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Pressure in the future. [pasado] - Versión para impresión

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Pressure in the future. [pasado] - Kael Omuyaga - 10-05-2026

Día 24 de Primavera, Año 16


OST



Las calles de la zona norte de Sorbet siempre muestran consigo un ambiente distinto. Sofisticado, altanero, cargado de aquel lujo que sus gentes de tan alto porte ofrecen con su capacidad económica tan elevada. El olor a perfume extremadamente caro siempre inundaba las fosas nasales del Marine, quién años de sufrimiento después ha terminado por perder el sentido del olfato por completo, quedando inmune casi por completo a aquello que, con el tiempo, se le empezó a hacer extremadamente repulsivo.

No camina por las calles como uno de ellos, pero sí con la elegancia aparente para aparentarlo. Su uniforme de marine le delata, pero su capacidad para caminar, sus pasos rectos, su firmeza, y el orgullo de sus formas le llevan a no ser juzgado por ninguno de los presentes. Allí, su belleza es su protección, pues las damas observan al caballero cómo un bello monumento, mientras los hombres juzgan ese gran don que posee con envidia, más le oculta su posición como soldado raso. 

Se encuentra allí por ser su tierra natal, pero también por la facilidad que posee para mimetizarse con esa clase de ambiente. Donde muchos soldados se ven abrumados, él se siente como en casa, uno más entre aquellos que avanzan con normalidad viendo al resto por encima del hombro. En aquel lugar, la gente no predomina a caminar, y cuanto más uno se acerca al sur, comienza a observar como el nivel de población fuera de sus hogares aumenta, donde muchos se alejan para trabajar lejos de sus familias, y buscan servir a alguien más, o cómo mucho, acudir a su negocio que con tanto esfuerzo buscan hacer prosperar.

Él caballero de oscura cabellera camina con intención de patrulla, cargando consigo una serie de documentos a los que presta mediana atención mientras se asegura de avanzar recto, haciéndolo ignorante de aquellos que se sientan alrededor en alguna terraza o banco, por simple intención de quedarse mirando lo que aquel apuesto joven hace. Está absurdamente acostumbrado a esa clase de privilegio donde algunos desesperan por llegar, y donde muchos ven una bendición.

Para él, es solo parte de su día a día al que ha de quedar acostumbrado si quiere prosperar.

Su sargento se le acerca, observándolo con cara de pocos amigos al comprobar que unas damas de buen ver no le prestan ninguna clase de atención a él, sino a su subordinado de rizos azabaches.

—Kael.—Dijo su nombre directo, buscando mostrar su posición por encima del muchacho.—Necesito que revises estas solicitudes de ingreso a la Marina. Estoy seguro de que más de una familia no está dispuesta a dejar que su hijo se aliste en el cuerpo y pagaría un buen tributo para que...bueno, "negásemos" su solicitud, así que quiero que revises cada uno de los nombres que hay en esta lista, y te quedes con todos los apellidos que puedas para ver si podemos hacer algo.

No podía negarse; su función era asentir y obedecer, pero nunca había tenido aprecio por labores tan poco ortodoxas. El repudio era un lujo que no tenía el gusto de permitirse, y dejó que aquello sucediese en mitad de la calle sin más, obviando toda muestra de sentimiento hasta que las hojas se sumaron a la pequeña lista de tareas que cargaba entre sus manos, sin llegar a quedar desordenadas.

Cuando su sargento quedó alejado lo suficiente, comenzó a revisar los nombres uno por uno. Su sargento se había equivocado, o tal vez se ha hecho demasiadas ilusiones con una idea de cobrar demasiado generosa y positiva, pues ninguno de los nombres presentes quedó reflejado como el de una familia de lujos exagerados, y gran parte eran personas provenientes del sur.

...Hasta que cayó en un nombre que no encajaba con la foto, no de aquella persona a la que pudo reconocer. No es un informe de ingreso verdadero, ni tampoco muestra ningún tipo de dato real, aunque su información fuese extremadamente precisa. Nadie habría dudado de la legitimidad de este documento si no conociera el rostro de aquella mujer, y eso es algo que alerta cada uno de sus sentidos internos.

"La vista de candidatos es dentro de una hora. Si la descubren...pobre chica." 

Se está metiendo en un lío que desconoce por completo. Conoce a su padre, un hombre de la Marina, y por la falsificación de este documento, reconoce a la perfección que el hombre no está enterado de esa información. Si tan solo supiera lo que su hija está a punto de cometer...¿Qué le pasaría a esa mujer?

Quizás...eso no sea algo que deba incumbirle en lo más mínimo.


RE: Pressure in the future. [pasado] - Nyxara Archeron - 15-05-2026

24 de primavera, Año 16 ❥ Sorbet Norte

I'm your rock'n'roll Joan of Arc, i'm here to save the world, but...who will save supergirl?

─ ♚ ─

La luz filtraba con intensidad por las ventanas de la habitación rentada, bañando el espacio de madera envejecida. No había nada particularmente acogedor en el lugar: una cama estrecha contra la pared, una mesa marcada por los objetos de tantos otros que habían pernoctado allí antes que ella, un espejo de cuerpo completo con los bordes desgastados apoyado contra una de las paredes y ese leve aroma a sal que se colaba desde el puerto y bañaba la ciudad. Era la clase de espacio sencillo en que resultaba imposible imaginar a Nyxara Archeron viviendo ahí por elección, pero era la clase de habitación que Nyssa Vale se permitiría como lujo.

A ojo crítico volvió a repasar la imagen que le devolvía aquel espejo de pared: el vestido camisero de lino era sencillo, la tela gris oscura, ligeramente desgastada, caía recta desde sus hombros hasta rozar la mitad de sus muslos. El único detalle que había sobre esa tela gris era el cinturón negro, sencillo, ese que intentaba, sin suerte, suavizar su figura, buscando borrar cualquier tipo de rastro de nobleza que quedase en ella. Práctico, común, incluso aburrido. La clase de “trapo” que una mujer con un par de monedas de más no compraría por placer; eso era justamente lo que necesitaba y lo había escogido cuidadosamente para ese encuentro.

Aun así…lo odiaba un poco. Ni siquiera vestida de anonimato lograba sentirse invisible, como si no pudiese sacarse el “Archeron” del apellido para reemplazarlo por el “Vale”.

Suspiró, mientras tocaba distraídamente uno de sus aros al caminar de regreso a la cama ¿Qué dirían sus hermanas si la vieran vestida así? Seguramente Aelira se burlaría de ella por parecer una institutriz aburrida y Seren no hubiese aprobado jamás que usara un vestido que no le hiciera justicia en un tono tan oscuro como ese. Pensar en ellas logró que la suave sonrisa coronara sus labios de matiz escarlata mientras se calzaba las botas simples que la hacían ganar esos ocho centímetros de más.

