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[Aventura T2 - PR] La bolsa o la fama - Versión para impresión

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[Aventura T2 - PR] La bolsa o la fama - Eele Trick - 23-09-2026

Día 73 de Verano, Año 18
Ainokura, Isla de Kárate
18:00

La isla de Kárate, un lugar dedicado en cuerpo y alma al combate. Un territorio al que viajaban luchadores de todo el South Blue para aprender nuevas habilidades, para entrenar sin descanso. En definitiva, para volverse más poderosos. Todo en esta isla parecía estar a disposición de esta función. Su escarpada montaña, que no solo servía de refugio a los diferentes dojos, sino que también se prestaba como altar para el estadio Ki. Los campos de arrozales también aportaban su granito, pues servían como campo de entrenamiento para endurecer el cuerpo de los aprendices. Hasta la más pequeña aldea estaba a la disposición para encontrar nuevos luchadores con potencial. Por pequeña que fuese, toda aldea organizaba sus propios ejercicios, eventos o certámenes para atraer peleadores.

Así es como llegamos a nuestra pequeña aldea, Ainokura. El ambiente en aquel rincón siempre estaba en calma. El viento sopla con suavidad, meciendo las hojas de los árboles a su son. Si se presta atención, se puede oír el sonido de los granos de arroz que habían sido recogidos aquel año, cayendo en barriles a la espera de ser transportado. Los edificios, levantados con madera humedecida y con sus tejados puntiagudos, sirven como almacén de grano. Si tiene suerte, un viajero podría ver una de las pocas caravanas que viajan trimestralmente a los dojos a repartir suministros. Las escasas viviendas que formaban la aldea se organizan a lo largo de dos calles; una que marca el camino entre los arrozales y los dojos, la otra, perpendicular a la primera, que acaba en una especie de plaza. Lo que ellos llaman el estadio de Ainokura.

Sin embargo, hoy toda esa calma ha quedado a un lado. Una caravana de gente vino desde los arrozales, pero esta vez no traían arroz. Se trataba de una ocasión especial. Al día siguiente, tendrá lugar el torneo que se celebra en esta aldea de manera anual. Aunque a decir verdad, llamarlo torneo sería demasiado generoso. Era más bien como una serie de combates entre campesinos o aspirantes a estudiar en alguno de los dojos. Algo de bajo nivel, pero que demostraba cómo la cultura de la isla había calado hondo en cada uno de sus habitantes.

Un par de hombres portan una buena pila de maderas a sus espaldas, tablones que utilizarán para construir unas pequeñas gradas y alzar una mesa para los jueces. Tras ellos, una mujer hace sonar una campana a la vez que anuncia el evento que tendrá lugar al día siguiente. Ella será la encargada de tomar los datos de quienes quieran participar en el «torneo». Detrás de ella, un hombre y una mujer, de ropas algo más selectas (o algo menos sucias), avanzan con aires de superioridad. Sin duda, se trata de los encargados de valorar el desempeño de los participantes. Y cerrando el grupo, un hombre grande y gordo, con ropajes roídos, una gran bolsa atada al cinturón y una cara que deja ver que su atención sobre cualquier cosa, como mucho, podría ser mínima. 

—¡Venid todos! Medid vuestras fuerzas en el gran torneo de Ainokura. Demostrad ser los más fuertes —hizo sonar la campanilla con más fuerza. Puso el revés de su mano junto a la boca, un gesto que denotaría querer decir algo como si fuera en secreto, de no ser porque subió su tono de voz. Su mirada se llenó de picardía—. ¿O es que acaso solo estarías interesado en nuestro jugoso premio? ¿Quién podría rechazar 10000 berries?

La gente comenzó a seguir a la mujer como lo harían las ratas a un flautista. Tanto es así, que la calle principal quedó casi desierta. Los cantos de sirena de aquella mujer habían arrastrado a todos los habitantes, pero no habían podido con la falta de atención de el último de su comitiva. El grandulón se había quedado pasmado mirando una de las piedras del camino. Pese a que todavía se veía al gran grupo de gente avanzar hacia el estadio, el hombre permaneció en el cruce mirando de un lado para otro, como si no supiese que dirección tomar.

