26-08-2026, 05:28 AM
— ¡GAKI, SALTÉ YA DE LA CAMA QUE NECESITO QUE ME HAGAS UN MANDADO! ¡Y NO ES PARA MAÑANA, ES PARA YA! —me gritó mi madre desde el piso de abajo mientras yo estaba arropado hasta la cabeza, en mi cama.
— Tsk. ¿Porque tiene que gritar maldita sea? —dije en voz alta sin moverme de la cama.
— ¡GAKI! NO ME HAGAS IR A BUSCARTE. MÁS TE VALE QUE YA ESTES LEVANTADO Y CAMINANDO PARA ACÁ —siguió gritando mi madre.
Era impresionante, que sin importar la edad que tuvieras, siempre terminan tratándote como si fueras un niño. No tenía la intención de levantarme tras esos gritos, me irritaba, pero apenas escuché sus pasos camino a mi habitación supe que no iba a tener opción, y tendría que decirle adiós a mi amada cama. Asi que a regañadientes terminé por levantarme y ponerme los zapatos.
Lo que mi madre queria era que fuese a la panaderia por un saco de harina. Si, todo ese alboroto por un mísero saco de harina. Luego de darme las monedas y explicarme lo que necesitaba de mi, me dio un empujon hacia afuera de la casa, no sin antes decirme que sin la harina ni se me ocurriera volver a casa.
— Maldigo las festividades de verano. Todo por un ridículo festival de tartas —pensé mientras caminaba rumbo a la panadería—. No se que sería peor, si quedarme sin almuerzo o si calarme a mamá furica si no hago lo que dice. Tsk
Las calles del pueblo eran demasiado ruidosas en el día y la gente era muy metiche y confianzuda, eso o es que yo siempre estaba con cero ganas de socializar. No habia caminado bien media cuadra cuando un comerciante de un local cerca de casa me interceptó en el camino.
—¡Muchacho! ¡Eres tú! Te debemos una! Gracias por poner en su sitio al infeliz de Manigoldo. ¡Ese maldito marine abusivo ya se creía el dueño del pueblo! Toma, quédate con esto —me dijo mientras me daba una bolsa de fresas, para luego darse media vuelta sin decirme más nada.
A mi no me quedó mas que parpadear, porque sinceramente no entendi nada de nada. ¿Un maní gordo? ¿Marine? No sabia de que me estaba hablando, pero tampoco era como que me importara, por lo menos ahora tenia una bolsa de fresas que fui comiéndome por el camino porque no me aguanté a dejarlas para más tarde.
Por donde pasaba veia gente murmurando y mirandome, algo que me hacia sentir demasiado incomodo. Al caminar otro trecho mas, una mujer anciana me detuvo inclinandose y sacudiendome la mano libre, porque en la otra llevaba la bolsa.
— Oi… Oiga, suélteme, no le han dicho que hacer eso es de vieja loca. Tsk — dije quejándome y dando unos pasos atrás
— ¡Que valiente eres muchacho! ¡Pochita nos contó! ¡Dios te bendiga, hijo! —me dijo la vieja.
—Eh... sí. Buenas tardes... o lo que sea — le dije sin entender todavía nada. Pero por lo menos gracias a las palabras de la anciana ya sabia que Pochita estaba detrás de todo este alboroto.
Seguí caminando mirando fijamente el suelo, huyendo de las miradas y tomando atajos para evitar a las personas.
Luego de esquivar a todos los que pretendian atravesarse en mi camino, pude ver al fin la fachada de la panadería. La puerta estaba entreabierta por lo que entré así sin más al interior del local. En el centro de la panadería estaba Anzu parada sobre un taburete intentando colocar un frasco de mantequilla en la repisa más alta. Su largo cabello se mecía suavemente con sus movimientos, y su vestido delataba su figura.
Me detuve apenas la vi allí parada, no era una desconocida para mi ya que desde muy pequeño acompañaba a mis padres a la panadería por lo que la conocía muy bien. Era una chica hermosa, era imposible negar que verla me hacía sentir una punzada en el pecho. Ella no me sintió entrar asi que hice como si estuviera carraspeando para que supiera que yo estaba allí.
