Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece
[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - La Arena (Parte V) - SEMIFINAL - Versión para impresión

+- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com)
+-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3)
+--- Foro: Zona Especial (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=273)
+---- Foro: Skypiea (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=274)
+---- Tema: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - La Arena (Parte V) - SEMIFINAL (/showthread.php?tid=4020)

Páginas: 1 2


[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - La Arena (Parte V) - SEMIFINAL - El Dirigente - 27-07-2026

Los participantes provienen de este tema.
Aquí se desarrollará la "Prueba de Combate (Semifinales)"

Todos los participantes, por favor, postead a continuación vuestra aportación a la prueba. Recordad usar el comando [ personaje=3941 ], sin espacios



Durante la primera media hora de descanso, un grupo de veinte Birkanianos, Skypiean, e incluso algún Lunarian con la voluntad de querer cooperar - ¿os hemos dicho ya que Shandora es un lugar de paz y armonía? -, llevando consigo varios carros con cargamentos de materiales, que utilizaron para construir un carpa que que abarcaba los tres cubículos centrales, alzando cuatro postes grandes de madera, cilíndricos, de diez metros de alto y uno de diámetro. Sobre ellos, una carpa con techo triangular conformada por telas de color amarillo regio, que caía por la parte trasera, hacia el acantilado, dejando sólo descubierta la parte frontal y los lados de este de cara a la pista. Lo montaron todo sobre mi propia cabeza mientras descansaba mi voz y mi cuerpo, y para cuando hubieron terminado salí de aquella carpa para ir calentando mi voz mediante ejercicios que me hacía repetir todas las vocales con distintos tonos. No había instrumento más importante para un locutor que su propia voz. Mientras tanto introducían el trono y los asientos de los acompañantes a ambos lados. Un gran trono de mármol blanco, tallado en una sola pieza y con adornos e incrustaciones de oro y que tuvieran que cargar diez de aquellos veinte hombres para poder colocar en el centro de aquella construcción. A sus lados separados por un metro de distancia estaban dos tronos de madera completamente negra y con incrustaciones doradas, que cargaron cada uno de ellos cinco de la mano de obra voluntaria restante. De los carros descargaron dos mesas que colocaron a los laterales de la carpa, y las cubrieron con telas del mismo color que la carpa, sirviendo sobre ellas una vajilla preciosa y fuentes de diversas comidas, como frutas, carnes y pescados, y bebidas de tonos morados y dorados. Todo un despliegue de lujo y buen gusto.

Después de que terminarán de colocar la pequeña e improvisada estancia, ¡llegaba el turno de que tocara su música magistral la banda venida desde el Mar Azul, The Cupids! Sin embargo, junto a la banda de música, pareció unirse… ¡Una de las participantes! ¡La artista Miyori que quedó tercera en la Prueba de Certeza! Ese armonía que emanaba de su violín… ¡Era una total y absoluta delicia! ¡Cuánto amor por la música! ¡Qué pasión! ¡Era simplemente encantadora! Podía sentir como todo el público aclamaba tanto el nombre de la mujer pelinaranja además del de Dona y el grupo musical.

¡Pero aquello no era todo! Tal parecía que la pasión que se estaba desbordando en la arena hizo que otra de las participantes - de las primeras en ser eliminada - saliera también a compartir con nosotros su devoción por este arte, ¡y vaya manera de tocar! ¡Qué bárbaro! ¡Cuánta agresividad! ¡Me encanta! Maki D. Zen’in, ¡tu música resplandece incluso más que tu calva! ¡Maravilloso! ¡Hasta The Cupids parecía querer adaptarse al estilo que cantaba la capitana de los piratas Valar, ¡se acababa de robar el show! Si me lo hacen a mí estaría rabiando de furia… Pero como se lo han hecho a otro, ¡simplemente diré que me encanta!

Tras aquello, el concierto daría por finalizado, y del mismo modo, los preparativos para dar paso a las semifinales estarían a punto de finiquitarse. Los operarios que estaban trabajando en montar la carpa, terminaron de colocar varios barriles vacíos y otro pequeño grupo se acercó para llevarse los carros y la utilería sobrante, y para cuando terminaron, se colocaron en una posición particular, permaneciendo de pie a cada lado de la carpa, por el exterior de la misma. Dos filas de cinco personas a cada lado de esta, de arriba a abajo en orientación a la arena, y colocadas en paralelo, permaneciendo estáticos y aguardando el momento concreto para servir o ser de utilidad. Para aquel entonces yo ya estaba sentado en el trono de la derecha, y los Custodios se habían desplazado hasta formar los vértices de un pentágono con sus posiciones sobre la arena, preparados para proteger al público o intervenir si la violencia se salía de control. En el lapso de aquel tiempo, distintos participantes se acercaron a mi para notificarme los elegidos de cada uno de los equipos para participar en las pruebas... así que con ello, todo estaba a punto y la hora se acercaba. Carraspeé la voz, me incorporé de nuevo, me alisé la ropa y me recoloqué la máscara - que había levantado discretamente para poder beber con pajita - antes de dirigirme fuera de la carpa, empuñado de nuevo mi arma más poderosa, un arma que debería ser considerada como una “guapa mono” de esas, ¡sabéis a qué me refiero!: El Den Den Micro.