Al volver la vista al espejo descubrió que ni siquiera las líneas rectas y apagadas del lino, afirmadas por el cinturón, lograban esconder del todo la forma firme y torneada de sus piernas, acentuadas ahora por la altura extra del calzado.

“Ya no puedes hacer nada contra eso”  Era cierto, no tenía otro par de zapatos para cambiarse, a pesar de tener el dinero para comprarlos, Nyssa Vale, no hubiese llevado cuatro pares de zapatos distintos al momento de enlistarse con los marines…y Nyxara Archeron, tampoco.

Su mirada se endureció apenas mientras trenzaba, casi sin cuidado, el suave cabello azabache entre sus dedos. Intento no pensar en el contraste del negro contra su piel, en como extrañaba aquel rojo imposible de ignorar, el suyo, su color, que muchas veces se fundía y perdía con otros ante sus propios ojos debido a su condición. Cuando termino su creación, la trenza descuidada caía por el costado de su cuerpo, como si la noche misma hubiese decidido detenerse por un momento para delinear el costado de su cintura.

Para recordarles a todos quien era ella.

Lo hubiese dejado pasar…si no hubiese sido porque el mar de sus ojos, esos que le devolvían el reflejo, mostraban con demasiada claridad el peso real de lo que estaba a punto de hacer: una vez que cruzara esa puerta, dejaría de ser Nyxara Archeron hasta que lograse volver a casa con Aelira.

Repentino, el aire pareció desaparecer en esa habitación, como si aquellas cuatro paredes fueran demasiado pequeñas para contener lo que estaba a punto de abandonar.

Su corazón golpeó con fuerza contra su pecho.

A ojos cerrados, Nyx se aferró desesperadamente al recuerdo de sus hermanas, a la sonrisa amplia de Aelira mientras les recordaba que casarse era el error más grande que podía hacer una mujer. Al brillo de los ojos se Seren mientras le mostraba una nueva flor prensada para que ella pudiese dibujar. Al peso del brazo de su padre rodeándolas a las tres mientras su madre fingía molestia desde el sillón con un libro entre las manos...

Su hogar.

Porque ahora entendía, que estaba dispuesta a destruir todo lo que quedaba de sí misma para recuperarlo. Así tuviese que recorrer cada isla de ese mundo bajo un uniforme que jamás había querido vestir, así tuviese que llenar sus dedos de acelerante para incendiar los registros de escritos antiguos por la revolución, así tuviese que venderle su alma a un par de piratas para que la llevaran a los confines de las tierras de ese maldito noble…

Traería a Aelira a casa.
No miró atrás cuando salió cual huracán de la habitación.


Llevaba un mapa y un par de horas de ventaja, tenía muy claro que la orientación jamás había sido su fuerte, contaba con ello incluso para llegar a tiempo a la elección de reclutamiento. No supo cuánto tiempo estuvo deambulando por las calles de esa ciudad, entre mercados atestados, marines que avanzaban de un lado a otro y comerciantes que ofrecían mercancías que Nyx jamás había visto, mientras que el ruido de las personas a su alrededor terminaba por convertir esas calles en un lugar difícil de navegar, incluso con un mapa entre manos.

Cuando logró encausar el camino de adoquines limpios, la parte adinerada de la ciudad comenzó a reflejarse. Los negocios parecían más ordenados, las casas mejores pintadas, el verde más vivo, pero sobre todo, el bullicio tan característico de la vida de un mercado era reemplazado por las conversaciones discretas entre las personas que ahí estaban, la clase de personas que asistirían a los eventos que su madre y sus tías prepararían. La clase de personas a las que su padre saludaría sintiéndose totalmente fuera de lugar, mientras sus hermanas y ella aguadaban a su lado solo para ayudarle a sobrellevar la incomodidad antes del baile. Aunque la Archeron no parecía uno de ellos, aunque el vestido intentase volverla discreta y desapercibida con sus tonos apagados en medio de los colores limpios y vivos, su caminar arruinaba todo el esfuerzo.

Nyx nunca había aprendido a avanzar como alguien dispuesto a hacerse pequeño, al contrario, su seguridad era difícil de ignorar. Incluso ahora, bajo documentos falsos y un nombre inventado, seguía moviéndose con esa confianza casi insolente de quien ha crecido para demostrarles a otros que el mundo podría pertenecerle por derecho, si hacia el esfuerzo mínimo para reclamarlo.

Fue esa misma firmeza tranquila la que la llevó hasta la fila de reclutamiento, acercándose al último potencial cadete, como si ese lugar, también pudiese pertenecerle – Buenas tardes – saludo como quien saluda a un conocido de toda la vida. El joven frente a ella giró con ese rostro que delataba la molestia por ser interrumpido en la espera silenciosa – ¿Ya han comenzado a llamar por apellidos? – la pregunta de Nyx había sido clara, pero el hombre repentinamente había dudado en responder, como si fuese más importante dedicarle esa mirada rápida por un momento más – heee… creo que si – carraspeó – Digo, sí. Han comenzado con los voluntarios y…–

La Archeron no necesito más, con un sencillo gracias lo cortó para avanzar por la fila hacia adelante, en dirección al sargento y los cadetes que comenzarían a ordenar a los voluntarios. Ella ya había repasado la historia de Nyssa Vale tantas veces que podía recitarla como si de las antiguas escrituras en otro idioma se tratasen, estaba lista para poner su mentira por delante: ingresaría a los marines y no aceptaría un “no” por respuesta.

Léeme



RE: Pressure in the future. [pasado] - Kael Omuyaga - 19-05-2026

¿Es posible justificar una acción indebida por impedir que se haga otra aún peor? Dos ideas enfrentadas se presentan en una disyuntiva que el de morena cabellera no sabe cómo hacer proceder. Por un lado, quedarse apartado de cualquier acción le volvería cómplice, dejando a su suerte a una persona que desea unirse a la marina por motivos que desconoce, utilizando una identidad distinta, un nombre que no es el suyo, una apariencia que no le pertenece...alguien que no es ella.

En la otra mano, está la idea de involucrarse, impedir que un miembro de la marina gane dinero por medios rastreros ayudando a una persona a la que no conoce de nada, la cuál no le importa, que pertenece a su mundo cómo una herramienta más a la que las altas esferas buscarán siempre manipular, y de la que de alguna forma escapa al mismo tiempo que busca con más fuerza pertenecer a ella. ¿Una futura amiga, o un problema en su camino? Ni siquiera él lo sabe...

