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P.A | Entrenamiento | Problemas en el paraíso - Versión para impresión

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P.A | Entrenamiento | Problemas en el paraíso - Ryota Miyamoto - 21-09-2026

Día 72 de verano, año 18
Reino Kamabakka – Mansión las Dulces Tentaciones
11:00AM




Un nuevo día iniciaba en la mansión de las Dulces Tentaciones, hogar de un excéntrico Okama adinerado que debía su fortuna a su increíble talento como sastre. Decenas, eran los habitantes que ansiaban obtener uno de sus hermosos vestidos con estilos atrevidos y vibrantes.

Su nombre era Julieta Madona, tan adinerada que tenía varios empleados en la mansión, quienes desde temprano trabajaban en la casa, atendiendo toda clase de caprichos de la talentosa modista.

Entre estos caprichos… un joven de cabellos castaños, mirada serena y de sueño pesado se levantaba en medio de una gigantesca cama de plumas de ganso. Sus ojos se abrieron cuando una de las empleadas (también Okama) abrió las cortinas, dejando que la luz inundara la habitación. “Señorito Ryota, el desayuno ya está servido.” Comentó con voz gruesa la figura femenina, acercándose hasta la cama.



“Oh, Muchas grashias Madison, erehs muy amable kekeke”

El cuarto estaba finamente adornado con muebles finos, pinturas llamativas, un gigantesco armario de cedro, un hermoso balcón que daba a la piscina de la mansión y donde se encontraba una mesa con varias charolas de plata cubiertas para alejar a los insectos. “No tiene que agradecer señorito Ryota, es un placer. Como lo ordeno tiene unos deliciosos homelets con jamón y queso, pie de arándanos, jugo de naranja fresco, goma de mascar con oro comestible, croissants de dulce de pistacho y un chocolate caliente. Por favor disfrútelo.” La empleada con bigote, agacho la cabeza para despedirse.

“Madison, creo que faltó algo…” replicó, bajando la mirada a las sábanas que cubrían su cuerpo.

“Es verdad, soy una despistada.” Con aprecio, la empleada se acercó para retirar las sábanas de plumas que cubrían a Ryota y lo tomó en brazos como si se tratara de una princesa, llevándolo hasta el asiento junto a la mesa del desayuno. 

Allí, Ryota se sentó sonriente con su pijama rosa de dos piezas, para disponerse a comer su apetitoso desayuno. “Ahhhhh, esto es vida… definitivamente no nací para ser pobre kekeke” Libero una descarada risa mientras se alimentaba con los peores modales que cualquier otro hubiera visto.

¿Cómo es que Miyamoto Ryota el novato pirata con una recompensa de 250 millones, habría terminado allí? Bueno, todo se resumía a que, durante uno de sus muchos paseos, salvó a quien creyó que era una hermosa chica de las garras de un gran ave rosa. Sin embargo, esa dama, era nada mas y nada menos que Julieta Madona, la afamada modista que, agradecida por haber sido salvada, vio en el oji ambarino al modelo perfecto de su siguiente colección de Verano.

Desde entonces pasaron tan solo dos días y Ryota se había convertido en un riquillo mimado. Tanto que se peleó con Tocho Morocho, haciendo que los empleados lo echaran por comerse uno de sus croissants, seguro que no buscaría venganza.



“Ryo-Boyyyyy, ¿Dónde está mi David de migel angelo?”

Las puertas de la habitación se abrieron de par en par, dando paso a Julieta Madona, una hermosa Okama de cabello rubio, labios gruesos, alta y ojos azules.



“Heeeyyy July como estas, estoy aquí en el balcón.”

Contesto con agrado, sacando de su boca un trozo de pie.

“Mirate Ryo-boy, eres adorable.” Sonrió Julieta al verlo alimentarse con tanto apremio, como si fuera un mendigo que no comía delicias hacia mucho tiempo.

“Kekeke gracias, hace mucho que no comía tan bien, en el barco ninguno de los bros sabe cocinar, así que hay que aprovechar cuando se puede.” Explico Ryota, terminando su desayuno para tomar una de las gomas de mascar y colocarla en su boca.

“Eso veo, pero no te preocupes Ryo-Boy puedes comer y estar aquí todo lo que quieras, ¿te hace falta dinero o ya te gastaste la mesada que te di ayer?” La mirada celeste de Julieta vio a su salvador de manera maternal, realmente se preocupaba por mimar y brindar al castaño de todo tipo de lujos, por lo agradecida que estaba. Además, los últimos días, fue el modelo perfecto para sus vestidos.



“Verás, ayer me gasté esos miles de berryes, es que me gusta apostar kekeke, ya me conoces, soy una bala perdida.”



“Ohhh Ryo-Boy que hare contigo, si eres una bala perdida jijiji.”

Si, es tal y como lo imaginan, Ryota estaba aprovechándose de la bondad del Okama al haberlo salvado por error y su plan era continuar haciéndolo, pues tan solo tenía que ponerse uno que otro vestido, posar para algunas fotos y prácticamente vivía la vida que se merecía.