— ¡Lamento la espera, damas y caballeros! ¿Me habéis echado de menos? — dije saliendo de la carpa, posicionando mi mano derecha hacia mi oreja derecha, haciendo un ademán de estar escuchando, recibiendo en ese momento el calor y amor incondicional de todos mis espectadoras, con una estruendosa afirmación. — ¡Yo también os he echado de menos, damas y caballeros! ¡No por nada sois mi combustible! ¡Aquello que me da energías para poder hacer lo que más amo! ¡Hya hya hya! — solté una carcajada, al mismo tiempo que se escuchaba un “awwwwww” generalizado por nuestros queridos oyentes. Ellos me amaban, pero no tanto como yo les amaban a todos ellos.— Sin más preámbulos… !La arena está lisa! ¡Los participantes preparados! ¡Los Custodios en posición! ¡Y nuestros queridos voluntarios han terminado de montar la carpa real! — alcé ambas manos al cielo a la par — ¡Permítanme dar comienzo a la segunda fase de los Juegos de Zarutsuki! ¡Looooos combates de la Arenaaaaaaaa! — y el griterío de nuevo estalló. El júbilo del pueblo del cielo era increíble. La sangre de las venas de estas gentes era ardiente como el mismo sol, que portaban sobre sus hombros aquellos de las más nobles casas del lugar. El sol, el símbolo de la libertad absoluta que bañaba cada nube y cada vearth de este glorioso imperio. El símbolo del poder de la supremacía celestial — ¡Recuerdo rápidamente las normas! Esto es un combate amistoso por lo que no se permite tratar de aniquilar al enemigo, y serás detenido y reprendido de darse el caso ¡tened cuidado y disfrutad del combate! Por lo demás... ¡no hay normas! Lo que importa es ganar, da igual la forma o el método! Eso sí, tendréis un tiempo predeterminado para derrotar o hacer que vuestros oponentes se rindan. En caso contrario, ¡se tendrán en cuenta los daños causados por un equipo para ver quién se alza ganador del encuentro! — e hice una reverencia mientras todo el pueblo clamaba coreando la palabra "arena" — Comenzaremos con un combate para determinar que equipo es el que pasa a la final. — y me incorporé de nuevo, esbozando una sonrisa bajo mi máscara.— Pero antes de abrir paso al combate, y dada a la relevancia de estos juegos, una persona muy especial vendrá a dar un discurso de apertura. — se empezaron a escuchar murmullos de repente en las gradas, ¡cuánta expectación!— Es alguien que conocéis muy bien, ¡sabéis de quién hablo! ¿Verdad? — Durante dos segundos, reinó el silencio en la arena y en las gradas hasta que, por una especie de consenso común, todos asintieron y afirmaron de manera simultánea.— ¡Eso es, damas y caballeros! ¡Estamos hablando de aquel que captó el interés de nuestro Emperador! ¡Aquel que lleva luchando por los derechos de muchos de los presentes durante más de cinco años! ¡Aquel que ha conseguido parar, en mayor medida, un conflicto que azotaba Shandora hace años atrás! — El sonido de las pisotones que propiciaban los espectadores, llenos de emoción, acompañaban al compás de mis palabras.— ¡Demos una cálida bienvenida a aquel apodado como ‘La Voz de Birka’! — extendí mi mano izquierda hacia el cielo, con mi dedo índice señalando hacia el Sol.— ¡Con todos ustedeeeees… — Y una sombra alada comenzó a proyectarse en el centro del astro rey, la cuál se acercaba cada vez más y más, en dirección a la arena.

— KURAKUUUUUUUU NAATTTAAAAAA —



RESUMEN



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - La Arena (Parte V) - SEMIFINAL - Kuraku Natta - 27-07-2026

Me hallaba en una habitación del palacio del Emperador, sentado en un asiento y rodeado tan sólo de mi soledad y de mis pensamientos. Muchos recuerdos, tanto buenos como malos, embriagaban mi mente. Recuerdos que ahora quedaban muy atrás, en un pasado lejano que, cualquiera diría, que fue inexistente. Sonreía de forma incómoda, mientras mis ojos se postraban sobre uno de mis pergaminos, el cuál mantenía completamente abierto. En él, estaba escrito el discurso que debía orar entre las dos fases de los juegos de Zarutsuki… Porque si había algo que no había cambiado en lo más mínimo… Era en lo mucho que me avergonzaba tener que hablar en público.- ¿No está James más capacitado para esto..? - me pregunté, para mi mismo, conociendo de sobra el carisma que poseía el locutor favorito de toda Shandora. Desde aquella sala, podía ser capaz de escuchar todo lo que iba ocurriendo en la arena, gracias a los amplificadores y, como no, a la prominente voz del maestro de ceremonias. El griterío y los aplausos le sucedían continuamente, como era de esperar a alguien como él, y a unos juegos como los que estaba dando lugar.

Los ruidos de jolgorio continuaban, hasta que finalmente llegó la hora del descanso.- Rayos… - maldije, comenzando a levantarme, mientras cerraba el pergamino y lo colgaba de mi túnica.- Debo irme preparando o no llegaré a tiempo. - añadí, comenzando a correr hacia el exterior de la habitación, saliendo por uno de los pasillos del edificio real, perdiéndome entre cada rincón hasta que llegué hasta la salida central del mismo. En ese momento, me detuve, a cosa de unos tres metros de distancia del portón principal, quedando en uno de los escalones del exterior. Extendí mis alas con fuerza y majestuosidad, haciendo que algunas plumas negras se desperdigaran. Sí, las mismas alas que hace años me avergonzaban, que me hacían querer renegar de lo que yo era junto al color de mi piel, cabello, hoy en día era una muestra de identidad. Una muestra de orgullo. Alcé pues, el vuelo, con suma celeridad hacia lo más alto de la bóveda celestial, como si mi intención fuera dirigirme hacia el mismísimo astro rey.

No sé cuántos metros llevaba elevándome en el aire, pero cuando me detuve, pude presenciar con todo su esplendor, la imponente Shandora. La ciudad que convertía las leyendas en realidad.- Creo… Que nunca podré cansarme de ver estas vistas. - era irónico que un lugar que había despertado en mi tanto conflicto en el pasado, actualmente me diera tanta paz. Quizás, gracias a todo lo que había peleado por ella, era que había encontrado en esa ciudad mi refugio. Mi lugar.

En la lejanía, manteniéndome en el aire y dándole las espaldas al sol, era capaz de escuchar perfectamente las palabras de El Dirigente.- Hay que ver la potencia de voz que tiene este buen hombre… - sonreí con complicidad, estando atento a todo lo que tenía que decir el favorito de la gente. Cuando escuchó las palabras clave.- La Voz de Birka… Esta es la señal. - musité, batiendo mis alas negras con gran fuerza, hasta el punto de causar una considerable corriente de aire, impulsándome con gran ímpetu hacia la arena. Cuando me aproximé lo suficiente a la superficie, quedando a pocos metros de esta, reduje mi velocidad de vuelo, cambiando mi postura además para pasar de bajar en picado, a descender con mi cuerpo puesto en vertical y boca arriba, batiendo mis alas lo justo y necesario para propiciar y una caída lenta y segura.

Mis pies, entonces, tocaron al fin el suelo, dejándome justamente en el centro de la arena. En ese momento, contraje mis alas, manteniéndolas plegadas a mis espaldas, y mirando a mi alrededor a las gradas del frente. Me mantuve durante un par de segundos callado.- El corazón me va a mil… Calma, Kuraku… - pensé, mientras agarraba con ambas manos las patillas de mis gafas, apartando estas de mi nariz y cara. Exhalé una ligera bocanada de vaho, para empañar sus cristales y, a continuación, cogí un poco de la tela de mi túnica para limpiar las lentes. Tras aquello, y después de dos segundos de mayor incomodidad, volví a colocarme mis gafas dónde correspondían.- Ahora sí… - Asentí, ya estaba preparado.- ¡Buenos días, pueblo de Shandora! - exclamé, recibiendo un apabullante y estruendoso aplauso, mientras la gente coreaba y vitoreaba mi nombre. No podia evitar pensar que este tipo de fama le pegaba a alguien más a alguien como a Garnet. Aún no me hacía el estómago a ello. Carraspée la voz, mientras sacaba de mi bolsillo una especie de Den Den Micro como el que portaba James, pero con mucha menor ostentosidad. Era el momento de avivar las llamas que dormían en los corazones de nuestros queridos ciudadanos.