"¿Y si estuviese en mi lugar?" No...él no empatiza con esa clase de pensamientos. En un mundo cruel que no otorga las mismas posibilidades ni oportunidades a todos aquellos que lo conforman, él definitivamente no busca mantener pensamientos altruistas. Esos son un malgasto y un lujo que no desea permitirse...

Y aún así...

El número de voluntarios en aquella llamada era alta, un número posiblemente que superase el centenar de personas se había alistado con la idea de aspirar a la grandeza, mantenerse en la marina con un sueldo que lo mantuviera de por vida, o simplemente llegar a un puesto de trabajo que, con suerte, para la mayoría de ellos no sobrepasaría limpiar los cuarteles de la marina y mantener las armas a punto para aquel que verdaderamente las fuera a necesitar.

Buscó con la mirada, perdido entre los rostros de aquellos jóvenes qué con cierta ilusión, orgullo u honor trataban de formar parte tras el proceso de selección. Buscar entre tanta gente manteniendo un perfil bajo, observando de reojo a aquellos futuros marines cómo aquel que busca un espía, y saber que debía reconocerla por una descripción...Aquella era una imagen que no auguraba buenos resultados.

Al menos, hasta que su cabello la delató.

No fue su bello rostro níveo lo que captó su atención, ni tampoco su figura escondida en unos ropajes que no calzaban con los detalles que desprendía su piel. Ni siquiera se fijó en sus manos, delicadas y sobradamente cuidadas fruto de una vida sin esfuerzo excesivo. No...lo que la delató fue su pelo. Kael conoce demasiado bien el estilo de la alteración, el disfraz y el maquillaje. Aquella dama había sacrificado el brillo en un desesperado intento por huir de todo, apagando sus colores en un tinte que en repetidas sesiones arrancaría todo el rojo que se vislumbra por algunas de sus hebras. Aquel trabajo era suficiente para engañar un ojo poco entrenado, pero no el suyo. No tenía un acabado profesional, y eso, sabiendo que buscaba a una impostora, hizo saltar todas aquellas alarmas que había instalado en su cabeza para, en caso de finalmente dispararse, actuar en consecuencia...

Se acercó con firmeza, pareciendo uno de los encargados de la selección que los ya reclutas debían asegurarse de dirigir.

—Señorita, acompáñeme, por favor.

No aceptó réplica u objeción. Aquella era una orden firme, a pesar de la maldición que posee su voz monótona y carente de emoción, permitiéndole confundir a todos aquellos que pudiesen llegar a considerar aquello como un movimiento extraño. Debía llevarla apartada del resto, y ninguno de los presentes, voluntarios, marines, sargentos o superiores podía ser testigo de ello.

Un callejón fue suficiente escondite, apenas la entrada del mismo debía ser el inicio suficiente para aquella conversación, apenas unos instantes de lo que seguramente haría saltar todas sus alarmas.

—Usted no debería estar aquí, ¿verdad?—Aquel inicio de conversación saltaría en su contra. Saber que se podía ver delatada afectaría su tensión, obligando a alzar una guardia que inevitablemente traería un juego en contra al que debía hacer frente.—Si es así...¿por qué escapar en la Marina?

Su respuesta estaba más que predicha. Espera una respuesta muy concreta, palabra por palabra, y el camino a seguir comenzaba a formarse en su mente tan pronto ella le ofreciese una respuesta. Aún desconoce si debe entregarla, o si sus motivos la amparan a realizar una necedad como aquella, pero encontrar una respuesta tan adelantada en la conversación y en el tiempo solo era un modo eficaz de no restarle un tiempo vital a ambos.

Aquello les ponía a los dos en peligro, y su única protección eran las sombras de un callejón y un tiempo prudencial que se perdía a cada segundo que buscaba encontrar una respuesta.


RE: Pressure in the future. [pasado] - Nyxara Archeron - 28-05-2026

24 de primavera, Año 16 ❥ Sorbet Norte

I'm your rock'n'roll Joan of Arc, i'm here to save the world, but...who will save supergirl?

─ ♚ ─

Las botas de Nyx resonaron en los adoquines cuando avanzó hacia el inicio de la fila, quería terminar lo más pronto posible con esa situación. Necesitaba avanzar, sentir que estaba un paso más cerca de Aelira, aunque para ello tuviese que arrancarse el apellido y convertirse en alguien más.

Observó a su competencia, mientras el lino gris rozaba los muslos de sus piernas con cada paso, buscando, sin conseguirlo, delinear en líneas simples las formas de su cuerpo; al avanzar, repasaba la historia de Nyssa Vale, esa mentira que sería su vida de ahora en adelante. Esa mentira que detallaba como Nyssa había sido criada por su abuela en un pueblito perdido entre las islas del South Blue, sin conocer a sus padres, sin hermanos, solo eran ella y su abuela. Aprendió a leer y escribir porque su abuela le enseño, y, cuando tuvo la fuerza necesaria comenzó a trabajar para tener más comida en la mesa. Ayudando con la limpieza en las casas y cuidando a niños de los que tenían más que ellas y que, eventualmente, se fueron de ese lugar. Lavando ropa, platos, haciendo mandados para conseguir las monedas extras que las ayudaran a no sentir hambre y a cubrirse mejor del clima.

En el camino descubrió que era un poco más ágil que otros, que era un poco más fuerte que otros y comenzó a visualizar el camino de los Marine como opción, no por fe ciega al sistema actual o porque creyese en su ideología, sino, como una salida segura para llevar más comida a la mesa, para cambiar las tejas rotas de la casa, para mantener a su abuela sin que esta siguiera trabajando a pesar de sus dolencias. Pero el corazón de la abuela no resistió…por suerte la afección al corazón fue rápida e indolora.

Y Nyssa, finalmente, decidió unirse a la marina cuando ya no quedaba nada que la atara a ningún lado.
Por eso estaba ahí. Esa era su historia ahora.

Fue con esa mentira, a la que trataba de aferrarse por pura convicción, que el apareció en su campo de visión. La mirada de Nyx se clavó en el rostro del hombre frente a ella, a pesar de que el tonó de voz había sido el mismo de principio a fin, había una firmeza en sus palabras que no daba espacio para rechazar la orden. Fue solo una fracción de momento en que el estómago se le tensó apenas un instante, breve, instintivo. Lo suficiente para recordarle que no existía paso atrás.

Ahora sería Nyssa Vale.
Y bajo el nombre de Nyssa…llevaría a Aelira a casa.


