03-09-2026, 05:12 PM
(Última modificación: 03-09-2026, 05:13 PM por Kael Omuyaga.)
Kael permaneció completamente inmóvil mientras escuchaba cada una de sus palabras, sin interrumpirla una sola vez. Ni siquiera cuando ella comenzó a devolverle, una por una, las mismas cartas que él había decidido poner sobre la mesa. ¿Había esperado resistencia? Naturalmente. ¿Orgullo? Solamente para descubrir su estatus social. ¿Osadía? Tan solo en dependencia de la respuesta a la pregunta anterior.
Pero no había contemplado la posibilidad de que fuera a negar lo evidente.
Esa mujer, por algún método o forma desconocida, había conseguido previamente despertar el interés del marine, malgastando su valioso tiempo en una mujer que no entregaba en bandeja las cosas de forma sencilla. No era una mujer obediente, o al menos no alguien que pudiera ser sometida con facilidad ante las figuras de autoridad. Algo de respaldo debía creer poseer si se tomaba tantas molestias como para seguir probando su suerte contra alguien que repetidamente insistía con llevarla hasta la celda.
Y eso, ya le estaba dando una pista.
Cree que puede superarle en su propio juego, que puede hacerle dudar aunque sea un solo ápice, demostrando que ella había conseguido hacerle dudar, o incluso, intimidarle. ¿De verdad se creía con esa capacidad frente a él?
Aún así, algo no terminaba de encajar.
Kael quedó inmóvil en el sitio mientras ella continuaba hablando, tomándose su tiempo para pensar, y comprenderla. Una cosa era cierta, y aunque jamás la transmitiría en voz alta, ella lo había dejado entrever con bastante facilidad: sus superiores eran extremadamente negligentes.
Ella hablaba en un lenguaje que la asqueaba, ofreciéndole dinero para salir del paso en aquella situación, y ni siquiera se mostraba un solo ápice de flaqueza en hacerlo. ¿Acaso no era la primera vez que recurría a artimañas como la que le había mostrado?
La fina línea entre una criminal y una noble mimada estaba llegando a desdibujarse por momentos, y ella seguía aferrada a haber encontrado una mentira que ni siquiera existía, una en la que sin lugar a dudas trataría de utilizar como escudo si él optaba finalmente por entregarla, una pérdida de tiempo que tiempo atrás aprendió a como limpiar y desarmar.
Pero lo más curioso no era su actitud, ni tampoco su entrega en fingir hasta el final. Ella genuinamente estaba considerando que él estaba mintiendo, compaginado con una determinación que la impedía titubear. Había algo importante detrás de todo esto, una información o un motivo valiosos para esta muchacha, que estaba dispuesta hasta el final a seguir su camino, por más obstáculos que se le opusieran por delante.
—Curioso.—Una respuesta sencilla, y al mismo tiempo, críptica como la mirada que devoraba los iris de la contraria.—He estado diciendo exactamente lo que pensaba hacer desde el principio, y aún así crees que miento.—Su voz, maldecida por un tono que mostraba seriedad en todo momento, le permitía mantener esa misma entereza sin quebrantarse.—Te voy a entregar si decido que no quiero invertir más tiempo en todo esto.—Ladeó la cabeza, sin apartar la distancia que ella misma había acercado hasta unos mínimos que peligraban sobre su propia piel.—No entiendo por qué estás tan convencida de que estoy intentando engañarte, porque ni todas las monedas del reino me harían dejarte en libertad.—Su mirada bajó en un parpadeo por su cuerpo, encontrando la mano de ella, esperando una respuesta que les hiciera abandonar las palabras.—Y no vas a volver a insultarme insinuando que quiero "algo" de ti.—Devolvió su mirada hasta los ojos de la contraria, luego hasta sus labios tan cercanos a los suyos, buscando su respuesta, pero sin ofrecerle el tiempo para entregarla.—Quiero saber por qué intentaste subir a un barco de la Marina con una identidad falsa. Eso es todo.
No adornó sus últimas palabras, ni dejó entrever nada más que la certeza más absoluta para no ofrecer espacio a la malinterpretación. Sus palabras eran demasiado sencillas, tanto, que incluso un niño podría entenderlas si fuera necesario.
