22-08-2026, 11:46 PM
48 de Primavera, Año 18 ❥ En algun lugar de la isla
Now handle your Emerald Sword
─ ♚ ─
La presión que colocaba Alex sobre su pecho no daba tregua y su cuerpo parecía estar luchando a cada segundo para conseguir un poco de aire; la respiración quemaba en su garganta y el corte que acababa de proporcionarle en los dedos no debería ser mas que un piquete…aun así, Astra permanecía firme en su posición.
No iba a ceder terreno.
No iba a rendirse.
No podía rendirse.
Pero el juicio final parecía decidir contra sus propios deseos. La mole de veinticinco metros presionó un poco más contra su cuerpo y todos los huesos de Nyx gritaron al unísono de dolor mientras el aire escapa de sus pulmones en un único halito de vida. Con la mejilla pegada a la tierra, apretó los dientes con fuerza a base de ese carácter y obstinación ciega que la conformaban hasta la punta del cabello, como si aquel gesto le ayudase a retener un poco más de aire en sus pulmones.
Quemaba.
Quemaba de la misma forma cuando casi se había ahogado siendo niña.
Cuando había visto la desesperación en el rostro de Aelira y el llanto de Seren…
Entonces Astra desapareció de su mano…
…y aquello fue peor que ser enterrada bajo el yugo de su fuerza.
El mar de sus ojos fue hacia el rostro de su compañero de división con dificultad; el latigazo de dolor en la nuca, a causa de haber caído de espaldas a penas unos segundos antes, la recorrió por toda la espina dorsal para recordarle que era una humana. Una con límites.
Una débil humana que aún no era lo suficientemente fuerte ni rápida para pelear contra él.
Y Alex estaba ahí, como la muralla infranqueable que era, como un escalón más que debía subir para alcanzar a ese hombre, pero ella, al igual que aquel día en el bosque, no era capaz de sortearlo…acaso…¿Eso era el atisbo de una sonrisa en los labios del gigante?
El presionó contra su cuerpo.
Ella jadeo y su vista comenzó a nublarse.
¿La tierra estaba cediendo bajo su peso?
Presionó sus dedos contra el mango de la katana que aún tenía en la mano como una última embestida en esa pelea dispar. Iba a intentar el mismo movimiento que había hecho con Astra mientras el dolor invadía cada espacio de su cuerpo, su visión nublada y ligeramente mareada le recordaban que, si Alex presionaba solo un poco más, ella…
Y el golpe llegó antes de que Nyx pudiese reaccionar.
Sintió el suelo retumbar bajo su espalda mientras su pecho amplio subía y bajaba vertiginoso tomando bocanadas de aire. Tosió con fuerza mientras se inclinaba hacia el costado izquierdo, donde su mano aun se aferraba a su espada; La garganta escocia a falta del aire mientras intentaba, en esos segundos que el aire entraba a raudales por sus pulmones, volver a poner todos sus sentidos en guardia y acallar el grito de dolor de su cuerpo.
Fue allí cuando lo notó.
La manga de su blusa de marine comenzó lentamente a inflarse, luego la parte inferior, luego la otra manga y el cuello. Ni siquiera alcanzó a razonar su acción, la espada se movió hábil hacia los botones para hacer un corte vertical que buscaba arrancarlos de cuajo mientras la prenda seguía inflándose sobre su cuerpo. Había conseguido a duras penas quitársela de ambos brazos cuando explotó tan cerca de ella que terminó nuevamente con el trasero sobre el suelo a causa de la explosión y el olor a cabello y piel chamuscada rondándole demasiado cerca.
"¿Alex…Alex ha hecho eso?"
"¿Cómo..?"
Las nuevas habilidades de su compañero de división acababan de volverlo más interesante.
El calor del impacto aun persistía sobre su piel, aun así, lentamente la Archeron se levanto del piso. Los músculos de su cuerpo gritaron nuevamente de dolor y su antebrazo derecho le recordó de inmediato donde la había alcanzado la explosión, pero ella volvió a apretar los labios para no emitir ni un solo quejido que fuera a demostrar debilidad. Ya no quedaban más que pequeños retazos de lo que había sido su blusa de marine sobre los botones en la tierra de ese cuadrilátero en karate, y con la blusa destrozada, su silueta quedó expuesta a la brisa de primavera.
El top de entrenamiento y compresión que acostumbraba a llevar cada vez que se ponía ese uniforme azul y blanco, a penas lograba contener el volumen amplio y prominente de su pecho, enmarcando la curvatura de su femineidad, dejando expuesta su cintura y su vientre. Allí, donde la tela ya no existía, el secreto de ese mapa estelar era marcado por la luz del sol de primavera. Los astros que marcaban su piel y caían como estrellas fugaces hacia el abismo de sus senos, rodeando la sombra erguida de esas tres montañas que significaban vida para ella, justo al centro.
La hermandad de las Archeron.
Ella era fuego y tormenta, orgullo y acero y por ello, no iba a retroceder.
Por ellas, no iba a retroceder.
Irguiendo los hombros y alzando la barbilla, sostuvo la única katana que aún le quedaba entre sus dos manos. No había vergüenza en su mirada, como si no estuviese totalmente expuesta ante su compañero de división, como si el no acabase de revelar algo que podría poner en juego la vida de Aelira y la propia.
Alex no hablaba su idioma y ella estaba segura, que él no podría ni querría recordar lo que podría estar viendo.
Mientras su pecho amplio subía y bajaba marcando ese ritmo lento que intentaba normalizar su respiración, Nyxara Archeron observó de frente al gigante con esa obstinación inquebrantable. Reajusto su centro de gravedad, flexionando un poco sus muslos para tomar esa postura cerrada con la única espada que le quedaba entre las manos; no avanzó la distancia que Alex había puesto entre ellos, conocía sus propias debilidades y aprendía rápido.
Si el quería terminar lo que habían empezado tendría que moverse por el cuadrilátero y con algo de suerte, ella conseguiría volver a picarle los dedos.
Léeme