Después de un asentimiento de cabeza caminó detrás de él, creyendo que la acercaría a la punta de la fila, la Archeron estaba lista para poner por el frente la mentira. Sin embargo, cuando el camino se desvió hacia un callejón todas las alertas de Nyx saltaron.

Observó la espalda del hombre mientras avanzaba delante de ella ¿tendría algún tipo de ventaja si se daba cuenta de la mentira y se enfrentaba físicamente a él? No… seguramente no la tendría. No porque dudase de sus capacidades sino porque sabía que en la marina entrenaban a sus reclutas, y ella, el único entrenamiento que llevaba en ese momento en el cuerpo, era básico: defenderse y huir. De esas clases que su padre se había dado el tiempo y la paciencia de hacer con ella y sus hermanas mientras su madre parecía reír por una anécdota personal entre ambos.

Además, atacarlo en medio de un lugar lleno de marines no era una de sus ideas más brillantes. Ni más lógicas.
¿Qué querría de ella?

Cuando él se detuvo, Nyx guardo distancia un paso por delante del inicio del callejón, lo suficientemente cerca para correr de regreso a la multitud si era necesario. El lugar se extendía entre paredes altas y descuidadas, demasiado estrecho, con esa escases de luz que apenas entraba desde el ángulo superior y los bañaba en la penumbra. La humedad se acumulaba entre los adoquines y el olor salino del puerto parecía quedarse allí, suspendido entre las sombras que ahora los rodeaban. Algunos barriles viejos y botes de basura descansaban sobre la pared izquierda y las ventanas hacia la derecha permanecían cerradas, como si nadie quisiera mirar lo que ocurría abajo.

Por manía heredada, analizó su entorno en búsquedas de salidas: las ventanas en el callejón, escaleras, botes de basura…Pero la salida más rápida era a su espalda, si se veía forzada a ingresar al interior… tendría que correr más de un par de metros para alcanzar los botes de basura que estaban apostados hacia la izquierda contra la muralla, para lograr saltarla hacia el otro lado, si es que llegaba con bastante impulso para hacerlo…

"No”
La mejor opción estaba a su espalda.

Sostuvo su mirada con desafío orgulloso, ese que se revelaba en la barbilla ligeramente alzada y en la línea elegante de su cuello, mientras el mar de sus ojos, siempre demasiado cerca de convertirse en tormenta, lo recorrían con rapidez. El rostro de ese hombre, en el contraste de luz y sombra de aquel callejón, parecía extrañamente neutro, difícil de descifrar bajo aquella calma incomoda que sostenían, pero sus ojos…

"Oscuros."
Demasiado oscuros.

Como tinta derramada en mar profundo, imposibles de leer incluso entre los atisbos de luz que luchaban por llegar hacia ellos. Su complexión era atlética incluso bajo aquella ropa diseñada para uniformar formas y carácter, y la Archeron estaba segura de que, si no llevase sus botas, se vería obligada a alzar todavía más el rostro para sostenerla la mirada. Algo que no estaba dispuesta a conceder, ni a él, ni a ningún otro.

Pero Nyx, a diferencia de sus hermanas, nunca había sido tan simple para decidir si alguien le parecía atractivo por un rostro agradable o un cuerpo trabajado. Hacía falta algo más.

"Mucho más."


Y en ese instante, en esos precisos segundos, lo realmente relevante no era su apariencia. Lo realmente importante estaba en sus manos, en aquellos papeles que llevaba consigo, esos papeles que la ponían a ella en primer lugar de todos los otros y en el impacto de la verdad: Ese desconocido sabía que ella no era Nyssa Vale.

Y eso, solo volvía al desconocido en un problema.

La mirada de Nyx cambio a penas, un gesto sutil, un descenso leve de sus parpados bajo el marco oscuro de sus pestañas. Lo suficiente para que aquella calma orgullosa que mantenía adquiriera un filo distinto, era esa manera silenciosa que tenía de volverse tormenta antes de arrasar con todo – ¿Y tú acostumbras a llevar mujeres solas a callejones durante reclutamientos oficiales? – Esa pregunta era para ganar tiempo ¿Cómo se había dado cuenta quien era ella? Estaba segura de que su cara no la había visto nunca en ningún tipo de evento organizado por su familia o sus tías. Estaba segura de que sus hermanas no habían bailado ni compartido anteriormente con él, ya que él era el tipo de hombre que su hermana menor, Seren, suspiraría solo por su apariencia, hablando de él hasta hartarlas. Y, estaba segura, de que ella no lo había conocido en otra situación…

¿Conocía a su padre?
Eso volvía al desconocido en un gran problema.

Tenía que tomar una decisión y rápido. No podía permitirse arrastrar a su padre en el proceso ni tampoco podía permitirse decirle la verdad a su padre sin sacrificar a Aelira y a su madre… Su cuerpo reveló la tensión que sentía, solo un micro gesto, algo que incluso podría pasar desapercibido, pero sus labios de carmesí se abrieron con suavidad, buscando inspirar un poco más de aire, como si la angustia de la situación en la que se encontraba, tomase su aliento y ella… ella luchara frenéticamente por volver a respirar.

– No es de tu incumbencia el “porqué” de mi acción – Puso el límite de inmediato. Aunque esa afirmación respondiera en si misma que, efectivamente ella, no tenía que estar ahí. Con esa simple frase, ya había tomado su decisión sobre él; no lo conocía, no sabía porque ese hombre había sido capaz de reconocerla, aun así … – Así que tenemos dos opciones: entregarme…– sus palabras quedaron suspendidas entre ambos solo por un instante, mientras su pulso golpeaba con demasiada fuerza bajo la piel de su cuello, y sus dedos se tensaban apenas contra el lino gris, como si esa ancla fuera necesaria para empujarse a  continuar – o explicarme porque te estas tomando tantas molestias y estamos teniendo esta conversación en este callejón –

Léeme



RE: Pressure in the future. [pasado] - Kael Omuyaga - 02-06-2026

Estaba prevenido, se había preparado, y tenía mentalizada una respuesta negativa por parte de la contraria...y aún con todo eso su argumento le pilló desprevenido.

—¿Y tú acostumbras a llevar mujeres solas a callejones durante reclutamientos oficiales?

La cortesía desapareció en ese mismo instante. Donde él busco respuestas educadas, encontró acusaciones. Quiso sonar serio, mas no cortante, pero su tono de voz siempre ha destacado por una clara ausencia de emociones, y eso le estaba jugando completamente en contra. Está apostando, jugando con una mano en la que ningún resultado es bueno, en el que simplemente decidir que hacer puede meter a uno en problemas, y que no hacer nada iría en contra de la moral por la que decidió alistarse. 

