25-09-2026, 05:45 AM
Los brillantes ojos de color dorado brillaron altivos cuando la muchacha se proclamó victoriosa y otorgó el regalo de la vida a quien no lo merecía. Su amable acto lleno de ingenuidad, fue precedido por una mirada amarga; pues el cazador esperaba que la mención del dinero pudiera tentarla aunque fuera un poco. La cabeza del hombre asintió tras las palabras de Daphne, abandonando aquel patético acto, para mostrar una mirada seria cuando notó al tigre posando sus brillantes ojos sobre su cuerpo.
Cualquier movimiento y tendría al animal encima.
La atención de la peli rosa, dicho por ella misma, se desvió en dirección a los heridos. “Eres muy amable… demasiado.” Respondió Kevin, aún sorprendido por lo que acababa de presenciar, pues jamás llegó a imaginar que esa chica era alguien tan fuerte. “Un poco, pero no te preocupes...” Una pequeña curvatura en sus labios se pudo vislumbrar, al menos hasta que la joven le pidió que continuara haciendo presión sobre la herida para comenzar a tratar al animal. “a.” al parecer, estaba como segundo entre las prioridades.
“Sí, no es nada.” Busco salvar algo de su orgullo, desviando la mirada con un pequeño rubor aflorando.
Cuando Daphne tomó el botiquín, soltó con cuidado al rechoncho animal, para que ella lo tomara en brazos. Luego, se sentó para observarla sin dejar de hacer presión en su herida, como si de repente las peticiones de la joven tuvieran más peso que las propias.
En ese momento fue como si pudiera verla con otros ojos. Allí, en medio de la selva, aun con el enemigo en el suelo, lo único importante para ella era aquella cría, sobrevalorando incluso la vida del animal, por sobre el dinero que le ofrecieron. Eso, y su increíble fuerza, despertaron en el interior del explorador una sincera admiración.
El regordete cachorro también pareció ser atrapado por el hechizo de la joven, pues se dejó guiar por las las suaves manos de Daphne, para terminar, moviendo sus orejitas con lo que parecía una sonrisa. Aunque los animales no sonríen.
El pequeño animal, levantó la mirada cuando fue bajado al suelo en medio de vocablos que demostraban el tipo de persona que era.

Daphne sorprendió aún más al moreno, sus preocupados vocablos eran una caricia para el interior de cualquiera. ¿Cómo podría alguien preocuparse tanto por un simple empleado? Pensó con agrado, sintiendo en su interior la fortuna de ser ese trabajador a su cuidado. “Ah, no, no hace… digo, claro…” No supo que decir, ante las suaves palabras y el regalo, tan solo lo tomo siendo la primera vez que una mujer le regalaba flores, incluso pudo verse como las mejillas del moreno se tornaron de un tono cálido. “Claro, obvio que tengo corazón… es decir… ya sabes todos tenemos…” Busco fuerzas para no ser totalmente derrotado, siendo salvado por el tierno sonido estomacal.
“Yeyeyeye” No pudo evitar reír por ello, incluso la mujer maravilla necesitaba alimentarse. “Claro, te diré si estoy por desmayarme… gracias.” Contesto, tomando una de las piezas de pescado, tocando por equivocación la mano ajena. “Uh, perdona.” Desvió la mirada nerviosa, llevando la comida a su boca y…
De nuevo, el sonido de un disparo se escuchó en la jungla. Una bala perforó de lleno el pecho de Kevin salpicando con su sangre el rostro de Daphne.
“AHHHHHHHHHHHHHHHHHRGGG” El grito del cazador se escuchó y cuando la joven volviera la vista a él.
En ese momento pudo ver cómo el tigre mordía con ferocidad el brazo del pistolero. Su intervención, habría evitado que la bala del revolver diera de lleno contra ella, pero desviaría el proyectil e impacto de lleno en el corazón de Kevin.
Lo que el cazador intentó alcanzar en su pantorrilla, era un arma oculta, para dispararle a ella cuando tuviera la oportunidad.
“Yo.. kug… niña…” Sus palabras se ahogaban en sangre, cayendo al suelo mientras sostenía su propio pecho, buscando cómo curar lo incurable. “No quiero… no… aun no… yo… quiero… tu…” La ultima fue la palabra que arrebato el color a su pecho, la herida había sido fatal, quizás ni siquiera sufrió, más si vio su vida apagándose en un instante por culpa de ese hombre, enseñando que tan frágil son en realidad las personas.
Los lamentos y lloros del pequeño hipopótamo se escucharon, frotando su hocico contra Kevin, quien falleció por culpa de la ingenuidad.
No obstante, pasará lo que pasara con el cazador en esa selva. Cuando todo ello termino, un ave de dorado plumaje, se posaría en la rama de un árbol, frente al cuerpo del explorador.
“¿Quieres ver al ave de esa historia? Yo puedo llevarte, pero te costara, niña…” Fueron las palabras que le dijo. Al final, incluso en su muerte, cumplió su palabra.
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