11-09-2026, 09:07 PM
Cuartel de la Armada Revolucionaria, Ciudad Kamome, República de Mogaro, Nuevo Mundo
8:00 de la mañana, día 30 de verano, Año 18.
8:00 de la mañana, día 30 de verano, Año 18.
Una mañana más, el Comandante de los Ejércitos del West Blue de la Armada Revolucionaria, se levantó de su cama, pesadamente pues otra noche más había padecido de insomnio, y se dispuso a hacer su rutina habitual mañanera: desayuno potente con alto contenido en hidratos, proteínas y cafeína, vamos, lo que viene siendo huevos frescos fritos con chorizo y bacon, y media hogaza de pan y un litro de café cargado, cortado con un poco de leche y algo de azúcar, que, como decía su padre que era bastante risueño, para amarga ya está la vida. Sonrió con cierta nostalgia al recordar a su padre mientras daba cuenta de manera asombrosamente rápida del desayuno.
"Dime, Yamigiri... ¿qué pensaría el viejo si me viese ahora?¿Si viese todo lo que hemos hecho...?
No esperaba una respuesta, evidentemente, pero recordó que su padre a aquel desayuno le llamaba el "tapa-arterias" y no pudo reprimir una carcajada. Realmente, tenía razón el viejo señor Kageyama, pero Kisuke pensaba quemar todo ese desayuno, puesto que hoy no tenía nada programado en su apretada agenda como alto mando del Ejército Revolucionario, por lo que haría algo que llevaba mucho tiempo deseando, y que, por las circunstancias de su posición no había podido aún, a pesar de haber pasado casi tres meses desde que consiguieron acabar con el hijo de la gran puta del Conde Adam, que era entrenar con las katanas que había conseguido en el castillo del pervertido y depravado mink león.
"Realmente cumplí con mi palabra y le hice abono por compostaje para los huertos de la isla con su cadáver... kuhahahaha..."
Kisuke, de manera general, no disfrutaba matando, aunque a veces se viese obligado a ello, pero en su fuero interno, sabía que había disfrutado siniestramente de haber acabado con semejante bastardo cabrón, y más aún de la manera en la que lo había hecho. Desde que habían liberado a todos los rehenes y prisioneros del degenerado mink, los miembros de la Armada Revolucionaria se habían volcado en ayudar a las víctimas, lo que llenaba de orgullo por sus subordinados y amigos al antiguo pescador. Él mismo le había hecho entrega de un uniforme de recluta al joven Gregory, que los adoraba por haber ayudado a su hermana.
"El futuro de la revolución está en ellos, sin duda..."
La joven Charlotte, había ido progresando poco a poco. Era mucho por lo que había pasado, así como el resto de rehenes y víctimas, por lo que Kisuke se había encargado personalmente de que se les diese tratamiento psicológico, ayudas económicas durante el bache de la recuperación, y, por supuesto, una vivienda digna y oportunidades laborales, específicas para los talentos de cada uno de manera individual. Eso lo dejó muy claro el comandante, que la mejor manera de aprovechar el talento de la gente es potenciando esos talentos, no suprimiéndolos por otros con más "mercado". No obstante, aunque esto era algo general para todas las víctimas, Kisuke y Panda habían cogido especial cariño a la pareja de hermanos, por lo que Kisuke, que había liberado literalmente a la joven de las garras de Adam, iba a visitarlos regularmente para comprobar su estado. Esa mañana aprovecharía para hacerles una visita a ambos, de camino a su entrenamiento. Pero este hilo de pensamientos mientras fumaba un cigarrillo post-desayuno se vio interrumpido por la llamada de la naturaleza, que apareció con un potente retortijón para el antiguo pescador.
"Ufff... es una Ley Universal, café y cigarro... muñeco de barro... kuhahahahaha...
Fue inmediatamente al baño donde hizo su trabajo diario, y se dio una ducha vigorizante después, para estar bien aseado. No era tan obsesivo con su aspecto como Shirohime, evidentemente, eso era imposible, pero tenía que cuidar su imagen puesto que era una de las caras más visibles de la revolución, y no iba a darles a los hijos de puta vende-burras del Gobierno Mundial un argumento, aunque fuese de mierda por ser tan superficial, para criticar a la Armada Revolucionaria. Así que una vez concluidas sus labores en el baño, se vistió con su ropa de entrenamiento, se anudó a la cintura en la cadera derecha sus nuevas katanas y en la izquierda a Yamigiri, como era costumbre desde siempre, y salió por la puerta y del cuartel encaminándose a la casa de los hermanos, pasando por la cocina a por un fardo que había encargado a los cocineros donde había una olla con un guiso típico de su madre, al que llamaba "cocido". Era un suculento guiso de garbanzos con patata zanahoria y puerro y mucha carne, tanto de cerdo como ternera y pollo, por lo que era muy nutritivo y potente. Miró dentro a ver si estaban allí su toque personal y era una cosa que le enseñó su madre a hacer, de lo poco que sabía de cocina que era prácticamente nada, que eran unos fritos de masa de pan rallado con huevo ajo y perejil que llamaban rellenos. Estos eran un agregado estupendo y esperaba que los hermanos disfrutasen de tremendo manjar.
