19-08-2026, 10:13 PM
La mañana se había asentado sobre Skypiea, no podía decir que me sintiera del todo bien sin embargo tampoco era de mi agrado permanecer ocupando un espacio que había tomado de manera forzosa, estaba segura de que mi presencia no representaba ninguna molestia para los Sepultura, pero abusar de su hospitalidad sería completamente descortés de mi parte.
Terminé de abotonar lo que parecía ser un bolero de encaje blanco, había solicitado a Uker el favor de pedirle a Dona, una integrante de la banda con la que había viajado hasta aquí, que enviara algunas de mis pertenencias, prefiriendo usar algo mucho menos vistoso y exótico que ropas teatrales, estaba más cómoda con un simple vestido blanco que acostumbro usar en el día a día. Había pasado ya un buen rato desde que desperté durante la noche, había sido cuidada y atendida por mi primo, y aquella conversación de alguna manera había conseguido hacerme sentir un poco mejor pese a la incomodidad que todavía permanece rezagada sobre mi cuerpo, en especialmente en la zona del vientre donde había descubierto una curiosa cicatriz con la forma de una huella animal, era extraña, aunque también me parecía… bonita.
— Me hace falta el sombrero… — expresé con cierta pesadumbre mientras peinaba con los dedos algunos mechones de mi cabello naranja, había perdido mi sombrero blanco durante la vertiente ascendente hacia Skypiea, solté un pequeño suspiro pues no tenía más remedio que comprar uno nuevo… otra vez.
Me acerqué a la pequeña mesa de la habitación, sobre la silla descansaba mi estuche de violín y, encima de la mesa, un cuaderno de notas permanecía abierto, cubierto de garabatos y anotaciones apresuradas sobre sus páginas, allí había comenzado a plasmar la inspiración que surgió cuando Uker me dejó sola, una composición nacida durante mi inconsciencia, como si intentara convertir en melodía el sueño que tuve al reencontrarme con mi maestro.
Comencé a tararear suavemente, siendo el tempo que marcaba con el bolígrafo sobre la mesa, golpeteando suavemente, era una melodía tenue, todavía incompleta pero poco a poco comenzaba a tomar forma, acercándose cada vez más a aquella que había escuchado en mi sueño, añadí algunas notas al pentagrama, dejándome llevar por la melodía en mi recuerdo… — Mmm… quizás así…
Estaba tan concentrada que apenas presté atención al paso del tiempo, no hasta que unos suaves golpes en la puerta interrumpieron mi tarareo, levanté la mirada hacia la entrada y poco después reconocí una voz familiar del otro lado, era el joven sepulturero, al escuchar su corrección, pasando de los modales a un trato ligeramente más cercano, una tenue sonrisa se dibujó en mis labios.
— Puedes pasar, Eros…— dije con calma, devolviendo mi atención a la libreta y permitiéndole entrar en aquella habitación que, después de todo, no era mía. Volví a tararear suavemente la melodía mientras anotaba un último ajuste, cuando se trataba de música parecía que nunca tengo suficiente, siempre encontraba una nota más que añadir, un detalle que corregir, y solo cuando consideré que finalmente había terminado, cerré el cuaderno y me incorporé para recibir al joven de ojos ámbar como correspondía.
Al reconocer al capitán de los Sepultura, mis ojos se iluminaron ligeramente al encontrarse con los suyos, acompañando mi expresión con una sonrisa mucho más evidente, era una sonrisa dulce y cálida a pesar del malestar y los mareos que aún sentía en ese momento. Caminé unos cuantos pasos hacia él, acortando la distancia a modo de recibimiento —- Buenos días
Mi mirada descendió ahora hacia lo que llevaba entre las manos, ¿eran flores?, aunque no eran exactamente flores. Parpadeé un par de veces ante aquel objeto, — ¿Eso..?, ¿Son flores de metal? — pregunté con curiosidad sin verle al rostro, mi atención estaba ahora más sobre la forma que tenían ese ramo de flores, era una combinación de flores diferentes — ¡Qué bonitas!
Terminé de abotonar lo que parecía ser un bolero de encaje blanco, había solicitado a Uker el favor de pedirle a Dona, una integrante de la banda con la que había viajado hasta aquí, que enviara algunas de mis pertenencias, prefiriendo usar algo mucho menos vistoso y exótico que ropas teatrales, estaba más cómoda con un simple vestido blanco que acostumbro usar en el día a día. Había pasado ya un buen rato desde que desperté durante la noche, había sido cuidada y atendida por mi primo, y aquella conversación de alguna manera había conseguido hacerme sentir un poco mejor pese a la incomodidad que todavía permanece rezagada sobre mi cuerpo, en especialmente en la zona del vientre donde había descubierto una curiosa cicatriz con la forma de una huella animal, era extraña, aunque también me parecía… bonita.
— Me hace falta el sombrero… — expresé con cierta pesadumbre mientras peinaba con los dedos algunos mechones de mi cabello naranja, había perdido mi sombrero blanco durante la vertiente ascendente hacia Skypiea, solté un pequeño suspiro pues no tenía más remedio que comprar uno nuevo… otra vez.
Me acerqué a la pequeña mesa de la habitación, sobre la silla descansaba mi estuche de violín y, encima de la mesa, un cuaderno de notas permanecía abierto, cubierto de garabatos y anotaciones apresuradas sobre sus páginas, allí había comenzado a plasmar la inspiración que surgió cuando Uker me dejó sola, una composición nacida durante mi inconsciencia, como si intentara convertir en melodía el sueño que tuve al reencontrarme con mi maestro.
Comencé a tararear suavemente, siendo el tempo que marcaba con el bolígrafo sobre la mesa, golpeteando suavemente, era una melodía tenue, todavía incompleta pero poco a poco comenzaba a tomar forma, acercándose cada vez más a aquella que había escuchado en mi sueño, añadí algunas notas al pentagrama, dejándome llevar por la melodía en mi recuerdo… — Mmm… quizás así…
Estaba tan concentrada que apenas presté atención al paso del tiempo, no hasta que unos suaves golpes en la puerta interrumpieron mi tarareo, levanté la mirada hacia la entrada y poco después reconocí una voz familiar del otro lado, era el joven sepulturero, al escuchar su corrección, pasando de los modales a un trato ligeramente más cercano, una tenue sonrisa se dibujó en mis labios.
— Puedes pasar, Eros…— dije con calma, devolviendo mi atención a la libreta y permitiéndole entrar en aquella habitación que, después de todo, no era mía. Volví a tararear suavemente la melodía mientras anotaba un último ajuste, cuando se trataba de música parecía que nunca tengo suficiente, siempre encontraba una nota más que añadir, un detalle que corregir, y solo cuando consideré que finalmente había terminado, cerré el cuaderno y me incorporé para recibir al joven de ojos ámbar como correspondía.
Al reconocer al capitán de los Sepultura, mis ojos se iluminaron ligeramente al encontrarse con los suyos, acompañando mi expresión con una sonrisa mucho más evidente, era una sonrisa dulce y cálida a pesar del malestar y los mareos que aún sentía en ese momento. Caminé unos cuantos pasos hacia él, acortando la distancia a modo de recibimiento —- Buenos días
Mi mirada descendió ahora hacia lo que llevaba entre las manos, ¿eran flores?, aunque no eran exactamente flores. Parpadeé un par de veces ante aquel objeto, — ¿Eso..?, ¿Son flores de metal? — pregunté con curiosidad sin verle al rostro, mi atención estaba ahora más sobre la forma que tenían ese ramo de flores, era una combinación de flores diferentes — ¡Qué bonitas!
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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