22-08-2026, 01:46 AM
(Última modificación: 22-08-2026, 01:49 AM por Triana Tempesta.)
Los días se habían sucedido en la isla de manera pacífica. A pesar de todo el revuelo que se había formado a nuestro alrededor, nadie se había atrevido a perturbar nuestra calma, al menos de momento. Cada día despertaba esperando una invasión de marines o cazarrecompensas, incluso me dormía pensando que, en cualquier momento, nos tendríamos que poner de pie de un salto y luchar por nuestra vida, pero no sucedió. Aquella mañana no tenía intención de entrenar. Me puse el bikini, cogí una silla, mi toalla y un puro y salí a la cubierta para tomar el sol. Entrenar todos los días ya era parte de mi rutina, no me resultaba especialmente duro, pero la espera se me estaba haciendo insoportable. Era demasiado tiempo sin noticias sobre Yamamura y Aspros. Podrían haber escapado de prisión o podrían estar muertos. No había más opciones y la probabilidad de que hubiese sucedido la primera era considerablemente inferior.
Coloqué la toalla sobre la silla y me senté para encender mi puro. Cerré los ojos mientras me recostaba en la silla. Encendí el puro con el dedo y di la primera calada. Al mirar al cielo, una marea de nubes blancas ocupó casi toda mi visión. Sentía los rayos del sol bronceando mi cuerpo, un poco más moreno que de costumbre. Si Aspros conseguía llegar hasta nosotros se iba a morir de envidia. Sonreí de solo imaginarlo mientras expulsaba el humo, que ascendió hasta mezclarse con las nubes. Todo estaba bastante tranquilo, el único sonido que se escuchaba era el de las olas del mar. Ya me había acostumbrado a él. Seguramente fuese el sonido que más tiempo había estado escuchando a lo largo de mi vida. Desde que embarqué con Yamamura ya habían pasado unos cuantos años y, a partir de ese momento, no había dejado de navegar. Más les valía a esos dos volver con vida o tendríamos que hacer una locura.
Di otra calada lentamente, intentando disfrutar de la calma. Lo único que podría mejorar aquel momento era uno de los cócteles de Garnet. Lo busqué con la mirada por si estaba por los alrededores. Sabía que con solo pedírselo me lo traería, pero parecía estar muy a gusto en la parte más elevada del barco. Si bajaba, no dudaría en decirle que me preparase algo de beber. Me acomodé volviendo a cerrar los ojos y, en ese momento, escuché un grito que me resultó familiar. De inmediato, abrí los ojos sin saber cómo reaccionar. Llegué a dudar de si me lo había imaginado o era real, pero Garnet también parecía haberlo oído. Me puse en pie y miré en la misma dirección que el cocinero. El corazón me dio un vuelco al ver aquel barco en nuestro muelle improvisado. Pero el barco era lo de menos. Era inconfundible. A pesar de la distancia, su figura se distinguía entre todo lo demás.
Garnet pegó un salto desde lo alto hasta la cubierta y nos ofreció subirnos, aunque solo a Jolyne y a mí, para llevarnos hasta él lo más rápido posible. En cualquier otra situación me lo habría pensado dos veces, pero ya ni me importaban las marranadas de Garnet. Me puse el puro en la boca y me subí encima de él sin decir nada. Solo quería llegar al muelle cuanto antes. Él también parecía ansioso por llegar y no tardó en lanzarse a la carrera. No era tanta la distancia, pero se me hizo eterna. Algo dentro de mí todavía no se lo creía. Sentía mi corazón latiendo con fuerza, tanto tiempo esperando, y por fin llegaba el día. El día en el que nos reuníamos para avanzar con más determinación, para volar más libres e imparables que nunca.
Al llegar casi al muelle, me bajé del lomo de Garnet de manera automática con el único objetivo de dirigirme hacia Aspros y Yamamura. Sin embargo, una turba de chusma nos no lo dificultaba y me hizo salir de mi ensoñación. —¿Qué cojones es todo esto? —pregunté para mí misma, sin dirigirme a nadie en concreto mientras intentaba caminar hacia ellos. Solo Yamamura podría responderme a la pregunta y no quería que fuese lo primero de lo que me hablase. Garnet también Parecía molesto con la muchedumbre de personas y se refirió a ellos con una palabra que no había escuchado en mi vida, pero se limitó a apartarles hasta alcanzar a nuestros compañeros recién llegados. El aspecto de Yamamura era muy diferente. Ya no vestía la misma ropa, aunque más le valía después de tres años y un encierro. También se había cortado el pelo. Le daba un aire diferente y mucho más serio. Aspros, a pesar de haberse infiltrado en la prisión y luchado contra a saber qué tipo de personas, continuaba manteniendo un aspecto impecable. No esperaba menos de él.