—Si no eres ninguna criminal no hará falta que intervenga, y creo que incluso tú has sido capaz de darte cuenta de eso. ¿Voy a tener que ser yo quién te ofrezca a ti unas monedas por la información?
Pero no había contemplado la posibilidad de que fuera a negar lo evidente.
Esa mujer, por algún método o forma desconocida, había conseguido previamente despertar el interés del marine, malgastando su valioso tiempo en una mujer que no entregaba en bandeja las cosas de forma sencilla. No era una mujer obediente, o al menos no alguien que pudiera ser sometida con facilidad ante las figuras de autoridad. Algo de respaldo debía creer poseer si se tomaba tantas molestias como para seguir probando su suerte contra alguien que repetidamente insistía con llevarla hasta la celda.
Y eso, ya le estaba dando una pista.
Cree que puede superarle en su propio juego, que puede hacerle dudar aunque sea un solo ápice, demostrando que ella había conseguido hacerle dudar, o incluso, intimidarle. ¿De verdad se creía con esa capacidad frente a él?
Aún así, algo no terminaba de encajar.
Kael quedó inmóvil en el sitio mientras ella continuaba hablando, tomándose su tiempo para pensar, y comprenderla. Una cosa era cierta, y aunque jamás la transmitiría en voz alta, ella lo había dejado entrever con bastante facilidad: sus superiores eran extremadamente negligentes.
Ella hablaba en un lenguaje que la asqueaba, ofreciéndole dinero para salir del paso en aquella situación, y ni siquiera se mostraba un solo ápice de flaqueza en hacerlo. ¿Acaso no era la primera vez que recurría a artimañas como la que le había mostrado?
La fina línea entre una criminal y una noble mimada estaba llegando a desdibujarse por momentos, y ella seguía aferrada a haber encontrado una mentira que ni siquiera existía, una en la que sin lugar a dudas trataría de utilizar como escudo si él optaba finalmente por entregarla, una pérdida de tiempo que tiempo atrás aprendió a como limpiar y desarmar.
Pero lo más curioso no era su actitud, ni tampoco su entrega en fingir hasta el final. Ella genuinamente estaba considerando que él estaba mintiendo, compaginado con una determinación que la impedía titubear. Había algo importante detrás de todo esto, una información o un motivo valiosos para esta muchacha, que estaba dispuesta hasta el final a seguir su camino, por más obstáculos que se le opusieran por delante.
—Curioso.—Una respuesta sencilla, y al mismo tiempo, críptica como la mirada que devoraba los iris de la contraria.—He estado diciendo exactamente lo que pensaba hacer desde el principio, y aún así crees que miento.—Su voz, maldecida por un tono que mostraba seriedad en todo momento, le permitía mantener esa misma entereza sin quebrantarse.—Te voy a entregar si decido que no quiero invertir más tiempo en todo esto.—Ladeó la cabeza, sin apartar la distancia que ella misma había acercado hasta unos mínimos que peligraban sobre su propia piel.—No entiendo por qué estás tan convencida de que estoy intentando engañarte, porque ni todas las monedas del reino me harían dejarte en libertad.—Su mirada bajó en un parpadeo por su cuerpo, encontrando la mano de ella, esperando una respuesta que les hiciera abandonar las palabras.—Y no vas a volver a insultarme insinuando que quiero "algo" de ti.—Devolvió su mirada hasta los ojos de la contraria, luego hasta sus labios tan cercanos a los suyos, buscando su respuesta, pero sin ofrecerle el tiempo para entregarla.—Quiero saber por qué intentaste subir a un barco de la Marina con una identidad falsa. Eso es todo.
No adornó sus últimas palabras, ni dejó entrever nada más que la certeza más absoluta para no ofrecer espacio a la malinterpretación. Sus palabras eran demasiado sencillas, tanto, que incluso un niño podría entenderlas si fuera necesario.
—Si no eres ninguna criminal no hará falta que intervenga, y creo que incluso tú has sido capaz de darte cuenta de eso. ¿Voy a tener que ser yo quién te ofrezca a ti unas monedas por la información?
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