24-09-2026, 09:34 PM
(Última modificación: 24-09-2026, 10:29 PM por Runin D. Kitay.)
Sol, playa y arena. ¿Qué más necesita para disfrutar una agradable mañana veraniega? No demasiado. La copa de vino frío entre sus dedos, las gafas sobre su cabeza, una silla de cuerpo entero que le permite reposar mientras los rayos solares acarician su cuerpo. Eso es vida. De vez en cuando ese tipo de solitarios momentos son los que permiten que su mente se mantenga a flote, relajarse, olvidarse de cualquier tensión, responsabilidad o estar al pendiente de sus amigos y mascotas. Incluso Cardan parece relajado bajo una sombrilla, dormitando sin vergüenza alguna.
La amazona bebe de su copa, suspira con evidente satisfacción mientras cierra los ojos, relame los labios con parsimonia. —Qué hermoso día soleado. —Sin embargo, las cosas buenas no duran para siempre. —Ay caray, se oscureció. —Abre uno de sus ojos antes de abrir el otro. —¿Qué haces aquí, Schwarzenegro? Hazte a un lado, me robas el sol. —Se acomoda volviendo a cerrar los ojos pero la sombra sigue sobre ella. —Tocho… —La advertencia se escucha en su voz, Runin frunce el entrecejo. —¡Morocho! —Se endereza volviendo a abrir los ojos. El caballo no se mueve, bufa, golpea el suelo con sus cascos, mueve la cabeza hacia una misma dirección. ¿Intenta decirle algo?
—Si, si, si quieres ir a pasear dile a Barald, cariño, solo no maten a nadie o roben hasta que nos vayamos de la isla. —Mueve la cabeza del caballo a un lado con la diestra desocupada, el animal se niega a moverse. —¿Qué te pasa? —No contento con ello golpea la mano izquierda de Runin provocando que la copa de vino cayese al suelo. —Hijo de toda tu puta caballa madre, ¿quieres morir? —El caballo vuelve a apuntar hacia atrás, decidido, valiente. Sus mascotas en ocasiones son estúpidas pero no a ese nivel a menos que tengan una buena raz…

—¿Qué mierda hizo Ryota ahora?
La paz es reemplazada por un sonoro suspiro cuando el animal intenta dibujar en la arena. ¿Quién diablos le enseña a hacer esas cosas? Un círculo, unos palitos simulando un cuerpo… ¡Una falda! ¡UNA FALDA! El caballo no debe intentar dibujar más, oh no, no, no, no. Porque la fémina ha dejado la silla atrás para correr a buscar un cambio de ropa. Lo siguiente que Cardan sabe es que su dueña cabalga a Tocho Morocho con cara de estar combatiendo al mismo diablo o estarse transformando en uno. Sin importarle vuelve a dormir bajo la sombrilla.

—Sssssss Sssssss
“Allá entre blancos.”
La playa queda atrás, el barco, los bosques. El reino se alza frente a la oscura mirada de la amazona. ¿Dónde? ¿Dónde está? Tocho carga con la morena, guía el camino, relincha intentando explicarse, Runin se inventa una historia creyendo que le entiende. Mientras más cerca están, más relincha el equino, más mueve la cabeza dirigiendo el camino, más late el corazón de la amazona quien, con el ceño fruncido y la respiración fuerte activa su kenbun. ¿Dónde? ¿Dónde está esa aura que tanto conoce?
Cien metros se extiende su habilidad cuando la amazona suelta las riendas y de un salto queda de pie sobre el corcel en movimiento. El viento golpea su rostro, algunos okamas la ven creyendo que habrá algún evento de cabalgata, incluso aplauden esperando a los demás participantes. ¡Eh! No hay tiempo para inflar el pecho. No cuando una hermosa mansión parecida a un castillo se abre ante sus ojos, no cuando al fin detecta esa presencia tan conocida, la mirada asciende, no está solo, hay otra aura junto a él. —Así que tenías razón, Tocho. ¡Buen caballo! YIJAAAAAAA —Respira profundo, es hora de la verdad.

—RYOTAAAAAAAAAAA
Como un eco en medio de la tormenta, así se escucha la voz de la fémina, suficiente para querer hacer temblar a sus enemigos. —Ya sabes qué hacer, Tocho, ¡Formación B! —El caballo relincha, aumenta la velocidad hasta llegar a una zona llena de mesas enormes con elegantes vajillas donde hace desastres cuando estas caen al suelo. Runin se impulsa en un salto vertical con toda la intención de llegar al borde balcón de la tercera planta del singular castillo rosa. Tocho Morocho se desvía para ingresar por una de las puertas, seguro de saber cómo llegar a la habitación.
Ajá, ve su aura. Ahí está. Y pronto consigue verlo directamente, cuando la mirada de la fémina se asoma entre los barrotes del balcón que miden metro y medio hacia arriba. Sus manos se aferran al cemento mientras asciende con una lentitud inquietante, como si de la mismísima niña del Aro se tratase, hasta conseguir subir por completo.

—Ding, Dong, cabrón.
Porque la vida es injusta, en el fondo no creía que fuera verdad pero ahí está después de desaparecer durante dos días. ¡Inaudito! La mirada de la amazona casi puede atravesar la cabeza de Ryota. Parece muy cómodo en ese lugar. El balcón debe medir al menos 8 metros de largo por 4 de profundidad, incluso tiene plantas a los costados, cojines en el suelo y una mesa para el desayuno. —Soporté vientos despiadados, infernales desiertos, escalé hasta el último maldito cuarto de la maldita torre más alta, ¿y qué encuentro? —Por alguna razón mientras habla sus manos ya se están moviendo, colocándose sus siempre confiables guantes de combate.
—A mi querido capitán vestido de forma dudosa junto a otra… —¿Eh? Hace nada la ha detectado. ¿Dónde se fue la mujer? ¿En el interior de la habitación? Se ve espacioso, al menos unos 10 x 8 metros cuadrados. Se está centrando demasiado en el aura de Ryota debido al inminente enfado.
De repente Runin empieza a sonreír de manera inquietante, casi desquiciada.

—Qué linda habitación, Ryota. ¿Con quién mierda la estás compartiendo?
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—Qué linda habitación, Ryota. ¿Con quién mierda la estás compartiendo?
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BOLSA DE ESTRELLITAS