Road pudo haber visto todo, pues el había llegado al pueblo desde los arrozales. Se encontraba a unos 10 metros del cruce, es decir, a 10 metros del hombre grande y bobo. Pero ellos dos no eran los únicos que estaban en aquel lugar. Un anciano, encorvado sobre su bastón, no había podido seguir el paso del grupo. Se quedó mirando al grandulón y luego miró hacia Road.

—Venga, joven. No esperes más por ese pasmado. Tú deberías inscribirte en el torneo. Este idiota acabará llegando a su lugar —el viejo se giró y continuó avanzando hacia el estadio—. Todos los años hacen lo mismo. Le dan el dinero del premio a ese botarate para que lo proteja. Debe ser que creen que asustará a los de manos largas solo por su tamaño. En mis tiempos no hacíamos esas tonterías. Cuando yo era joven...


Las palabras del anciano se diluyeron más allá de la esquina entre las calles. Ahora ya solo quedaba saber qué haría Road. ¿Decidiría inscribirse en aquel torneo? ¿O por el contrario buscaría alguna otra manera de hacerse con el premio del torneo?



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RE: [Aventura T2 - PR] La bolsa o la fama - Road Twel Dorado - 24-09-2026

Con su esplendoroso olor a rosas el muchacho estaba listo para empezar a darlo todo en Karate ¿Cómo había llegado allí? No era tanto una cuestión de cómo si no de cuando, había llegado hace aproximadamente una semana para Isla Karate con un solo objetivo: Buscar a Eele, sabía que estaba entrenando por esos lares para volverse un tipo fornido o algo así y ahora tocaba llevarlo hacia donde su otra amiga estaba: Kutsukku

¿Pero que clase de aventura no tiene algunas desventuras en el medio? El analfabeto Lunarian y su fiel compañero monístico estaban andando por la isla cuando escucharon conversaciones ajenas que lo llevaban a acercarse cerca de los arrozales y los dojos donde supuestamente un premio de 10.000 Berries se iba a llevar a cabo.

Ahora bien, él no sabía escribir ese número pero entendía que con 10.000 berries te podías comprar muchas cosas ¿Verdad? Cómo tal sobrevoló el área curioso y expectante hasta que notó la fila, y descendió con ese mismo vuelo hasta el suelo donde se desempolvó la ropa al caer, tiró su flequillo hacia atrás, se sonrió para presumir la belleza natural de sus dientes blancos como perlas y entonces llevó su mirada a la situación.

No espero demasiado antes de impacientarse, y fue cuando escuchó la voz de un viejo que le aconsejaba colarse en la fila sin esperar para poder anotarse ¿Pero que clase de torneo era ese? ¿Tendría que agarrarse a combos como se decía en su ciudad natal? ¿O es que sería un torneo de otro tipo? Entendía que en Karate eran casi todos, si no todos, unos chalados de las artes marciales y a él mucha gracia no le hacía tener que ensuciarse la ropa, ni la idea de que pudiesen defigurarle el rostro, que con algo trabajaba.

— Tienes razón viejo feo, el tiempo es oro para los lindos como yo. No puedo perder el tiempo, gracias che

Lo ignoró sin más, no sin antes palmear con calma la cabeza del ancianito en señal de agradecimiento, avanzó por la fila colándose mientras usaba sus alas para empujar a las demás personas.

— Oigan feos ¿Dónde pinga me anoto che? Vengo por ese premio, la gloria, la fama, las mujeres, bugatti, maserati, todo. Road Twel Dorado y Puchero, los dos venimos de la gloriosa isla de Samba. Presten atención che, no se leer ni escribir así que van a tener que anotarme.

Exclamó orgulloso pese a todo, posando y tirando su flequillo hacia atrás con cada palabra que pronunciaba.

Karmas Relevantes



RE: [Aventura T2 - PR] La bolsa o la fama - Eele Trick - 25-09-2026

Atrás quedó el grandullón que custodiaba la bolsa, y las opciones de hacerse con ella por la vía rápida. La gente siguió a los organizadores hacia la zona designada. El gentío se amontonaba alrededor de la mujer con la campana, que la agitaba sin cesar. El hombre y la mujer que harían de jurado se refugiaban tras ella, como si no quisieran pasar por aquellos trámites. Los únicos que parecían hacer bien su trabajo eran los operarios encargados de montar la tarima y la mesa, pues cuando Road quiso alcanzar la parte delantera del grupo, ya casi habían terminado su trabajo.