- Cerca de siete años han pasado ya desde que llegué a estas tierras. - comencé a hablar a través del cachivache, amplificando mi voz y escuchándose por todo el lugar, y reinando el silencio, salvo cuando hablaba.- Tal y como hoy, aquel día se celebraba otra edición de los Juegos del Emperador, muchos recordaréis esa edición, ¿verdad? - bromée, a sabiendas del casi desafortunado desenlace que aquel evento tuvo.- Cómo muchos sabréis, antaño, yo formaba parte de una pequeña pero animada tripulación pirata, los Shogun Gari. - comencé a explicar, esbozando una tímida sonrisa de nostalgia, recordando, no sólo a mis hermanos Tobías y Garnet, sino a todos los que perecieron antes de llegar a estas tierras… Nekah, Bepso, Xas, Ariel, Aurora, Platypo y Gronn… Todos y cada uno de ellos guardaban un lugar en su corazón.- En aquel entonces, y al contrario de lo que puede parecer, yo era alguien lleno de cólera, agresivo y perdido en todos los sentidos de la palabra. - Recorrí mi mirada, entonces, por toda la grada.- No sabía quién era, ni cuál era mi propósito... - añadí, pensando en lo peligroso que era que alguien, con un poder tan destructivo y con tanto rechazo como yo había guardado en mi interior. Bajé mi cabeza, anclando mi mirada en la grava de la arena.- Pero gracias a Shandora… Gracias a nuestro Emperador pero, sobre todo, gracias a todos vosotros, su gente, fue posible que, alguien como yo, que estaba perdido en las sombras. - alcé entonces mi cabeza, lleno de orgullo, y recibiendo en todo mi ser la bendición de los rayos del astro rey.- Gracias a vosotros fue que encontré la luz, encontrando quién era, y cuál era de verdad mi propósito. - solté una pequeña risa.- Y cómo podréis ver, el cambio ha resultado ser un tanto radical, ¿no creéis? - pregunté, retóricamente, causando algunas risas genuinas por parte de los oyentes.

Entonces, adopté un semblante más serio.- Pero yo no soy el único que ha cambiado en este tiempo. - Volví a dedicar una serie de miradas a mi derredor, inspirando con cierto orgullo.- Miráos los unos a los otros, pueblo de Shandora, ¿quién iba a imaginar que llegaría un punto en el que birkanianos, pilebs y Mords podían convivir en paz y armonía? - extendí mi diestra hacia mi flanco derecho.- ¿Quién iba a imaginar que los tiempos oscuros, en los que se trataba a los Birkanianos como esclavos, pasarían a ser historia? - contraje de nuevo ese mismo brazo, apretando su respectivo puño con firmeza, recordando la repulsión que sentí cuando, a mi llegada a Shandora, lo primero que vi fue una diferencia abismal de clases en los que, los birkanianos, eran usados como meras herramientas y objetos.- ¡Atrás quedó la era del Scrum! - exclamé, alzando el puño a lo alto, mientras recibía un gigantesco aplauso y ovación por parte de las gradas, sobre todo por la parte de los birkanianos que representaban a los miembros más jóvenes de su generación.- Sí, sé que aún queda mucho por hacer, mucho por lograr y mucho por construir. - hablaba obviamente de construcciones metafóricas, pensando en los residentes más ancianos y conservadores de la raza birkaniana.- Aún queda por romper las barreras y muros que nos puedan seguir separando de ser una civilización de ensueño dónde sea posible que pueda convivir cualquier raza. No importa el color de nuestras alas, de nuestra piel, nuestro tamaño, o si tenemos pelo o cuernos. - enumeré varias características de distintas razas existentes.- Hoy hemos podido comprobar como es posible una convivencia civilizada entre distintas razas, gracias a todos nuestros aspirantes provenientes del Mar Azul. - Señalé, entonces, con mi diestra, el lugar de la arena dónde debería haber tomado lugar el concierto.- Hasta la representación artística de este año ha sido por parte a personas provenientes del mundo inferior, y ha seguido siendo un espectáculo inigualable, ¿verdad? - pregunté retóricamente, recibiendo la propia afirmación de las gradas, de forma cuasi unánime.

En ese entonces, flexioné mis piernas, hasta ponerme de rodillas, inclinando mi cuerpo hacia delante acto seguido, de forma que la frente de mi cabeza queda apoyada directamente sobre la arena, al igual que las dos palmas de mis manos.- ¡Así que por favor! ¡Os lo imploro! ¡Sigamos trabajando juntos para hacer de Shandora un lugar mejor! - exclamé, postrado ante los habitantes de Shandora, y los participantes de los juegos, pasando entonces a volver a levantarme, sacudiendo con mi mano derecha mi túnica para quitarme el posible polvo que se pudiese acumular por la grava.- ¡Muchas gracias por su atención, pueblo de Shandora! ¡Sigamos disfrutando juntos de los juegos! - agradecí de todo corazón la paciencia de los espectadores, quienes se volcaron en un aluvión de aplausos, vítores y ovaciones que hicieron retumbar todo el escenario. Di media vuelta, con cierto nervio y, acto seguido, me dirigí hacia la carpa que debían haber construido hace relativamente poco, dándole paso a El Dirigente para que pudiera anunciar finalmente las semifinales. Me senté en el trono de madera que se hallaba a la izquierda del central - si mirábamos de cara a la arena - y, tras dejar mis posaderas sobre la superficie, me acomodé y resoplé.- Creo que debo seguir practicando más mi oratoria… - concluí, quedando expectante al devenir de los acontecimientos.

INFO



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - La Arena (Parte V) - SEMIFINAL - El Dirigente - 27-07-2026

La Voz de Birka, Kuraku, el Lunarian que hizo lo posible para frenar un conflicto de clases que llevaba asolando Shandora desde hace tiempo, bajó de forma elegante y majestuosa para dar un discurso que hacía que los pelos se me pusieran de punta, ¡qué manera de hablar! ¡Qué espíritu! ¡Y qué dedicación! Como buen locutor, aún podía notar como los nervios afloraban su piel… ¡Pero nada que pudiera hacer el tomar unas clases con el mejor orador de los cielos y del mundo entero! ¿Qué de quién estoy hablando? ¡De un servidor, por supuesto!

Con el discurso de una de las figuras más importantes de Shandora terminado, Kuraku se dirigió hacia la carpa, yendo directo a sentarse en uno de los tronos desde los cuáles admiraría los dos combates. Volvía a ser mi turno de hablar, pues.— ¡QUÉ MARAVILLOSO DISCURSO, POR EL AMOR DE NUESTRO EMPERADOR! — exclamé, corriendo hacia el centro, mientras las ovaciones de los espectadores no cesaban.— Pero sabéis que viene ahora, ¿verdad? ¡LOS COMBATES DE LA SEMIFINAL! HYA HYA HYA — solté mi característica y reconocible carcajada.