Pero entonces cayó en el truco. No podía dejarse amedrentar. Había perdido valiosos segundos de un combate verbal en el que la contraria ganaría tiempo si así lo había querido. Incluso si la acusación era firme, sus palabras la habían delatado.

Durante reclutamientos oficiales


Demasiado específico, extremadamente conveniente. No, eso no era lo que ella quería causar en el contrario en aquel momento. Había decidido desconfiar de su palabra, y aunque entiende la excepcionalidad del momento con la tensión que asimila sobre sus hombros...ha apostado demasiado alto.
Ella no es la única que se está arriesgando.

—Veo que has acertado.
—Respondió sin vacilación. Su mirada se había afilado. Si ella quería acceder a esas formas, él daría batalla, porque tiene la sartén por el mango.—Esto no es ningún riesgo, tan solo una forma de cerciorarme. Has infringido la ley falsificando un documento de identidad para tratar de escapar de la isla a través de una embarcación militar del Gobierno Mundial, y yo tengo órdenes de entregar a toda aquella persona que intente cometer un acto tan burdo como el que acabas de intentar.—Sentenció con la verdad, tratando de ser claro y conciso, entregando la menor información posible.—Así que por ello voy a entregarte, irás a prisión, y te mandarán a casa tras el pago de tu fianza en unas horas...o tal vez un par de días. 

Por supuesto ambos sabían que eso último no era cierto. Aquel era el protocolo estándar, pero una mujer como ella sería liberada en cuanto su predecesor moviese algunos hilos para liberarla sin armar mayor escándalo. ¿Su único problema? Al final, el resultado sería el mismo: la mujer camuflada sería devuelta con su familia, y deberá afrontar las consecuencias que ello pudiese acarrearla, si es que poseía alguna detrás de toda aquella fachada.

Entregó unos segundos de silencio, otorgándole la posibilidad de responder, pero sobre todo para sopesar sus palabras con firmeza y una mente más objetiva. Kael nunca ha destacado por su expresividad ni sus emociones, sino por su lógica para planear cada una de sus jugadas, movimientos y acciones. Si ella quería enfrentarlo...esperaba que fuese más avispada que el azabache.

—Antes de que se te ocurra desenvainar la espada o gritar por auxilio para que crean que estás sufriendo un caso de abuso de poder o autoridad, te sugiero que te ahorres el numerito para no ponerte las cosas más difíciles. El tinte de tu cabello es prueba más que suficiente para demostrar la falsedad de cada uno de tus argumentos, y sin mencionar que, como ya te he dicho, mis superiores saben que estoy aquí...—No le entregó ni una sola palabra más al respecto. Había revelado algunas de sus cartas sin necesidad, pero...¿por qué?—Así que, si eres capaz de entender de verdad por qué te he traído aquí, entonces volveré a preguntar una vez más. Presta atención, porque no volveré a repetirlo.

No hubo acceso a réplica o reproche. Recortó la distancia un par de pasos hasta apoyar el brazo derecho en el muro, al lado del bello rostro femenino. No entregó una mirada distinta, ni hubo interés en lo que la escena podría llegar a intuirse. La seriedad en su semblante no desapareció ni un ápice, sino que, al contrario, aquello parecía haber escalado a un punto completamente nuevo, dejando que su mirada se clavase directamente sobre los orbes ajenos, hasta que el sonido de la calle principal desapareciese, y solo pudiese prestar atención a quién tenía delante.

—¿Por qué estás aquí?


RE: Pressure in the future. [pasado] - Nyxara Archeron - 20-06-2026

24 de primavera, Año 16 ❥ Sorbet Norte

I'm your rock'n'roll Joan of Arc, i'm here to save the world, but...who will save supergirl?

─ ♚ ─
Nyxara Archeron había decidido cooperar, aunque su rostro aun no estuviese avisado. Cuando ella había pronunciado su última frase pidiéndole una explicación de su acción al llevarla allí, dándole una salida para su actuar, ella realmente había decidido abrir un espacio para llegar a un acuerdo razonable.

Hasta que el marine abrió la boca.

El callejón los obligaba a sostener un espacio que ya por naturaleza era estrecho, aun así, la Archeron permaneció inmóvil frente a él. La barbilla ligeramente elevada en ese gesto imposible de ignorar, mientras la trenza oscura caía sobre uno de sus hombros como si fuese tinta negra sobre un lienzo blanco. Sostenía su mirada con esa facilidad que podría ser incómoda para otros, como si estuviese acostumbrada que fueran terceros los que justificaran sus acciones frente a ella.

¿Creía que una amenaza bastaría para amedrentarla? ¿Qué la visión de estar unos días en el calabozo la haría dudar o temblar?

Nyx sostuvo su mirada oscura sin ceder, no había temor ni duda. El orgullo seguía intacto en ese gesto que mostraba la línea perfecta de su cuello. En la quietud de quien había aprendido hace tiempo que ceder terreno era una decisión, no una obligación. En el mar de sus ojos, dispuestos a desafiar antes que a obedecer.

Quizás, podría haber perdonado su insolencia.
Si los ojos del marine hubiesen transmitido alguna claridad.

“Está mintiendo”

Si, lo estaba haciendo y con la total naturalidad de quien lleva demasiado tiempo levantando argumentos convincentes como mentiras. Y eso, podía observarlo como quien mira el humo antes del fuego, era casi ofensivo.

Ella reconocía a esa clase de personas, los que creían que bastaba con sostener una afirmación con un mínimo de seguridad para volverla verdad: la mayoría le resultaban insufribles. Sin embargo lo irritante de aquel marine no era la mentira en sí misma, sino algo totalmente distinto: aunque el sospechase que ella no creería ni una sola palabra de lo que le estaba diciendo, seguía sosteniendo aquella versión con la misma expresión imposible de descifrar.

Y Nyx sabía que no tocaría un calabozo.

Ni siquiera saldría de esa tienda donde estaban evaluando a los futuros reclutas. Cuando ella pronunciase su verdadero nombre y su apellido, bastaría una mirada para saber que su familia venía desde una línea de marines de alto rango y que su madre, no solo provenía de una familia de mercaderes influyentes, también tenía un título noble. Uno que había rebajado a dejar de lado para casarse con su padre.

Entonces, en sus palabras, el marine volvió a cometer el segundo error: subestimarla. Y ese, era un golpe que Nyxara Archeron, no perdonaba.

