21-08-2026, 07:45 PM
(Última modificación: 21-08-2026, 08:10 PM por Garnet D. Matlock.)
- ¿Qué puede hoy tocar el menda para alegrar el alma de este artista, huh? - Se preguntaba un Garnet que se hallaba tumbado en la cofa del palo mayor del Solar Karma. Como solía ser habitual, en ciertas noches de cielo despejado dónde las estrellas y luna brillaban con esplendor en lo alto del cielo, al músico le gustaba dormir a la intemperie abrazado a su instrumento, siendo su lugar predilecto el punto más alto del galeón. Aquella noche, había dormido dándole vueltas a los muchos días que habían transcurrido desde que sentenciaron a muerte a su capitán y, además, desde que se enteraron de que Aspros y el propio padre de Yojimbo se habían colado en la prisión con más seguridad del mundo para que él volviera a gozar de su libertad. El pelirrojo, si bien ellos mismos se habrían plantado en el fin del mundo por él de ser posible, no podía dejar de pensar en los huevazos que había que tener para ello. Y por supuesto, preocuparse.
Con esos pensamientos, fue que Garnet concilió, a duras penas, el sueño, pensamientos que se trasladaban a la mañana actual.- Vamos Garnet... - Tocó un acorde con Sabertones, viendo si así era posible coger algo de inspiración.- Ya se lo soltaste a Triana, es cuestión de confiar, ¿es o no es? - Y otro tocó otro acorde, dejándole una cara de desaprobación mientras negaba con la cabeza. Su cabeza, por desgracia, estaba en otra cosa como para poder concentrarse en una de sus pasiones. Pero en ese preciso momento, como un trueno atravesando las nubes hasta alumbrar todo el cielo, una fulgurante y estruandosa voz llegaba a los oídos del pelirrojo, al mismo tiempo que a su propio corazón.- ¿Huh? - preguntó, desencajado, mientras parpadeaba perplejo ante la situación, ¿sería posible?.- ¿¡Os habéis coscado de algo o voy tarunga perdido!? - gritó de manera moderada pero agitada, mientras se incorporaba y se ponía de pie en lo alto de la cofa. El corazón le iba a mil, y la respiración la sentía completamente acelerada.¿Sería todo producto de su imaginación? ¿Era aquello real?
Una vez de pie, Garnet miró a su derredor, centrando su atención sobre todo en una dirección determinada de la isla. Al poco de conquistar la isla y de enterarse de la noticia de Yojimbo, Tobías se tomó la molestia de construir un improvisado muelle, con la bandera de los Alas Negras izando con el viento, para que sirviera de guía en el momento de la llegada de su capitán. Y fue en esa misma dirección, en ese mismo muelle que, a cientos y cientos de metros del Solar Karma, pudieron divisar un gran barco. Por pura inercia e instinto, Garnet se llevó sus dos puños a sus cerrados ojos restregándolos en ellos como si aquello fuera un sueño. Cuando los volvió a abrir, ahí seguía. El corazón se le iba a salir del pecho, al mismo tiempo que una sonrisa desencajada de su cara.- ¡PUAJAJA! ¡Y UNA POLLA! - soltó una carcajada, risueño y más feliz que nunca.- ¡¡PEÑUQUI TOSTADA!! ¡TODOS AL MUELLEEE! - avisó a pleno pulmón, colgándose a Sabertones a sus espaldas y saltando en ese momento desde el punto más alto del galeón hasta aterrizar con sus dos piernas flexionadas en la cubierta. En ese momento, usó los poderes de su fruta del diablo para transformarse en su forma completa, un enorme felino de un metro de altura y dos de largo con unos enormes y largos colmillos sobresaliendo de sus fauces.- ¡AL LORO, TRIANA Y JOLYNE! ¡SUBID AL TREN DEL AMOR! ¡LOS DEMÁS BUSCÁOS LA VIDA! ¿ES O NO ES? - gritó, esperando de forma oportuna hasta que le hicieran o no caso hasta salir como una centella hacia el lugar del encuentro.
