12-09-2026, 10:35 PM
El ambiente era increíblemente festivo, muy alegre y muy colorido, un ambiente que sin duda era capaz de atontar hasta el más agudo de los sentidos. El peligro parecía lejano y ajeno a este mundo ajetreado y sin comparación a las demás islas donde el peligro estaba latente en cada esquina. Lleno de Piratas Mañosos y Marines corruptos. Las luces, los vapores, las canciones, los bailes y los hombres y mujeres que danzaban también lucían despreocupados, absortos en sus propios dilemas. Pero los dilemas que más parecían urgentes eran solamente que tipo de algodón de azúcar era el que les causaría diabetes o que tipo carne les abotagaría, su constante ansia de adrenalina era compensado solo por la música estridente.
La mirada de la hibrida no provoco mas que un poco de incomodidad con los perros de guerra contratados por la Tribu. Aun así, ambos sintieron que su presión y las narices comenzaron a gotear algo… solo cuando ella entro se tocaron y se sonrieron asintiendo con un sonoro chocar de manos entre ellos mientras disimuladamente voltearon a ver ese increíble culo de sirena caminar dentro de la fiesta. La dulce criatura corrió y corrió despreocupado perseguido por la atenta chica pelirosa que si se ponía atención a su persistencia parecía que le debía algo. Poco a poco el miembro más antiguo de la Tribu de Sable se perdió y finalmente en medio del más estruendoso de los ruidos provoco que llegase a sus dueños sin que fuera detectado ni perseguido.
Estaba de suerte, se había fijado en su esencia, en su color, su sazón y su aura, Un imponente y aparente importante Gyojin, un pez ídolo moro, su apariencia era sumamente elegante, pero tenía tintes de una ferocidad latente. Su piel lleva unos tonos oscuros y plateados, con afiladas aletas y una sonrisa llena de dientes en una sonrisa confiada y valiente. Viste ropas lujosas, cadenas doradas y guantes sin dedos con nudillos metálicos dorados, irradiando carisma y peligro, el Gyojin apenas ella se acercó, le brindo con la copa, y ella se volvió casi como cercana. Ciertamente era una mujer extraña pero tan hermosa que el pequeño apéndice sobre su cabeza se ilumino apenas su perfume le golpeo de manera preventiva. Se saboreó los labios luego de beber un corto trago hablo con una voz profunda y confiada -—Das besagte Fräulein überflutet meine Augen… ooo… perdón es que no soy de aquí. mi nombre es Cassian Reef, encantado— Ciertamente era un erudito bastante competente su primer idioma sonó melódico y muy extraño pero agradable, entrecerrando los ojos pareció reconocer a la muchacha. —Creo que se que buscas… si… si gustas puedo acompañarte y encontrar mas amigos… si me acompañas, ahí encontraremos a aquella persona… pero...— Miro a todos lados y sonrió nuevamente mientras le habían traído la bebida a su acompañante. —No puedes decir su nombre en alto o alguien podría saber que vamos por esa persona.— Menciono muy bajo como el respiro de un roedor cerca de su oído.
La música comenzó a danzar nuevamente, pero mas suave, mas melancólica y romántica… el Gyojin se levantó, su altura casi treinta centímetros mas alto que la propia chica y seguro que pesaba al menos el doble. Su brazo se extendió para que le tomara del brazo y se la llevo a un lugar mas callado, mas apartado, oculto en las sombras, pero rebosante de música, gente y luz propia. ¿Era… ultravioleta? Si, una luz negra, ahí el Gyojin giro sobre si mismo y con una suave reverencia le pidió su mano. Para danzar. —Supongo que danza no? con ese espectacular desplante dudo que no lo haga. Vamos, venga… necesitamos expresar la violencia de nuestros cuerpos como si fuera una batalla de danza. No… no piensa usted lo mismo?— Con su mano, enorme, enguantada en nudillos dorados de aceros relampagueantes toma la cintura de María Merlot y la danza se vuelve su segundo idioma, sus cuerpos pegados, metidos en el aura uno del otro. Intentando ser uno con el significativo flujo de las mareas y el universo condensado en un solo segundo.
Su boca, se abría y cerraba sensual y rítmica acompañando la canción, abocada en la laboriosa tarea de susurrar palabras que nadie podría entender, ni el destino ni el señor de las mareas que los vio nacer a ambos en su juventud mucho antes de abandonar los mares. Le atrajo una vez mas hacia si mismo. Se acerco a su boca, mirando con atención los hermosos ojos dorados de ella. —María merlot… … … he visto vuestro wanted, el de todas, son… el fruto de los deseos de cualquiera. No son como esos otros… hediondos y crueles piratas… yo les reconocí cuando desembarcaron hace unos días en la ciudad. Y estaba ansioso… deseoso… de… por que no me acompañas a un sitio, es el área VIP… ven… ven conmigo.— susurro casi dentro de la boca de Merlot sin llegar a faltarle el respeto de tocarle de más sin su permiso.
El área VIP estaba en otra galería. En otro sector, mas lúdico, mas tranquilo, mas calmado. Lleno de un perfume diferente sin ese sudor de la gente pobre. —Vivimos en la basura, pero no lo somos… hay muchos lugares dentro de las galerías subterráneas donde… bueno. Se vive mejor. Aunque… hay que estar atento a bueno… tú sabes. Los delitos de los mas desalmados. De aquellos que envidian nuestra suerte.— Dijo mientras caminaba por los pasillos mal iluminados. Entonces las luces titilaron un segundo y todo se oscureció la luz se apagó y entonces muchos ojos aparecieron alrededor. Rojos brillantes y malignos. El acero rugió entre la oscuridad y solo una pequeña luz se encendió tres metros desde donde estaba Merlot.
