22-09-2026, 05:41 PM
Te acercas sigilosamente hacia la entrada, borrando las huellas que ofrecen tus pasos tan rápidos como se adentran en la arena hasta el valle gracias al movimiento de tu cola. En primera instancia, parece que todo va a la perfección; nadie te detecta llegar hasta el lado derecho, sin llegar a acercarte demasiado para poder investigar desde ese lado, pues nada parece haber cambiado en tu patrón de sigilo mientras terminas lo suficientemente cerca, intentando comprobar poco a poco cuantos enemigos tienes en aquella entrada que, sin lugar a dudas tiene que estar plagada por la luz que desprende ese foco, con capacidad suficiente como para iluminar toda la entrada de aquella cueva por sí sola, situándose a varios metros en el interior del propio techo de roca.
Conforme te vas acercando, empiezas a oír voces desde el interior, dejándote en claro que su número es definitivamente grande.
—No sé por qué cojones el jefe quiere que nos quedemos en esta puta isla llena de absolutamente nada.—Dijo un hombre de voz grave, con un aparente gran tamaño por el tipo de voz que se gasta.
—Sí, esto es un desierto. Aquí nos vamos a morir del asco en cuanto se acabe la bebida. ¿O es que no pensáis lo mismo? ¡Ese hombre tiene que estar mal de la cacerola!—Contestó otro, posiblemente del mismo porte.
No quedaban en claro los sonidos de las personas ni su número en general. El ruido de sus pisadas en el suelo revolucionados -pero no como os gustaría, pillines- te confunde. Piensas que son cuatro, pero el sonido se mezcla, creyendo que son más. ¿Tal vez ocho?
Pero al final, absolutamente nada de eso importa.
A tus pies encuentras un pequeño ratoncito, una criatura que de alguna forma consigue sobrevivir en este inmundo desierto y, conforme avanzas hacia él, corre asustado hacia el interior de la cueva, chillando hasta perderse en el interior.
—¡Callaos, ratas inmundas!—Ordenó de un potente grito una voz femenina, alguien con un porte mucho mayor al que tenía el resto.—Parece que tenemos compañía. ¿Acaso alguien se ha creído que puede venir a nuestra base sin presentarse?
— UAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH.
Todos los hombres gritan al unísono. Sabes que van hacia ti, y pronto te das cuenta de la realidad de la situación. Lo que parecía ser un número algo más reducido se presenta frente a tus ojos como nada menos que 25 Buccaneers que corren a tropel en tu dirección, tratando de rodearte para ver quién es la persona que ha decidido ir a husmear.
—¡BUFFFF! ¡PERO MENUDO BELLEZÓN NOS HA TOCADO!—exclamó uno de ellos, uno de piel más morena y cabello similar al de los lunarian.
—Tú tienes el gusto en el culo, cabrón. A mí no me van los peces.—Comentó otro que bien podría ser su gemelo si no te fijabas lo suficiente.
—¡Jefa, es una mujer! ¡Déjenos divertirnos con ella, por favor! ¡Llevamos meses en época de guerra y así no hay quién aguante con la puta Inma!—Uno de piel más blanca, bastante más descarado y asqueroso habló en ese momento, dirigiéndose a la mujer tras ellos.
—¡Eso, eso! ¡Verás como me pone con esos dientazos!
—Callaos, pedazo de humandriles.—Respondió la mujer que, por simple y pura apariencia llameante, era la que tenía el control de la situación sobre esos hombres.— Para eso tendréis que quitarle la voluntad de pelear, ¿no os parece? Al menos así podréis comeros algo, que mirad si sois pesados.—Te mira sonriendo con malicia, creyendo que tienes todas las de perder para tu pobre destino.— Dudo mucho que una mujer cualquiera haya llegado hasta aquí simplemente porque se ha perdido. —Ana rosa toma su enorme martillo a dos manos, preparándose para lo que claramente intuye como un combate.—¡¿Verdad, rubia?!
