17-09-2026, 05:30 PM
Magnus se quedó petrificado, con el cigarro en equilibrio entre sus labios. El silencio al otro lado de la línea fue absoluto durante varios segundos, tan denso que casi se podía cortar con el filo de una navaja. En su mente, Magnus trataba de procesar la perturbadora pero fascinante imagen de aquel que se hacía llamar "el Gran Garnet Matlock", la fiera del placer, vistiendo única y exclusivamente un tanga azul marino adornado con románticos corazoncitos. Así es... perturbadora y fascinante. Como un león montado en un monociclo.
De repente, una vibración profunda comenzó a formarse en el pecho del buccaneer, subiendo por su garganta como un volcán entrando en erupción.
—¡Gurororororo! —Su sonora carcajada resonó en la calle vacía y espantó a un par de pájaros que descansaban en un tejado cercano. No era una risa cargada de burla, sino de una extraña y genuina admiración —Eres un cabronazo de los buenos, Garnet. Hay que tener los cojones muy bien puestos para llevar una línea erótica y atender al público vistiendo semejante trapito.
Magnus le dio una calada profunda al cigarro, sintiendo una inesperada conexión fraternal con el excéntrico músico al que había llamado fortuitamente. Ya que Garnet había sido dolorosamente honesto, él también lo sería, dispuesto a finiquitar cualquier mínima esperanza de morbo que pudiera quedar en aquella fatídica llamada.
—Si tanto te interesa mi vestuario, te diré que yo voy vestido como debe ir un auténtico macho —gruñó con orgullo, echándose un vistazo a sí mismo mientras seguía tumbado en la hierba —Llevo mis putas botas de siempre, unos pantalones con un elegante estampado de leopardo y el torso al aire para que respire la cicatriz. Por si refresca, llevo una chaqueta que reza "GRANDE AMORE" en la espalda, y en la cabeza un pañuelo azul con unos detallitos blancos que me queda de puta madre. Nada de tangas ni corazones. Pura hombría. Aunque respeto tu estilo.
Iba a seguir divagando sobre lo que hace o deja de hacer un hombre cuando, de pronto, los ojos de Magnus se abrieron de par en par. La ceniza del cigarro cayó sobre su pecho desnudo, pero ni siquiera se inmutó. La imagen mental del tanga azul hizo que algo se encendiese en su cerebro. Era la putísima chispa de la inspiración. Las musas estaban con él aquella noche.
—¡Cállate! —gritó de repente, interrumpiendo cualquier comentario que Garnet estuviera haciendo —No hables. Ni se te ocurra respirar, hijo de puta. Se viene buena mierda.
Magnus se incorporó rápidamente hasta quedar sentado en el césped. Se aclaró la garganta con la misma solemnidad teatral de su primer recital, cerró los ojos para conectar con las musas que supuestamente estaban a su lado y dejó que el arte fluyera a través de su voz:
Volvió a dejarse caer de espaldas contra la hierba, exhalando una densa nube de humo hacia las estrellas, sintiéndose completamente realizado y satisfecho con lo que él mismo llamaría obra magna.
—A ver si ahora tienes huevos a decirme que soy un novato, fiera.
De repente, una vibración profunda comenzó a formarse en el pecho del buccaneer, subiendo por su garganta como un volcán entrando en erupción.
—¡Gurororororo! —Su sonora carcajada resonó en la calle vacía y espantó a un par de pájaros que descansaban en un tejado cercano. No era una risa cargada de burla, sino de una extraña y genuina admiración —Eres un cabronazo de los buenos, Garnet. Hay que tener los cojones muy bien puestos para llevar una línea erótica y atender al público vistiendo semejante trapito.
Magnus le dio una calada profunda al cigarro, sintiendo una inesperada conexión fraternal con el excéntrico músico al que había llamado fortuitamente. Ya que Garnet había sido dolorosamente honesto, él también lo sería, dispuesto a finiquitar cualquier mínima esperanza de morbo que pudiera quedar en aquella fatídica llamada.
—Si tanto te interesa mi vestuario, te diré que yo voy vestido como debe ir un auténtico macho —gruñó con orgullo, echándose un vistazo a sí mismo mientras seguía tumbado en la hierba —Llevo mis putas botas de siempre, unos pantalones con un elegante estampado de leopardo y el torso al aire para que respire la cicatriz. Por si refresca, llevo una chaqueta que reza "GRANDE AMORE" en la espalda, y en la cabeza un pañuelo azul con unos detallitos blancos que me queda de puta madre. Nada de tangas ni corazones. Pura hombría. Aunque respeto tu estilo.
Iba a seguir divagando sobre lo que hace o deja de hacer un hombre cuando, de pronto, los ojos de Magnus se abrieron de par en par. La ceniza del cigarro cayó sobre su pecho desnudo, pero ni siquiera se inmutó. La imagen mental del tanga azul hizo que algo se encendiese en su cerebro. Era la putísima chispa de la inspiración. Las musas estaban con él aquella noche.
—¡Cállate! —gritó de repente, interrumpiendo cualquier comentario que Garnet estuviera haciendo —No hables. Ni se te ocurra respirar, hijo de puta. Se viene buena mierda.
Magnus se incorporó rápidamente hasta quedar sentado en el césped. Se aclaró la garganta con la misma solemnidad teatral de su primer recital, cerró los ojos para conectar con las musas que supuestamente estaban a su lado y dejó que el arte fluyera a través de su voz:
La fiera del placer no lleva armadura,
solo un hilo azul entre las nalgas.
Admiro tu extraña compostura,
listo para ganar cualquier batalla.
Volvió a dejarse caer de espaldas contra la hierba, exhalando una densa nube de humo hacia las estrellas, sintiéndose completamente realizado y satisfecho con lo que él mismo llamaría obra magna.
—A ver si ahora tienes huevos a decirme que soy un novato, fiera.
Off
![[Imagen: qWhXPFX.png]](https://i.imgur.com/qWhXPFX.png)