— ¡No os hago esperar más pues! En esta ocasión, damos la bienvenida a los participantes de este épico enfrentamiento. Por un lado, la participante del equipo nueve y el participante del equipo cinco, quienes están en segunda y quinta posición en el ranking de puntaje respectivamente; contra el participante del equipo dos junto al del equipo uno, quiénes están en tercera y cuarta posición respectivamente, aquellos que serán quienes tratarán de alzar a su equipo por encima de los demás... ¡¡Runiiiiiin Kitayyyyyyyyy y Ubbeeeeeeeeeee contra Onizuka Jiiiiiiiiiin y Rackham Uuuuuukeeeeeeeeer
!!
— grité separando ambas manos hacia ambos lados de las gradas.

— ¡QUE COMIENCE LA SEMIFINAL! — grité haciendo un movimiento vertical descendente con el brazo izquierdo, recibiendo el apoyo de las voces de los habitantes del reino entre el público, deseosos de ver comenzar este enfrentamiento, volviendo a correr hacia atrás para dirigirme, justamente, hacia el exterior de la carpa, quedándome a la izquierda de este, mirando hacia la arena. A mi derecha estaba el lunarian que peleó por los derechos de los birkanianos. Esperaba que disfrutara del combate tanto como lo haría yo.



INFO



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - La Arena (Parte V) - SEMIFINAL - Onizuka Jin - 28-07-2026

[personajeinvalido=3941]

El tiempo que estaba disfrutando estaba resultando con su amado, y no planeaba, al menos por el momento, alejarse de él. Las palabras de Runin le hicieron asomar una media sonrisa con cierta diversión al escucharla. Sus ojos se entrecerraron, elevando su mano para ofrecerle, de forma amistosa, un par de palmadas a la muchacha. —No me gusta que amenacen a Tezca, pero también sé que él no es débil. Trate de no maltratarlo demasiado. Es bastante especial, pero único como ninguno, estoy seguro que en sus viajes se habrá dado cuenta, señorita Runin. — Apartó suavemente su mano, volviendo la mirada a Tezca, ahora pasando su brazo alrededor de su cintura, divertido y agradecido por la gran compañía que le brindaba. También había una silenciosa confianza ante su presencia, una que quería lograr con darlo todo, entregarlo todo, bajo cualquier precio. No iba a defraudarlo, ni a él, ni a su jefe, quien le había dado la confianza suficiente. El concierto parecía lejano, pero se divertía alrededor de esos chicos de su alrededor en conjunto a su amado. No lo parecía, pero resultaban ser mejor de lo que eran aparentemente al inicio.

El concierto se estaba dando, mientras él disfrutaba, en su caso, evitando el alcohol al saber que le iba a tocar confrontarse en la prueba siguiente. Alguien más parecía invitarlos, ah, era ese mapache que le resultaba familiar. Elevó su diestra en señal de saludo de forma amable. —Puedo invitarle a comer algo a usted y su tripulación si también lo desea dada su hospitalidad, caballero.

Comenzó a sentir un ligero nerviosismo, algo de impaciencia, con un recuerdo claro, nítido, en un recuerdo de antes de zarpar con el Jackpot. Había llegado hasta allí, lejos, y todavía le quedaba mucho por demostrar, más ahora delante de tantas personas, delante de todos esos Skypeanos. El Dirigente estaba allí, ahora preparado y listo para presentar el siguiente combate. Sintió el nerviosismo escalar... ¿Era nerviosismo, o quizás impaciencia? La adrenalina de un combate, ahora un dos contra dos, seguro, firme... ¿Qué compañero le iba a tocar? ¿Qué tipo de cosas serían las que iba a ver? Estaba impaciente... Miró a su amado de reojo, luego al grupo que se había unido, aunque fuera de forma parcial. Cerró los ojos unos segundos, revisando su bolsillo, abriendo su cajita de metal, contemplándola silenciosamente con la hilera de cigarrillos que, después de haber entregado un par a Juan, se habían reducido. Tenía todavía, por lo menos, la mitad del paquete. Elevó el cigarrillo, tratando de verse calmado y tranquilo, encendiéndolo para dar una larga calada.

—Pronto me tocará salir.

Cerró los ojos unos segundos más de nuevo, elevando su cabeza hacia el cielo, expulsando el humo sobre sus cabezas. ¿Podría? No debía tener esa confusión. Tenía que hacer lo mejor posible, a cualquier precio. Dio leves toques, con su zurda, la mano libre, sobre su propio muslo, utilizando el dedo índice para ello. Su mente divagaba ahora, con pensamientos y leves recuerdos que solo el yakuza comprendía.

“Puedo hacerlo...”

Tenía que hacerlo. Mínimo, llamar la atención, demostrar sus capacidades, que no era un enclenque como había pasado en los Blues, o como había pasado en sus confrontamientos contra el propio Eros. Descendió la mirada ahora hacia el escenario, inclinando ligeramente su torso, aún con cierta impaciencia y nerviosismo, prestando ahora atención a la entrada del Dirigente, quien estaba tan eufórico como el propio público, quizás el que más. Se le veía divertido, agradable, tenía un carisma envidiable, desde luego. Sus ojos se mantenían fijos en el hombre de la máscara a medida que hablaba... Y presentó a alguien más. ¿Alguien más iba a salir? Con ambas manos juntas y el cigarrillo entre sus labios, prestó atención. “La Voz de Birka”.

En silencio, escuchaba las palabras del Lunarian, quien parecía al inicio algo silencioso, hablaba de igualdad, el cambio que se había dado a lo largo de todos esos años. Sus ojos se entrecerraron, en silencio, la conversación que lo llevaba a un vago, pero todavía vivo recuerdo que no había compartido, aquellas calles que apestaban a humedad, drogas... El silencio después de la tormenta, esas calles sucias y destartaladas, sin cuidado alguno, sin amor alguno. No podía compartir una opinión sin saber qué tanto habría cambiado ese lugar... Shandora podría verse diferente, ¿pero había salido de Skypea ese hombre? ¿Qué tanta convicción tenía de sus palabras? Si ya comenzaba a implorar en “convertirlo en un lugar mejor”... Se hizo un silencio por parte del yakuza, momento en que el toqueteo de su dedo sobre el muslo cesó, expulsando una vez más el humo de su cigarrillo. Aún así, aplaudió, a palabras que deseaba que fueran reales, a un recuerdo que hubiera deseado fuera distinto, y a un silencio que prefirió no mencionar. Miró entonces a Tezca una vez más, estirando su mano libre, tomándola y, con dulzura, dando un leve beso en la misma.