— Vengo… vengo de parte de mi madre. Me envió por harina —le dije sin hacer contacto visual—. No deberias estar subida en ese taburete, es peligroso. ¿Acaso eres idiota? Llama a tu padre y que el suba eso.
— Tsk. ¿Porque tiene que gritar maldita sea? —dije en voz alta sin moverme de la cama.
— ¡GAKI! NO ME HAGAS IR A BUSCARTE. MÁS TE VALE QUE YA ESTES LEVANTADO Y CAMINANDO PARA ACÁ —siguió gritando mi madre.
Era impresionante, que sin importar la edad que tuvieras, siempre terminan tratándote como si fueras un niño. No tenía la intención de levantarme tras esos gritos, me irritaba, pero apenas escuché sus pasos camino a mi habitación supe que no iba a tener opción, y tendría que decirle adiós a mi amada cama. Asi que a regañadientes terminé por levantarme y ponerme los zapatos.
Lo que mi madre queria era que fuese a la panaderia por un saco de harina. Si, todo ese alboroto por un mísero saco de harina. Luego de darme las monedas y explicarme lo que necesitaba de mi, me dio un empujon hacia afuera de la casa, no sin antes decirme que sin la harina ni se me ocurriera volver a casa.
— Maldigo las festividades de verano. Todo por un ridículo festival de tartas —pensé mientras caminaba rumbo a la panadería—. No se que sería peor, si quedarme sin almuerzo o si calarme a mamá furica si no hago lo que dice. Tsk
Las calles del pueblo eran demasiado ruidosas en el día y la gente era muy metiche y confianzuda, eso o es que yo siempre estaba con cero ganas de socializar. No habia caminado bien media cuadra cuando un comerciante de un local cerca de casa me interceptó en el camino.
—¡Muchacho! ¡Eres tú! Te debemos una! Gracias por poner en su sitio al infeliz de Manigoldo. ¡Ese maldito marine abusivo ya se creía el dueño del pueblo! Toma, quédate con esto —me dijo mientras me daba una bolsa de fresas, para luego darse media vuelta sin decirme más nada.
A mi no me quedó mas que parpadear, porque sinceramente no entendi nada de nada. ¿Un maní gordo? ¿Marine? No sabia de que me estaba hablando, pero tampoco era como que me importara, por lo menos ahora tenia una bolsa de fresas que fui comiéndome por el camino porque no me aguanté a dejarlas para más tarde.
Por donde pasaba veia gente murmurando y mirandome, algo que me hacia sentir demasiado incomodo. Al caminar otro trecho mas, una mujer anciana me detuvo inclinandose y sacudiendome la mano libre, porque en la otra llevaba la bolsa.
— Oi… Oiga, suélteme, no le han dicho que hacer eso es de vieja loca. Tsk — dije quejándome y dando unos pasos atrás
— ¡Que valiente eres muchacho! ¡Pochita nos contó! ¡Dios te bendiga, hijo! —me dijo la vieja.
—Eh... sí. Buenas tardes... o lo que sea — le dije sin entender todavía nada. Pero por lo menos gracias a las palabras de la anciana ya sabia que Pochita estaba detrás de todo este alboroto.
Seguí caminando mirando fijamente el suelo, huyendo de las miradas y tomando atajos para evitar a las personas.
Luego de esquivar a todos los que pretendian atravesarse en mi camino, pude ver al fin la fachada de la panadería. La puerta estaba entreabierta por lo que entré así sin más al interior del local. En el centro de la panadería estaba Anzu parada sobre un taburete intentando colocar un frasco de mantequilla en la repisa más alta. Su largo cabello se mecía suavemente con sus movimientos, y su vestido delataba su figura.
Me detuve apenas la vi allí parada, no era una desconocida para mi ya que desde muy pequeño acompañaba a mis padres a la panadería por lo que la conocía muy bien. Era una chica hermosa, era imposible negar que verla me hacía sentir una punzada en el pecho. Ella no me sintió entrar asi que hice como si estuviera carraspeando para que supiera que yo estaba allí.
— Vengo… vengo de parte de mi madre. Me envió por harina —le dije sin hacer contacto visual—. No deberias estar subida en ese taburete, es peligroso. ¿Acaso eres idiota? Llama a tu padre y que el suba eso.
offrol
