Encuentros Predestinados [Pasado - Priv]
#2
La hoja abrió la carne de un tajo y los bordes se separaron como los pétalos reventados de una flor enferma que poco a poco se fueron inflamando hasta formar una masa bulbosa que parecía respirar con dificultad, temblando mientras el oxígeno de las fibras se diluía en aire. Y, casi de inmediato, la sangre comenzó a emanar despacio, burbujeando, hasta llenar el surco para luego rebosar. Entonces, cuando por fin desbordó, una marea líquida descendió reptando sobre la piel chamuscada como en lánguidos y vacilantes dedos, dibujando sobre la piel una cartografía de rojos ríos.

Bai volvió a cortar.

Esta vez desgarrando la las fibras de la entraña que poco a poco cedían bajo su fuerza. Durante un instante, la oharanense torció el gesto a y arrugó el ceño afianzando el tenedor al toparse con una fibrosidad que se resistía a ser cortada y, la apretar un poco más, hundió la punta con fuerza y el plato chirrió. Después, ya más tranquila por haber logrado cortar un pedazo, arrancó un trozo y se lo llevó a la boca sin ni siquiera reparar en la ironía del gesto. Pues, uno muy parecido era lo que la había obligado a huir de su isla.

Segundos después, levantó la vista del plato y permitió que su mirada vagara por la plaza al tiempo que, entre sus dientes, la carne era machacada una y otra vez hasta deshacerse en una pasta húmeda y sanguinolenta con regusto a especias.

Mientras tanto, los rayos del sol de la mañana rebotaban con fuerza en las blanquecinas fachadas de las casas que la rodeaban, iluminando su humeante y cárnico desayuno, perfecto para recuperar las fuerzas tras su espartano entrenamiento.

Apenas quedaba carne en el plato cuando, observando el empedrado de la plaza, algo llamó su atención: una serpiente, avanzando entre las piedras como si buscara algo con urgencia. Bai parpadeó, dando la sensación de que no se atrevía a creer lo que acababa de ver y, a continuación, siguió su recorrido con la mirada hasta acabar ladeando ligeramente la cabeza como cada vez que pensaba. Y es que, contra más lo miraba, más le inquietaba lo que sentía. No por la forma de reptar, desde luego, sino en la sensación que emanaba a través de su preocupado mirar.
¿Podía un reptil razonar? ¿O quizá la humanidad que creía percibir no pertenecía al animal? , sino a ella misma, que la derramaba sobre este cuando observaba.

—Interesante...—murmuró, bajando la vista hacia el plato casi vacío —. Comprobémoslo —, añadió tomando el último pedazo de carne para lanzarlo cerca de la criatura y ver qué hacía.

Y, mientras esperaba, se limpió los dedos con la servilleta, abrió el cuaderno que siempre llevaba consigo y se permitió por un momento que sus manos recorrieran las páginas despacio hasta encontrar la sección dedicada al recuento de animales exóticos que había ido descubriendo.

«¿Sentimientos?».
Bai bajó la mirada hacia la serpiente que había terminado deslizándose hasta sus pies sin llegar a enroscarse.
«¿Hambre?»
No le quedaba nada que ofrecerle, así que hundió dos dedos en la sangre que aún teñía el plato y los acercó a las fauces del animal.

En ese momento, a su alrededor, algunas personas reaccionaron con incomodidad, arrastrando las sillas contra el suelo y apartándose de la mujer que parecía querer que le hincaran literalmente el diente pero, Bai, ni siquiera lo advirtió. Ella estaba demasiado centrada en aprender del animal, tanto así que ni siquiera sentía miedo. De hecho, su instinto primitivo de supervivencia estaba completamente apagado por culpa de la pulsión que la incitaba a conocer más.

Paralelamente, a su alrededor, las sillas se arrastraron sobre el empedrado y varios comensales tomaron discretamente distancia. Desde fuera, la escena parecía absurda y temeraria. Absurda porque una mujer de casi cuatro metros estaba inclinada sobre una serpiente diminuta en comparación y, temeraria porque le estaba ofreciendo los dedos ensangrentados a una serpiente. Bai, sin embargo, apenas registró lo que pasaba en derredor. La fascinación la había absorbido por completo hasta el punto en el que su instinto de supervivencia,  permanecía en silencio bajo el peso de la insaciable curiosidad.

Tras varios intentos de tocar al animal, pronto  empezó a sentir que tal vez la serpiente estaba tratando de comunicarle algo. Y, queriendo contrastarlo, se puso en pie, dejó un puñado de berries sobre la mesa, y recogió el cuaderno para siguió al animal con calma cuando este se encaminó hacia uno de los callejones de la ciudad.

Por ese entonces, Bai todavía no sabía cómo comunicarse correctamente con la gente. Así que, en cuanto vio a la mujer y a la serpiente acercársele, simplemente las miró y se quedó quieta a varios metros de ella.

—¿Es tuya? —preguntó en su idioma natal tanteando si aquella joven diminuta hablaba su idioma o no.

Después, se llevó una mano al mentón y lo acarició con suavidad pensando; sus ojos, glaciales, fueron bajando por su cuerpo, tratando de adivinar lo que las palabras no podían decirle y, al percatarse de las gotas de sangre sobre el suelo, acortó distancia de un par de zancada y se arrodillo en un intento por quedar a su altura.

—Hmmmm —murmuró llevándose la mano como un reflejo de Vex a donde tenía la herida –¿Duele?

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Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
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Encuentros Predestinados [Pasado - Priv] - por Vex - 10-09-2026, 12:57 PM
RE: Encuentros Predestinados [Pasado - Priv] - por Bai Mudan - 22-09-2026, 06:15 PM

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