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[PASADO] Un viaje de ida y vuelta - La gran reunión de los Alas Negras - Versión para impresión

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[PASADO] Un viaje de ida y vuelta - La gran reunión de los Alas Negras - Yojimbo - 21-08-2026

1 de Primavera del año 18


Mi mano avanzó con rapidez, arrebatando de las garras de un indeseable un pequeño saco de pimientos que tanto ansiaba. Aquel pirata forcejeó durante unos instantes conmigo, pero lo dejé dormidito de un cabezazo, la victoria era mía y el contenido del saco desapareció de la vista de todos.

-¡¡EGHZ MÍO!! -grité con la boca llena justo antes de tragar con esfuerzo un kilo y medio de pimientos.

Los piratas gritaban, saltaban, celebraban y, embriagados por el alcohol, se peleaban por cualquier cosa. Agarré con una mano un barril de cerveza, abrí la tapa superior y le di un trago mientras dejaba a la marabunta de expresidiarios festivos atrás y me disponía a buscar a Aspros. Caminé por la cubierta de aquel gigantesco barco, viendo de pasada a los miembros supervivientes del Equipo Hormiga, menos a la niña repelente, y a mi padre, que, como siempre, era el alma de la fiesta. En cuanto hice contacto visual con Aspros, me acerqué a él y me senté en el suelo a su lado.

-¡A la salud del mejor navegante que conozco, del pirata más fiero de los siete mares, de la Reina de los Okamas y del mejor amigo que se puede tener! ¡A tu salud! -Brindé al aire, dejando caer un poco del contenido del barril al suelo y pegué otro trago. -Consigues todo lo que te propones, ¿eh? -le dije contento mientras empujaba levemente su hombro derecho con mi puño. -No hemos podido hablar con tranquilidad, ha sido todo demasiado… frenético. En fin, quería agradecerte todo esto, ha sido una auténtica temeridad por tu parte, ¡¡KIKIKIKIKI!!

Aspros iba a venir sólo a rescatarme, este tío que tenía delante era la persona más valiente que conocía. Se fue de la tripulación para perseguir un sueño, y dejó una vida ideal para adentrarse en el mismísimo infierno en la tierra e intentar rescatar, sin garantías, a un amigo. Le debía literalmente la vida.

-aSpRoSs… -lloriqueé. -Te… snif te quiero tantísimo… ¡AMIGO! -grité mientras los mocos salían largos como espárragos por mi nariz. Estiré mi brazo derecho y agarré por la cabeza a un pobre desgraciado que paseaba cerca de nosotros, lo acerqué a mi cara y usé su cabeza para limpiarme las lágrimas y los mocos y, finalmente, lo lancé por ahí. -Bueno, ya está bien, ¿qué has estado haciendo todo este tiempo? Ponme al día, si quiero ser Rey de los Piratas tengo que aprender mucho de una auténtica Reina.

Y así estuvimos hablando largo y tendido, hacía muchísimo tiempo que no hablaba con Aspros y cada minuto que pasaba con él era alegría en estado puro.


-UNOS DÍAS MÁS TARDE-



-¡¡TIERRA A LA VISTA!! -gritó uno de los marineros de abordo, a los pocos segundos todos comenzaron a gritar y a prepararse para tocar tierra.

Posé mi pierna derecha en una de las barandas del barco y puse mi mano izquierda sobre mis cejas para cubrirme del sol mientras en el horizonte se veía nuestro destino: Punk Hazard. Ya me habían estado contando las aventuras de los Alas Negras en ese lugar. Llegaron, derrotaron al infame Doctor Utakata, miembro de la Ouka Shichibukai, y reclamaron la isla como su territorio. ¡Estaban completamente locos! ¡Teníamos una isla propia! Y es que era una auténtica locura y daba verdadero vértigo si echábamos la vista atrás. Todo lo que habíamos conseguido era increíble. Y yo era el orgulloso capitán de todos estos valientes marineros.

A los pocos minutos logramos amarrar en el muelle de la isla y lo primero que vi fue una bandera de los Alas Negras ondeando sin descanso. Hacía muchísimo que no veía nuestra bandera.

[Imagen: mYB8kby.png]

Giré la cabeza y miré a Aspros mientras apoyaba mi mano derecha sobre su hombro izquierdo.

-Estamos en casa, amigo.


Aquí el grupo se dividía, los viejos maestros se iban en el navío con el que habíamos llegado y mi padre junto a un grupo enorme de expresidiarios cogían otro barco que había venido a recogerlos. Tras una serie de consejos vitales me despedí de mi padre haciéndole el famoso saludo de la revolución, a mí me parecía ridículo, pero parecía que a él le hacía muchísima ilusión que lo hiciera. Y una vez se fueron quedamos 700 piratas supervivientes que entraban a formar parte de la gran flota de los Alas Negras, todos vestidos aún con eluniforme de la prisión, Aspros y yo. Los piratas fueron entrando a la isla, que ahora era su nuevo hogar, y al fondo del todo quedamos Aspros y yo. Recogí todo el aire que pude mientras generaba catorce bocas distanciadas entre si y grité todo lo fuerte que pude:

-¡¡¡¿¿¿NOS ECHABAIS DE MENOS???!!!

