[Aventura T2 - PR] La bolsa o la fama
#3
Atrás quedó el grandullón que custodiaba la bolsa, y las opciones de hacerse con ella por la vía rápida. La gente siguió a los organizadores hacia la zona designada. El gentío se amontonaba alrededor de la mujer con la campana, que la agitaba sin cesar. El hombre y la mujer que harían de jurado se refugiaban tras ella, como si no quisieran pasar por aquellos trámites. Los únicos que parecían hacer bien su trabajo eran los operarios encargados de montar la tarima y la mesa, pues cuando Road quiso alcanzar la parte delantera del grupo, ya casi habían terminado su trabajo.

—¡Orden! ¡Orden! De uno en uno, por favor. 

La mujer del jurado se aproximó al otro miembro.

—Ya te dije yo que anunciar un premio como ese, solo nos iba a traer problemas.

—Yo no pienso estar evaluando luchadores durante el resto de mi vida. Tengo un viaje para la semana que viene.


La mujer de la campana torció el gesto ante la presentación del lunarian, pero estaba demasiado ocupada como para andar perdiendo el tiempo con reproches. Guardó la campana y sacó una pluma.

—A ver. Bien. Road el puchero. Ya tenemos uno. ¿Quién más? 


La mujer comenzó a anotar los nombres al vuelo. La gente le gritaba uno tras otro para obtener un puesto en el torneo. Los brazos se estiraban hacia la mujer y comenzaron a zarandearla. Esta giró la cabeza hacia atrás buscando ayuda por parte de sus compañeros, pero el hombre del jurado desvió su mirada hacia un lado y comenzó a silbar, como si pretendiese no haberla visto. Por si lado, la mujer no quitaba ojo a Road. Una voz sonó por encima del bullicio.

—Pues esto ya estaría, jefa. Les dejamos instalada la tarima y la mesa. Nosotros nos vamos ya.


Y se marcharon corriendo. Su actitud dejaba claro que no querían saber nada de la turba, aunque su potente manera de hablar parecía haber apaciguado los ánimos. La mujer y los jurados se acercaron para hablar 

—Ya te dije que no era buena idea. Hay demasiada gente

—He recogido el nombre de cuarenta y dos participantes. Con esa cantidad de luchadores necesitaríamos... Esto... Bueno, muchos combates. Demasiados. Tenemos que hacer algo —añadió la mujer de la campana señalando los garabatos que había tomado en la hoja.

—Tengo una idea —dijo la mujer del jurado mientras se mordía el labio sin despegar su mirada de Road—. Venga, acercaos.

Los tres se pegaron tanto y hablaron tan bajo que solo aquellos con un oído excepcional podrían oírlos. Las cabezas se juntaban, luego alguno se levantaba como si intentase hacer pasar las ideas y se volvían a juntar. Tras un rato así, la organizadora hizo sonar la campana.

—Caballeros! Este año tenemos una gran participación, por lo cual tenemos que introducir algunos cambios sobre lo esperado. Cómo sabréis, las artes marciales se especializan en cultivar el cuerpo, en llevar sus capacidades a otro nivel. Todo el mundo sabe que los luchadores han de tener un cuerpo sano. Y todos estáis aquí para demostrarlo. Pero entonces yo me pregunto ¿cuál será la mejor manera de demostrar que vuestro físico es mejor que el de los demás? —hizo una pausa dramática y reanudó su discurso pese a que nadie había dicho nada. Dió la espalda a los luchadores—. Exacto. No tiene nada que ver con darse de golpes. Claro que no. La mejor manera de hacerlo es... —se detuvo unos instantes. Se giró hacia los participantes abriendo los brazos en alto mientras agitaba la campanilla—. ¡Un concurso de belleza!

Los hombres allí presentes gruñeron y protestaron, pero al no recibir otra opción distinta por parte de los organizadores, aceptaron de mala gana. Los jurados se sentaron a la mesa y la mujer dió las últimas instrucciones.

—Pasad por la tarima de manera organizada y dadnos vuestra mejor pose. El campeón se hará con el fabuloso premio.

Uno a uno, los participantes fueron subiendo a la tarima y fueron deleitando a los presentes con sus mejores poses. Si hubiese sido un concurso de esfuerzo, se lo hubiesen puesto realmente difícil a Road. Sin embargo, este no era el caso. En esta ocasión... Bueno. Juzguen ustedes mismos.

Ejemplos de poses de los participantes


Bochorno tras bochorno, llegó el turno del lunarian. La mujer del jurado extendió la mano en su dirección señalándole con el dedo. 

—Ven aquí, bomboncito —volteó la mano para hacer gestos atrayentes con el dedo, su voz pretendía sonar sensual—. Es tu turno.



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RE: [Aventura T2 - PR] La bolsa o la fama - por Eele Trick - Ayer, 06:32 PM

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