Durante su trayecto, como era habitual desde que el antiguo régimen cayó, la gente le saludaba con gratitud y respeto, y muchos le pedían ayuda y consejo. Kisuke era lo más paciente que podía, y trataba de ser amable aunque no siempre lo conseguía, pero iba acostumbrándose, lentamente, pero lo hacia, a esa forma de cariño de la gente de a pie. No era algo que él hubiese querido ni deseado, pero era lo que había tocado vivir dad su posición y sus acciones en aquel lugar. Tras un rato, en esta ocasión más largo de lo habitual, quizá debido al rescate de las mujeres de las garras del Conde Adam, llegó a la casa de los hermanos. Tras unos saludos iniciales habituales, el antiguo pescador dejo el fardo con la enorme olla en la cocina.
-Os he traído un guiso que hacía mi madre y del cual tenía la receta, espero que os guste... kuhahaha...
No se entretuvo mucho, pero le alegró ver que estaban bien y que Charlotte estaba bastante mejor. No quería entretenerse mucho, puesto que tenía pocas oportunidades para hacer lo que quería y ese era uno de esos días, por lo que tenía mucho que hacer. Se interesó preguntando directamente por los estudios del muchacho y por la salud de Charlotte, y se dispuso a marcharse.
-Recluta, Gregorovitch, recuerde ser diligente en los estudios. El primer músculo que un guerrero debe entrenar es el cerebro, no lo olvide y sea aplicado... Tú tómalo con calma Charlotte, y cualquier cosa que necesitéis, venid a vernos, sin ningún problema... Nos vemos....
Alzó la mano despidiéndose mientras caminaba y se puso en camino a su lugar de entrenamiento de siempre. Porque si, le esperaba una larga y ardua jornada de entrenamiento con sus nuevas espadas que aún no había sacado ni de su vaina. Tenía mucho trabajo por delante y poco tiempo en realidad. También había pensado en una técnica para desarrollar con sus poderes de akuma no mi, pero aún no era el momento y tenía que acostumbrarse a sus nuevas espadas antes de volver a entrar en combate; era algo crucial para un espadachín como él.
"A ver que puedo conseguir de estas dos..."
Por lo pronto, al atarlas a su cinturón, había comprobado que eran ligeramente más pesadas que Onikiba y Sode no Shirayuki, pero también le ofrecían un agarre mejor que el de estas, y, aunque no había visto la hoja y el filo de ellas aún, estaba seguro que no serían inferiores a los de sus otras katanas. En ese momento, recordó el último ataque que consiguió asestarle el cabrón del mink, antes de que Kisuke le decapitase, y reflexionó unos instantes sobre eso. No parecía un poder de akuma no mi, eso estaba seguro, pero el único "poder extraño" que conocía Kisuke era el haki, aunque aquello que utilizó ese pervertido era algo que no había visto nunca. No tenía idea de que podía ser, quizá estuviese relacionado con ser un mink o puede que si tuviese que ver algo con el haki. No tenía modo de saberlo, sin embargo, pero consultaría a Panda, que era el más versado de sus hombres, si llegaba a acordarse en algún momento, puesto que era algo que podía ser muy provechoso en una batalla si podían utilizarlo, claro.
"Estoy seguro que ese furro de biblioteca ya está sobre la pista de eso... menudo es él que no se le escapa una... kuhahahahaha....
Tras otra media hora de caminar reflexionando y pensando en todas estas cuestiones, el antiguo pescador llegó a su habitual lugar de entrenamiento. Sonrió ligeramente, mientras la luz del sol que se filtraba entre los árboles en aquel claro, le acariciaba la cara con la calidez del verano de Mogaro. Pese a ello, no era una "buena" señal para Kisuke, porque apenas eran las diez de la mañana y ya hacía calor, así que a las cuatro de la tarde aquello sería infernal. Dejo su petate apoyado en un árbol a la sombra, y llevo el odre de agua a sumergirlo en el arroyuelo montañoso que cruzaba por aquella zona, donde se mantendría fresca. Miró en su entorno a ver si veía algo de interés y, al no ver nada, se puso manos a la obra con unos estiramientos. Luego de esto, cuando ya estaba sudando, pasó a desenvainar las katanas. Por algún motivo que no comprendía, no había llegado a hacerlo hasta ahora, pero ya era tiempo de conocer a sus nuevas compañeras.