Lo vio acercarse de esa forma medida, casi inevitable, como si el propio callejón terminara por reducirse con cada paso. La distancia inicial de ese enfrentamiento verbal cedió lentamente, hasta volverse una línea imposible de ignorar…hasta que el brazo del marine encontró la pared a su espalda y la salida al callejón quedó bloqueada.

Que lo intentara.
Porque ella no pensaba ceder.

– Curioso – dijo al fin mientras ladeaba el rostro con esa calma aprendida de quien se ha enfrentado demasiadas veces a otras personas que creían, podían hacerla retroceder – No solo tienes la costumbre de arrastrar a mujeres solas a callejones, también les cierras el paso ¿se supone que eso debía intimidarme? – El mar de sus ojos examinó los detalles del rostro ajeno como si lo desarmara pieza por pieza: el maldito porte que la obligaba a mirar ligeramente hacia arriba, la línea del perfil perfecto, ese que evidenciaba una simetría casi insultante, la caída ordenada de esos mechones oscuros que enmarcaba sus rasgos en esa apariencia impecable, exótica y altiva; el retrato vivo que las damas de la alta sociedad guardarían en un cajón donde su esposo no lo descubriese.

Ese que su hermana menor, Seren, no hubiese dejado pasar. En cambio, para ella, eso solo significaba una cosa: peligro.

Era esa clase de belleza pulida e impecable que los hombres usaban como escudo para enmascarar sus verdaderas intenciones.

– Porque si el truco viene con el uniforme, tendrás que esforzarte un poco más si pretendías asustarme – Sin pedir permiso, su mano fue hacia los papeles que el cargaba, tomando el propio, notando como justo debajo de su ficha falsificada estaba la del hombre al cual, hace un momento, acababa de pedirle indicaciones en la fila.

Nyx observó su informe con la precisión quirúrgica de quien examina un error, había pagado una cantidad considerable por esos papeles y confiaba completamente en el criterio de su madre cuando le había dicho a quien recurrir antes de huir de casa. El problema no estaba en el documento, el problema era ese hombre que se creía con el derecho para arrinconarla en ese lugar y subestimarla de paso.

Él había dicho que fue el tinte de su cabello lo que la había delatado, no que en el documento hubiese un error, así que la situación se reducía a su habilidad y su capacidad para conocer a otros que no fueran sus superiores directos.

Esperaba que sus superiores no fueran tan suspicaces.

– Tus superiores son notablemente negligentes si te permiten perder el tiempo de trabajo de esta forma – aclaró devolviendo el papel con su nombre a la pila que el sostenía, mientras avanzaba un paso firme en su dirección sin vacilar. Ignorando completamente la proximidad física que el mismo había impuesto, Nyx simplemente ocupo el espacio como si le perteneciera – Para ser una institución que jura proteger las órdenes del gobierno mundial, sería un escándalo vergonzoso descubrir que su último eslabón pasa la tarde arrinconando mujeres desarmadas en callejones oscuros – El mar de sus ojos sostuvo la mirada directa sobre esos pozos oscuros – No necesito explicarte como te verías tú en esa ecuación, chico de los mandados – alzo la barbilla sin un rastro de sumisión en su gesto – Porque sí, el documento es falso. Negarlo ante alguien que lleva la lista de reclutas sería un insulto a mi propia inteligencia – No hubo un cambio en su postura, como si acabase de declarar algo que era demasiado obvio para todos. Como si buscase recordarle que ella sostenía el aire que había entre ambos – No soy la primera en hacerlo, ni seré la última. Ambos lo sabemos – Avanzo otro paso en su dirección, medido. No había prisa, solo decisión – También, ambos sabemos perfectamente como termina este asunto con la cantidad correcta de oro – No iba a permitirle seguir con esa mentira por delante, la corrupción y la disconformidad se comía a las instituciones.

Todos lo sabían.

Si no, no existirían los revolucionarios.
Ni los piratas.

– Pero no soy yo la que viste el uniforme en este momento, ni quien debería llevar esta documentación para comenzar el reclutamiento – Su mano izquierda hizo un movimiento enfático hacia el fajo de papeles que cargaba consigo – Dudo mucho que tus superiores se hayan aprendido el nombre de cada recluta que cargas en los brazos – Ya había medido y decidido que espacio utilizaba ese hombre en el tablero. Y él, estaba descubriendo porque ella siempre jugaba de reina – Especialmente si te permiten desperdiciar tu tiempo de esta forma –

Avanzó hasta reducir ese espacio a dos pasos de distancia, una última barrera entre el fajo de papeles con las caras de los reclutas y ambos cuerpos – ¿Crees que por alejarme del grupo y decirme que mi cabello me ha delatado voy a caer a tus pies a agradecer tu supuesta generosidad? – La claridad llegó sola, como el rayo de luz que se abre en medio del clima nuboso: el no la conocía, ni a sus hermanas, ni a su madre. La única conexión se reducía a la capacidad de ese marine para mirar mas allá de sus propias narices.

Una cualidad que, si la situación hubiese sido otra, Nyx hubiese aceptado y concedido.

– Si vamos a seguir jugando a que me vas a entregar, adelante, puedo sostener este juego el tiempo que quieras, no soy yo a quien el sargento espera con un montón de papeleo en los brazos – su mano se posó sobre los documentos, ejerciendo esa presión justa que lo obligaba a sostener la distancia de dos pasos – Así que ahorrarnos el número a los dos, se obediente y dime porque te estas tomando tantas molestias y que es lo que quieres, porque tu acto de buen samaritano no me lo trago  –  Su voz se transformó en ese susurro de seda capaz de cortar como el mismo acero – Y presta atención, porque no volveré a repetirlo: no es de tu incumbencia el “porqué” de mi acción –


Léeme



RE: Pressure in the future. [pasado] - Kael Omuyaga - 03-09-2026

Kael permaneció completamente inmóvil mientras escuchaba cada una de sus palabras, sin interrumpirla una sola vez. Ni siquiera cuando ella comenzó a devolverle, una por una, las mismas cartas que él había decidido poner sobre la mesa. ¿Había esperado resistencia? Naturalmente. ¿Orgullo? Solamente para descubrir su estatus social. ¿Osadía? Tan solo en dependencia de la respuesta a la pregunta anterior.

Pero no había contemplado la posibilidad de que fuera a negar lo evidente.

Esa mujer, por algún método o forma desconocida, había conseguido previamente despertar el interés del marine, malgastando su valioso tiempo en una mujer que no entregaba en bandeja las cosas de forma sencilla. No era una mujer obediente, o al menos no alguien que pudiera ser sometida con facilidad ante las figuras de autoridad. Algo de respaldo debía creer poseer si se tomaba tantas molestias como para seguir probando su suerte contra alguien que repetidamente insistía con llevarla hasta la celda.