La mirada de la hibrida no provoco mas que un poco de incomodidad con los perros de guerra contratados por la Tribu. Aun así, ambos sintieron que su presión y las narices comenzaron a gotear algo… solo cuando ella entro se tocaron y se sonrieron asintiendo con un sonoro chocar de manos entre ellos mientras disimuladamente voltearon a ver ese increíble culo de sirena caminar dentro de la fiesta. La dulce criatura corrió y corrió despreocupado perseguido por la atenta chica pelirosa que si se ponía atención a su persistencia parecía que le debía algo. Poco a poco el miembro más antiguo de la Tribu de Sable se perdió y finalmente en medio del más estruendoso de los ruidos provoco que llegase a sus dueños sin que fuera detectado ni perseguido.
Estaba de suerte, se había fijado en su esencia, en su color, su sazón y su aura, Un imponente y aparente importante Gyojin, un pez ídolo moro, su apariencia era sumamente elegante, pero tenía tintes de una ferocidad latente. Su piel lleva unos tonos oscuros y plateados, con afiladas aletas y una sonrisa llena de dientes en una sonrisa confiada y valiente. Viste ropas lujosas, cadenas doradas y guantes sin dedos con nudillos metálicos dorados, irradiando carisma y peligro, el Gyojin apenas ella se acercó, le brindo con la copa, y ella se volvió casi como cercana. Ciertamente era una mujer extraña pero tan hermosa que el pequeño apéndice sobre su cabeza se ilumino apenas su perfume le golpeo de manera preventiva. Se saboreó los labios luego de beber un corto trago hablo con una voz profunda y confiada -—Das besagte Fräulein überflutet meine Augen… ooo… perdón es que no soy de aquí. mi nombre es Cassian Reef, encantado— Ciertamente era un erudito bastante competente su primer idioma sonó melódico y muy extraño pero agradable, entrecerrando los ojos pareció reconocer a la muchacha. —Creo que se que buscas… si… si gustas puedo acompañarte y encontrar mas amigos… si me acompañas, ahí encontraremos a aquella persona… pero...— Miro a todos lados y sonrió nuevamente mientras le habían traído la bebida a su acompañante. —No puedes decir su nombre en alto o alguien podría saber que vamos por esa persona.— Menciono muy bajo como el respiro de un roedor cerca de su oído.
La música comenzó a danzar nuevamente, pero mas suave, mas melancólica y romántica… el Gyojin se levantó, su altura casi treinta centímetros mas alto que la propia chica y seguro que pesaba al menos el doble. Su brazo se extendió para que le tomara del brazo y se la llevo a un lugar mas callado, mas apartado, oculto en las sombras, pero rebosante de música, gente y luz propia. ¿Era… ultravioleta? Si, una luz negra, ahí el Gyojin giro sobre si mismo y con una suave reverencia le pidió su mano. Para danzar. —Supongo que danza no? con ese espectacular desplante dudo que no lo haga. Vamos, venga… necesitamos expresar la violencia de nuestros cuerpos como si fuera una batalla de danza. No… no piensa usted lo mismo?— Con su mano, enorme, enguantada en nudillos dorados de aceros relampagueantes toma la cintura de María Merlot y la danza se vuelve su segundo idioma, sus cuerpos pegados, metidos en el aura uno del otro. Intentando ser uno con el significativo flujo de las mareas y el universo condensado en un solo segundo.
Su boca, se abría y cerraba sensual y rítmica acompañando la canción, abocada en la laboriosa tarea de susurrar palabras que nadie podría entender, ni el destino ni el señor de las mareas que los vio nacer a ambos en su juventud mucho antes de abandonar los mares. Le atrajo una vez mas hacia si mismo. Se acerco a su boca, mirando con atención los hermosos ojos dorados de ella. —María merlot… … … he visto vuestro wanted, el de todas, son… el fruto de los deseos de cualquiera. No son como esos otros… hediondos y crueles piratas… yo les reconocí cuando desembarcaron hace unos días en la ciudad. Y estaba ansioso… deseoso… de… por que no me acompañas a un sitio, es el área VIP… ven… ven conmigo.— susurro casi dentro de la boca de Merlot sin llegar a faltarle el respeto de tocarle de más sin su permiso.
El área VIP estaba en otra galería. En otro sector, mas lúdico, mas tranquilo, mas calmado. Lleno de un perfume diferente sin ese sudor de la gente pobre. —Vivimos en la basura, pero no lo somos… hay muchos lugares dentro de las galerías subterráneas donde… bueno. Se vive mejor. Aunque… hay que estar atento a bueno… tú sabes. Los delitos de los mas desalmados. De aquellos que envidian nuestra suerte.— Dijo mientras caminaba por los pasillos mal iluminados. Entonces las luces titilaron un segundo y todo se oscureció la luz se apagó y entonces muchos ojos aparecieron alrededor. Rojos brillantes y malignos. El acero rugió entre la oscuridad y solo una pequeña luz se encendió tres metros desde donde estaba Merlot.
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