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RE: P.A | Entrenamiento | Problemas en el paraíso - Runin D. Kitay - 24-09-2026


Sol, playa y arena. ¿Qué más necesita para disfrutar una agradable mañana veraniega? No demasiado. La copa de vino frío entre sus dedos, las gafas sobre su cabeza, una silla de cuerpo entero que le permite reposar mientras los rayos solares acarician su cuerpo. Eso es vida. De vez en cuando ese tipo de solitarios momentos son los que permiten que su mente se mantenga a flote, relajarse, olvidarse de cualquier tensión, responsabilidad o estar al pendiente de sus amigos y mascotas. Incluso Cardan parece relajado bajo una sombrilla, dormitando sin vergüenza alguna.

La amazona bebe de su copa, suspira con evidente satisfacción mientras cierra los ojos, relame los labios con parsimonia. —Qué hermoso día soleado. —Sin embargo, las cosas buenas no duran para siempre. —Ay caray, se oscureció. —Abre uno de sus ojos antes de abrir el otro. —¿Qué haces aquí, Schwarzenegro? Hazte a un lado, me robas el sol. —Se acomoda volviendo a cerrar los ojos pero la sombra sigue sobre ella. —Tocho… —La advertencia se escucha en su voz, Runin frunce el entrecejo. —¡Morocho! —Se endereza volviendo a abrir los ojos. El caballo no se mueve, bufa, golpea el suelo con sus cascos, mueve la cabeza hacia una misma dirección. ¿Intenta decirle algo?

—Si, si, si quieres ir a pasear dile a Barald, cariño,  solo no maten a nadie o roben hasta que nos vayamos de la isla. —Mueve la cabeza del caballo a un lado con la diestra desocupada, el animal se niega a moverse. —¿Qué te pasa? —No contento con ello golpea la mano izquierda de Runin provocando que la copa de vino cayese al suelo. —Hijo de toda tu puta caballa madre, ¿quieres morir? —El caballo vuelve a apuntar hacia atrás, decidido, valiente. Sus mascotas en ocasiones son estúpidas pero no a ese nivel a menos que tengan una buena raz…



—¿Qué mierda hizo Ryota ahora?

La paz es reemplazada por un sonoro suspiro cuando el animal intenta dibujar en la arena. ¿Quién diablos le enseña a hacer esas cosas? Un círculo, unos palitos simulando un cuerpo… ¡Una falda! ¡UNA FALDA! El caballo no debe intentar dibujar más, oh no, no, no, no. Porque la fémina ha dejado la silla atrás para correr a buscar un cambio de ropa. Lo siguiente que Cardan sabe es que su dueña cabalga a Tocho Morocho con cara de estar combatiendo al mismo diablo o estarse transformando en uno. Sin importarle vuelve a dormir bajo la sombrilla.



—Sssssss Sssssss
“Allá entre blancos.”


La playa queda atrás, el barco, los bosques. El reino se alza frente a la oscura mirada de la amazona. ¿Dónde? ¿Dónde está? Tocho carga con la morena, guía el camino, relincha intentando explicarse, Runin se inventa una historia creyendo que le entiende. Mientras más cerca están, más relincha el equino, más mueve la cabeza dirigiendo el camino, más late el corazón de la amazona quien, con el ceño fruncido y la respiración fuerte activa su kenbun. ¿Dónde? ¿Dónde está esa aura que tanto conoce?

Cien metros se extiende su habilidad cuando la amazona suelta las riendas y de un salto queda de pie sobre el corcel en movimiento. El viento golpea su rostro, algunos okamas la ven creyendo que habrá algún evento de cabalgata, incluso aplauden esperando a los demás participantes. ¡Eh! No hay tiempo para inflar el pecho. No cuando una hermosa mansión parecida a un castillo se abre ante sus ojos, no cuando al fin detecta esa presencia tan conocida, la mirada asciende, no está solo, hay otra aura junto a él. —Así que tenías razón, Tocho. ¡Buen caballo! YIJAAAAAAA —Respira profundo, es hora de la verdad.



—RYOTAAAAAAAAAAA

Como un eco en medio de la tormenta, así se escucha la voz de la fémina, suficiente para querer hacer temblar a sus enemigos. —Ya sabes qué hacer, Tocho, ¡Formación B! —El caballo relincha, aumenta la velocidad hasta llegar a una zona llena de mesas enormes con elegantes vajillas donde hace desastres cuando estas caen al suelo. Runin se impulsa en un salto vertical con toda la intención de llegar al borde balcón de la tercera planta del singular castillo rosa. Tocho Morocho se desvía para ingresar por una de las puertas, seguro de saber cómo llegar a la habitación.


Ajá, ve su aura. Ahí está. Y pronto consigue verlo directamente, cuando la mirada de la fémina se asoma entre los barrotes del balcón que miden metro y medio hacia arriba. Sus manos se aferran al cemento mientras asciende con una lentitud inquietante, como si de la mismísima niña del Aro se tratase, hasta conseguir subir por completo.



