14-08-2026, 08:23 PM
Tardó una media hora en llegar al lugar del que había hecho su lugar de entrenamiento personal. Un sitio lejos de todo el mundo, lejos de sus preocupaciones y obligaciones como Comandante de los Ejércitos del West Blue de la Armada Revolucionaria, un lugar sin nuevos reclutas que buscaban consejos de batalla constantemente, un lugar lejos de la burocracia que implicaba su cargo, un lugar, en definitiva para él solo. O bueno, para él y sus inseparables amigas, Yamigiri, Onikiba y Sode no Shirayuki.
"Por fin saco un hueco para mi mismo... Necesito mejorar mis habilidades..."
Tras su último entrenamiento en solitario, aún en Báltigo todavía después de la reunión de la Armada, le había quedado claro que sus katanas estaban tratando de mostrarle un sendero en el que combinar sus habilidades con la Akuma no mi y su camino de la espada. Aunque de momento, solo estaba aumentando su control sobre su elemento, más que cualquier otra cosa. Yamigiri era alguien que pensaba en grande, por lo que Kisuke intuía que no iba a ser de un día para otro el conseguir esa habilidad y que requeriría una maestría excelsa con su akuma no mi. Su haki había progresado bastante en su capacidad de defensa y daño al imbuir sus espadas, pero aquello no era suficiente, necesitaba más para enfrentarse cara a cara con los monstruos del Nuevo Mundo, y el antiguo pescador era plenamente consciente de aquella circunstancia.
"Tengo que convertir mi habilidad de fruta del diablo en algo natural para mi... aún pienso demasiado cuando hago las cosas con ella... Necesito que volverme uno con ella, como con mis katanas..."
Acomodó sus provisiones y su agua, siempre iba bien pertrechado al respecto, y sacó un cigarrillo mientras sacaba sus tres katanas de sus vainas y las clavaba frente a él en el suelo, sentándose de frente en la postura de flor de loto. Cerró los ojos con el cigarrillo colgando de su labio y se concentró en adentrarse en ese rincón de su mente donde habitaba el alma de sus compañeras de viaje. Quería ver que más tenían que enseñarle, que era lo que tenían en mente para hacerle más fuerte.
"Allá vamos..."
Cuantas más veces se adentraba en ese "mundo interno" más detalles era capaz de percibir, como si su mente al irse habituando a aquello fuese dibujando un paisaje poco a poco. Como no podía ser de otra manera, teniendo en cuenta sus raíces, era un paisaje costero, sobre un acantilado de una altura vertiginosa, más de veinticinco metros, así a ojo, y un fuerte oleaje rompiendo en el paredón rocoso. Era un prado amplio de unas dos hectáreas de extensión hasta llegar a la linde de un bosque blanquecino. Kisuke alzó una ceja al ver aquello y se dio cuenta que se debía a la gélida presencia de Sode no Shirayuki, que emergía del mismo bosque con su elegante caminar, meneando sinuosamente las caderas con su impoluto kimono blanco que ella llevaba siempre sugerentemente por debajo del hombro izquierdo, dejando entrever su generoso escote. Le lanzó una tímida sonrisa a Kisuke, que se giró a la derecha al oír en esa dirección unos pesados pasos de botas de guerra; había hecho su aparición Onikiba, llegaba con una mueca burlona, como era habitual, y la katana sin desenvainar, apoyada en el hombro. Por último, en la espalda del antiguo pescador, surgió de una sombra el mismo Yamigiri, que era el más allegado al revolucionario.
-Habéis tardado menos que otras veces en aparecer...
Onikiba soltó una risotada sarcástica.
-Evidentemente, lanzacañas... tienes un muy largo camino que recorrer aún...
Dijo esto mientras desenvainaba la katana que llevaba apoyada en el hombro. Por su parte Sode no Shirayuki no parecía muy por la labor de empezar tan pronto con las "hostilidades". Se acercó a Kisuke y le apoyó, como era siendo habitual, la mano en el biceps izquierdo antes de rodear dicho brazo con los suyos y pegar su cuerpo al musculoso brazo del revolucionario, presionando su pecho contra él y alargando la mano hacia sus fornidos pectorales para juguetear con sus dedos mientras hablaba.
-Los bárbaros como siempre pensando solo en una cosa... ¿por qué no mejor charlamos un poquito antes, eh?
Yamigiri carraspeó y tomó la voz de mando, como solía ser costumbre. Ellos sabían perfectamente el rango que tenía cada uno dentro de las espadas por lo que tenían que obedecer en cierta medida al superior, como no podía ser de otra manera.
-En esta ocasión, creo que Onikiba tiene razón... No creo que Kisuke haya venido a nosotros para jugar y pasar el rato...
Kisuke sonrió al darse cuenta de lo cercano que era Yamigiri a su personalidad, no en vano, llevaban muchísimo tiempo juntos y habían viajado desde su natal Ballywood. Su katana heredada había vivido con él prácticamente todas su grandes aventuras, con la excepción quizá de la más famosa y sonada, la batalla contra Yugu Dimípalo. Por un instante, al recordar eso, fantaseó con que habría podido vencer en aquella escaramuza si hubiese tenido a su compañera del alma, pero rápidamente desechó aquella idea. La diferencia de poder con el Almirante de la Marina era demasiado grande como para que el hecho de tener a Yamigiri hubiese decantado tanto la balanza hacia su lado.
-Tienes razón, Yamigiri... no he venido a jugar...