—¿Me dedicas unas palabras de ánimo antes de salir, cariño?

Le miró con una sonrisa paciente, antes de volver a acercarse a él, con un nuevo beso que, por el momento, prefirió que fuera en la mejilla. —O al menos un poco de suerte. — Incluso con las palabras que le había dedicado previamente, nunca estaba de más escucharlo directamente de sus labios. Se puso en pie, ahora sí, preparándose, con la mentalidad firme de lo que...

“...contra Onizuka Jiiiiiiiiiin y Rackham Uuuuuukeeeeeeeeer”

Un momento... ¿UKER? ¿EL MISMO UKER? Eso sí era algo inesperado. Elevó su mano hacia su rostro, frotando ligeramente un lado de su cicatriz en modo pensativo. Tendría que conseguir que eso funcionara, sabiendo que no le caía a él especialmente bien y, conociendo lo que ahora conocía... Ahora era algo complicado. Qué cruel es la fortuna... o el destino. Ahora sí, era su momento, tenía que brillar, darlo todo y conseguir lo mejor que podía en ese combate...

A cualquier precio...

Ahora caminaba hacia la zona que sería la arena, descendiendo de las gradas, hasta donde estaba el encuentro con Uker. Lo miró, en silencio, entrecerrando los ojos. Estaba preparado para lo que fuera.

—No pensé volver a encontrarte cara a cara de esta forma, Uker.

Su sonrisa arrogante se veía algo nerviosa, pero todavía quedaba mucho por hacer, muchísimo por delante. —Demos lo mejor de todo entre tú y yo. — Extendió su mano en señal de paz, mirándolo directamente a los ojos. —Por una pequeña tregua que nos lleve a la victoria. Confía en mí por una vez. Solo una. — No sabía si aceptaría o no su mano, y más ahora que se encaminaban a la arena. Descendió su mano poco después, escuchando el gran grito del Dirigente, viéndolo alejarse de la arena y dejarles el lugar ahora solo a los cuatro combatientes, en ese dos contra dos. Su diestra, sin embargo, se mantuvo en la espalda de Uker, quien estaba a su lado, probablemente atento al combate, o quizás distraído. Su mano comenzaba, sin embargo, de forma lenta, a envolver por completo el cuerpo del Pirata Sepulturero, un ex-compañero que lo dejó viajar un poco más... Pero las palabras de alguien volvieron a su mente una vez más. Respiró profundamente, inhalando, exhalando. 

“No hagas que me arrepienta.”

“No lo haré, Jefe.”

Probablemente Uker lo odiaría un poco más por lo que iba a hacer. La mano se había convertido en barro, uno que envolvía desde la parte de la espalda, hasta la zona inferior del cuerpo del varón, de arriba abajo. A su vez, su otra mano se estaba introduciendo, de forma sorprendente, en el interior de su propio cuerpo, por la zona de su propio abdomen, algo que iba asomando muy lentamente, una empuñadura de... ¿un arma? Solo algunos pocos habrían podido notar esa posible aparición, mas no lo que le ocurría a Uker, quien ahora tenía por completo envuelto en el barro, solo con sus ojos y su nariz a la vista.

—Espero que sepa contener la respiración, Uker, le hará falta.

Y lo absorbió, por completo, desde su propia mano, no dejando ni una sola huella de lo que hubiera quedado del actual Sepulturero. A su vez, con la zurda, retiraba lo que hasta entonces había ido saliendo; una katana. No era como las que tenía en su cinturón, ni siquiera se les asemejaba. El brillo del filo, con esas llamas rojizas, le daban un toque característico. Retiró el arma con su zurda de forma hábil y veloz, desenvainando su Black Jack, pasándola de una mano a otra, para así desenvainar también su otra katana, ahora sí, con la zurda. Hizo un movimiento seguro. Ese dos contra dos, ahora se había convertido en un uno contra dos. 

“Lo único que tienes que hacer es no cagarla.”

No pretendía hacerlo, bajo ningún concepto. No ahora que al fin había conseguido, después de tantos meses de esfuerzo, la debida confianza de aquel al que ahora lo ayudó a escalar hasta donde estaba. Los ojos, firmes y seguros, ahora estaban fijos a sus contrincantes. Era momento de comenzar el combate, y de demostrar qué tan capacitado estaba esta vez.

Activa, una vez más, aquella habilidad que había aprendido, extendiéndolo en un radio de 25m, queriendo distinguir las auras de sus contrincantes así. El humo de su cigarrillo lo acompañaba con el mismo objeto entre sus labios, ahora con una sonrisa llena de satisfacción y excitación por lo que se venía.

Cajita de Tabaco



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - La Arena (Parte V) - SEMIFINAL - Rackham Uker - 28-07-2026

[personajeinvalido=3941]

Debía pelear, era su turno de demostrar su fuerza.

Los Sepultura ponían su confianza en él, todos alrededor lo llenaban de sus propios deseos de que cierto equipo saliera vencedor. Por su lado, el cocinero se mantuvo en silencio, escuchándolos, pero no respondiendo ante ninguna palabra.

Del lado derecho de su cintura, sacó una de las espadas de su vaina. Observó el acero con los ojos fijos, vio su propio reflejo en el tan cuidado material. Al ver el mechón blanco que caía por su frente, recuerdos de muchos años atrás lo azotaron. Su madre, su padre y su pequeña hermana, con esas manchas blancas que la enfermedad que golpeó a su pueblo les dejó en la piel. Manchas que él nunca había portado, de las cuales se había librado, pero que escogía recordar cada que veía su reflejo.

Sus ojos le devolvieron la mirada, atentos y fijos en cada detalle, como si nunca se hubiese analizado a sí mismo de esa manera.

Kane dijo que podía hablar con su arma, que la escuchaba. No creía que fueran más que delirios de alguien que se creía demasiado importante, pero Uker podía comprender algo parecido. Su estilo de combate era reservado, potente, pero esperando el momento justo para dar el golpe certero. ¿Qué necesitaba para cambiar? ¿Cómo podía dirigir esa rabia que sentía para dominar por completo a su oponente?

Tal vez ese no era el momento para eso. Giró la katana un poco y comprobó el filo, asegurándose que estuviera en condiciones, justo a tiempo para el anuncio.

Así que su compañero debía ser ese hombre. Escuchar su nombre hizo arder su sangre, pero eso puso una sonrisa en su rostro. - Ganaré, incluso si no es este combate -. Dijo, en respuesta a las palabras de su compañero de tripulación, antes de levantarse de su lugar y comenzar a quitarse su abrigo. - ¿Puedo pedirles que me lo cuiden? -. Le ofreció la prenda a Eros, esperando que aceptara y lo tomara, para luego emprender su camino hacia la arena.

