Después de pasar una larga temporada en la casa de mi amada abuela, había llegado el momento de partir, durante estos días había encontrado una tranquilidad que pocas veces encontraba en mi casa, sin embargo mi partida no se debía simplemente a un deseo de continuar mi viaje, sino a una responsabilidad que debía cumplir con la marina pues días atrás había recibido un documento relacionado con cierto elemento que debía reclutar en Isla Roshwan, aquella información había cambiado por completo mis planes y era evidente que debía reaccionar lo más pronto posible, obligándome a preparar nuevamente mis cosas y ponerme en movimiento, realmente no quería partir ahora.
Pero como capitana de aquella unidad, sabía que no podía limitarme a permanecer en un solo lugar esperando que las circunstancias se resolvieran por sí mismas,mi posición implicaba tomar decisiones, atender asuntos constantemente y sobre todo, estar dispuesta a desplazarme cuando la situación lo exigiera como en esta ocasión, mi abuela comprendía perfectamente aquella responsabilidad, aunque no aceptaba del todo la idea de verme partir nuevamente, sabía que intentar detenerme sería inútil. Había reconocido esa expresión en mis ojos demasiadas veces…esa voluntad que siempre desafiaba su filosofía,terminó resignándose.
Éramos cuatro en aquella isla Jesse, Seraphim, Nyxara y, evidentemente, yo. La noche anterior decidí pedirle a Nyxara que me acompañara a esta aventura, pues sus habilidades como médica me serían de bastante utilidad durante el viaje y considerando la misión que teníamos por delante, contar con alguien capaz de atender cualquier herida era una ventaja que no podía desaprovechar. Por otra parte Jesse y Seraphim partirían después ya que tenian cuentas pendientes en esta isla, así que por el momento seríamos nosotras quienes nos encargaríamos de avanzar hacia nuestro próximo destino.
Por otra parte tan pronto recibí aquel documento, también pensé en Arceo, mi gigante especial, no dude en enviarle una carta para que comenzara a prepararse. Hasta donde tenía entendido, mi amigo colosal formaba parte de esta división, pero por motivos que prefería ignorar, todavía se encontraba en Baterilla. Así que tomé papel y tinta para explicarle la situación, aunque sabía que hacerlo por escrito podía resultar complicado, debido a su problema con el lenguaje; asi que además de las palabras, decidí acompañar la carta con algunos dibujos que pudieran ayudarle a comprender mejor mis indicaciones. Esperaba que aquello fuera suficiente para que entendiera que debía reunirse con nosotras cuanto antes. Hasta donde sabía aquel gigante era un excelente navegante, y si había algo que necesitábamos para aquella misión, era precisamente alguien capaz de guiarnos por el mar sin terminar perdidos. Una vez terminada la carta, solo quedaba enviarla y confiar en que mi enorme compañero comprendiera el mensaje.
Ahora nos encontrábamos en el muelle a punto de abordar el barco que nos llevaría a nuestro destino, caminando con nuestras maletas, la joven Nyxara se despidió de mi abuela con mucha cordialidad mientras de se adelantaba a presentar nuestros documentos, mi abuela se quedó conmigo para darme un abrazo –Por favor…regresa pronto, y cuida de esa muchacha…tiene un futuro por delante, seguramente sera una buena esposa – ante sus palabras rei levemente mientras trataba de desviar el tema –Abuela, perdoname que me vaya antes…pero prometo que regresare cuando pueda, te escribire– mencione tras tomar mi maleta con firmeza pero mi abuela me detuvo para darme la bolsa enorme que traia con ella —Ten, sé que es poco pero…les servira para dos dias, por favor, no olviden comer, estan muy delgadas– menciono mi abuela con serenidad a lo que deje salir un suspiro, pero…era mi abuela, esa era su forma de expresar su amor y…ella fue quien me crio, de pronto esos recuerdos aparecieron en mi memoria y sonriendo casi en lagrimas —Gracias por todo…abuela…– tragando el nudo, deje salir una enorme sonria para despedirme finalmente de mi abuela, pronto subiria al barco y me colocaria a la par de Nyxara para despedirme de aquella mujer que me dio todo sin renegar.
¡CUIDANSE! ¡REGRESEN PRONTO! ¡NYXARA NO OLVIDES COMER MUCHO!
Y ante los consejos de una anciana cuya coraza parecia ser dura, el barco comenzo su andar, las lagrimas de aquellas mujeres se convirtieron en gotas de perlas que trazaban un amargo pero dulce recuerdo.

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