"Veamos que tal se portan estas muchachas..."
Miró atentamente las hojas de ambas, pero como era un cateto en este campo, no tenía ni idea de que estaba mirando, simplemente que la forma de la suguha era idéntica en ambas katanas y el color del acero prácticamente igual. No sabía que significaba aquello, pero le dio la sensación que aquellas espadas habían pasado por las mismas manos; que habían sido forjadas por la misma persona, vaya. Recordaba haber visto los caracteres de sus vainas, al igual que en el de Yamigiri, y con sus pocos conocimientos en esas lenguas, las llamó Sembonsakura y Benisakura, parecían espadas hermanas sin duda.
"Interesante... a ver qué podéis ofrecerme..."
Comenzó a hacer sus ejercicios de entrenamiento clásicos para su habilidad con la espada, llevándolas al límite, haciendo combinaciones de estocadas y tajos con ambas espadas, en su fluido estilo de nitroryuu, enlazando ataques y defensas contra enemigos imaginarios sin descanso, tratando de no hacer movimientos innecesarios. Por último, usó su técnica insignia antes de empezar con la meditación, que llevaría consigo otro tipo de entrenamiento, más introspectivo, como bien sabía.
-Nitoryuu nigiri: Furiko Nage...
Realizó el ataque con el que terminó de romper la defensa del Conde Adam, que parecía impenetrable, hasta que con este ataque, fue capaz de asestar otro golpe que acabo siendo mortal de necesidad en el cuello del degenerado mink. Cuando terminó, paró evaluando con pensamiento crítico sus nuevas katanas, pensando en lo que le transmitían, y en lo que era capaz de hacer con ellas, al menos entrenando.
"Puedo sentirlo... son mejores espadas que Onikiba y Sode no Shirayuki... pero aún no están al nivel de potencia y velocidad, así como de sincronía, que tengo con Yamigiri..."
Reflexionó sobre esto unos instantes, puesto que era importante. Sin lugar a dudas, aquello era una mejora sustancial en su arsenal, pero no era nada loco ni descabellado, puesto que Yamigiri seguía siendo la mejor arma que tenía. No obstante, era lo que esperaba de aquellas katanas cuando las encontró en el despacho de aquel furro cabrón. Por lo tanto, una de ellas se convertiría en su espada secundaria y la otra sería la de apoyo por si acaso; un poco como le pasaba a Sode no Shirayuki desde que recuperó el antiguo pescador a Yamigiri. Ahora venía la parte más difícil y complicada, empezar a conectar con sus armas, y era algo a tener en cuenta, puesto que las espadas tienen su propia voluntad y si no eres capaz de conectar con ellas, no te serán de utilidad y seguramente acabes muerto.
"No puedo retrasarlo más... voy a necesitar de ellas más temprano que tarde..."
Se sentó a la sombra de un árbol, en la postura de la flor de loto, con ambas espadas en el regazo, y también Yamigiri. Podía ser positivo que estuviese presente su viejo amigo, quizá así no sería un encuentro tan incómodo como temía el antiguo pescador que podía llegar a ser. Cerró los ojos y vació su mente, sumergiéndose en lo más profundo de la misma, hacia las zonas abisales de su inconsciente donde moraban, o eso siempre había creído Kisuke, el alma de sus katanas.
-Ha pasado un tiempo... Kisuke... hiciste muy buen trabajo con el mink aquel, disfrutamos mucho el combate...
Yamigiri había hablado, con su profunda y rasposa voz, como siempre. Kisuke activó su kenbunshoku básico en un radio de 50 metros, aunque no le hacía ninguna falta, cononocía lo suficiente a su katana, para saber que después de un halago de su viejo amigo, siempre venía un palo. Y no se equivocaba cuando le miró a los ojos interrogante, esperando a que continuase el bueno de Yamigiri.
-Adivinas bien... siempre hay un pero... es cierto que usaste muy bien el escudo de la revolución como señuelo, pero sigue siendo algo provisional, necesitas mucho más que eso para ser un guerrero completo, Kisuke....
Kisuke hizo una mueca como una media sonrisa sarcástica, y le miró a los ojos. Por el momento, no habían hecho acto de presencia ninguna de las dos nuevas katanas. Parecía como si estuviesen dando su espacio a Yamigiri para charlar primero con Kisuke.