A diferencia de antes, su semblante era más neutro. Ese enojo que todos podían ver en su cuerpo en el momento en el que quedó eliminado parecía haber desaparecido. Su mano derecha se apoyó en una de sus katanas, presionando con fuerza entre sus dedos. Sus ojos, antes tan llenos de odio y sangre ahora solo observaban como la arena se acercaba más y más, evitando y restando importancia a cada palabra de aliento o insulto que cualquiera en las gradas pudiera intentar darle.

Al llegar a la arena, se detuvo. Observó el terreno, sería complicado querer lograr una gran carrera sobre ese material, las pequeñas piedras podrían ser un problema pero no uno muy decisivo. Observó a quienes serían sus oponentes, dos personas que sí habían logrado un gran puntaje en la prueba que terminó por eliminarlo.

Su sangre volvió a arder bajo su piel, y el agarre de su diestra sobre su arma se intensificó.

Como si no pudiera ponerse peor, llegó su compañero. Le habló como si pudiera lograr que lo respete, como si fuera posible que él confiara en alguien como el idiota que ahora intentaba ofrecerle buenas palabras. - Mejor cierra la boca, imbécil -. Devolvió su mirada a sus oponentes, dejando de prestar atención a quien en otra ocasión sería un rival más. - Solo no te interpongas en mi camino -.

De igual manera, si intentaba apuñalarlo por la espalda esos ángeles que parecían cuidar del sitio de combate iban a intervenir.

¿Verdad?

Bueno, debería haberlo pensado mejor. Entre su obvio disgusto por Onizuka y la concentración que se lograba en su mente momentos antes de un combate, no pudo notar cuando el otro hombre ya lo tenía atrapado. - Desgraciado… -. Podría insultarlo y zafarse de ese agarre, pero su mente conectó un pensamiento con rapidez.

Al parecer ese imbécil ahora poseía los poderes de una fruta. Eros le había contado que lo venció, por lo que debía haberla obtenido recientemente. Si debían luchar contra dos personas confiadas de su fuerza bruta, él podría encargarse, pero sí podían convertir eso en una batalla de desgaste…

¿Si atacaban a Jin lo pondrían en peligro a él? Era una duda razonable, pero la oportunidad de dar el golpe de gracia en cuanto los 3 estén derrotados sonaba tentadora.

Decidió que iba a seguirle la corriente, solo por ahora. - Asegúrense de matarlo para que yo pueda terminar con ustedes -. Fueron las últimas palabras dirigidas a sus oponentes, a quienes los observó una última vez y levantó la katana que llevaba sosteniendo todo ese tiempo en su dirección, antes de tomar aire y cerrar los ojos para terminar de desaparecer de la vista de todos.

¿Dónde estaba? ¿Todo eso era barro? No se atrevió a abrir los ojos, por lo que simplemente se guio por su sentido del tacto. Incluso ahí dentro podía seguir razonando, por lo que su mente fue veloz, pese a la aparente tranquilidad. “Si esta es una de esas frutas elementales, diría que como mínimo sería difícil que puedan dañar al idiota este”. Si, no sería amable con él ni en su mente. “No parecía necesitar mi permiso para atraparme, pero la velocidad a la que lo hizo fue horrorosa. Si es así de lento no sería sorprendente que los otros dos pudieran golpearme si a este energúmeno se le ocurre soltarme en medio del combate, así que lo mejor sería estar preparado para todo”.

No soltó el arma que llevaba en su mano, simplemente la sacó de su vaina y dejo que esta reposara de nuevo al lado derecho de su cintura. Le costaba moverse en ese lugar, pero con técnica y la ayuda del filo de su katana sería suficiente para lograr algo.

“No creo que se pueda considerar un gran mérito ganar con algo así, pero supongo que es lo que pasa cuando se empiezan a acostumbrar a este tipo de poderes”

Libro de recetas



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - La Arena (Parte V) - SEMIFINAL - Ubbe - 29-07-2026

[personajeinvalido=3941]
Ubbe terminó de despedirse del dirigente con una amplia sonrisa antes de volver a internarse entre el bullicio de la arena. El enorme bocadillo que sostenía entre las manos había perdido ya buena parte de su tamaño, aunque seguía siendo más que suficiente para saciar el apetito de cualquier persona corriente, aunque no el suyo, por supuesto. Mientras caminaba, daba mordiscos generosos sin prisa alguna, disfrutando del descanso que separaba las pruebas con la misma intensidad con la que había vivido todo lo anterior.
En lugar de regresar junto al Team Five o buscar de nuevo a Sigurd, se limitó a acercarse a la barandilla de las gradas. Encontró un hueco desde el que dominaba prácticamente toda la arena y apoyó los antebrazos sobre la madera, terminando de masticar mientras contemplaba cómo decenas de voluntarios ultimaban los preparativos.
Había visto construir barcos, tabernas improvisadas e incluso pequeños campamentos en cuestión de horas, pero aquello era otra historia. La enorme carpa de tonos dorados, los altos postes de madera, los tronos que necesitaban a varias personas para ser transportados y las mesas repletas de comida daban la sensación de que alguien realmente importante estaba a punto de aparecer.
Un último mordisco y otro trago acompañó a la voz del dirigente que volvía a resonar por todo el estadio. Ubbe levantó ligeramente la cabeza, prestando atención mientras el hombre anunciaba la llegada de un invitado especial. El ambiente cambió de inmediato. No era simplemente expectación; era una emoción compartida por miles de personas al mismo tiempo, como si todos supieran perfectamente quién estaba a punto de hacer acto de presencia. El buccaneer siguió extrañado la dirección que señalaba el presentador hasta alzar la vista hacia el cielo.
Una silueta descendía desde el sol.
Las alas negras se recortaban contra la luz con una elegancia que consiguió arrancarle una sonrisa de admiración. “Heh... entrada con estilo, baby”  Permaneció en silencio mientras el lunarian aterrizaba con suavidad sobre la arena, Ubbe no tenía ni idea de quién era aquel hombre, pero no necesitó preguntarlo. Bastó con escuchar el estruendo de las gradas para comprender que se encontraba ante alguien importante, de hecho muy importante para aquella gente.  Cuando comenzó a hablar, Ubbe siguió apoyado sobre la barandilla, completamente quieto. Nunca había sido especialmente amigo de los discursos; prefería demostrar las cosas con los puños antes que con las palabras, aunque en vista de lo ocurrido en el risco a veces esass cosas se le daban bien, sin embargo, había algo en la forma de expresarse de aquel hombre que hacía difícil dejar de escuchar.
No hablaba como alguien que quisiera impresionar, hablaba como alguien que realmente creía en todo lo que decía. Los aplausos llegaban una y otra vez, creciendo con cada recuerdo, con cada promesa y con cada mensaje de unión que lanzaba al pueblo de Shandora. Ubbe observó durante unos segundos las gradas en lugar del escenario. Personas de todas las edades lo escuchaban con orgullo, algunos incluso con los ojos brillantes.
"Joder..."
Aquello no se conseguía simplemente siendo fuerte, y cuando el lunarian habló de razas distintas, de convivir sin importar el color de la piel, las alas, el tamaño o cualquier otra diferencia, la sonrisa del buccaneer se ensanchó apenas un poco.
- Así se habla...baby… 
Nunca había necesitado que nadie le enseñara algo tan sencillo. Para él, una buena persona siempre había sido una buena persona, midiera un metro o cuatro. Pero ver a miles de individuos aplaudir unas palabras tan simples resultaba... agradable. No habia sido solo una vez en la que le habia discriminado por su tamaño o por su color algo chocolatoso de piel, y aunque realmente no le importaba, agradecía que la gente viera aquello como lo que era, un avance. Los aplausos no dejaban de sucederse, y cada frase parecía despertar una reacción distinta entre los habitantes de Shandora, al final, el buccaneer terminó descubriendo que, más que escuchar el discurso, estaba observando a quienes lo escuchaban. Aquella gente no aplaudía por compromiso, lo hacía con admiración, con gratitud, incluso con orgullo.