[Imagen: driyOdY.jpeg]



RE: [PASADO] Un viaje de ida y vuelta - La gran reunión de los Alas Negras - Garnet D. Matlock - 21-08-2026

- ¿Qué puede hoy tocar el menda para alegrar el alma de este artista, huh? - Se preguntaba un Garnet que se hallaba tumbado en la cofa del palo mayor del Solar Karma. Como solía ser habitual, en ciertas noches de cielo despejado dónde las estrellas y luna brillaban con esplendor en lo alto del cielo, al músico le gustaba dormir a la intemperie abrazado a su instrumento, siendo su lugar predilecto el punto más alto del galeón. Aquella noche, había dormido dándole vueltas a los muchos días que habían transcurrido desde que sentenciaron a muerte a su capitán y, además, desde que se enteraron de que Aspros y el propio padre de Yojimbo se habían colado en la prisión con más seguridad del mundo para que él volviera a gozar de su libertad. El pelirrojo, si bien ellos mismos se habrían plantado en el fin del mundo por él de ser posible, no podía dejar de pensar en los huevazos que había que tener para ello. Y por supuesto, preocuparse.

Con esos pensamientos, fue que Garnet concilió, a duras penas, el sueño, pensamientos que se trasladaban a la mañana actual.- Vamos Garnet... - Tocó un acorde con Sabertones, viendo si así era posible coger algo de inspiración.- Ya se lo soltaste a Triana, es cuestión de confiar, ¿es o no es? - Y otro tocó otro acorde, dejándole una cara de desaprobación mientras negaba con la cabeza. Su cabeza, por desgracia, estaba en otra cosa como para poder concentrarse en una de sus pasiones. Pero en ese preciso momento, como un trueno atravesando las nubes hasta alumbrar todo el cielo, una fulgurante y estruandosa voz llegaba a los oídos del pelirrojo, al mismo tiempo que a su propio corazón.- ¿Huh? - preguntó, desencajado, mientras parpadeaba perplejo ante la situación, ¿sería posible?.- ¿¡Os habéis coscado de algo o voy tarunga perdido!? - gritó de manera moderada pero agitada, mientras se incorporaba y se ponía de pie en lo alto de la cofa. El corazón le iba a mil, y la respiración la sentía completamente acelerada.¿Sería todo producto de su imaginación? ¿Era aquello real?

Una vez de pie, Garnet miró a su derredor, centrando su atención sobre todo en una dirección determinada de la isla. Al poco de conquistar la isla y de enterarse de la noticia de Yojimbo, Tobías se tomó la molestia de construir un improvisado muelle, con la bandera de los Alas Negras izando con el viento, para que sirviera de guía en el momento de la llegada de su capitán. Y fue en esa misma dirección, en ese mismo muelle que, a cientos y cientos de metros del Solar Karma, pudieron divisar un gran barco. Por pura inercia e instinto, Garnet se llevó sus dos puños a sus cerrados ojos restregándolos en ellos como si aquello fuera un sueño. Cuando los volvió a abrir, ahí seguía. El corazón se le iba a salir del pecho, al mismo tiempo que una sonrisa desencajada de su cara.- ¡PUAJAJA! ¡Y UNA POLLA! - soltó una carcajada, risueño y más feliz que nunca.- ¡¡PEÑUQUI TOSTADA!! ¡TODOS AL MUELLEEE! - avisó a pleno pulmón, colgándose a Sabertones a sus espaldas y saltando en ese momento desde el punto más alto del galeón hasta aterrizar con sus dos piernas flexionadas en la cubierta. En ese momento, usó los poderes de su fruta del diablo para transformarse en su forma completa, un enorme felino de un metro de altura y dos de largo con unos enormes y largos colmillos sobresaliendo de sus fauces.- ¡AL LORO, TRIANA Y JOLYNE! ¡SUBID AL TREN DEL AMOR! ¡LOS DEMÁS BUSCÁOS LA VIDA! ¿ES O NO ES? - gritó, esperando de forma oportuna hasta que le hicieran o no caso hasta salir como una centella hacia el lugar del encuentro.