Y eso, ya le estaba dando una pista.


Cree que puede superarle en su propio juego, que puede hacerle dudar aunque sea un solo ápice, demostrando que ella había conseguido hacerle dudar, o incluso, intimidarle. ¿De verdad se creía con esa capacidad frente a él?

Aún así, algo no terminaba de encajar.

Kael quedó inmóvil en el sitio mientras ella continuaba hablando, tomándose su tiempo para pensar, y comprenderla. Una cosa era cierta, y aunque jamás la transmitiría en voz alta, ella lo había dejado entrever con bastante facilidad: sus superiores eran extremadamente negligentes.

Ella hablaba en un lenguaje que la asqueaba, ofreciéndole dinero para salir del paso en aquella situación, y ni siquiera se mostraba un solo ápice de flaqueza en hacerlo. ¿Acaso no era la primera vez que recurría a artimañas como la que le había mostrado?

La fina línea entre una criminal y una noble mimada estaba llegando a desdibujarse por momentos, y ella seguía aferrada a haber encontrado una mentira que ni siquiera existía, una en la que sin lugar a dudas trataría de utilizar como escudo si él optaba finalmente por entregarla, una pérdida de tiempo que tiempo atrás aprendió a como limpiar y desarmar.

Pero lo más curioso no era su actitud, ni tampoco su entrega en fingir hasta el final. Ella genuinamente estaba considerando que él estaba mintiendo, compaginado con una determinación que la impedía titubear. Había algo importante detrás de todo esto, una información o un motivo valiosos para esta muchacha, que estaba dispuesta hasta el final a seguir su camino, por más obstáculos que se le opusieran por delante.

—Curioso.—Una respuesta sencilla, y al mismo tiempo, críptica como la mirada que devoraba los iris de la contraria.—He estado diciendo exactamente lo que pensaba hacer desde el principio, y aún así crees que miento.—Su voz, maldecida por un tono que mostraba seriedad en todo momento, le permitía mantener esa misma entereza sin quebrantarse.—Te voy a entregar si decido que no quiero invertir más tiempo en todo esto.—Ladeó la cabeza, sin apartar la distancia que ella misma había acercado hasta unos mínimos que peligraban sobre su propia piel.—No entiendo por qué estás tan convencida de que estoy intentando engañarte, porque ni todas las monedas del reino me harían dejarte en libertad.—Su mirada bajó en un parpadeo por su cuerpo, encontrando la mano de ella, esperando una respuesta que les hiciera abandonar las palabras.—Y no vas a volver a insultarme insinuando que quiero "algo" de ti.—Devolvió su mirada hasta los ojos de la contraria, luego hasta sus labios tan cercanos a los suyos, buscando su respuesta, pero sin ofrecerle el tiempo para entregarla.—Quiero saber por qué intentaste subir a un barco de la Marina con una identidad falsa. Eso es todo.

No adornó sus últimas palabras, ni dejó entrever nada más que la certeza más absoluta para no ofrecer espacio a la malinterpretación. Sus palabras eran demasiado sencillas, tanto, que incluso un niño podría entenderlas si fuera necesario.

—Si no eres ninguna criminal no hará falta que intervenga, y creo que incluso tú has sido capaz de darte cuenta de eso. ¿Voy a tener que ser yo quién te ofrezca a ti unas monedas por la información?


RE: Pressure in the future. [pasado] - Nyxara Archeron - 07-09-2026


24 de primavera, Año 16 ❥ Sorbet Norte

I'm your rock'n'roll Joan of Arc, i'm here to save the world, but...who will save supergirl?

─ ♚ ─

Su mirada oscura, indescifrable, resultaba más irritante de lo que había pensado en un inicio y ese marine tenía la osadía de pararse de frente a ella para sostener su posición en ese tablero que habían deslizado entre ambos.

“Insolente”

No iba a negarlo. Estaba demasiado acostumbrada a que los hombres de su clase retrocedieran ya dos pasos después de que ella dejara caer su lengua de plata como un yugo de verdad. Pero él, aún así, decidía mantenerse firme ¿creía que podría hacerle dar un paso atrás? Aquello casi le arranca una sonrisa de esos labios carmesí ¿Cuándo había sido la última vez que un hombre había tenido las agallas de creer que podía hacerle dar un paso atrás y había jugado para lograrlo? Era uno de esos recuerdos viejos, que estaban muy bien guardados en ese cofre oxidado y olvidado, al fondo de sí misma.

Y ciertamente, no era algo que importase en la situación que se encontraba ahora.

Repitió su primera palabra y la mirada de Nyx cambio apenas nuevamente. Un gesto sutil, un descenso leve de sus parpados bajo el marco oscuro de sus pestañas. Lo suficiente para que aquella calma orgullosa que mantenía adquiriera un filo distinto, era esa manera silenciosa que tenía de volverse tormenta antes de arrasar con todo.

El acababa de jugar con una lógica que podría concederle.
Aun así…
Era predecible.

– Ni por todo el dinero que seas capaz de ofrecerme te diría el “porque” – fue una sentencia mientras su barbilla se alzaba ante él, en ese gesto de soberanía absoluta – Así que ahórrate la saliva, no voy a cambiar de opinión – Volvía a subestimarla si creía que ella le diría lo que el esperaba solo por dinero.

Esa era una ofensa que no iba a olvidar fácilmente.
Sus razones no estaban a la venta, de la misma manera que ella jamás lo estaría.

Su mirada recorrió su rostro y bajo hasta sus hombros con la frialdad del acero, como si esperase ver un mínimo distintivo que justificase su insolencia – Dices que no quieres nada de mí, chico de los mandados – su mano izquierda se movió con una lentitud calculada, y ese gesto elegante, deliberado, la llevo a apoyar la yema de su dedo índice sobre los papeles como un recordatorio constante de quien sostenía los documentos entre ambos.

Sus uñas repiquetearon sobre los papeles, solo para recordarle a quien estaban esperando.

– Que no perderías un segundo de tu preciado tiempo, pero aquí estas, jugando al marine en este callejón mugriento mientras tu verdadero trabajo se acumula en la mesa de tu negligente sargento – Las yemas de sus dedos presionaron sobre los documentos, solo para recordarle el peso de sus consecuencias – O en tus brazos – Sostuvo ese ángulo recto de su mandíbula, obligándolo a enfrentarse a la tormenta de sus ojos. Nyx no era ajena a la escasa distancia, si ella podía sentir el calor que emanaba del cuerpo contrario estaba segura de que ese marine insolente también podría hacerlo. ¿La diferencia? Ella poseía la poderosa elegancia de quien no le temía al fuego, porque estaba hecha de el – ¿O vas a pretender que el reclutamiento avance solo mientras tu sigues jugando al marine inquisidor? – La tempestad del azul en su mirada cayó directo a ese pozo de oscuridad.

