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Encuentros Predestinados [Pasado - Priv] - Versión para impresión

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Encuentros Predestinados [Pasado - Priv] - Vex - 10-09-2026

Inicio Verano, Año 16
Pueblo Baquella, Isla Baterilla, South Blue



“Deprisa” Era lo único que pensaba mientras corría por aquel pueblo que ni siquiera conocía. Me escabullía entre los callejones mientras memorizaba cada rincón que pudiera serme útil aunque por el momento no encontraba nada. Desde que salí de Amazon Lily había recorrido el mundo aprovechándome de algunos barcos comerciales, pero sobretodo había visitado islas acompañando a piratas en sus barcos. Al parecer les resultaba útil, pero realmente era una especie de simbiosis, a ellos les servían mis habilidades y a mi sus barcos para continuar avanzando. El mayor problema de esos acuerdos acababa residiendo en las metas de cada capitán, muchos buscaban fama o riquezas, otros conquistas y poder... realmente nada de eso me importaba, yo solo quería descubrir que había mas allá de las costas de Amazon Lily. Pero como siempre todo viaje tiene sus riesgos y consecuencias, el mío acabo siendo que muchos me tomaron por una pirata y nunca me moleste en desmentirlo y de ahí quizás mi error.
 
La ultima banda en la que me aventure decidió parar en una isla llamada Baterilla, coger provisiones y descansar una noche pero ni siquiera me moleste en bajar del barco, aun debía de acomodar todos los datos en mi cuaderno de la ultima isla y por lo que me habían dicho, no había mucho más que aquel volcán. La mayoría de la tripulación junto al capitán acabaron pasando la noche en el pueblo, seguramente entre alcohol y música pero esas cosas no me interesaban, no compartía los deseos del capitán y mucho menos tenía intenciones de entablar ninguna clase de amistad más allá del trato excesivamente necesario, quizás ese fue mi error.
 
A la mañana siguiente la marina rodeo el barco y comenzó una pelea por atraparlos, por lo poco que pude escuchar habían tenido problemas aquella noche en el pueblo, una pelea seria y por eso a la mañana algunos hombres estaban heridos aunque satisfechos con su victoria, no sabía hasta que punto eso significaba una victoria o incluso que habían acabado con alguien, pero no me iba a quedar para averiguarlo. No tarde mucho en analizar la situación, la marina eran mas y que la batalla acabara a su favor era más que posible, por lo que rápidamente tome mi bolsa y me escabullí del barco abandonando todo detrás de mí.  Aunque tampoco tuve suerte en ello, salir del barco con tantos marines era complicado y acabe cruzándome con un par que tras atacarme acabaron persiguiéndome mientras huía.
 
Si la marina me atrapaba en un barco como aquel, el pasar desapercibida se acabaría para mí y con ello mi deseo de recorrer el mundo, por eso me encontraba huyendo como podía en aquel pueblo que ni siquiera conocía. Corrí y corrí hasta que sentí que me oculte en un pequeño callejón tras un montón de cajas y sentí como los marines pasaban de largo. Mi respiración estaba agitada y mi pecho se movía con rapidez – Creo que se marcharon – Dije con una voz suave pareciendo que hablaba sola pero bajo mi ropa salió Furia mirándome – Aun así debemos de segu… - comencé a hablar pero me detuve al ver sangre en su cuerpo y la saque rápidamente para revisarla pero no tenía nada así que la mire sin entenderlo hasta que ella misma se movió deslizándose por mi brazo hasta bajar a mi abdomen y ahí me di cuenta que la herida no era ella si no yo.

Tenía un corte de una de las espadas de los marines y demasiada sangre manchando la zona por el movimiento de la carrera –Genial – Proteste para mí misma y suspire para luego moverme con cierto dolor y comenzar a buscar en mi mochila. No era medico pero aquello no tenia buena pinta pues debía de haberme quedado quieta, pero por la adrenalina del momento ni siquiera me había percatado de ella. Busque en mi mochila pero no tenía el botiquín, lo había dejado en el barco y sabia que no podía volver para usarlo.
 
Al darme cuenta de aquello me senté en el suelo apoyando mi espalda en la pared mientras llevaba la mano a la herida intentando que dejara de sangrar. Fueron unos segundos pero me quede mirando a la nada hasta que sentir de nuevo a furia moverse - ¿Puedes buscar tu algo? Necesito tapar esto –Le dije y sentí como se deslizaba por mi cuerpo para luego alejarse, no sabía si era una buena idea,  no conocía aquel pueblo pero tampoco podía ir paseándome con una herida sangrando o los marines me encentrarían. Suspire con cierto cansancio tras la carrera y alce mi mirada hacia arriba aunque apenas se veía el cielo - Estas cosas son de las que me advertías ¿no? - Pregunte con voz suave y tranquila al sentir el colgante en mi cuello moviéndose pues no podía evitar acordarme de todas las veces que mi madre me habia dicho que el mundo podía ser peligroso.