Como una exhalación, Garnet comenzó a correr como un relámpago por la playa de Punk Hazard, levantando tras de sí una estela de polvo con cada frenética pisada que hundía en la suave y cálida arena. No mucho después, cuando estaban ya a pocos metros del muelle, el dientes de sable comenzó a frenar en seco, usando sobre todo sus patas delanteras para detener su acelerado viaje.- ¡FIN DEL VIAJE! - exclamó nervioso, esperando a que quién estuviera montado en el músico se bajara de su lomo, momento en el cuál, deshizo su transformación para volver a su forma de marrano base. En ese punto, junto al resto de sus nakamas, caminaron hacia el muelle, viendo una marabunta de presos que parecían celebrar su llegada a estas tierras. - ¿¡Pero qué!? - se preguntaba Garnet, algo molesto, pudiendo observar al fondo de esa muchedumbre una enorme silueta que jamás en la vida sería capaz de no reconocer. Las prisas comenzaron a ganarle en ese momento - ¡Oye, oye! ¡Abrid paso, hipoglúcidos! - exclamó, sin saber muy bien que significaba la última palabra, comenzando a meter hombro y cuerpo, para poder caminar hacia dónde debían estar sus dos nakamas. 


Recuerdos fugaces viajaban a través de la mente del pelirrojo, que se iban pasando uno tras otro con cada látido de su corazón. El rodeo en el que compitió con Aspros en Isla Toko; la vez en la que cayó en el mismo equipo con Yojimbo, allá en Skypiea; cuándo se abrió sobre sus inseguridades con la reina Okama, una vez quedaron ambos eliminados en los juegos; la noche en la que se unieron a los Alas Negras, y en la que Garnet aprendió de primera mano la determinación de su capitán, el hombre que había decidido seguir; y como no, el momento del duro adiós tras la invasión del Zoodiacool, primero por parte de Aspros y, eventualmente, por parte de Yojimbo. Una vez que Garnet se plantó en el muelle, el griterío y jaleo que había montado en el lugar, hizo que todos aquellos recuerdos se fueran desvaneciendo de su mente paulatinamente. Habían pasado cerca de tres años desde que habían visto a dos de sus amigos, al futuro Rey de los Piratas y a la Reina Okama, dos miembros esenciales de los Alas Negras. Años en los que sabían el destino que había escogido Aspros, y el cautiverio que había tenido que soportar su capitán. Y finalmente, después de todo ese tiempo, de todas las dudas, miedos e inseguridades, finalmente estaban de vuelta.


Garnet posó sus ojos, incrédulo, en un Yojimbo completamente cambiado y renacido. Al contrario que en antiguos tiempos, ahora su pelo se mantenía corto, e iba vestido de lo más elegante, con una camisa blanca que iba por debajo de un chaleco marrón, que remataba sobre unos pantalones anchos - del mismo color que la prenda que iba sobre la camisa - y una gruesas botas. Era un outfit que imponía respeto y libertad, digno del rey de los piratas. Por su parte, Aspros, se mostraba tan diva y deslumbrante como siempre lo hacía. Su pelo y skincare parecía mostrarse "on point", mientras que en sus ropajes había decidido llevar un camisa con cuello alto y escote que iba a juego con sus pantalones y botines, siendo todos de un color morado que resaltaba espectacularmente las facciones. ¡Qué mona va esta reina siempre! Y Garnet mientras tanto con un tanga morado, manda huevos. - ¡YOJIMBO! ¡ASPROS! - exclamó, intentando guardar la compostura una vez los tuvo en frente - quitando los escalofríos que sentía al recordar su trauma por la muerte de Nekah - sus ojos comenzaron a brillar y aguarse, hasta que las lágrimas comenzaron a brotar por sí solas. Con tal de que no lo vieran llorar, el pelirrojo alzó la cabeza, haciendo que su vista estuviera centrado en el cielo azul, mientras llevaba su brazo derecho hacia sus llorosos ojos, tapándolos por completo.- El menda... No está llorando.... ¡BWOOOOOOOOH! - Se sorbía los mocos hasta, mientras se secaba las lágrimas con su brazo, quedándose así hasta que terminó recobrar las formas. Se quedó por un rato mirándolos, como un pánfilo, hasta que no pudo más, se transformó en su forma híbrida, y corrió y saltó hacia los dos para intentar envolver - tanto como podía - a ambos en un peludo y fuerte abrazo.- ¡HABÉIS TARDADO UN HUEVO EN VENIR! - apretó con mucha fuerza su abrazo. Se sentían tan real que se podría morir allí. Después de unos segundos, Garnet dejó de abrazarlos y se separó. Había pasado de la tristeza y de llorar a la felicidad y a sonreír como un maníaco. Aún no se creía que estuvieran al fin todos juntos. - ¡PUAJAJAJAJA! ¡Esto merece una fiesta de puta madre y por todo lo alto! ¿Es o no es? - declaró, para descolgarse su guitarra y ponerse en posición de tocar su querido y instrumento. Tenían que ponerse de muchas cosas al día, pero no había nada como un banquete en condiciones después de un gran reencuentro. 