-Mi padre siempre decía que todo lo que hay antes de un pero queda invalidado por este...
Yamigiri se rio profundamente con una sonora carcajada y le miro con cierta nostalgia y algo de inquietud.
-Tu padre... ¡ay, tu padre! Un hombre sabio sin duda... pero ya llegará el día en el que hablemos de él...
Aquello pilló con la guardia baja a Kisuke. No esperaba que Yamigiri conociese a su viejo, pero claro, era evidente que fue su anterior portador puesto que se la dejó como herencia, tenía todo el sentido del mundo que le conociese. Por un instante se sintió tentado de intentar convencer a Yamigiri de que le hablase de su padre, pero no estaba allí por eso y su tiempo era muy limitado, por lo que mejor ir a lo que había ido hasta allí. Cuando esa decisión fue procesada en su cabeza, dos presencias irrumpieron en el radar de Kisuke, a su espalda.
Kisuke se giró para observar a los recién llegados. Tenían cierto parecido y podía sentir con su kenbunshoku que su poder superaba al de Onikiba y Sode no Shirayuki. Uno de ellos era un hombre alto, con facciones finas y cabello negro en media melena largo. Llevaba un adorno en la cabeza que separaba su flequillo en tres mechones y tenía una mirada altiva de ojos grises. Vestía un kimono negro con un haori blanco sin mangas, una fina bufanda de color azul blanquecino y portaba en la cadera la katana que Kisuke identificó como Sembonsakura. Sus andares hacían ver que era alguien de la nobelza.
"Este sin dudas es Sembonsakura... parece un tipo duro y muy hábil..."
Fijó su atención ahora en la otra presencia, que era una mujer alta también con cuerpo tonificado y fibroso, de cabello largo escarlata atado en una coleta alta en la cabeza con una cinta verde. Su vestimenta era diferente a la de Sembonsakura. Llevaba una serie de vendas que cubrían y apretaban su generoso busto, y unos pantalones rojos anchos con unos dibujos como de llamas amarillas en la parte de abajo de las perneras de los mismos. Antes de que empezase a hablar con ellos, Sembonsakura tomó la palabra.
-Nunca pensé que mi portador sería un pordiosero pescador... No creo que dures mucho siéndolo, no obstante...
Kisuke sonrió sarcásticamente ante aquella declaración de intenciones de Sembonsakura.
-No te creas, gilipollas estirado... Conseguí domar a un oni a base de guantazos... Creo que podré hacer lo mismo con un pijeras como tú...
La mujer, que sin dudas era Benisakura, se escandalizó ante como se dirigió a Sembonsakura, Kisuke.
-No deberías hablarle así a mi hermano... Es un clasista pero es poderoso... Tal vez te lleves un buen revolcón si intentas lo que dices...
Kisuke la miró con cierto interés. Tenía una voz autoritaria y con un tono que no era conveniente ignorar, pero eso a Kisuke le importaba una mierda. No había permitido que Onikiba y Sode no Shirayuki le mangoneasen, menos lo iba a permitir con ellos.
-No te preocupes, tomatito... que a ti también te daré lo tuyo si te pasas de lista...
De repente, la muchacha desapareció de la vista de Kisuke, lo cual le sorprendió ante la velocidad con la que se movió, y no tenía activado el Kenbunshoku medio por lo que la mujer le apuñaló en las tripas sin piedad con una mirada gélida y una vena palpitando en la sien. No había usado haki, si no, Kisuke estaría en graves problemas, por lo que solo atravesó una masa de hollín en su abdomen.
-Menos humos conmigo, mugriento... Yo no seré una estirada como mi hermano, pero soy igual de fuerte que él... Así que ándate con ojo...
Dio un salto atrás de diez metros, quedando a esa distancia de Kisuke. Sembonsakura hizó un movimiento similar en el que se movió a su espalda y le apuñaló desde detrás sacando su espada por el pecho de Kisuke en el punto exacto donde estaba el corazón.
-Algo como mi Senka es lo máximo que puedes recibir... decepcionante...
Saltó alejándose también diez metros de Kisuke y le miró esbozando esbozó una sonrisa de superioridad bastante pedante, antes de hablar de nuevo.
-Benisakura... alguien que no asume quien es no puede estar jamás a mi nivel... pero tienes razón... este pordiosero no debería subestimarnos, mucho menos a mi, evidentemente...