Como una exhalación, Garnet comenzó a correr como un relámpago por la playa de Punk Hazard, levantando tras de sí una estela de polvo con cada frenética pisada que hundía en la suave y cálida arena. No mucho después, cuando estaban ya a pocos metros del muelle, el dientes de sable comenzó a frenar en seco, usando sobre todo sus patas delanteras para detener su acelerado viaje.- ¡FIN DEL VIAJE! - exclamó nervioso, esperando a que quién estuviera montado en el músico se bajara de su lomo, momento en el cuál, deshizo su transformación para volver a su forma de marrano base. En ese punto, junto al resto de sus nakamas, caminaron hacia el muelle, viendo una marabunta de presos que parecían celebrar su llegada a estas tierras. - ¿¡Pero qué!? - se preguntaba Garnet, algo molesto, pudiendo observar al fondo de esa muchedumbre una enorme silueta que jamás en la vida sería capaz de no reconocer. Las prisas comenzaron a ganarle en ese momento - ¡Oye, oye! ¡Abrid paso, hipoglúcidos! - exclamó, sin saber muy bien que significaba la última palabra, comenzando a meter hombro y cuerpo, para poder caminar hacia dónde debían estar sus dos nakamas.
Recuerdos fugaces viajaban a través de la mente del pelirrojo, que se iban pasando uno tras otro con cada látido de su corazón. El rodeo en el que compitió con Aspros en Isla Toko; la vez en la que cayó en el mismo equipo con Yojimbo, allá en Skypiea; cuándo se abrió sobre sus inseguridades con la reina Okama, una vez quedaron ambos eliminados en los juegos; la noche en la que se unieron a los Alas Negras, y en la que Garnet aprendió de primera mano la determinación de su capitán, el hombre que había decidido seguir; y como no, el momento del duro adiós tras la invasión del Zoodiacool, primero por parte de Aspros y, eventualmente, por parte de Yojimbo. Una vez que Garnet se plantó en el muelle, el griterío y jaleo que había montado en el lugar, hizo que todos aquellos recuerdos se fueran desvaneciendo de su mente paulatinamente. Habían pasado cerca de tres años desde que habían visto a dos de sus amigos, al futuro Rey de los Piratas y a la Reina Okama, dos miembros esenciales de los Alas Negras. Años en los que sabían el destino que había escogido Aspros, y el cautiverio que había tenido que soportar su capitán. Y finalmente, después de todo ese tiempo, de todas las dudas, miedos e inseguridades, finalmente estaban de vuelta.
Garnet posó sus ojos, incrédulo, en un Yojimbo completamente cambiado y renacido. Al contrario que en antiguos tiempos, ahora su pelo se mantenía corto, e iba vestido de lo más elegante, con una camisa blanca que iba por debajo de un chaleco marrón, que remataba sobre unos pantalones anchos - del mismo color que la prenda que iba sobre la camisa - y una gruesas botas. Era un outfit que imponía respeto y libertad, digno del rey de los piratas. Por su parte, Aspros, se mostraba tan diva y deslumbrante como siempre lo hacía. Su pelo y skincare parecía mostrarse "on point", mientras que en sus ropajes había decidido llevar un camisa con cuello alto y escote que iba a juego con sus pantalones y botines, siendo todos de un color morado que resaltaba espectacularmente las facciones. ¡Qué mona va esta reina siempre! Y Garnet mientras tanto con un tanga morado, manda huevos. - ¡YOJIMBO! ¡ASPROS! - exclamó, intentando guardar la compostura una vez los tuvo en frente - quitando los escalofríos que sentía al recordar su trauma por la muerte de Nekah - sus ojos comenzaron a brillar y aguarse, hasta que las lágrimas comenzaron a brotar por sí solas. Con tal de que no lo vieran llorar, el pelirrojo alzó la cabeza, haciendo que su vista estuviera centrado en el cielo azul, mientras llevaba su brazo derecho hacia sus llorosos ojos, tapándolos por completo.- El menda... No está llorando.... ¡BWOOOOOOOOH! - Se sorbía los mocos hasta, mientras se secaba las lágrimas con su brazo, quedándose así hasta que terminó recobrar las formas. Se quedó por un rato mirándolos, como un pánfilo, hasta que no pudo más, se transformó en su forma híbrida, y corrió y saltó hacia los dos para intentar envolver - tanto como podía - a ambos en un peludo y fuerte abrazo.- ¡HABÉIS TARDADO UN HUEVO EN VENIR! - apretó con mucha fuerza su abrazo. Se sentían tan real que se podría morir allí. Después de unos segundos, Garnet dejó de abrazarlos y se separó. Había pasado de la tristeza y de llorar a la felicidad y a sonreír como un maníaco. Aún no se creía que estuvieran al fin todos juntos. - ¡PUAJAJAJAJA! ¡Esto merece una fiesta de puta madre y por todo lo alto! ¿Es o no es? - declaró, para descolgarse su guitarra y ponerse en posición de tocar su querido y instrumento. Tenían que ponerse de muchas cosas al día, pero no había nada como un banquete en condiciones después de un gran reencuentro.