Akuma



RE: [PASADO] Un viaje de ida y vuelta - La gran reunión de los Alas Negras - Triana Tempesta - 22-08-2026

Los días se habían sucedido en la isla de manera pacífica. A pesar de todo el revuelo que se había formado a nuestro alrededor, nadie se había atrevido a perturbar nuestra calma, al menos de momento. Cada día despertaba esperando una invasión de marines o cazarrecompensas, incluso me dormía pensando que, en cualquier momento, nos tendríamos que poner de pie de un salto y luchar por nuestra vida, pero no sucedió. Aquella mañana no tenía intención de entrenar. Me puse el bikini, cogí una silla, mi toalla y un puro y salí a la cubierta para tomar el sol. Entrenar todos los días ya era parte de mi rutina, no me resultaba especialmente duro, pero la espera se me estaba haciendo insoportable. Era demasiado tiempo sin noticias sobre Yamamura y Aspros. Podrían haber escapado de prisión o podrían estar muertos. No había más opciones y la probabilidad de que hubiese sucedido la primera era considerablemente inferior.

Off

 
Coloqué la toalla sobre la silla y me senté para encender mi puro. Cerré los ojos mientras me recostaba en la silla. Encendí el puro con el dedo y di la primera calada. Al mirar al cielo, una marea de nubes blancas ocupó casi toda mi visión. Sentía los rayos del sol bronceando mi cuerpo, un poco más moreno que de costumbre. Si Aspros conseguía llegar hasta nosotros se iba a morir de envidia. Sonreí de solo imaginarlo mientras expulsaba el humo, que ascendió hasta mezclarse con las nubes. Todo estaba bastante tranquilo, el único sonido que se escuchaba era el de las olas del mar. Ya me había acostumbrado a él. Seguramente fuese el sonido que más tiempo había estado escuchando a lo largo de mi vida. Desde que embarqué con Yamamura ya habían pasado unos cuantos años y, a partir de ese momento, no había dejado de navegar. Más les valía a esos dos volver con vida o tendríamos que hacer una locura.
 
Di otra calada lentamente, intentando disfrutar de la calma. Lo único que podría mejorar aquel momento era uno de los cócteles de Garnet. Lo busqué con la mirada por si estaba por los alrededores. Sabía que con solo pedírselo me lo traería, pero parecía estar muy a gusto en la parte más elevada del barco. Si bajaba, no dudaría en decirle que me preparase algo de beber. Me acomodé volviendo a cerrar los ojos y, en ese momento, escuché un grito que me resultó familiar. De inmediato, abrí los ojos sin saber cómo reaccionar. Llegué a dudar de si me lo había imaginado o era real, pero Garnet también parecía haberlo oído. Me puse en pie y miré en la misma dirección que el cocinero. El corazón me dio un vuelco al ver aquel barco en nuestro muelle improvisado. Pero el barco era lo de menos. Era inconfundible. A pesar de la distancia, su figura se distinguía entre todo lo demás.
 
Garnet pegó un salto desde lo alto hasta la cubierta y nos ofreció subirnos, aunque solo a Jolyne y a mí, para llevarnos hasta él lo más rápido posible. En cualquier otra situación me lo habría pensado dos veces, pero ya ni me importaban las marranadas de Garnet. Me puse el puro en la boca y me subí encima de él sin decir nada. Solo quería llegar al muelle cuanto antes. Él también parecía ansioso por llegar y no tardó en lanzarse a la carrera. No era tanta la distancia, pero se me hizo eterna. Algo dentro de mí todavía no se lo creía. Sentía mi corazón latiendo con fuerza, tanto tiempo esperando, y por fin llegaba el día. El día en el que nos reuníamos para avanzar con más determinación, para volar más libres e imparables que nunca.
 
Al llegar casi al muelle, me bajé del lomo de Garnet de manera automática con el único objetivo de dirigirme hacia Aspros y Yamamura. Sin embargo, una turba de chusma nos no lo dificultaba y me hizo salir de mi ensoñación. —¿Qué cojones es todo esto? —pregunté para mí misma, sin dirigirme a nadie en concreto mientras intentaba caminar hacia ellos. Solo Yamamura podría responderme a la pregunta y no quería que fuese lo primero de lo que me hablase. Garnet también Parecía molesto con la muchedumbre de personas y se refirió a ellos con una palabra que no había escuchado en mi vida, pero se limitó a apartarles hasta alcanzar a nuestros compañeros recién llegados. El aspecto de Yamamura era muy diferente. Ya no vestía la misma ropa, aunque más le valía después de tres años y un encierro. También se había cortado el pelo. Le daba un aire diferente y mucho más serio. Aspros, a pesar de haberse infiltrado en la prisión y luchado contra a saber qué tipo de personas, continuaba manteniendo un aspecto impecable. No esperaba menos de él.
 
Garnet se lanzó a por ellos para abrazarles entre lágrimas. Yo me quedé a unos pasos con una gran sonrisa y alivio. Todavía no me lo creía. Entonces, recordé todos los años que habíamos pasado sin Yamamura. Desde que se fue dejándonos solo un papel garabateado, cuando vimos la noticia de su encierro, haber tenido que tomar el mando, todo el tiempo esperando que escapase o planeando cómo liberarle, y la última noticia sobre su ejecución. Fruncí el ceño y la alegría dio paso al enfado en cuestión de segundos. —¡Ya era hora! —grité mientras una lágrima discreta me traicionaba surcando mi mejilla.