Ubbe volvió entonces la vista hacia el lunarian, y por alguna razón... le costaba apartar los ojos de él. No entendía muy bien el motivo, de hecho no recordaba haber visto nunca aquel rostro, ni aquellas alas negras, ni aquella forma pausada de hablar. Estaba completamente seguro de que jamás se habían cruzado, y sin embargo… Había algo. Una sensación extraña, imposible de describir, una familiaridad que no nacía de la memoria, sino de algún lugar mucho más profundo, como si una parte de él insistiera en prestar atención a aquel hombre aun sin comprender el porqué.
Ubbe soltó una pequeña risa por lo bajo, convencido de que seguramente solo se estaba dejando llevar por el ambiente. Después de todo, si miles de personas admiraban a aquel tipo hasta ese punto, era normal que terminara transmitiendo algo incluso a un completo desconocido, asi que cuando el discurso llegó a su fin y toda la arena estalló en una nueva ovación, el buccaneer no dudó en unirse al aplauso con una sonrisa sincera. 
Tras Kuraku, volvió a hablar el Dirigente, la semifinal iba a comenzar.
Ubbe terminó el último trozo de bocadillo casi sin pensar, mientras escuchaba cómo iban presentando a los combatientes, hasta que oyó su nombre, acompañado de el de una persona bastante inesperada. Le tocaba pelear junto a la que le superóp en fuerza, justo habian intercambiado algunas palabras, asi que sería cuanto menos curioso poder medirse codo a codo con aquella despampanante mujer. 

Antes de dirigirse a la arena de combate, le regaló una última mirada a su hermano, a Sigurd. No hicieron falta palabras, bastó aquel breve intercambio para recibir toda la confianza que podía esperar de su capitán, y mientras avanzaba con paso firme, las dos cintas que llevaba atadas a los brazos se mecían suavemente con el movimiento. En una podía leerse el nombre de RAGNAROK, un recordatorio de quién era y del lugar al que pertenecía. La otra había llegado apenas unas horas atrás, de forma tan inesperada como espontánea, y sus dedos rozaron la tela durante un instante.
No pudo evitar pensar en todo lo que aquellos juegos le habían dejado en apenas un día. Personas que habían empezado siendo completos desconocidos y que, de una forma u otra, ya habían conseguido sacarle una sonrisa, arrancarle una carcajada o regalarle un recuerdo que merecía la pena conservar. La chica de la guitarra, el Team Five, su agnel de la guarda, los rivales con los que había compartido bromas... Era curioso cómo un puñado de horas podían cambiar tanto las cosas. Ya habría tiempo para llamadas, para risas y para averiguar qué clase de persona era realmente aquella guitarrista y la gente que la rodeaba, Pero primero… Había un combate que ganar.

Una sonrisa apareció bajo sus gafas de sol, siguió caminando como si nada y con cada paso que daba, su cuerpo comenzó a cambiar; los músculos se expandieron lentamente bajo la piel, ganando todavía más volumen. Pequeñas placas óseas empezaron a recorrer sus hombros, su espalda y sus brazos, mientras una pesada cola blindada nacía a su espalda, balanceándose de un lado a otro conforme la transformación híbrida terminaba de completarse. Aquel cuerpo no era únicamente fruto de una Akuma no Mi, era el resultado de cada batalla librada junto a Ragnarok, de cada entrenamiento, de cada cicatriz.
Su respiración se volvió más pausada mientras descendía los últimos metros hacia la arena, y durante un instante, los rostros de quienes ya no podían caminar a su lado cruzaron fugazmente por su mente, guerreros que habían reído junto a él, que habían luchado junto a él, que habían dado la vida persiguiendo el mismo sueño, pero no sintió tristeza, tan solo orgullo. Porque, de alguna manera, todos ellos seguían caminando a su lado.
Y no pensaba decepcionar a ninguno.
Cuando finalmente cruzó el límite de la arena, levantó la vista al frente. Casi al mismo tiempo, otra figura apareció avanzando desde el extremo opuesto, era su compañera, Runnin. El gigantesco buccaneer sonrió con esa mezcla de confianza y entusiasmo que parecía acompañarlo a todas partes, además de sentirse completamente absorto por su belleza. - Heh... parece que nos toca repartir leña juntos, baby.
Terminó de colocarse frente a ella mientras hacía crujir el cuello de un lado a otro y golpeaba un puño contra la palma de la otra mano.
- ¡Vamos a make some noise, que sepan quién manda, watermelon girl!
Su voz todavía resonaba en la arena cuando el Dirigente dio la señal de inicio.
Ubbe ni siquiera esperó un instante más.
Las enormes piernas del buccaneer se flexionaron con violencia antes de impulsar hacia delante los más de siete metros de músculo y hueso que componían su cuerpo híbrido. Se dejó caer sobre uno de sus hombros y comenzó a rodar, convirtiendo aquel gigantesco cuerpo blindado en una auténtica avalancha. Cada vuelta añadía más velocidad que la anterior mientras la pesada cola acorazada seguía el movimiento como una extensión natural del impulso.
No buscó entender qué hacían sus rivales. Ni siquiera les dio tiempo a terminar su primera acción.
Para Ubbe, el combate había empezado en el mismo instante en que el Dirigente lo había anunciado, y eso era todo lo que necesitaba saber.
Avanzó directamente hacia Jin, y una vez estuviera a su alcance... no volver a dejarlo marchar.
Las dos manos descendieron directamente hacia el torso y los brazos de su rival, cerrándose con firmeza alrededor de él mientras el gigantesco buccaneer utilizaba todo el peso de su propio cuerpo para impedir que pudiera alejarse. La pesada cola blindada se apoyó inmediatamente sobre el terreno para darle todavía más estabilidad, mientras el resto de su cuerpo comenzaba a inclinarse sobre Jin, dispuesto a envolverlo por completo poco a poco. 

