11-09-2026, 10:52 PM
(Última modificación: 11-09-2026, 10:56 PM por Barald Kane.)
Era hora de maravillar al mundo y exactamente hoy, era el día tachado en el calendario. Resultó que el siguiente paradero de los Hanu Mahana sería la isla de Momorio, el reino de los okamas; allí donde da igual el lugar en el que mires, todo esta teñido de rosa. Despertó en la mañana aun cuando el calor del verano no agobiaba y la frescura del ambiente entraba por una de las ventanas de la Barycueva, morada del espadachín y su lugar de culto; aquel lugar era una amplia sala de 30 metros cuadrados donde el azabache solía descansar, y así lo hacía: tendido en una cama grandiosa de la mejor seda que pudo comprar importada desde el mar del sur. La cama al igual que el resto de sus aposentos era gigantesca, más de 2 metros tanto de largo como de ancho y en el medio de la misma, aun recostando la cabeza sobre la almohada se encontraba el. Estiraba su cuerpo con los ojos abiertos mirando el techo, podía ver como la claridad entraba por la cristalera que daba a la piscina y ahora, con su diestra, rascaba su cabeza mientras bostezaba. - ¿Ya es de día? - Echo la vista a un lado para tomar el colgante que tenía sobre la mesa y parar a observarlo durante unos segundos, sin decir palabra ninguna. Tras aquello, sus ojos se abrieron de par en par a lo que se incorporó. No tardó más de 15 minutos en asearse antes de que Tezca llegara a llamar a su puerta, ojeaba uno de sus planos encima de su escritorio dando vueltas al último proyecto que tenía en mente que por raro que parezca no tenía nada que ver con volver a ser ultra millonario, o quizás si, pero eso tan solo sería algo colateral.
Pudo escuchar los pasos de alguien aproximándose a lo que inmediatamente giro su rostro hacia la puerta dejando de observar los planos del nuevo prototipo que jamás estaría a la venta. Para su sorpresa, alguien había venido a reclamarle desde temprano, sonrió al escuchar su característico ¿me entiendes? Acudiría a la llamada de la chica de oro que vino a tocar su puerta; por raro que le pareciera al principio ya se había acostumbrado a su nuevo aspecto. Acomodó sus armas, se perfumó y abrió la puerta vestido con aquel traje veraniego de lino de color crema, todavía no lo había estrenado. Era un día soleado, perfecto para aprovecharlo desde temprano ¿y que mejor que en la compañía de la gran Tezca Norova? Barald nada más se acercó acarició la cabeza de Tocho. - ¿Te engañaron no amigo? - Saludó al caballo mientras miraba a Tezca haciéndola saber con la mirada que sabía perfectamente lo que había hecho para que el caballo los acompañara. - Tan temprano y con tanta energía ... - Barald estaba de vuelta, estos últimos meses había experimentado sucesos extraños como aquel profundo dolor en su ojo derecho el cual no había mencionado a nadie.
Encendió uno de sus cigarrillos y tras una calada, exhaló una bocanada de humo gigantesca hacia un lateral; su cuerpo y sus pulmones estaban completamente descansados. Quedo quieto frente a ella, su aspecto había cambiado pero seguía siendo igual que siempre y eso era lo que más le gustaba. - ¿Una diosa benevolente? que considerada te has vuelto. - El tono sarcástico del azabache tomó sus palabras para ahora comenzar a caminar junto con Tezca y Tocho hacia el reino ya fuera del Aloha Kai. El aroma floral de la isla se mezclaba con el perfume varonil que le acompañaba y el azabache tenía especial interés en aquellos lugares que quería mostrarle ya que todavía no conocía nada de la isla. - No conozco este sitio Tezca, si ya has estado husmeando por ahí tendrás más idea que yo de dónde merece la pena ir - No sabía el porqué pero sentía que hoy iba a ser un gran día. - Así que sorpréndeme. Enséñame primero esos lugares que quiero ver - A medida que iban caminando, Barald alzaba la vista para intentar ver más allá de lo que tenía a su alrededor y la verdad que después de estar en una isla echa de nubes a más de 8000 metros de altura ya poco le sorprendía cualquier isla, aunque si le llamó la atención la gran montaña escarpada donde se encontraba aquel bosque rosado, puede que la visitara pronto, necesitaba conseguir materiales, pero hoy no era el día para eso. - Por cierto ¿conseguiste lo que te pedí? - El sabía que todo cuanto existiera en el mundo, Tezca sería capaz de encontrarlo. Pronto llegarían al reino, pero mientras tanto, ambos tendrían un rato para hablar.
Pudo escuchar los pasos de alguien aproximándose a lo que inmediatamente giro su rostro hacia la puerta dejando de observar los planos del nuevo prototipo que jamás estaría a la venta. Para su sorpresa, alguien había venido a reclamarle desde temprano, sonrió al escuchar su característico ¿me entiendes? Acudiría a la llamada de la chica de oro que vino a tocar su puerta; por raro que le pareciera al principio ya se había acostumbrado a su nuevo aspecto. Acomodó sus armas, se perfumó y abrió la puerta vestido con aquel traje veraniego de lino de color crema, todavía no lo había estrenado. Era un día soleado, perfecto para aprovecharlo desde temprano ¿y que mejor que en la compañía de la gran Tezca Norova? Barald nada más se acercó acarició la cabeza de Tocho. - ¿Te engañaron no amigo? - Saludó al caballo mientras miraba a Tezca haciéndola saber con la mirada que sabía perfectamente lo que había hecho para que el caballo los acompañara. - Tan temprano y con tanta energía ... - Barald estaba de vuelta, estos últimos meses había experimentado sucesos extraños como aquel profundo dolor en su ojo derecho el cual no había mencionado a nadie.
Encendió uno de sus cigarrillos y tras una calada, exhaló una bocanada de humo gigantesca hacia un lateral; su cuerpo y sus pulmones estaban completamente descansados. Quedo quieto frente a ella, su aspecto había cambiado pero seguía siendo igual que siempre y eso era lo que más le gustaba. - ¿Una diosa benevolente? que considerada te has vuelto. - El tono sarcástico del azabache tomó sus palabras para ahora comenzar a caminar junto con Tezca y Tocho hacia el reino ya fuera del Aloha Kai. El aroma floral de la isla se mezclaba con el perfume varonil que le acompañaba y el azabache tenía especial interés en aquellos lugares que quería mostrarle ya que todavía no conocía nada de la isla. - No conozco este sitio Tezca, si ya has estado husmeando por ahí tendrás más idea que yo de dónde merece la pena ir - No sabía el porqué pero sentía que hoy iba a ser un gran día. - Así que sorpréndeme. Enséñame primero esos lugares que quiero ver - A medida que iban caminando, Barald alzaba la vista para intentar ver más allá de lo que tenía a su alrededor y la verdad que después de estar en una isla echa de nubes a más de 8000 metros de altura ya poco le sorprendía cualquier isla, aunque si le llamó la atención la gran montaña escarpada donde se encontraba aquel bosque rosado, puede que la visitara pronto, necesitaba conseguir materiales, pero hoy no era el día para eso. - Por cierto ¿conseguiste lo que te pedí? - El sabía que todo cuanto existiera en el mundo, Tezca sería capaz de encontrarlo. Pronto llegarían al reino, pero mientras tanto, ambos tendrían un rato para hablar.
Cofre del Tesoro
![[Imagen: FIRMA.jpg]](https://i.ibb.co/SXXG5bYt/FIRMA.jpg)