RE: [PASADO] Un viaje de ida y vuelta - La gran reunión de los Alas Negras - Kenzo D. Fujiwara - 23-08-2026

Me encontraba entrenando, como era costumbre a esas horas del día. Mi rutina era algo que no negociaba con nadie. Me levantaba temprano en la mañana, y sin comer absolutamente nada, me iba directo a algún claro en el bosque para golpear troncos, pelear contra animales y mejorar mis movimientos. Después de esa primera sesión, iba a hacer mis tareas impuestas por Triana y Garnet. Limpiar por aquí, limpiar por allá, recoger alguna cosa, arreglar algún estropicio, y un sin fin de tareas que si bien a cualquiera le molestaría, a mi me encantaba, ya que podía ayudar a mis compañeros. Después de hacer aquellas tareas, hacía una segunda sesión de entrenamiento, justo antes de almorzar con todos, y tras comer, una pequeña siesta. Tras la siesta volvía a entrenar unas dos o tres horas, y tras aquella sesión de entrenamiento, una ducha, y a ponerme a estudiar. Cuando mi sesión de estudio terminaba, me iba a cenar y a luego a dormir.

Estaba en mi segunda sesión de entrenamiento en el bosque, con mis guantes, mis espinilleras y todas mis pertenencias, cuando escuché una voz que para cualquiera de los Alas Negras era imposible de no reconocer. Fruncí el ceño y miré en dirección de donde provenía aquella voz. No era posible. ”Es imposible.” Me decía a mi mismo en mi cabeza mientras, sin siquiera pensar, mis piernas comenzaron a andar en dirección al origen de aquella voz. Me sentía con el corazón agarrado, como con nervios. Nunca supe qué hacer si volvía a verlo. Nunca supe cómo actuaría cuando lo viera. Moví la cabeza en otra dirección cuando escuché la voz de Garnet pidiendo que fueramos al muelle. No dudé un instante y salí corriendo con toda la velocidad que me permitían las piernas. ”¿Y si…? No, es imposible.” Seguía pensando.

Poco tardé en llegar a la playa, quedándome a pocos metros del muelle, donde ya estaban mis nakama. La visión fue un poco loca. Allí había como cientos de personas que entraban en la isla como si fuera su casa, aunque pude averiguar gracias al haki que sus intenciones no eran hostiles, por lo que me despreocupé hasta que sentí su aura. Bueno, sentí dos auras conocidas, dos auras que había echado de menos. Y resultó que lo imposible se hizo posible. Yojimbo y Aspros estaban en el muelle, habían llegado a la casa de los Alas Negras, y yo… Yo me quedé paralizado. Observé a Garnet avanzar entre aquellos piratas, hasta llegar a donde ellos estaban y abrazar a los recién llegados. Triana le siguió y yo, seguía apralizado. ¿Que podía decirle? ¿Cómo iba a pedirle perdón por no haber ido a rescatarle? ¿Que debía hacer?

Seguía allí, parado, hasta que se me ocurrió una idea un poco estúpida y loca. Le iba a mostrar lo fuerte que me había hecho por él, lo lejos que había llegado yo solo, y lo que haría a partir de ahora por él. Así que comencé a correr, con toda mi velocidad hacia Yojimbo mientras los piratas se iban a haciendo a un lado, dejándome un camino vacío en el muelle. Cargué mi puño derecho hacia atrás. -¡YOJIMBO!- Mi brazo se volvió de color negro, endureciendose aún más. -¡ESTO ES TODO LO QUE HE MEJORADO!- Grité mientras saltaba con toda mi fuerza cuando estaba a cinco metros de él, para recorrer esa distancia y lanzarle mi ataque a la cara. -¡HAKU RYUKEN!-


Resumen


Bélico


Gastos



RE: [PASADO] Un viaje de ida y vuelta - La gran reunión de los Alas Negras - Aspros - 23-08-2026

El sol castigaba con fuerza, brillante en un cielo azul completamente despejado. Los pájaros trinaban, el suave vaivén de las olas nos mecía suavemente, y los piratas… bueno, los piratas hacían lo que mejor se les da: sembrar el caos.

Una daga surcó el aire a milímetros de mi oreja izquierda, clavándose con un chasquido sordo en una pared de madera a mi espalda. Sin inmutarme, bajé lentamente el panel reflectante que sujetaba con sendas manos para descubrir mi bronceado rostro. Me encontraba tirado encima de una mullida tumbona en plena cubierta; los pésimos modales de la chusma no iban a impedir que mantuviese mi atractivo bronceado. Con ademán perezoso, deslicé la mirada por encima de mis enormes gafas de sol rojas con montura de ojo de gato hacia el grupo del que había salido el cuchillo, mostrando un absoluto desinterés por el alboroto de los prisioneros liberados y sus absurdas trifulcas.