Garnet se lanzó a por ellos para abrazarles entre lágrimas. Yo me quedé a unos pasos con una gran sonrisa y alivio. Todavía no me lo creía. Entonces, recordé todos los años que habíamos pasado sin Yamamura. Desde que se fue dejándonos solo un papel garabateado, cuando vimos la noticia de su encierro, haber tenido que tomar el mando, todo el tiempo esperando que escapase o planeando cómo liberarle, y la última noticia sobre su ejecución. Fruncí el ceño y la alegría dio paso al enfado en cuestión de segundos. —¡Ya era hora! —grité mientras una lágrima discreta me traicionaba surcando mi mejilla.
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Coloqué la toalla sobre la silla y me senté para encender mi puro. Cerré los ojos mientras me recostaba en la silla. Encendí el puro con el dedo y di la primera calada. Al mirar al cielo, una marea de nubes blancas ocupó casi toda mi visión. Sentía los rayos del sol bronceando mi cuerpo, un poco más moreno que de costumbre. Si Aspros conseguía llegar hasta nosotros se iba a morir de envidia. Sonreí de solo imaginarlo mientras expulsaba el humo, que ascendió hasta mezclarse con las nubes. Todo estaba bastante tranquilo, el único sonido que se escuchaba era el de las olas del mar. Ya me había acostumbrado a él. Seguramente fuese el sonido que más tiempo había estado escuchando a lo largo de mi vida. Desde que embarqué con Yamamura ya habían pasado unos cuantos años y, a partir de ese momento, no había dejado de navegar. Más les valía a esos dos volver con vida o tendríamos que hacer una locura.
Di otra calada lentamente, intentando disfrutar de la calma. Lo único que podría mejorar aquel momento era uno de los cócteles de Garnet. Lo busqué con la mirada por si estaba por los alrededores. Sabía que con solo pedírselo me lo traería, pero parecía estar muy a gusto en la parte más elevada del barco. Si bajaba, no dudaría en decirle que me preparase algo de beber. Me acomodé volviendo a cerrar los ojos y, en ese momento, escuché un grito que me resultó familiar. De inmediato, abrí los ojos sin saber cómo reaccionar. Llegué a dudar de si me lo había imaginado o era real, pero Garnet también parecía haberlo oído. Me puse en pie y miré en la misma dirección que el cocinero. El corazón me dio un vuelco al ver aquel barco en nuestro muelle improvisado. Pero el barco era lo de menos. Era inconfundible. A pesar de la distancia, su figura se distinguía entre todo lo demás.
Garnet pegó un salto desde lo alto hasta la cubierta y nos ofreció subirnos, aunque solo a Jolyne y a mí, para llevarnos hasta él lo más rápido posible. En cualquier otra situación me lo habría pensado dos veces, pero ya ni me importaban las marranadas de Garnet. Me puse el puro en la boca y me subí encima de él sin decir nada. Solo quería llegar al muelle cuanto antes. Él también parecía ansioso por llegar y no tardó en lanzarse a la carrera. No era tanta la distancia, pero se me hizo eterna. Algo dentro de mí todavía no se lo creía. Sentía mi corazón latiendo con fuerza, tanto tiempo esperando, y por fin llegaba el día. El día en el que nos reuníamos para avanzar con más determinación, para volar más libres e imparables que nunca.
Al llegar casi al muelle, me bajé del lomo de Garnet de manera automática con el único objetivo de dirigirme hacia Aspros y Yamamura. Sin embargo, una turba de chusma nos no lo dificultaba y me hizo salir de mi ensoñación. —¿Qué cojones es todo esto? —pregunté para mí misma, sin dirigirme a nadie en concreto mientras intentaba caminar hacia ellos. Solo Yamamura podría responderme a la pregunta y no quería que fuese lo primero de lo que me hablase. Garnet también Parecía molesto con la muchedumbre de personas y se refirió a ellos con una palabra que no había escuchado en mi vida, pero se limitó a apartarles hasta alcanzar a nuestros compañeros recién llegados. El aspecto de Yamamura era muy diferente. Ya no vestía la misma ropa, aunque más le valía después de tres años y un encierro. También se había cortado el pelo. Le daba un aire diferente y mucho más serio. Aspros, a pesar de haberse infiltrado en la prisión y luchado contra a saber qué tipo de personas, continuaba manteniendo un aspecto impecable. No esperaba menos de él.
Garnet se lanzó a por ellos para abrazarles entre lágrimas. Yo me quedé a unos pasos con una gran sonrisa y alivio. Todavía no me lo creía. Entonces, recordé todos los años que habíamos pasado sin Yamamura. Desde que se fue dejándonos solo un papel garabateado, cuando vimos la noticia de su encierro, haber tenido que tomar el mando, todo el tiempo esperando que escapase o planeando cómo liberarle, y la última noticia sobre su ejecución. Fruncí el ceño y la alegría dio paso al enfado en cuestión de segundos. —¡Ya era hora! —grité mientras una lágrima discreta me traicionaba surcando mi mejilla.
![[Imagen: 8Rsjucn.png]](https://imgur.com/8Rsjucn.png)