Kisuke tras la impresión, se echó a reír, contento porque tenía un reto importante ya no solo a sus poderes de akuma no mi o de su haki, si no a su propia habilidad como espadachín con aquellos dos llevándole al límite de sus habilidades en sus entrenamientos. Aquella nueva etapa en su camino de la espada comenzaba a ponerse más que interesante.
¡¡KUHAHAHHA!!¡¡VAMOS, BENISAKURA, SEMBONSAKURA... DEMOSTRAD QUE LO QUE DECÍS ES CIERTO... PERO NO LOGRARÉIS DOBLEGAR MI VOLUNTAD!!
"Dime, Yamigiri... ¿qué pensaría el viejo si me viese ahora?¿Si viese todo lo que hemos hecho...?
No esperaba una respuesta, evidentemente, pero recordó que su padre a aquel desayuno le llamaba el "tapa-arterias" y no pudo reprimir una carcajada. Realmente, tenía razón el viejo señor Kageyama, pero Kisuke pensaba quemar todo ese desayuno, puesto que hoy no tenía nada programado en su apretada agenda como alto mando del Ejército Revolucionario, por lo que haría algo que llevaba mucho tiempo deseando, y que, por las circunstancias de su posición no había podido aún, a pesar de haber pasado casi tres meses desde que consiguieron acabar con el hijo de la gran puta del Conde Adam, que era entrenar con las katanas que había conseguido en el castillo del pervertido y depravado mink león.
"Realmente cumplí con mi palabra y le hice abono por compostaje para los huertos de la isla con su cadáver... kuhahahaha..."
Kisuke, de manera general, no disfrutaba matando, aunque a veces se viese obligado a ello, pero en su fuero interno, sabía que había disfrutado siniestramente de haber acabado con semejante bastardo cabrón, y más aún de la manera en la que lo había hecho. Desde que habían liberado a todos los rehenes y prisioneros del degenerado mink, los miembros de la Armada Revolucionaria se habían volcado en ayudar a las víctimas, lo que llenaba de orgullo por sus subordinados y amigos al antiguo pescador. Él mismo le había hecho entrega de un uniforme de recluta al joven Gregory, que los adoraba por haber ayudado a su hermana.
"El futuro de la revolución está en ellos, sin duda..."
La joven Charlotte, había ido progresando poco a poco. Era mucho por lo que había pasado, así como el resto de rehenes y víctimas, por lo que Kisuke se había encargado personalmente de que se les diese tratamiento psicológico, ayudas económicas durante el bache de la recuperación, y, por supuesto, una vivienda digna y oportunidades laborales, específicas para los talentos de cada uno de manera individual. Eso lo dejó muy claro el comandante, que la mejor manera de aprovechar el talento de la gente es potenciando esos talentos, no suprimiéndolos por otros con más "mercado". No obstante, aunque esto era algo general para todas las víctimas, Kisuke y Panda habían cogido especial cariño a la pareja de hermanos, por lo que Kisuke, que había liberado literalmente a la joven de las garras de Adam, iba a visitarlos regularmente para comprobar su estado. Esa mañana aprovecharía para hacerles una visita a ambos, de camino a su entrenamiento. Pero este hilo de pensamientos mientras fumaba un cigarrillo post-desayuno se vio interrumpido por la llamada de la naturaleza, que apareció con un potente retortijón para el antiguo pescador.
"Ufff... es una Ley Universal, café y cigarro... muñeco de barro... kuhahahahaha...
Fue inmediatamente al baño donde hizo su trabajo diario, y se dio una ducha vigorizante después, para estar bien aseado. No era tan obsesivo con su aspecto como Shirohime, evidentemente, eso era imposible, pero tenía que cuidar su imagen puesto que era una de las caras más visibles de la revolución, y no iba a darles a los hijos de puta vende-burras del Gobierno Mundial un argumento, aunque fuese de mierda por ser tan superficial, para criticar a la Armada Revolucionaria. Así que una vez concluidas sus labores en el baño, se vistió con su ropa de entrenamiento, se anudó a la cintura en la cadera derecha sus nuevas katanas y en la izquierda a Yamigiri, como era costumbre desde siempre, y salió por la puerta y del cuartel encaminándose a la casa de los hermanos, pasando por la cocina a por un fardo que había encargado a los cocineros donde había una olla con un guiso típico de su madre, al que llamaba "cocido". Era un suculento guiso de garbanzos con patata zanahoria y puerro y mucha carne, tanto de cerdo como ternera y pollo, por lo que era muy nutritivo y potente. Miró dentro a ver si estaban allí su toque personal y era una cosa que le enseñó su madre a hacer, de lo poco que sabía de cocina que era prácticamente nada, que eran unos fritos de masa de pan rallado con huevo ajo y perejil que llamaban rellenos. Estos eran un agregado estupendo y esperaba que los hermanos disfrutasen de tremendo manjar.