No parece que después de esas palabras estén muy dispuestos al diálogo, pero sin duda, es un error subestimar a una persona que viene sola a un lugar infestado de enemigos. 26 Buccaneers contra un Gyojin. ¿Quién terminaría alzándose con la victoria en aquel enfrentamiento? ¿Por qué pelear siempre tenía que terminar siendo la única opción viable?
Conforme te vas acercando, empiezas a oír voces desde el interior, dejándote en claro que su número es definitivamente grande.
—No sé por qué cojones el jefe quiere que nos quedemos en esta puta isla llena de absolutamente nada.—Dijo un hombre de voz grave, con un aparente gran tamaño por el tipo de voz que se gasta.
—Sí, esto es un desierto. Aquí nos vamos a morir del asco en cuanto se acabe la bebida. ¿O es que no pensáis lo mismo? ¡Ese hombre tiene que estar mal de la cacerola!—Contestó otro, posiblemente del mismo porte.
No quedaban en claro los sonidos de las personas ni su número en general. El ruido de sus pisadas en el suelo revolucionados -pero no como os gustaría, pillines- te confunde. Piensas que son cuatro, pero el sonido se mezcla, creyendo que son más. ¿Tal vez ocho?
Pero al final, absolutamente nada de eso importa.
A tus pies encuentras un pequeño ratoncito, una criatura que de alguna forma consigue sobrevivir en este inmundo desierto y, conforme avanzas hacia él, corre asustado hacia el interior de la cueva, chillando hasta perderse en el interior.
—¡Callaos, ratas inmundas!—Ordenó de un potente grito una voz femenina, alguien con un porte mucho mayor al que tenía el resto.—Parece que tenemos compañía. ¿Acaso alguien se ha creído que puede venir a nuestra base sin presentarse?
— UAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH.
Todos los hombres gritan al unísono. Sabes que van hacia ti, y pronto te das cuenta de la realidad de la situación. Lo que parecía ser un número algo más reducido se presenta frente a tus ojos como nada menos que 25 Buccaneers que corren a tropel en tu dirección, tratando de rodearte para ver quién es la persona que ha decidido ir a husmear.
—¡BUFFFF! ¡PERO MENUDO BELLEZÓN NOS HA TOCADO!—exclamó uno de ellos, uno de piel más morena y cabello similar al de los lunarian.
—Tú tienes el gusto en el culo, cabrón. A mí no me van los peces.—Comentó otro que bien podría ser su gemelo si no te fijabas lo suficiente.
—¡Jefa, es una mujer! ¡Déjenos divertirnos con ella, por favor! ¡Llevamos meses en época de guerra y así no hay quién aguante con la puta Inma!—Uno de piel más blanca, bastante más descarado y asqueroso habló en ese momento, dirigiéndose a la mujer tras ellos.
—¡Eso, eso! ¡Verás como me pone con esos dientazos!
—Callaos, pedazo de humandriles.—Respondió la mujer que, por simple y pura apariencia llameante, era la que tenía el control de la situación sobre esos hombres.— Para eso tendréis que quitarle la voluntad de pelear, ¿no os parece? Al menos así podréis comeros algo, que mirad si sois pesados.—Te mira sonriendo con malicia, creyendo que tienes todas las de perder para tu pobre destino.— Dudo mucho que una mujer cualquiera haya llegado hasta aquí simplemente porque se ha perdido. —Ana rosa toma su enorme martillo a dos manos, preparándose para lo que claramente intuye como un combate.—¡¿Verdad, rubia?!
Contenido Oculto
No parece que después de esas palabras estén muy dispuestos al diálogo, pero sin duda, es un error subestimar a una persona que viene sola a un lugar infestado de enemigos. 26 Buccaneers contra un Gyojin. ¿Quién terminaría alzándose con la victoria en aquel enfrentamiento? ¿Por qué pelear siempre tenía que terminar siendo la única opción viable?
decisiones, decisiones
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