Sode no Shirayuki hizo un puchero y soltó un quejido, pero se soltó del brazo de Kisuke y retrocedió unos cinco metros, de frente y a la izquierda del antiguo pescador, desenvainando su nívea y brillante espada. Yamigiri, por su parte, que seguía a su espalda, desenvainó su propia espada, y se puso en posición de combate. Kisuke tardó menos de un instante en activar su kenbunshoku para analizar el movimiento de sus adversarios y dijo:
-Vamos a ello... a ver que tenéis para mi en esta ocasión...
"Por fin saco un hueco para mi mismo... Necesito mejorar mis habilidades..."
Tras su último entrenamiento en solitario, aún en Báltigo todavía después de la reunión de la Armada, le había quedado claro que sus katanas estaban tratando de mostrarle un sendero en el que combinar sus habilidades con la Akuma no mi y su camino de la espada. Aunque de momento, solo estaba aumentando su control sobre su elemento, más que cualquier otra cosa. Yamigiri era alguien que pensaba en grande, por lo que Kisuke intuía que no iba a ser de un día para otro el conseguir esa habilidad y que requeriría una maestría excelsa con su akuma no mi. Su haki había progresado bastante en su capacidad de defensa y daño al imbuir sus espadas, pero aquello no era suficiente, necesitaba más para enfrentarse cara a cara con los monstruos del Nuevo Mundo, y el antiguo pescador era plenamente consciente de aquella circunstancia.
"Tengo que convertir mi habilidad de fruta del diablo en algo natural para mi... aún pienso demasiado cuando hago las cosas con ella... Necesito que volverme uno con ella, como con mis katanas..."
Acomodó sus provisiones y su agua, siempre iba bien pertrechado al respecto, y sacó un cigarrillo mientras sacaba sus tres katanas de sus vainas y las clavaba frente a él en el suelo, sentándose de frente en la postura de flor de loto. Cerró los ojos con el cigarrillo colgando de su labio y se concentró en adentrarse en ese rincón de su mente donde habitaba el alma de sus compañeras de viaje. Quería ver que más tenían que enseñarle, que era lo que tenían en mente para hacerle más fuerte.
"Allá vamos..."
Cuantas más veces se adentraba en ese "mundo interno" más detalles era capaz de percibir, como si su mente al irse habituando a aquello fuese dibujando un paisaje poco a poco. Como no podía ser de otra manera, teniendo en cuenta sus raíces, era un paisaje costero, sobre un acantilado de una altura vertiginosa, más de veinticinco metros, así a ojo, y un fuerte oleaje rompiendo en el paredón rocoso. Era un prado amplio de unas dos hectáreas de extensión hasta llegar a la linde de un bosque blanquecino. Kisuke alzó una ceja al ver aquello y se dio cuenta que se debía a la gélida presencia de Sode no Shirayuki, que emergía del mismo bosque con su elegante caminar, meneando sinuosamente las caderas con su impoluto kimono blanco que ella llevaba siempre sugerentemente por debajo del hombro izquierdo, dejando entrever su generoso escote. Le lanzó una tímida sonrisa a Kisuke, que se giró a la derecha al oír en esa dirección unos pesados pasos de botas de guerra; había hecho su aparición Onikiba, llegaba con una mueca burlona, como era habitual, y la katana sin desenvainar, apoyada en el hombro. Por último, en la espalda del antiguo pescador, surgió de una sombra el mismo Yamigiri, que era el más allegado al revolucionario.
-Habéis tardado menos que otras veces en aparecer...
Onikiba soltó una risotada sarcástica.
-Evidentemente, lanzacañas... tienes un muy largo camino que recorrer aún...
Dijo esto mientras desenvainaba la katana que llevaba apoyada en el hombro. Por su parte Sode no Shirayuki no parecía muy por la labor de empezar tan pronto con las "hostilidades". Se acercó a Kisuke y le apoyó, como era siendo habitual, la mano en el biceps izquierdo antes de rodear dicho brazo con los suyos y pegar su cuerpo al musculoso brazo del revolucionario, presionando su pecho contra él y alargando la mano hacia sus fornidos pectorales para juguetear con sus dedos mientras hablaba.
-Los bárbaros como siempre pensando solo en una cosa... ¿por qué no mejor charlamos un poquito antes, eh?
Yamigiri carraspeó y tomó la voz de mando, como solía ser costumbre. Ellos sabían perfectamente el rango que tenía cada uno dentro de las espadas por lo que tenían que obedecer en cierta medida al superior, como no podía ser de otra manera.
-En esta ocasión, creo que Onikiba tiene razón... No creo que Kisuke haya venido a nosotros para jugar y pasar el rato...
Kisuke sonrió al darse cuenta de lo cercano que era Yamigiri a su personalidad, no en vano, llevaban muchísimo tiempo juntos y habían viajado desde su natal Ballywood. Su katana heredada había vivido con él prácticamente todas su grandes aventuras, con la excepción quizá de la más famosa y sonada, la batalla contra Yugu Dimípalo. Por un instante, al recordar eso, fantaseó con que habría podido vencer en aquella escaramuza si hubiese tenido a su compañera del alma, pero rápidamente desechó aquella idea. La diferencia de poder con el Almirante de la Marina era demasiado grande como para que el hecho de tener a Yamigiri hubiese decantado tanto la balanza hacia su lado.
-Tienes razón, Yamigiri... no he venido a jugar...
Sode no Shirayuki hizo un puchero y soltó un quejido, pero se soltó del brazo de Kisuke y retrocedió unos cinco metros, de frente y a la izquierda del antiguo pescador, desenvainando su nívea y brillante espada. Yamigiri, por su parte, que seguía a su espalda, desenvainó su propia espada, y se puso en posición de combate. Kisuke tardó menos de un instante en activar su kenbunshoku para analizar el movimiento de sus adversarios y dijo:
-Vamos a ello... a ver que tenéis para mi en esta ocasión...