—Ding, Dong, cabrón.

Porque la vida es injusta, en el fondo no creía que fuera verdad pero ahí está después de desaparecer durante dos días. ¡Inaudito! La mirada de la amazona casi puede atravesar la cabeza de Ryota. Parece muy cómodo en ese lugar. El balcón debe medir al menos 8 metros de largo por 4 de profundidad, incluso tiene plantas a los costados, cojines en el suelo y una mesa para el desayuno. —Soporté vientos despiadados, infernales desiertos, escalé hasta el último maldito cuarto de la maldita torre más alta, ¿y qué encuentro? —Por alguna razón mientras habla sus manos ya se están moviendo, colocándose sus siempre confiables guantes de combate.

—A mi querido capitán vestido de forma dudosa junto a otra… —¿Eh? Hace nada la ha detectado. ¿Dónde se fue la mujer? ¿En el interior de la habitación? Se ve espacioso, al menos unos 10 x 8 metros cuadrados. Se está centrando demasiado en el aura de Ryota debido al inminente enfado.

De repente Runin empieza a sonreír de manera inquietante, casi desquiciada.



—Qué linda habitación, Ryota. ¿Con quién mierda la estás compartiendo?

Vestimenta

BOLSA DE ESTRELLITAS



RE: P.A | Entrenamiento | Problemas en el paraíso - Ryota Miyamoto - 27-09-2026


De forma abrupta y rompiendo al completo la plácida conversación que mantenían los dos individuos sobre el balcón de la torre más alta, la temible voz de un monstruo rugió en las cercanías llamándoles. 



“Suena como Runin…”

Pensó tan solo una fracción de segundo y en ese momento, Ryota sintió el verdadero terror.



“¡Ahhhhi es Runin!”

“¿La chica de la que me hablaste?” Preguntó Julieta algo asustada por los ruidos que se escucharon en las plantas inferiores. “Quizá se vaya…”

“No, no lo hará.” Ryota supo en ese momento que su vida corría peligro, ya que si la morena lo veía allí, acompañado de un Okama, con pijama y un cuarto lleno de ropa femenina, no escucharía de razones y una lluvia de golpes iniciaría.

Así que tan solo vio un curso de acción válido. “Perdóname, July…” Sin decir más, tomó la mano de la rubia y ella se sonrojó, para acto seguido levantarse de la silla lanzándola por los aires lo más lejos que su fuerza le permitiera de la mansión rogando en su interior porque no muriera por la caída.

Y es que el castaño pensó que era preferible hacer eso que ver cómo Runin le mataba por malinterpretar la situación. “¡Madison, rápido, bro, esconde la ropa!” Exclamo, asustado, viendo a la Dama domo en shock por lo que acababa de pasar. “Vamos, Madison, July estará bien, pero si esa lo…” No pudo terminar sus palabras antes de que el sonido del tacto chocando contra los barandales junto a él resonara.


Se giro a verle, el mismísimo diablo acababa de emerger de los infiernos para llevarse su alma y sin esperar a que lo hiciera, la Dama domo se adentro en el cuarto para hacer lo que le habían pedido, no le pagaban para meterse en riñas de piratas.

—Ding, Dong, cabrón.-



“Heeey mi amor… ¿Qué haces aquí?”

Trato de actuar con naturalidad; si preguntaba algo, debía mentir, dar la mejor interpretación de su vida, para mantenerla. “No idiota, tiene Haki, seguro lo está usando… carajo, porque existe una habildiad como esa…” Hablo a sus adentros, maldiciendo lo horrible que era una habilidad como esa.

“Chocolatito de fresa, no debiste tomarte las molestias kekeke tan solo estoy aquí ayudando al dueño de la mansión…” Fue en ese momento cuando hubo mención de otra persona, quizás la morena vio algo desde abajo o mantenía activa aquella habilidad extrasensorial, pensó Ryota. “¿Compartirla? Kekeke ¿de qué hablas? No estoy compartiendo el cuarto con nadie.” Contesto, alegre porque en esta ocasión fuera una verdad.

“Quizá te refieres a Madison, la dama del domo de la mansión. Está limpiando en estos momentos el interior del cuarto Kekeke” se colocó en medio de la puerta y Runin, impidiendo que ella pudiera mirar más allá de él. No quería que malinterpretara la ropa femenina que de seguro recogía la empleada.

Tal vez por la cercanía, Runin notara un pequeño ápice de labial en los labios del cataño, debido a las fotografías del día anterior, o incluso que portaba bajo su pijama un sosten que se asomaba por la parte abierta de su pecho donde también se apreciaba su colgante en forma de ancla. “Pero, cuéntame, cariño, ¿qué haces aquí? ¿Cómo supiste donde estaba?” La sonrisa del castaño se esforzó por mantenerse y desviar la conversación a un terreno más pacífico. “¿Comiste algo para el viaje, encanto? Ya sabes cómo te pones cuando no desayunas kekeke”

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