—¡Orden! ¡Orden! De uno en uno, por favor. 

La mujer del jurado se aproximó al otro miembro.

—Ya te dije yo que anunciar un premio como ese, solo nos iba a traer problemas.

—Yo no pienso estar evaluando luchadores durante el resto de mi vida. Tengo un viaje para la semana que viene.


La mujer de la campana torció el gesto ante la presentación del lunarian, pero estaba demasiado ocupada como para andar perdiendo el tiempo con reproches. Guardó la campana y sacó una pluma.

—A ver. Bien. Road el puchero. Ya tenemos uno. ¿Quién más? 


La mujer comenzó a anotar los nombres al vuelo. La gente le gritaba uno tras otro para obtener un puesto en el torneo. Los brazos se estiraban hacia la mujer y comenzaron a zarandearla. Esta giró la cabeza hacia atrás buscando ayuda por parte de sus compañeros, pero el hombre del jurado desvió su mirada hacia un lado y comenzó a silbar, como si pretendiese no haberla visto. Por si lado, la mujer no quitaba ojo a Road. Una voz sonó por encima del bullicio.

—Pues esto ya estaría, jefa. Les dejamos instalada la tarima y la mesa. Nosotros nos vamos ya.


Y se marcharon corriendo. Su actitud dejaba claro que no querían saber nada de la turba, aunque su potente manera de hablar parecía haber apaciguado los ánimos. La mujer y los jurados se acercaron para hablar 

—Ya te dije que no era buena idea. Hay demasiada gente

—He recogido el nombre de cuarenta y dos participantes. Con esa cantidad de luchadores necesitaríamos... Esto... Bueno, muchos combates. Demasiados. Tenemos que hacer algo —añadió la mujer de la campana señalando los garabatos que había tomado en la hoja.

—Tengo una idea —dijo la mujer del jurado mientras se mordía el labio sin despegar su mirada de Road—. Venga, acercaos.

Los tres se pegaron tanto y hablaron tan bajo que solo aquellos con un oído excepcional podrían oírlos. Las cabezas se juntaban, luego alguno se levantaba como si intentase hacer pasar las ideas y se volvían a juntar. Tras un rato así, la organizadora hizo sonar la campana.

—Caballeros! Este año tenemos una gran participación, por lo cual tenemos que introducir algunos cambios sobre lo esperado. Cómo sabréis, las artes marciales se especializan en cultivar el cuerpo, en llevar sus capacidades a otro nivel. Todo el mundo sabe que los luchadores han de tener un cuerpo sano. Y todos estáis aquí para demostrarlo. Pero entonces yo me pregunto ¿cuál será la mejor manera de demostrar que vuestro físico es mejor que el de los demás? —hizo una pausa dramática y reanudó su discurso pese a que nadie había dicho nada. Dió la espalda a los luchadores—. Exacto. No tiene nada que ver con darse de golpes. Claro que no. La mejor manera de hacerlo es... —se detuvo unos instantes. Se giró hacia los participantes abriendo los brazos en alto mientras agitaba la campanilla—. ¡Un concurso de belleza!

Los hombres allí presentes gruñeron y protestaron, pero al no recibir otra opción distinta por parte de los organizadores, aceptaron de mala gana. Los jurados se sentaron a la mesa y la mujer dió las últimas instrucciones.

—Pasad por la tarima de manera organizada y dadnos vuestra mejor pose. El campeón se hará con el fabuloso premio.

Uno a uno, los participantes fueron subiendo a la tarima y fueron deleitando a los presentes con sus mejores poses. Si hubiese sido un concurso de esfuerzo, se lo hubiesen puesto realmente difícil a Road. Sin embargo, este no era el caso. En esta ocasión... Bueno. Juzguen ustedes mismos.

Ejemplos de poses de los participantes


Bochorno tras bochorno, llegó el turno del lunarian. La mujer del jurado extendió la mano en su dirección señalándole con el dedo. 

—Ven aquí, bomboncito —volteó la mano para hacer gestos atrayentes con el dedo, su voz pretendía sonar sensual—. Es tu turno.



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