Con esos pensamientos, fue que Garnet concilió, a duras penas, el sueño, pensamientos que se trasladaban a la mañana actual.- Vamos Garnet... - Tocó un acorde con Sabertones, viendo si así era posible coger algo de inspiración.- Ya se lo soltaste a Triana, es cuestión de confiar, ¿es o no es? - Y otro tocó otro acorde, dejándole una cara de desaprobación mientras negaba con la cabeza. Su cabeza, por desgracia, estaba en otra cosa como para poder concentrarse en una de sus pasiones. Pero en ese preciso momento, como un trueno atravesando las nubes hasta alumbrar todo el cielo, una fulgurante y estruandosa voz llegaba a los oídos del pelirrojo, al mismo tiempo que a su propio corazón.- ¿Huh? - preguntó, desencajado, mientras parpadeaba perplejo ante la situación, ¿sería posible?.- ¿¡Os habéis coscado de algo o voy tarunga perdido!? - gritó de manera moderada pero agitada, mientras se incorporaba y se ponía de pie en lo alto de la cofa. El corazón le iba a mil, y la respiración la sentía completamente acelerada.¿Sería todo producto de su imaginación? ¿Era aquello real?
Una vez de pie, Garnet miró a su derredor, centrando su atención sobre todo en una dirección determinada de la isla. Al poco de conquistar la isla y de enterarse de la noticia de Yojimbo, Tobías se tomó la molestia de construir un improvisado muelle, con la bandera de los Alas Negras izando con el viento, para que sirviera de guía en el momento de la llegada de su capitán. Y fue en esa misma dirección, en ese mismo muelle que, a cientos y cientos de metros del Solar Karma, pudieron divisar un gran barco. Por pura inercia e instinto, Garnet se llevó sus dos puños a sus cerrados ojos restregándolos en ellos como si aquello fuera un sueño. Cuando los volvió a abrir, ahí seguía. El corazón se le iba a salir del pecho, al mismo tiempo que una sonrisa desencajada de su cara.- ¡PUAJAJA! ¡Y UNA POLLA! - soltó una carcajada, risueño y más feliz que nunca.- ¡¡PEÑUQUI TOSTADA!! ¡TODOS AL MUELLEEE! - avisó a pleno pulmón, colgándose a Sabertones a sus espaldas y saltando en ese momento desde el punto más alto del galeón hasta aterrizar con sus dos piernas flexionadas en la cubierta. En ese momento, usó los poderes de su fruta del diablo para transformarse en su forma completa, un enorme felino de un metro de altura y dos de largo con unos enormes y largos colmillos sobresaliendo de sus fauces.- ¡AL LORO, TRIANA Y JOLYNE! ¡SUBID AL TREN DEL AMOR! ¡LOS DEMÁS BUSCÁOS LA VIDA! ¿ES O NO ES? - gritó, esperando de forma oportuna hasta que le hicieran o no caso hasta salir como una centella hacia el lugar del encuentro.
Como una exhalación, Garnet comenzó a correr como un relámpago por la playa de Punk Hazard, levantando tras de sí una estela de polvo con cada frenética pisada que hundía en la suave y cálida arena. No mucho después, cuando estaban ya a pocos metros del muelle, el dientes de sable comenzó a frenar en seco, usando sobre todo sus patas delanteras para detener su acelerado viaje.- ¡FIN DEL VIAJE! - exclamó nervioso, esperando a que quién estuviera montado en el músico se bajara de su lomo, momento en el cuál, deshizo su transformación para volver a su forma de marrano base. En ese punto, junto al resto de sus nakamas, caminaron hacia el muelle, viendo una marabunta de presos que parecían celebrar su llegada a estas tierras. - ¿¡Pero qué!? - se preguntaba Garnet, algo molesto, pudiendo observar al fondo de esa muchedumbre una enorme silueta que jamás en la vida sería capaz de no reconocer. Las prisas comenzaron a ganarle en ese momento - ¡Oye, oye! ¡Abrid paso, hipoglúcidos! - exclamó, sin saber muy bien que significaba la última palabra, comenzando a meter hombro y cuerpo, para poder caminar hacia dónde debían estar sus dos nakamas.
