03-08-2026, 01:29 AM
(Última modificación: 03-08-2026, 01:16 PM por Nyxara Archeron.)
48 de Primavera, Año 18 ❥ En algun lugar de la isla
Now handle your Emerald Sword
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A penas sus katanas chocaron en dirección a la bota de Alex, la Archeron notó como su ataque no había surtido efecto y sus manos, se aferraron al cuero del mango casi al instante para que no fuera el material de la ropa de marine talla gigante, el que absorbiera el filo y la dejara absolutamente desarmada frente a la montaña de hombre, sin embargo, ni siquiera había llegado a ello ¿tan resistente era el gigante que tenía por compañero de división? Su ceño se frunció con ligereza a respuesta, ese era un detalle que no podría olvidar, si no había conseguido herirlo en ese instante, si quiera, podría…
No había tiempo para pensar en aquello.
La sombra que era su compañero de división se acentuó, como si su presencia tuviese la capacidad para tragarse el sol y el mar de sus ojos se elevó nuevamente hacia Alex y no consiguió verlo. Ni siquiera con todo lo que había avanzado para llegar hasta allí…
No importó.
No importó que su cerebro gritara que tenía que moverse.
No importó que sus músculos se tensaran siquiera antes de procesar del todo la acción de su compañero de división.
No importó que sus manos se aferraran al cuero de sus armas como si tuviese la sencilla intención de hacer algo contra él.
Nada de ello importó porque su cuerpo, aún lento, y su resistencia, aún dejando demasiado que desear, no fue capaz de hacer nada en contra de su compañero de división.
La mano de Alex cayó sobre ella como el juicio final y la inercia de su acción la golpeo con tal fuerza que la llevo a caer al piso cuando su fuerza se estrelló contra el cuadrilátero; su cabeza golpeo la tierra de ese espacio en medio de la explanada de karate, mientras su espalda, trasero y piernas caían al unisonó con la misma potencia con la que acababa de azotarse contra el suelo.
Apretó los dientes porque no pensaba emitir ni un solo quejido de dolor, esa era una debilidad que no estaba dispuesta a concederle ni a él, ni a nadie.
El dolor recorrió cada vertebra de su cuerpo mientras su pecho amplió subía y bajaba, intentando mantener el aire dentro de sus pulmones con dificultad frente a esa prisión de dedos en la que se encontraba, y que presionaba constante contra su propio torso. Aun así… lo insoportable de esa situación no era el dolor, si no descubrir que ni siquiera había alcanzado a reaccionar.
No había peor juicio, para ella, que el propio.
Y Alex, nuevamente Alex, en ese sencillo gesto, le recordaba que realmente no podía hacer nada contra la montaña que había decidido aplastarla sin la menor dificultad. Ese muro de veinticinco metros que tenía la capacidad de despojarla de su control con el movimiento de sus dedos.
Ladeo el rostro y la tensión en la nuca volvió a golpear su cuerpo como un látigo. Solo hacia falta un movimiento más, una presión más de esos dedos para decidir el resultado de aquel combate. No era solo fuerza, era un dominio absoluto; su cuerpo protesto con violencia ante la falta de aire, pero ella apretó los labios con fuerza a base de puro carácter y obstinación ciega. Había cambiado de nombre, había entrenado hasta que sus músculos amenazaban con desplomarla en el piso, había dejado atrás todo cuanto conocía y aun así…seguía siendo demasiado débil y lenta para lograr su objetivo.
¿Cómo iba a alcanzar al hombre que se había llevado a Aelira?
Observó la piel de la mano que la apresaba, tenía que hacer algo antes de que Alex la fundiera contra el suelo; percibía la tierra del piso contra su mejilla mientras sus dedos se aferraban al cuero del mango de sus katanas y su acción no nacía de la ilusión de vencerle, sino, del más puro instinto de aligerar la presión contra su pecho. Giró una de sus muñecas desde el exterior donde estaban expuestas bajo el peso, hacia el interior, hacia la piel de Alex. No dudo cuando la llevo con la fuerza que la posición bajo los nudillos opresores del gigante se lo permitían, buscando apuñalar la piel de Alex con Astra.
No estaba buscando vencerlo, ni siquiera hacerle daño, pero Nyxara Archeron jamás se quedaría inmóvil bajo la mano de otro.
Léeme