Y ella…
Oh. Ella.

Lo ahogaría por completo antes de que el mismo se diera cuenta.

– Tomándote las molestias para sacarme de la fila y retenerme en una conversación que no tiene sentido – él había sido claro en su petición, quería saber porque ella hacia eso y ella había sido clara con su respuesta: no se lo diría – No me interesa entender tu fijación por creer que puedo o no ser un criminal, y ciertamente, no te daría la razón, porque luego ambos estaríamos equivocados – Ese era un error que Nyxara Archeron, no estaba dispuesta a cometer – Los buenos samaritanos no existen, no te conozco, no confió en ti y no tengo la menor intención de regalarte mi confianza – y aquello, ciertamente, no era personal.

Sencillamente, ella no confiaba en nadie.

Y no iba a permitir, que un total desconocido, se interpusiera en el camino para encontrar a su hermana.
Porque el no era nadie, absolutamente nadie, para compartir el dolor y la pérdida.

Esa herida abierta en el alma, como si una parte de ella aun estuviese ahí.
Esa herida abierta en el alma, como si una parte de ella aun estuviese ahí, arrodillada entre las cenizas de un recuerdo.

– Así que ahórranos el juego de “si soy inocente, no tengo nada que temer” No tengo nada que probarte a ti – Su mano izquierda dejo de presionar sobre el fajo de documentos. Los pasos, a lo lejos, comenzaron a hacerse más constantes, ninguno de los dos necesitaba decirlo, pero un par de botas parecían buscar a algo …o alguien, mientras que el murmullo de la fila subía hacia ellos y rompía el hermetismo que habían logrado en ese callejón – Si no vas a entregarme, cumple tu tarea – la voz desprovista de cualquier tipo de titubeo se alzó clara – Porque la fila se está impacientando y tu superior va a parecer por ese callejón en cualquier momento –

Léeme



RE: Pressure in the future. [pasado] - Kael Omuyaga - 17-09-2026


Empezó a quedarse sin opciones. El sonido de unos pasos cada vez más próximos amenazaba con consumir el escaso margen de tiempo que todavía les quedaban a ellos dos. Tarde o temprano, el flujo de personas terminaría por obligar a que todos los hombres uniformados se mantuvieran atendiendo la fila, y la ausencia prolongada del azabache acabaría resultando demasiado evidente. En algún momento alguien aparecería para buscarlo y exigir una explicación por su demora, una que no podía dar en ese momento sin acabar manchado por las acciones que estaba cometiendo. No necesitaba mirar hacia otro lado para saberlo; aquel ruido ya era suficiente.

Su mirada permaneció en la de ella durante unos segundos más, en silencio.

Había intentado ofrecerle una salida, e incluso había llegado a tenderle una mano, a regalarle algo que rara vez concedía a un desconocido: la posibilidad de confiar en él, aún cuando a todas luces Kael no debería encontrarse allí, malgastando su tiempo de aquella manera por alguien a quien sencillamente podría haber entregado... y aún así se negaba. Kael no podía obligarla a hablar.

Pero tampoco iba a dejarla marchar.

—Entonces no hay nada más que decir.

Dejó correr la distancia instantes antes de que la persona que estaba accediendo al callejón pudiera observar lo que estaba ocurriendo, la cercanía tan excesivamente elevada entre sus cuerpos que impedía incluso la irrupción de un alfiler entre ellos. La mirada detenida en el tiempo sobre sus ojos, arriesgando a consumirse entre ellos si hubiese derivado en una situación absurdamente distinta...hasta que ese tercer sujeto, un segundo marine del mismo rango que él, entró en una escena en la que no había sido invitado, estorbando, molestando por completo un juego de egos en el que Omuyaga no deseaba participar.

Y sin embargo, aquello resultó de lo más oportuno.

—¿Está todo en orden, Kael?—Miró a los dos jóvenes inquisitivamente, confundido, con una expresión clara en su rostro a la expectativa de poder hacer más preguntas.

—No, Dion. No lo está.—Tomó de la mano a la mujer sin pedir permiso. Un primer movimiento, un paso en falso por su parte, y terminaría aquel juego en el que aquella mujer tintada no iba a salir ganando.—Avisa al Sargento Torgal, por favor. Hazle saber que llevaremos una invitada en nuestra embarcación. Yo me encargaré personalmente de escoltarla.

Sin detalles, sin complicaciones, y con un mensaje claro ante una orden que ponía en problemas la postura de ambos, pero jugando un riesgo que él estaba dispuesto a correr. Las cartas estaban sobre la mesa, y ella, de una forma u otra, ya no tenía hacia donde huir.

La había involucrado en esto, y ella debía decidir como quería hacerlo.

—Entendido. Estaremos a la espera.—Con un saludo militar despidiéndose hasta desaparecer en la distancia, y sólo cuando el callejón había vuelto a esconderlos de la vista de todos aquellos que pudieran mantenerse como testigos...asesinó una vez más la distancia.

Esta vez, sin un solo milímetro que los detuviese.

No había intenciones groseras, ni mucho menos el deseo de aprovecharse de la cercanía, y desde luego algo como eso no iba a alterar ni un ápice como el hombre se sentía, atravesando con sus pupilas el fuego que ella no estaba dispuesta a amansar para ceder. Era lo más lejos que él había llegado por alguien, y todo eso...ni siquiera él podía entender que le hacía llegar hasta ese punto.

—Se acabó la partida.—Una sentencia limpia, sin adornos.—No vas a pasar por esa fila ni ese proceso para convertirte en marine. En un minuto la marina va a considerarte una invitada importante, y todavía puedo decidir que clase de trato quiero que se te dé. Tengo la capacidad de tratarte como una niña rica, como una recomendada para entrar directamente en la marina...o como una criminal a la que vamos a apresar. El barco se dirige directamente hasta Baterilla, y desde ahí, si es necesario, pueden trasladarte directamente hasta Impel Down.

Su tono seguía mostrando su maldición incapaz de enfrentar otro tono en su voz, pero en el interior de su corazón...había dejado de querer ganar aquella partida.

Pero él iba a terminarla, fuera como fuese.
Y ella no iba a salir ganando.