[Aventura T1] En búsqueda del ave misteriosa | Daphne Duff
#6
Apenas se esbozó en su rostro una sonrisa cuando le vio caer. Las rodillas del cazador lamieron la maleza debajo de él mientras el arma escapaba de sus manos, aterrizando a un costado. Sus músculos se fueron relajando, aunque la adrenalina todavía correteaba por sus venas negándose a abandonarla por completo. En ese instante lo que reinaba en ella era la rabia, el rencor, la repugnancia.

Avanzó únicamente lo necesario, sin perderle de vista. Ignis continuaba sostenida en su mano, sus articulaciones se arrastraban sobre las verdes hojas, siguiendo las irregularidades del terreno con cada uno de sus movimientos. Antes de hacer cualquier otra cosa adelantó una pierna y pateó el rifle con fuerza, apartándolo del alcance de aquel hombre y enviándolo varios metros hacia un costado del sendero, lejos también de Kevin y de la pequeña cría. No pensaba darle la menor oportunidad de recuperarlo.


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¿Hm? ¿Nunca te han dicho que es de mala educación insultar a una hermosa mujer? —La comisura de sus labios se alzó ligeramente, pero la sonrisa carecía de cualquier atisbo de simpatía. No volvió a acercarse. Había algo que no terminaba de gustarle. Sus ojos descendieron durante apenas un instante hasta aquella mano que el hombre mantenía sobre la pantorrilla. Quizás solo se trataba del dolor. Quizás el miserable realmente estuviera tan derrotado como aparentaba. Pero después de haber recibido un disparo no estaba dispuesta a confiar en apariencias. Mantuvo la distancia suficiente como para que Ignis pudiera volver a hablar por ella si aquel cazador decidía probar suerte una segunda vez.

No meritaba ápice alguno de piedad o bondad. Le haría pagar por sus actos—. No lo mereces, pero obtendrás un poco de misericordia de mi parte. No te mataré. —Su voz salió sorprendentemente serena pese al fuego que ardía tras sus ojos. Ladeó apenas la cabeza, observándole de arriba abajo con evidente desprecio—. Vendrás con nosotros. Estoy segura de que tu caza furtiva es ilegal, así que te entregaremos a las autoridades correspondientes.


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De entre sus labios escapó una risa seca, sin humor cuando escuchó su propuesta. ¿Tres millones? Ni aunque hubiese pronunciado treinta—. Qué adorable.~ —Murmuró con un tinte venenoso—. ¿De verdad creías que iba a venderte al pequeño después de todo esto? —La mirada de Daphne se endureció todavía más.— Haznos un favor y cierra tu hocico un rato. Cada palabra que sueltas despierta un poquito más mis ganas de enterrarte aquí mismo, así que por tu bien y por el nuestro, cállate. —Giró ligeramente el rostro—. Aster, cielo. Quédate ahí y no le quites los ojos de encima. —El tigre agitó las orejas ante su voz. Permanecía junto a Kevin y la pequeña cría, pero dirigió toda su atención hacia el cazador. El gruñido nació desde lo más profundo de su pecho, haciendo vibrar su garganta como un pequeño motor. Sus labios se retrajeron apenas, mostrando sus colmillos en un claro gesto amenazante. Apenas sonrió—. Muy valiente con una cría y con un rifle, ¿verdad? Veamos cuánto dura esa valentía sabiendo que tienes un pequeño gatito observándote.

Aster no avanzó ni se abalanzó sobre él. Simplemente permaneció allí, enorme, inmóvil y atento a cualquier movimiento extraño mientras La mujer conservaba a Ignis preparado entre sus dedos. Solo entonces permitió que parte de su atención se desviara hacia sus compañeros. Su expresión cambió inmediatamente cuando vio a Kevin sujetando al pequeño hipopótamo contra él. Por un momento incluso sintió que la rabia se disipaba un poco. Quizás no era tan cruel como había pensado—. ¿Te duele mucho? —Preguntó, observando la mancha carmesí que seguía extendiéndose por su brazo.