Durante su trayecto, como era habitual desde que el antiguo régimen cayó, la gente le saludaba con gratitud y respeto, y muchos le pedían ayuda y consejo. Kisuke era lo más paciente que podía, y trataba de ser amable aunque no siempre lo conseguía, pero iba acostumbrándose, lentamente, pero lo hacia, a esa forma de cariño de la gente de a pie. No era algo que él hubiese querido ni deseado, pero era lo que había tocado vivir dad su posición y sus acciones en aquel lugar. Tras un rato, en esta ocasión más largo de lo habitual, quizá debido al rescate de las mujeres de las garras del Conde Adam, llegó a la casa de los hermanos. Tras unos saludos iniciales habituales, el antiguo pescador dejo el fardo con la enorme olla en la cocina.
-Os he traído un guiso que hacía mi madre y del cual tenía la receta, espero que os guste... kuhahaha...
No se entretuvo mucho, pero le alegró ver que estaban bien y que Charlotte estaba bastante mejor. No quería entretenerse mucho, puesto que tenía pocas oportunidades para hacer lo que quería y ese era uno de esos días, por lo que tenía mucho que hacer. Se interesó preguntando directamente por los estudios del muchacho y por la salud de Charlotte, y se dispuso a marcharse.
-Recluta, Gregorovitch, recuerde ser diligente en los estudios. El primer músculo que un guerrero debe entrenar es el cerebro, no lo olvide y sea aplicado... Tú tómalo con calma Charlotte, y cualquier cosa que necesitéis, venid a vernos, sin ningún problema... Nos vemos....
Alzó la mano despidiéndose mientras caminaba y se puso en camino a su lugar de entrenamiento de siempre. Porque si, le esperaba una larga y ardua jornada de entrenamiento con sus nuevas espadas que aún no había sacado ni de su vaina. Tenía mucho trabajo por delante y poco tiempo en realidad. También había pensado en una técnica para desarrollar con sus poderes de akuma no mi, pero aún no era el momento y tenía que acostumbrarse a sus nuevas espadas antes de volver a entrar en combate; era algo crucial para un espadachín como él.
"A ver que puedo conseguir de estas dos..."
Por lo pronto, al atarlas a su cinturón, había comprobado que eran ligeramente más pesadas que Onikiba y Sode no Shirayuki, pero también le ofrecían un agarre mejor que el de estas, y, aunque no había visto la hoja y el filo de ellas aún, estaba seguro que no serían inferiores a los de sus otras katanas. En ese momento, recordó el último ataque que consiguió asestarle el cabrón del mink, antes de que Kisuke le decapitase, y reflexionó unos instantes sobre eso. No parecía un poder de akuma no mi, eso estaba seguro, pero el único "poder extraño" que conocía Kisuke era el haki, aunque aquello que utilizó ese pervertido era algo que no había visto nunca. No tenía idea de que podía ser, quizá estuviese relacionado con ser un mink o puede que si tuviese que ver algo con el haki. No tenía modo de saberlo, sin embargo, pero consultaría a Panda, que era el más versado de sus hombres, si llegaba a acordarse en algún momento, puesto que era algo que podía ser muy provechoso en una batalla si podían utilizarlo, claro.
"Estoy seguro que ese furro de biblioteca ya está sobre la pista de eso... menudo es él que no se le escapa una... kuhahahahaha....
Tras otra media hora de caminar reflexionando y pensando en todas estas cuestiones, el antiguo pescador llegó a su habitual lugar de entrenamiento. Sonrió ligeramente, mientras la luz del sol que se filtraba entre los árboles en aquel claro, le acariciaba la cara con la calidez del verano de Mogaro. Pese a ello, no era una "buena" señal para Kisuke, porque apenas eran las diez de la mañana y ya hacía calor, así que a las cuatro de la tarde aquello sería infernal. Dejo su petate apoyado en un árbol a la sombra, y llevo el odre de agua a sumergirlo en el arroyuelo montañoso que cruzaba por aquella zona, donde se mantendría fresca. Miró en su entorno a ver si veía algo de interés y, al no ver nada, se puso manos a la obra con unos estiramientos. Luego de esto, cuando ya estaba sudando, pasó a desenvainar las katanas. Por algún motivo que no comprendía, no había llegado a hacerlo hasta ahora, pero ya era tiempo de conocer a sus nuevas compañeras.
"Veamos que tal se portan estas muchachas..."
