiera alzar el cadáver sobre él. Lo acomodó con cuidado y delicadeza. El tigre se alzó con cuidado, Daphne no soltó a Kevin en ningún momento, asegurándose de que no cayera. Se inclinó y tomó al hipopótamo entre sus brazos. Sosteniéndolo con uno mientras la otra extremidad aguantaba al guía.
Se mantuvo en silencio todo el camino. Durante el trayecto de regreso hallaron una manada de hipopótamos. Los vio y dirigió la mirada al pequeño, el cual se había puesto un tanto ansioso. Hizo una mueca de ternura y lo dejó en el suelo. No hubo despedidas, ni siquiera la cría se volteó a verla. Se limitó a corretear hacia ellos con sus pequeñas patitas.
Había logrado llevarlo de vuelta, pero a qué precio... no se sentía mejor por eso. La culpa y la ira seguían burbujeando en su piel. Estaba por retirarse cuando un graznido sonó en las alturas. Alzó la mirada y vio al ave sobre una rama. Pese a que debía sentir alegría en su corazón por hallar lo que arduamente habían buscado... se implantó una profunda tristeza.
Las lágrimas se derramaron de nuevo.
—Lo lograste, Kevin.
Había dejado de lado la ira, había custodiado bajo llave la sed de venganza. Sus sentidos estaban puestos en atender a la cría, en cuidar -a su manera- al guía. Se había tornado, en cierta medida, algo agradable. ¿Quizás podría ser su amiga? No se veía un mal chico realmente.
Sonrió al verle tomar el pedazo de pescado.
Pero la felicidad no es algo que le pudiese ser otorgado.
![[Imagen: f78e6f43-d6b4-46b3-813b-41f80b5c5867.png]](https://i.ibb.co/354bm99v/f78e6f43-d6b4-46b3-813b-41f80b5c5867.png)
El estruendo del disparo heló su sangre por completo. Su rostro, marcado con las líneas que expresaban su contento se vio tintado de carmesí. Sus ojos se abrieron, la caja cayó de su mano, derramando las piezas sobre la maleza. Por un momento hizo la vista atrás, percatándose de cómo Aster se cernía sobre el hombre. Aún impactada volvió a ver al moreno. Bajó la mirada, la fuente de vida escapaba de aquel agujero que ahora adornaba su pecho, tiñendo la ropa durante el trayecto. Movió los labios sin emitir sonido, la voz quedó presa en su garganta.
Su mirada se humedeció, su corazón dio un vuelco que azotó su mundo. Avanzó hacia él antes de que este cayera, sosteniéndolo con los brazos. Se arrodilló, sujetando su cuerpo sin dejar de temblar—. N-no, no puedes hacer esto... —Su voz salió en apenas un hilo quebrado, roto. La emoción se hizo un nudo en el centro de su garganta. Un nudo especialmente doloroso. Finalmente las lágrimas terminaron por derramarse, aterrizando sobre los pómulos ajenos.
Llevó una mano al pecho, presionando la herida, sin embargo la sangre seguía filtrándose entre sus dedos. Por mucho que presionara, por mucho que intentaba evitar lo inevitable... no lograba hallar la salvación a aquel fatídico destino. Al darse cuenta de que no podía hacer nada, llevó la mano manchada al rostro ajeno. La acomodó en su mejilla y la acarició con suavidad—. Lo siento, lo siento... —Repitió una y otra vez. Había sido su culpa, total y absolutamente suya. Si hubiese sido más lista, si hubiese noqueado a aquel indeseable, incluso... si no hubiese tenido piedad, todo sería distinto.
El peso de sus acciones cayó sobre ella como una roca.
