30-07-2026, 06:42 AM
El impacto nunca llegó.
Las enormes manos del buccaneer atravesaron el cuerpo de su rival como si este hubiese dejado de existir de un instante para otro. Donde esperaba encontrar carne, hueso y resistencia, únicamente sintió una masa fría, húmeda y maleable que se escurría entre sus dedos y no hubo tiempo para preguntarse qué acababa de ocurrir.
Ubbe nunca se había enfrentado a algo asi, no existía entrenamiento capaz de preparar a alguien para ver cómo el enemigo desaparecía entre sus propias manos convertido en una masa de barro. El buccaneer no sabía si aquello era una técnica, una fruta del diablo o algún truco extraño, y, por primera vez desde que había comenzado el combate, no tenía la menor idea de cuál era la forma correcta de actuar.
Así que su cuerpo reaccionó antes que su cabeza, completamente desquiciado por la situacion actuó por puro instinto.
Los brazos de Ubbe cambiaron de trayectoria de inmediato. Las manos, enormes como escudos, comenzaron a hundirse una y otra vez en aquella masa informe, cerrándose con fuerza para recoger cuanto barro alcanzaban antes de volver a abrirse y repetir el movimiento una y otra vez. El gigantesco buccaneer dejó de buscar a un hombre; ahora perseguía cada fragmento de aquella sustancia que pretendía escapar de entre sus dedos.
Cada barrido arrastraba más barro contra su propio cuerpo. Sus antebrazos se cerraban como compuertas, su pecho servía de muro contra el que iba acumulándose aquella masa amorfa y el continuo movimiento de la forma híbrida ayudaba a replegarlo todo una y otra vez hacia el mismo punto. Si el barro intentaba deslizarse hacia un costado, una mano ya estaba alli para recogerlo. Si trataba de extenderse por el suelo, el peso del colosal buccaneer y el constante movimiento de su cuerpo lo empujaban de nuevo hacia él.
No había pausa, no había un solo instante en el que aquellas manos dejaran de moverse: recogían, arrastraban y volvían a recoger, una y otra vez.
Con una insistencia casi enfermiza, como un niño negándose a dejar escapar aquello que acababa de atrapar.
- ¡No, no, no... youre a fucking shit! ¡Tú te vienes conmigo, baby!
Y siguió haciéndolo, sin dejar de moverse, sin conceder un solo respiro, sin permitir que aquella extraña masa tuviera un instante de tranquilidad mientras sus enormes brazos continuaban replegándola una y otra vez contra sí.
Ni siquiera dedicó una mirada a la chica sandía. No era desinterés; era confianza. Si había llegado hasta allí, era porque podía cuidar de sí misma. Ubbe tenía un trabajo. Ella también. Y no dudaba ni por un instante de que, cuando todo aquello terminara, ambos seguirían en pie.
Las enormes manos del buccaneer atravesaron el cuerpo de su rival como si este hubiese dejado de existir de un instante para otro. Donde esperaba encontrar carne, hueso y resistencia, únicamente sintió una masa fría, húmeda y maleable que se escurría entre sus dedos y no hubo tiempo para preguntarse qué acababa de ocurrir.
Ubbe nunca se había enfrentado a algo asi, no existía entrenamiento capaz de preparar a alguien para ver cómo el enemigo desaparecía entre sus propias manos convertido en una masa de barro. El buccaneer no sabía si aquello era una técnica, una fruta del diablo o algún truco extraño, y, por primera vez desde que había comenzado el combate, no tenía la menor idea de cuál era la forma correcta de actuar.
Así que su cuerpo reaccionó antes que su cabeza, completamente desquiciado por la situacion actuó por puro instinto.
Los brazos de Ubbe cambiaron de trayectoria de inmediato. Las manos, enormes como escudos, comenzaron a hundirse una y otra vez en aquella masa informe, cerrándose con fuerza para recoger cuanto barro alcanzaban antes de volver a abrirse y repetir el movimiento una y otra vez. El gigantesco buccaneer dejó de buscar a un hombre; ahora perseguía cada fragmento de aquella sustancia que pretendía escapar de entre sus dedos.
Cada barrido arrastraba más barro contra su propio cuerpo. Sus antebrazos se cerraban como compuertas, su pecho servía de muro contra el que iba acumulándose aquella masa amorfa y el continuo movimiento de la forma híbrida ayudaba a replegarlo todo una y otra vez hacia el mismo punto. Si el barro intentaba deslizarse hacia un costado, una mano ya estaba alli para recogerlo. Si trataba de extenderse por el suelo, el peso del colosal buccaneer y el constante movimiento de su cuerpo lo empujaban de nuevo hacia él.
No había pausa, no había un solo instante en el que aquellas manos dejaran de moverse: recogían, arrastraban y volvían a recoger, una y otra vez.
Con una insistencia casi enfermiza, como un niño negándose a dejar escapar aquello que acababa de atrapar.
- ¡No, no, no... youre a fucking shit! ¡Tú te vienes conmigo, baby!
Y siguió haciéndolo, sin dejar de moverse, sin conceder un solo respiro, sin permitir que aquella extraña masa tuviera un instante de tranquilidad mientras sus enormes brazos continuaban replegándola una y otra vez contra sí.
Ni siquiera dedicó una mirada a la chica sandía. No era desinterés; era confianza. Si había llegado hasta allí, era porque podía cuidar de sí misma. Ubbe tenía un trabajo. Ella también. Y no dudaba ni por un instante de que, cuando todo aquello terminara, ambos seguirían en pie.
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HEY BABY
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