Miró atentamente las hojas de ambas, pero como era un cateto en este campo, no tenía ni idea de que estaba mirando, simplemente que la forma de la suguha era idéntica en ambas katanas y el color del acero prácticamente igual. No sabía que significaba aquello, pero le dio la sensación que aquellas espadas habían pasado por las mismas manos; que habían sido forjadas por la misma persona, vaya. Recordaba haber visto los caracteres de sus vainas, al igual que en el de Yamigiri, y con sus pocos conocimientos en esas lenguas, las llamó Sembonsakura y Benisakura, parecían espadas hermanas sin duda.
"Interesante... a ver qué podéis ofrecerme..."
Comenzó a hacer sus ejercicios de entrenamiento clásicos para su habilidad con la espada, llevándolas al límite, haciendo combinaciones de estocadas y tajos con ambas espadas, en su fluido estilo de nitroryuu, enlazando ataques y defensas contra enemigos imaginarios sin descanso, tratando de no hacer movimientos innecesarios. Por último, usó su técnica insignia antes de empezar con la meditación, que llevaría consigo otro tipo de entrenamiento, más introspectivo, como bien sabía.
-Nitoryuu nigiri: Furiko Nage...
Realizó el ataque con el que terminó de romper la defensa del Conde Adam, que parecía impenetrable, hasta que con este ataque, fue capaz de asestar otro golpe que acabo siendo mortal de necesidad en el cuello del degenerado mink. Cuando terminó, paró evaluando con pensamiento crítico sus nuevas katanas, pensando en lo que le transmitían, y en lo que era capaz de hacer con ellas, al menos entrenando.
"Puedo sentirlo... son mejores espadas que Onikiba y Sode no Shirayuki... pero aún no están al nivel de potencia y velocidad, así como de sincronía, que tengo con Yamigiri..."
Reflexionó sobre esto unos instantes, puesto que era importante. Sin lugar a dudas, aquello era una mejora sustancial en su arsenal, pero no era nada loco ni descabellado, puesto que Yamigiri seguía siendo la mejor arma que tenía. No obstante, era lo que esperaba de aquellas katanas cuando las encontró en el despacho de aquel furro cabrón. Por lo tanto, una de ellas se convertiría en su espada secundaria y la otra sería la de apoyo por si acaso; un poco como le pasaba a Sode no Shirayuki desde que recuperó el antiguo pescador a Yamigiri. Ahora venía la parte más difícil y complicada, empezar a conectar con sus armas, y era algo a tener en cuenta, puesto que las espadas tienen su propia voluntad y si no eres capaz de conectar con ellas, no te serán de utilidad y seguramente acabes muerto.
"No puedo retrasarlo más... voy a necesitar de ellas más temprano que tarde..."
Se sentó a la sombra de un árbol, en la postura de la flor de loto, con ambas espadas en el regazo, y también Yamigiri. Podía ser positivo que estuviese presente su viejo amigo, quizá así no sería un encuentro tan incómodo como temía el antiguo pescador que podía llegar a ser. Cerró los ojos y vació su mente, sumergiéndose en lo más profundo de la misma, hacia las zonas abisales de su inconsciente donde moraban, o eso siempre había creído Kisuke, el alma de sus katanas.
-Ha pasado un tiempo... Kisuke... hiciste muy buen trabajo con el mink aquel, disfrutamos mucho el combate...
Yamigiri había hablado, con su profunda y rasposa voz, como siempre. Kisuke activó su kenbunshoku básico en un radio de 50 metros, aunque no le hacía ninguna falta, cononocía lo suficiente a su katana, para saber que después de un halago de su viejo amigo, siempre venía un palo. Y no se equivocaba cuando le miró a los ojos interrogante, esperando a que continuase el bueno de Yamigiri.
-Adivinas bien... siempre hay un pero... es cierto que usaste muy bien el escudo de la revolución como señuelo, pero sigue siendo algo provisional, necesitas mucho más que eso para ser un guerrero completo, Kisuke....
Kisuke hizo una mueca como una media sonrisa sarcástica, y le miró a los ojos. Por el momento, no habían hecho acto de presencia ninguna de las dos nuevas katanas. Parecía como si estuviesen dando su espacio a Yamigiri para charlar primero con Kisuke.
-Mi padre siempre decía que todo lo que hay antes de un pero queda invalidado por este...
Yamigiri se rio profundamente con una sonora carcajada y le miro con cierta nostalgia y algo de inquietud.
-Tu padre... ¡ay, tu padre! Un hombre sabio sin duda... pero ya llegará el día en el que hablemos de él...