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RE: Encuentros Predestinados [Pasado - Priv] - Bai Mudan - 22-09-2026

La hoja abrió la carne de un tajo y los bordes se separaron como los pétalos reventados de una flor enferma que poco a poco se fueron inflamando hasta formar una masa bulbosa que parecía respirar con dificultad, temblando mientras el oxígeno de las fibras se diluía en aire. Y, casi de inmediato, la sangre comenzó a emanar despacio, burbujeando, hasta llenar el surco para luego rebosar. Entonces, cuando por fin desbordó, una marea líquida descendió reptando sobre la piel chamuscada como en lánguidos y vacilantes dedos, dibujando sobre la piel una cartografía de rojos ríos.

Bai volvió a cortar.

Esta vez desgarrando la las fibras de la entraña que poco a poco cedían bajo su fuerza. Durante un instante, la oharanense torció el gesto a y arrugó el ceño afianzando el tenedor al toparse con una fibrosidad que se resistía a ser cortada y, la apretar un poco más, hundió la punta con fuerza y el plato chirrió. Después, ya más tranquila por haber logrado cortar un pedazo, arrancó un trozo y se lo llevó a la boca sin ni siquiera reparar en la ironía del gesto. Pues, uno muy parecido era lo que la había obligado a huir de su isla.

Segundos después, levantó la vista del plato y permitió que su mirada vagara por la plaza al tiempo que, entre sus dientes, la carne era machacada una y otra vez hasta deshacerse en una pasta húmeda y sanguinolenta con regusto a especias.

Mientras tanto, los rayos del sol de la mañana rebotaban con fuerza en las blanquecinas fachadas de las casas que la rodeaban, iluminando su humeante y cárnico desayuno, perfecto para recuperar las fuerzas tras su espartano entrenamiento.

Apenas quedaba carne en el plato cuando, observando el empedrado de la plaza, algo llamó su atención: una serpiente, avanzando entre las piedras como si buscara algo con urgencia. Bai parpadeó, dando la sensación de que no se atrevía a creer lo que acababa de ver y, a continuación, siguió su recorrido con la mirada hasta acabar ladeando ligeramente la cabeza como cada vez que pensaba. Y es que, contra más lo miraba, más le inquietaba lo que sentía. No por la forma de reptar, desde luego, sino en la sensación que emanaba a través de su preocupado mirar.
¿Podía un reptil razonar? ¿O quizá la humanidad que creía percibir no pertenecía al animal? , sino a ella misma, que la derramaba sobre este cuando observaba.

—Interesante...—murmuró, bajando la vista hacia el plato casi vacío —. Comprobémoslo —, añadió tomando el último pedazo de carne para lanzarlo cerca de la criatura y ver qué hacía.

Y, mientras esperaba, se limpió los dedos con la servilleta, abrió el cuaderno que siempre llevaba consigo y se permitió por un momento que sus manos recorrieran las páginas despacio hasta encontrar la sección dedicada al recuento de animales exóticos que había ido descubriendo.

«¿Sentimientos?».
Bai bajó la mirada hacia la serpiente que había terminado deslizándose hasta sus pies sin llegar a enroscarse.
«¿Hambre?»
No le quedaba nada que ofrecerle, así que hundió dos dedos en la sangre que aún teñía el plato y los acercó a las fauces del animal.

En ese momento, a su alrededor, algunas personas reaccionaron con incomodidad, arrastrando las sillas contra el suelo y apartándose de la mujer que parecía querer que le hincaran literalmente el diente pero, Bai, ni siquiera lo advirtió. Ella estaba demasiado centrada en aprender del animal, tanto así que ni siquiera sentía miedo. De hecho, su instinto primitivo de supervivencia estaba completamente apagado por culpa de la pulsión que la incitaba a conocer más.

Paralelamente, a su alrededor, las sillas se arrastraron sobre el empedrado y varios comensales tomaron discretamente distancia. Desde fuera, la escena parecía absurda y temeraria. Absurda porque una mujer de casi cuatro metros estaba inclinada sobre una serpiente diminuta en comparación y, temeraria porque le estaba ofreciendo los dedos ensangrentados a una serpiente. Bai, sin embargo, apenas registró lo que pasaba en derredor. La fascinación la había absorbido por completo hasta el punto en el que su instinto de supervivencia,  permanecía en silencio bajo el peso de la insaciable curiosidad.

Tras varios intentos de tocar al animal, pronto  empezó a sentir que tal vez la serpiente estaba tratando de comunicarle algo. Y, queriendo contrastarlo, se puso en pie, dejó un puñado de berries sobre la mesa, y recogió el cuaderno para siguió al animal con calma cuando este se encaminó hacia uno de los callejones de la ciudad.

Por ese entonces, Bai todavía no sabía cómo comunicarse correctamente con la gente. Así que, en cuanto vio a la mujer y a la serpiente acercársele, simplemente las miró y se quedó quieta a varios metros de ella.

—¿Es tuya? —preguntó en su idioma natal tanteando si aquella joven diminuta hablaba su idioma o no.

Después, se llevó una mano al mentón y lo acarició con suavidad pensando; sus ojos, glaciales, fueron bajando por su cuerpo, tratando de adivinar lo que las palabras no podían decirle y, al percatarse de las gotas de sangre sobre el suelo, acortó distancia de un par de zancada y se arrodillo en un intento por quedar a su altura.

—Hmmmm —murmuró llevándose la mano como un reflejo de Vex a donde tenía la herida –¿Duele?

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