El asalto a Impel Dawn había sido todo un éxito. No solo habíamos liberado a Yojimbo de su cruento destino en el infierno submarino junto a decenas de prisioneros, sino que habíamos sacudido la prisión hasta sus cimientos y dejado en ridículo tanto a la Marina como al Gobierno Mundial, al haber impedido sus intentos de asfixiar la insurrección. Aquella hazaña no tardaría en resonar como un trueno en cada rincón de este vasto océano. ¿Que qué nos deparaba el futuro? Regresaríamos con los Alas Negras para reunir a la banda y volver a surcar los mares en busca de nuestros sueños de libertad.

— ¡Salud! —eché mano a una copa de cristal apoyada en el suelo, cerca de la tumbona, y la alcé hacia Yojimbo para brindar.

Odiaba el alcohol, pero nos encontrábamos en una situación demasiado especial como para hacer remilgos con la bebida. Por eso, Yojimbo se había tomado la molestia de rescatar un par de hojas de hierbabuena —de aspecto y frescura bastante dudosas— para prepararme un refrescante mojito cargado con ron de bodega y todo el azúcar que quedaba en las reservas.

— ¡Por el capitán más atractivo de todos los mares! Tal vez haya bajado al mismísimo infierno para salvarte, pero que no se te suba a la cabeza.

Me incorporé con elegancia en la tumbona y deslicé las gafas hasta la punta de la nariz para mirarlo fijamente. Con una sonrisa burlona, contemplé al capitán, notablemente alcoholizado y sentimental. Aquella estruendosa normalidad, impregnada de barbarie, sudor y suciedad por doquier, no tenía nada que ver con los años que había pasado entre algodones, sedas y perfumes en el reino de las okamas. Y sin embargo, me sentía más en casa que nunca.

—Ay, mi querido marichocho, si yo te contase…

…

Tras varios días en los que había aborrecido por completo los mojitos y la compañía masculina, avistamos por fin la exuberante y misteriosa silueta de Punk Hazard. Durante los días de viaje, Yojimbo y yo nos habíamos puesto al día en las andanzas de los Alas Negras, que no habían perdido el tiempo en nuestra ausencia. Sentía que ahora la banda poseía un gran nombre y que yo, la persona más atractiva de la tripulación, debía estar a la altura.

—Siento que ha pasado toda una vida… y a la vez, que fue ayer mismo cuando estábamos todos juntos —dije con la mirada perdida en la línea del horizonte, mientras Yojimbo posaba su enorme y pesada mano sobre mi hombro.

Eché mano al bolsillo de mi chaqueta para extraer un diminuto Den Den Mushi altavoz, cuya concha resplandecía bajo el sol cubierta de purpurina rosa. Lo acerqué a mis labios, tomé aire y…

¡¡HEMOS VUELTO, ZORRAS!!

Mi voz, amplificada por el caracol, resonó con fuerza por encima del estruendo de las olas y el griterío de la costa, haciendo que bandadas enteras de pájaros salieran despavoridas de la copa de los árboles.

Y allí estaban. Al principio pareció un espejismo, una de tantas visiones que me asaltaban entre sábanas de seda en el Reino Kamabakka. Triana lucía tan imponente como siempre, intentando mantener una compostura militar que se le desmoronaba por momentos (y definitivamente, sus músculos no eran lo único que había crecido en este tiempo). Garnet seguía tan alocado, salvaje y despeinado como recordaba. Solía quejarme a diario de su falta de modales y de su vocabulario grotesco, pero en el fondo tenía que admitir que eché de menos a ese idiota. Y luego estaba ese tipo enorme, hipermusculado y con peinado de pincho… él…

Pestañeé dos veces, bajándome las gafas de sol hasta la barbilla.

—Espera un segundo… ¿Y este quién demonios es?


RE: [PASADO] Un viaje de ida y vuelta - La gran reunión de los Alas Negras - Tobias Murray - 24-08-2026

Como de costumbre, Tobías estaba sentado en la silla del escritorio de su camarote, garabateando sobre un papel. Desde que estaban en Punk Hazard había aumentado el tiempo que le dedicaba a sus proyectos y las ideas fluían por su mente en mayor cantidad y velocidad. Aquella isla estaba siendo la piedra angular para muchos de sus diseños. Le faltaba el suelo donde plantar las semillas y aquel paraje era un vergel. Ya tenía su brazo derecho casi completado en el papel, era imperioso adentrarse, de una vez, en las ruinas del laboratorio de Utakata para conseguir materiales y los conocimientos finales que convertirían su invento en algo mucho más que un brazo funcional. Pascal estaba algo nervioso, no dejaba de rondar por la mesa, tratando de llamar la atención del vaquero. Últimamente, Tobías de ensimismaba demasiado en sus cosas y olvidaba que estaba acompañado. Fue a coger el frasco de los grillos, que guardaba en el cuarto cajón del escritorio, para darse cuenta que solo quedaban un par. Dejó apoyado el tarro sobre la mesa y se levantó antes de abrirlo y liberar a la pareja de artrópodos. Metió el recipiente en su zamarro e hizo lo mismo con un par más, vacíos también, y acercó la silla a la mesa antes de salir de su habitación. - Me voy a por tu merienda. Vigila que no entren Jolyne y Jimba a fisgonear. -