Aquello pilló con la guardia baja a Kisuke. No esperaba que Yamigiri conociese a su viejo, pero claro, era evidente que fue su anterior portador puesto que se la dejó como herencia, tenía todo el sentido del mundo que le conociese. Por un instante se sintió tentado de intentar convencer a Yamigiri de que le hablase de su padre, pero no estaba allí por eso y su tiempo era muy limitado, por lo que mejor ir a lo que había ido hasta allí. Cuando esa decisión fue procesada en su cabeza, dos presencias irrumpieron en el radar de Kisuke, a su espalda.
Kisuke se giró para observar a los recién llegados. Tenían cierto parecido y podía sentir con su kenbunshoku que su poder superaba al de Onikiba y Sode no Shirayuki. Uno de ellos era un hombre alto, con facciones finas y cabello negro en media melena largo. Llevaba un adorno en la cabeza que separaba su flequillo en tres mechones y tenía una mirada altiva de ojos grises. Vestía un kimono negro con un haori blanco sin mangas, una fina bufanda de color azul blanquecino y portaba en la cadera la katana que Kisuke identificó como Sembonsakura. Sus andares hacían ver que era alguien de la nobelza.
"Este sin dudas es Sembonsakura... parece un tipo duro y muy hábil..."
Fijó su atención ahora en la otra presencia, que era una mujer alta también con cuerpo tonificado y fibroso, de cabello largo escarlata atado en una coleta alta en la cabeza con una cinta verde. Su vestimenta era diferente a la de Sembonsakura. Llevaba una serie de vendas que cubrían y apretaban su generoso busto, y unos pantalones rojos anchos con unos dibujos como de llamas amarillas en la parte de abajo de las perneras de los mismos. Antes de que empezase a hablar con ellos, Sembonsakura tomó la palabra.
-Nunca pensé que mi portador sería un pordiosero pescador... No creo que dures mucho siéndolo, no obstante...
Kisuke sonrió sarcásticamente ante aquella declaración de intenciones de Sembonsakura.
-No te creas, gilipollas estirado... Conseguí domar a un oni a base de guantazos... Creo que podré hacer lo mismo con un pijeras como tú...
La mujer, que sin dudas era Benisakura, se escandalizó ante como se dirigió a Sembonsakura, Kisuke.
-No deberías hablarle así a mi hermano... Es un clasista pero es poderoso... Tal vez te lleves un buen revolcón si intentas lo que dices...
Kisuke la miró con cierto interés. Tenía una voz autoritaria y con un tono que no era conveniente ignorar, pero eso a Kisuke le importaba una mierda. No había permitido que Onikiba y Sode no Shirayuki le mangoneasen, menos lo iba a permitir con ellos.
-No te preocupes, tomatito... que a ti también te daré lo tuyo si te pasas de lista...
De repente, la muchacha desapareció de la vista de Kisuke, lo cual le sorprendió ante la velocidad con la que se movió, y no tenía activado el Kenbunshoku medio por lo que la mujer le apuñaló en las tripas sin piedad con una mirada gélida y una vena palpitando en la sien. No había usado haki, si no, Kisuke estaría en graves problemas, por lo que solo atravesó una masa de hollín en su abdomen.
-Menos humos conmigo, mugriento... Yo no seré una estirada como mi hermano, pero soy igual de fuerte que él... Así que ándate con ojo...
Dio un salto atrás de diez metros, quedando a esa distancia de Kisuke. Sembonsakura hizó un movimiento similar en el que se movió a su espalda y le apuñaló desde detrás sacando su espada por el pecho de Kisuke en el punto exacto donde estaba el corazón.
-Algo como mi Senka es lo máximo que puedes recibir... decepcionante...
Saltó alejándose también diez metros de Kisuke y le miró esbozando esbozó una sonrisa de superioridad bastante pedante, antes de hablar de nuevo.
-Benisakura... alguien que no asume quien es no puede estar jamás a mi nivel... pero tienes razón... este pordiosero no debería subestimarnos, mucho menos a mi, evidentemente...
Kisuke tras la impresión, se echó a reír, contento porque tenía un reto importante ya no solo a sus poderes de akuma no mi o de su haki, si no a su propia habilidad como espadachín con aquellos dos llevándole al límite de sus habilidades en sus entrenamientos. Aquella nueva etapa en su camino de la espada comenzaba a ponerse más que interesante.
¡¡KUHAHAHHA!!¡¡VAMOS, BENISAKURA, SEMBONSAKURA... DEMOSTRAD QUE LO QUE DECÍS ES CIERTO... PERO NO LOGRARÉIS DOBLEGAR MI VOLUNTAD!!