Su primer instinto fue acercarse y ayudarlo. Dio incluso medio paso en su dirección antes de detenerse. La mirada terminó bajando hacia la cría. Las heridas seguían abiertas. Exhaló un ligero suspiro—. Presiona la herida, ¿sí? —Indicó al guía mientras señalaba su brazo.— Iré contigo en cuanto termine con él. —No le gustaba. En absoluto. Cada fibra de su cuerpo le pedía que atendiera primero al hombre que acababa de recibir una bala delante de sus ojos, pero tampoco podía ignorar al pequeño animal por el que todo aquello había comenzado. Si ya había decidido salvarlo, no iba a dejar el trabajo a medias. Se dirigió hacia donde había quedado el botiquín caído, semioculto entre las hojas y la vegetación. Se acuclilló para recogerlo con una mano y regresó rápidamente hasta la pequeña cría.


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—Ven aquí, pequeño luchador... —Se sentó sobre la maleza, haciendo un pequeño gesto a Kevin para que se lo entregara. Cuando volvió a tenerlo entre sus brazos, lo acomodó con cuidado sobre sus muslos. Sus movimientos fueron delicados, procurando no asustarlo otra vez—. Ya sé que nuestra primera presentación no ha sido especialmente buena... —Sus ojos bajaron hacia la mano que el animal había mordido hacía apenas unos minutos—. Pero intentemos no repetirlo, ¿sí, cielo? —Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

Abrió el botiquín y recordó mentalmente las instrucciones que Kevin le había dado antes de que todo se fuera al traste. Buscó el ungüento en su interior y, con cuidado, comenzó a aplicarlo sobre las heridas todavía sangrantes de la cría. No sabía si lo estaba haciendo bien. Seguramente un médico podría haberlo hecho infinitamente mejor, pero procuró extenderlo sin ejercer demasiada presión sobre la carne dañada—. Sshh... tranquilo... —Esperó el tiempo necesario antes de tomar las vendas. Las rodeó alrededor de las zonas dañadas, procurando que quedaran firmes pero sin apretar demasiado. Sus dedos, acostumbrados a trabajar con hilo, cuero, telas y metal, se movían con precisión incluso aunque el terreno de la medicina le resultase ajeno. Finalmente aseguró el vendaje con un pequeño nudo. Se quedó observando su obra durante unos segundos—. Bueno... bonito, lo que es bonito... no ha quedado precisamente. —Arrugó ligeramente la nariz—. Pero espero que al menos sirva. —Le acarició la cabeza con extrema suavidad.


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Solo entonces volvió la mirada hacia Kevin. La culpa seguía instalada en su pecho—. Esto ocurrió porque decidí que nos detuviéramos. —Murmuró. Su expresión perdió buena parte de la ligereza que solía acompañarla—. Así que me haré responsable de lo que ha pasado. —Guardó silencio unos instantes.— Te pagaré el triple por lo que ha pasado. Y... —Dejó la criatura en el suelo y se levantó. Del morral sacó la flor que había encontrado antes. La sostuvo entre sus dedos, acariciando los suaves pétalos con suavidad antes de extenderla hacia él—. No es mucho, es más bien algo simbólico... —Sonrió apenas—. Tómalo como agradecimiento por tu trabajo... y por haber protegido a este pequeño luchador pese a que hace un rato querías abandonarlo a su suerte. —La última frase salió acompañada de una pequeña acusación juguetona.— Al final resulta que tienes corazón y todo. —Volvió a dirigir la mirada a su brazo.— En cuanto podamos ocuparnos de eso como se debe, lo haremos. Si empiezas a marearte, a sentirte débil o cualquier cosa extraña, me avisas inmediatamente. Nada de hacerte el duro.

Después de la bajada de adrenalina y lejos de la tensión, su estómago se quejó, haciendo que un pequeño rubor apareciera en sus pómulos—. ¡Y-yo no he sido! —Se apresuró a decir, las letras atropellándose sin querer. Sin embargo llevó las manos a la pequeña bolsa que reposaba a su costado, sacando de ahí unas piezas de pescado seco que custodiaba en el interior de una cajita. La abrió y tras agarrar una, le ofreció al guía—. ¿Quieres? —Sonrió apenas mientras daba un pequeño mordisco.

Un pequeño intento de limar asperezas.

Zas, en toda la cara
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RE: [Aventura T1] En búsqueda del ave misteriosa | Daphne Duff - por Daphne Cross - 24-09-2026, 03:25 PM

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