16-09-2026, 06:51 AM
¡Otro, otro, otro!
Escuchaba estruendosamente en la mesa de la esquina, rodeada por okamas y botellas de alcohol ¿El sueño? Si estuviera soltera lo sería, volví a apoyar con fuerza mi codo contra la mesa, extendiendo la mano mientras miraba a la okama frente a mi, tal vez un poco más embriagada que su deleitante servidora. —No te acobardes ahorita, 1500 berries, cabrona. — En mi defensa no me había embriagado desde skypiea y no puedo romper la bonita tradición. El okama frente a mi sonrió con sordez y colocó su codo contra la mesa con tal fuerza que los pequeños caballitos de alcohol parecían moverse. Una prueba de fuerza.
Lo siguiente que supe fue que el brazo de mi contrincante yacía violentamente contra la mesa y la celebración de mi victoria. —Y aquí quedas, una más, bah chicas ¿Están siendo amables porque acabo de llegar? No me den tanta confianza ¡Mi ego superará el cielo! JAJAJA ¿Me entiendes? — Me tomé el contenido directamente de la botella con una sonrisa en el rostro, cuando algo parecía sonar.
Perepere… perepere… perepere…
Me levanté de la mesa para correr al exterior, haciendo señas para comunicar a las personas con las que convivía que me tuvieran paciencia, al salir, respondí al caracol soltando un suspiro intentando que algo de sobriedad regresara a mi cuerpo. Ahí fue cuando escuché al otro lado de la línea una muy conocida voz. —Hola, cariño… Bien, en… pasándomela súper bien, explorando la isla y conociendo ne- gente de negocios y… esas cosas ya sabes. Eso es genial, deberías aprovechar ese tiempo para- Una voz parecía interrumpir el momento, provocando que Jin se disculpara. Sin embargo no fue la voz pero el ruido de fondo del bar lo que puso a trabajar mis neuronas.

Bajé el Den Den Mushi, caminando de regreso al bar buscando a un hombre alto de piel cálida, cabello negro y buen porte, a ver, dada la isla no debería ser taaan difícil pero al parecer lo había pasado por alto. Eso o el alcohol de este lugar tenía propiedades alucinógenas, colgué la llamada para acercarme a la espalda del hombre que buscaba. —La cultura de momoiro es diferente a donde venimos, bomboncito, estoy seguro que es un malentendido cultural ¿Verdad? — Le regalé la sonrisa más amenazante que tenía con el tono más dulce que podía expresar, no me podía dar más igual si le estaba coqueteando pero si Jin parecía incomodo entonces iba a intervenir. No le quité la vista de encima hasta que se fuera, sentándome a su lado en la barra con algo de torpeza. —Holi ¿Cuándo llegaste? No te vi. —
Contrato confidencial: Tezca Norova

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