Sintió la vida escaparse entre sus manos. Su hilo se cortó. Sin vacilar, sin compasión. Tendió el cuerpo sobre la maleza con delicadeza y depositó un beso en su frente que tardó varios segundos en romperse. Podía escuchar las quejas del cazador tras de sí siendo atacado por su compañero. Con las piernas temblando se levantó. Alzó la cabeza y volteó a ver al hombre—. Lo mataste... —Susurró con absoluta frialdad. La ira y el coraje se filtraba a través de sus palabras como veneno. Si algo de humanidad habitaba en ella, había desaparecido hacia aquel despojo.— ¿Piensas que te irás de rositas...? ¿Que te dejaré ahora frente a los marines? —Escapó una risa seca, sin humor. Avanzó hacia él. Su peso hundía el césped por el que andaba. Cesó su andar frente a él.
![[Imagen: Rabia.png]](https://i.ibb.co/93VxtW9p/Rabia.png)
Sin ápice alguno de delicadeza tomó su mentón justo después de que Aster lo soltara. Le alzó el rostro, le observó con asco, con odio. El fuego en su mirada era abrasador. Mil y un improperios pasaron por su cabeza. Quiso soltar una retahíla de maldiciones que finalmente no hallaron escapatoria. Se limitó a tensar la mandíbula. A morderse la venenosa lengua. Presionó los dedos en su mandíbula, hundiéndola en su carne hasta marcarla con sus huellas.
Apenas separó los dientes mientras susurró con voz ronca—. Aster... mátalo. —Ordenó, observando con atención los ojos ajenos.— Quiero que le hagas sufrir... —Su extremidad se deslizó hasta su nuca, sosteniéndolo ahí mientras lo llevaba frente al tigre.— Solo no te lo comas, cielo... este tipo de basura solo te dañará el estómago. —Lo empujó y Aster saltó hacia él. Su dentadura se cernió sobre su brazo, sus colmillos hundiéndose en su carne entre gruñidos.
![[Imagen: 922bc77a-cff2-4fb5-81aa-013e5b3c4adf.png]](https://i.ibb.co/YThFNPGr/922bc77a-cff2-4fb5-81aa-013e5b3c4adf.png)
Mientras tanto, la pirata volvió donde Kevin, arrodillándose a su lado—. Te regresaré con tu familia... —Musitó y se sentó a su lado. Su mirada estaba perdida en el cuerpo inerte, en lo que podría haber hecho, en lo que no, en los errores que cometió, en cómo sus propias acciones lo habían matado. Por su culpa. Todo por su culpa. El tiempo pasó, ni siquiera supo si fueron minutos u horas. Simplemente dejó de escuchar los quejidos de fondo, los gruñidos de Aster ya no sonaban. Asumió que todo había acabado.
Obvió el grotesco escenario que había dejado Aster—. Necesitaré que me ayudes, cielo... tenemos que llevarlo a casa. —El felino se acercó y se agazapó sobre la maleza, colocándose en la postura más cómoda posible para que pudiera alzar el cadáver sobre él. Lo acomodó con cuidado y delicadeza. El tigre se alzó con cuidado, Daphne no soltó a Kevin en ningún momento, asegurándose de que no cayera. Se inclinó y tomó al hipopótamo entre sus brazos. Sosteniéndolo con uno mientras la otra extremidad aguantaba al guía.
Se mantuvo en silencio todo el camino. Durante el trayecto de regreso hallaron una manada de hipopótamos. Los vio y dirigió la mirada al pequeño, el cual se había puesto un tanto ansioso. Hizo una mueca de ternura y lo dejó en el suelo. No hubo despedidas, ni siquiera la cría se volteó a verla. Se limitó a corretear hacia ellos con sus pequeñas patitas.
Había logrado llevarlo de vuelta, pero a qué precio... no se sentía mejor por eso. La culpa y la ira seguían burbujeando en su piel. Estaba por retirarse cuando un graznido sonó en las alturas. Alzó la mirada y vio al ave sobre una rama. Pese a que debía sentir alegría en su corazón por hallar lo que arduamente habían buscado... se implantó una profunda tristeza.
Las lágrimas se derramaron de nuevo.
—Lo lograste, Kevin.
![[Imagen: 2.png]](https://i.ibb.co/4nJhc5z7/2.png)