Triana ponía una toalla sobre una tumbona en mitad de la cubierta del Solar Karma y Garnet rasgaba las cuerdas de Sabertones en lo alto del mástil mayor. Sin decir nada, a Tobías no le gustaba molestar ni tampoco que lo molestaran, agarró su tablón, lo dejó flotando en el aire y se subió para dirigirse flotando hasta la orilla. Allí estaba Greta, como de costumbre, tumbada al sol tras un atracón de sus flores favoritas. Se podía saber, porque al ver a Tobías acercarse, no trató de engullir su cabeza vorazmente. - Ya sé que estás muy agusto, pero necesito ir al manantial de las tarántulas y el tiempo es mi mayor tesoro. - El pistolero acarició el vientre del enorme artrópodo, el cual no hacía ademán de incorporarse. - Te lo compensaré. - Se tomó unos segundos para pensar. - Mañana te traigo el desayuno a la playa. Podrás tomar el sol el día entero, sin interrupciones. ¿Qué te parece? - La perezosa saltamontes comenzó a incorporarse lentamente, liberando un tímido eructo de princesa. - Buena chica. - Tobías se puso sus gafas de sol y se subió de un salto al lomo del animal.

Solo se habían adentrado cien metros en la selva, cuando sonó un potente y lejano grito. Tobías frenó en seco a Greta. - Soooo pequeña. - Aquella voz era inconfundible. Aún habiendo pasado tanto tiempo desde la última vez que la había escuchado, el vaquero la reconoció al instante. - Volvemos a la playa. Jish jish jish jish. - Por la dirección que vino aquel aullido, el pistolero hizo girar algo más de noventa grados a su montura, hacia su derecha. Su intención era seguir la diagonal más corta. Así fueron saltando, hacia el origen del bramido que había dibujado aquella sonrisa tan amplia que se salía de los márgenes de su rostro. Tobías estaba emocionado, ni había pensado en avisar al resto de la tripulación de quienes acababan de llegar. Cayó tarde en la cuenta de que, en esa dirección, iban a encontrarse con un prado lleno de las flores turquesas favoritas de Greta, demasiado tarde. Ya no podía corregir el rumbo. El frenazo fue casi seco. - Por eso corrías tanto, gorda… Pero si has comido hace nada… - La impaciencia por llegar forzó al carpintero a calcular cuál era el camino más rápido hasta el muelle que había improvisado días atrás. Tenía claro que habrían atracado allí por la dirección que había seguido el grito. Calculaba que quedarían unos cien metros como mucho para llegar, se veía la playa a unos veinte metros. - No piensas moverte, ya veo. - Por mucho que insistiera, la jumperbike seguía engullendo flores con extremada calma. - Mañana no pienso llevarte el desayuno a la playa. - Se bajó de un salto y siguió el camino a pie, corriendo lo más rápido que le permitían sus piernas. 

Prefería correr por la selva, el suelo era mucho mejor para ello, sobre la arena de la playa era una pérdida de energía y tiempo. Sólo llevaba recorridos veinte metros cuando se percató de la presencia de un tronco caído, viejo y seco, además de que necesitaba empezar a trabajar su físico y resistencia. Se le ocurrió en un instante. Expandió su Haki de Observación para ubicar a su capitán y a Aspros. No estaban ni mucho menos solos. Había una marabunta de almas con ellos. También estaban llegando el resto de Alas Negras, al final iba a llegar el último, como de costumbre. No podía permitirse el lujo de perder más tiempo. Redujo el efecto de la gravedad a cero en aquel imponente tronco, lo cogió con las manos y situó en un ángulo de treinta grados, apoyándolo sobre la copa de un árbol, quedando el extremo alto por encima de ésta y apuntando en dirección a sus hermanos. Tobías se subió de un salto al improvisado vehículo, si vehículo. - Overdrive. - Un campo situado a unos cincuenta metros en la dirección que apuntaba el tronco, tiró de este con brusquedad. En cuestión de segundos, el vaquero se hallaba cabalgando un tronco, al que no afectaba la gravedad del planeta, sobre las cabezas de cientos de personas, entre ellas, las más importantes de su vida. Saltó del cilindro de madera para comenzar el descenso, cambiando a subirse a su querida tabla para descender libre del riesgo de romperse una pierna o ambas, no era necesario.