Recuerdos fugaces viajaban a través de la mente del pelirrojo, que se iban pasando uno tras otro con cada látido de su corazón. El rodeo en el que compitió con Aspros en Isla Toko; la vez en la que cayó en el mismo equipo con Yojimbo, allá en Skypiea; cuándo se abrió sobre sus inseguridades con la reina Okama, una vez quedaron ambos eliminados en los juegos; la noche en la que se unieron a los Alas Negras, y en la que Garnet aprendió de primera mano la determinación de su capitán, el hombre que había decidido seguir; y como no, el momento del duro adiós tras la invasión del Zoodiacool, primero por parte de Aspros y, eventualmente, por parte de Yojimbo. Una vez que Garnet se plantó en el muelle, el griterío y jaleo que había montado en el lugar, hizo que todos aquellos recuerdos se fueran desvaneciendo de su mente paulatinamente. Habían pasado cerca de tres años desde que habían visto a dos de sus amigos, al futuro Rey de los Piratas y a la Reina Okama, dos miembros esenciales de los Alas Negras. Años en los que sabían el destino que había escogido Aspros, y el cautiverio que había tenido que soportar su capitán. Y finalmente, después de todo ese tiempo, de todas las dudas, miedos e inseguridades, finalmente estaban de vuelta.
Garnet posó sus ojos, incrédulo, en un Yojimbo completamente cambiado y renacido. Al contrario que en antiguos tiempos, ahora su pelo se mantenía corto, e iba vestido de lo más elegante, con una camisa blanca que iba por debajo de un chaleco marrón, que remataba sobre unos pantalones anchos - del mismo color que la prenda que iba sobre la camisa - y una gruesas botas. Era un outfit que imponía respeto y libertad, digno del rey de los piratas. Por su parte, Aspros, se mostraba tan diva y deslumbrante como siempre lo hacía. Su pelo y skincare parecía mostrarse "on point", mientras que en sus ropajes había decidido llevar un camisa con cuello alto y escote que iba a juego con sus pantalones y botines, siendo todos de un color morado que resaltaba espectacularmente las facciones. ¡Qué mona va esta reina siempre! Y Garnet mientras tanto con un tanga morado, manda huevos. - ¡YOJIMBO! ¡ASPROS! - exclamó, intentando guardar la compostura una vez los tuvo en frente - quitando los escalofríos que sentía al recordar su trauma por la muerte de Nekah - sus ojos comenzaron a brillar y aguarse, hasta que las lágrimas comenzaron a brotar por sí solas. Con tal de que no lo vieran llorar, el pelirrojo alzó la cabeza, haciendo que su vista estuviera centrado en el cielo azul, mientras llevaba su brazo derecho hacia sus llorosos ojos, tapándolos por completo.- El menda... No está llorando.... ¡BWOOOOOOOOH! - Se sorbía los mocos hasta, mientras se secaba las lágrimas con su brazo, quedándose así hasta que terminó recobrar las formas. Se quedó por un rato mirándolos, como un pánfilo, hasta que no pudo más, se transformó en su forma híbrida, y corrió y saltó hacia los dos para intentar envolver - tanto como podía - a ambos en un peludo y fuerte abrazo.- ¡HABÉIS TARDADO UN HUEVO EN VENIR! - apretó con mucha fuerza su abrazo. Se sentían tan real que se podría morir allí. Después de unos segundos, Garnet dejó de abrazarlos y se separó. Había pasado de la tristeza y de llorar a la felicidad y a sonreír como un maníaco. Aún no se creía que estuvieran al fin todos juntos. - ¡PUAJAJAJAJA! ¡Esto merece una fiesta de puta madre y por todo lo alto! ¿Es o no es? - declaró, para descolgarse su guitarra y ponerse en posición de tocar su querido y instrumento. Tenían que ponerse de muchas cosas al día, pero no había nada como un banquete en condiciones después de un gran reencuentro.
Akuma
![[Imagen: Tb4Z3O3.png]](https://imgur.com/Tb4Z3O3.png)