Los que miraban al cielo podían ver como un tronco sobrevolaba sus cabezas y se perdía en el infinito tras un leve destello. Seguramente nadie lo vio. Mientras, Tobías descendía lentamente, confirmando que su capitán y Aspros estaban de vuelta, y de como Kenzo demostraba lo que lo había echado de menos, yendo a por Yojimbo con el puño cargado. Había llegado el último, pero eso era lo de menos. Estaban de vuelta, y se oían campanas de fiesta. Finalmente aterrizó al lado de Triana, quien disimulaba la alegría y el estrés vivido los últimos días tras la noticia de su inminente ejecución pública. Menos mal que Aspros se había puesto en contacto con ellos al principio de su incursión, si no se hubieran vuelto locos. Tobías estaba entusiasmado, pero no quería agobiar a los recién llegados. Se limitó a dedicarles una sonrisa desde la distancia mientras se le humedecían los ojos. - Al fin están de vuelta. - Solo Triana pudo escucharlo.



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RE: [PASADO] Un viaje de ida y vuelta - La gran reunión de los Alas Negras - Jolyne Jones - 30-08-2026

Apoyé la oreja contra la puerta del camarote, esperando oír algún paso, voz o el repiqueteo de unos tacones sobre la madera. –No hay Trianas en la costa – susurré a Jimba mientras abría la puerta silenciosamente, asomando solo el hocico y estando todavía agazapada en el marco de la puerta. –Pues vaya engorrio. Por mucho que había hurgado por todos los rincones, la espadachina había aprendido a esconder bien su pintalabios rojo tomate que de vez en cuando me gustaba usar para marcar a Jimba como diana. Metí la mano en el bolsillo izquierdo de mi chaleco y empecé a desperdigar pequeños puñados de maíz por el suelo para que la gallina me siguiera. –Ahhh… A ver qué hago ahora…

Cuando ya pisaba la cubierta, volví a meter la mano en el bolsillo para descubrir que había esparcido todo el maíz que tenía. Si Jimba se enteraba de esto se pegaría un rebote seguro, así que me limpié los dedos en el chaleco y preparé mi arma secreta. Del bolsillo del pantalón saqué un pequeño saco que abrí con la misma cautela con la que metería la mano en un zanganero de avispas. –¿Quieres esto, verdad? Al momento, Jimba puso sus ojos saltones en mi mano mientras ladeaba la cabeza de un lado para otro. El grillo que sujetaba chirriaba entre mis dedos sin poder moverse apenas. –Pues vas a tener que seguirme mientras veo qué podemos sembrar por aquí.

Justo antes de bajar a tierra firme Tobías salió a la cubierta y, sin pensármelo mucho, guardé el grillo en el pantalón. Me quedé completamente quieta, mirándole y sonriendo hasta que se bajó del barco. En cuanto se fue, metí de nuevo la mano en el bolsillo de mi pantalón, pero ya no estaba el bicho dentro. Lo único que había era un agujero del tamaño de un mochuelo. –¿Dónde está? ¿Lo has visto? ¡Busca! Jimba y yo nos pusimos a buscar por la cubierta el último grillo que me quedaba, pero, en mitad del rastreo, me pareció escuchar un par de gritos que venían de fuera.

Miré a Triana y a Garnet, que parecían haberse percatado también, y echando un ojo al muelle, vi que había algo de movimiento. –¡La madre que parió al burro! ¡Gente en nuestras tierras! Garnet bajó transformado en bestia, aunque había algo en esos gritos que era familiar. Sin dudarlo ni un momento, agarré a Jimba por las patas y pegué un salto hacia el lomo del cocinero siguiendo a Triana. Poniendo a Jimba por debajo de mi brazo, me agarré con fuerza a Garnet igual que hice en mi primer rodeo allá por el otoño del año cinco. –Yeee haw haw haw ¡En marcha! Con una velocidad de mil demonios, Garnet comenzó a correr por la playa levantando la arena a su paso. Yo, entre que me movía sin control por el lomo del cocinero, agarraba a Jimba para que no se me esmochara, y luchaba contra la arena para que no se me metiera en los ojos, pasé el viaje más malo mundo. Una vez llegamos a nuestro destino, bajé dando botes y dando gracias a la tierra. Tuve que limpiarme los ojos para ver más allá del burullo de mangurrianes que estaban desembarcando en nuestro territorio, pero había uno de ellos al que podía ver por encima de todos.

–C... CÆ... ¡¡CAPITÁN!! – berreé entre lágrimas. – ¡¡Y TAMBIÉN ÆSPROS!! – añadí con un llanto aún más desconsolado. No sabía cómo, pero al fin estaba la cuadrilla al completo como en los viejos tiempos. Me quité la roña de la cara frotándola contra el plumaje de Jimba pese a que aleteaba sin parar enredándome todo el pelo. –Leíste mis cartas, ¿¿verdad que sí?? ¡¡Sabía que llegarías!! ¡Justo hoy soñé con una urraca en el huerto! Kenzo ya se había puesto a corretear como una libre desquiciada, y levanté una mano hacia Aspros mientras arrastraba hacia dentro los mocos que se me salían de la nariz. –Déjame un pañuedo, que no puedo despidar.