HEY BABY



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - La Arena (Parte V) - SEMIFINAL - Runin D. Kitay - 29-07-2026

[personajeinvalido=3941]


Durante segundos que parecen horas, el barullo y la algarabía desaparecen ante los esclarecidos sentidos de la fémina. Respira a profundidad sintiendo el privilegio de disfrutar el aire más puro que sus pulmones han conocido en sus cortos años de vida. Su chocolate mirar divaga entre la multitud de desconocidos y conocidos rostros: un rubio fanfarrón haciendo amistades, un sereno azabache en medio del caos, una perdida pelirrosa en la búsqueda de un tesoro y un castaño que genera sonrisas donde sea que va. Los minutos se acortan mas ella no vuelve a acercarse a los suyos, a nadie, en realidad.

Inhala y exhala hondamente por última vez. Dibuja un gesto sereno en sus labios que, paulatinamente, se torna en una osada sonrisa. La voz del Dirigente reclama la atención de todos: espectadores, participantes, colaboradores. La emoción se contagia cual pólvora y la expectación se palpa en el ambiente. Los niños abren los ojos, ilusionados por la novedad; los adultos se estremecen al recordar eventos pasados; los más temerarios apuestan, mientras los cautos guardan compostura.

Los gráciles pasos la conducen hacia el inminente destino. La voz del enmascarado abre el telón de forma magnánima. La oscura mirada recorre el escenario, percatándose de la posición de los ecuánimes custodios. El podio destila elegancia y consistencia a pesar de las rápidas preparaciones. Las normas no demoran en llegar a sus oídos. «¿Aniquilar al enemigo?» No es una palabra propia para definir el encuentro, pero la gracia causada le roba una divertida expresión. Más allá de la obviedad que algunos omiten, el resto queda en manos del ingenio, la suerte, estratagemas, el carisma y la fuerza.

La fémina abre su macuto y extrae los guantes que tanto aprecia. Se los coloca haciendo gala de la calma que precede a la tormenta. El dorso de ambas manos choca, creando una “X”, ese ínfimo acto baña de luz el rostro de la amazona. ¿Cuándo fue la última vez que los usó en la totalidad de la palabra? Eleva la mirada hacia el palco en el momento que un desconocido nombre es orquestado por el Dirigente. Un hombre no tarda en hacer acto de presencia de la manera más irreal e idílica posible. No planea como tiende a hacerlo Yuuki, no, él realmente ha volado, irrumpiendo en escena, robando la simpatía de los presentes.

¿Eso es a lo que suelen llamar un “héroe"?

La historia se escurre entre los dedos de la ignorancia, inentendibles vocablos que suenan a grandeza, tiempos complicados y amaneceres venideros. El discurso genera un suspiro calmo que encandila a las gradas, llena corazones y enorgullece a un pueblo entero. ”Conmovedor.” Es la palabra que florece en la mente de la fémina hasta que una expresión resuelta figura en la faz de su rostro. ”Pero no lo suficiente.” No lo suficiente para deslumbrar a quien no desea ser cautivada; a quien no se asombra ante pilares o heraldos, y mantiene la causa de su ser resguardada hasta cuando esta deba ser revelada. No ha suscrito su nombre por prestigio o recuerdos, no existe para enorgullecer a las masas, ni siquiera a sus allegados, no le interesan los títulos, ni las miradas o tan siquiera los gritos y ovaciones.

¡Nimiedades! ¡Un cúmulo de sinsentidos!

Lo único que mueve los expectantes pasos de la morena hasta el interior de la arena de combate es el burbujeante sentimiento de hallarse en el lugar correcto, a la hora correcta, con las personas más impredecibles a punto de derramar sobre la arena el sudor y sangre que todo ser vivo tiene la capacidad de derramar.

Equipos, posiciones, puntajes.

¡NOMBRES!

Al final la historia solo reconoce nombres.

¡¡Runiiiiiin Kitayyyyyyyyy y Ubbeeeeeeeeeee contra Onizuka Jiiiiiiiiiin y Rackham Uuuuuukeeeeeeeeer

Sus nombres.

—Fufufu ¡Cariño! Esperaba que nuestro encuentro fuese en bandos diferentes, pero henos aquí. —El brazo izquierdo de la fémina gira un par de veces cuando se encuentra con su gigantesco compañero, quien ruge en busca de motivación y de ruido. Con la mirada fija en sus oponentes desde el primer instante, avanzó hasta situarse un metro por delante de Ubbe. ¿Oh? ¿En serio? El novio de su rubio amigo, Jin, y el hosco miembro de los sepulturas, Uker. Una sonrisa ladina hace acto de presencia. El Dirigente exhala el grito que todo lo define.

Agresividad. Tenacidad. Ímpetu.



—Starfall.

No se permite perder un solo segundo. Su cuerpo se mueve rápido en compañía de sus vocablos, incluso antes de que sus propios pensamientos lo hagan. El puño izquierdo es descargado con violencia y presteza contra el suelo; la incandescente luz procedente de sus guantes y habilidad de su fruta del diablo, inunda todo cuando se ve expelida hacia sus enemigos cual torpedo.

Ni bien se dispara, aún en el aire, su brazo derecho gira cuatro veces. Cuando los contrincantes quieran darse cuenta de sus intenciones, el desplazamiento termina; ella ya está frente a Uker, embistiendo su rostro con un brutal puñetazo de su diesta. El impacto incluso obliga al integrante de los sepultura a retroceder un metro.

—¡Esto te dolerá, cariño! — No contenta con haber atacado una vez, de inmediato, vuelve a girar el brazo derecho cuatro veces más, a desmedida velocidad. Los músculos de su cuerpo se tensan, no da espacio ni tregua. Vuelve a recortar la distancia con un paso largo entre ella y el cocinero que apenas debe resentirse del primer golpe. —¡STAAAAAAAAAAAAAAAR! — Su puño libera la energía contra el agradable rostro de aquel que, en ese momento, se ha convertido en su rival.

La eufórica expresión en su rostro se expande al verlo retroceder tres metros más tras su golpe. Sin pensarlo demasiado retrocede diez metros de su enemigo, posicionándose tras el enorme dinosaurio, quien parece hacerse cargo del enemigo restante.


BOLSA DE ESTRELLITAS



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - La Arena (Parte V) - SEMIFINAL - Rackham Uker - 29-07-2026

El combate había comenzado con gran potencia.

Contaba con que esos dos irían al ataque sin dar tregua, solo por ver sus personalidades durante la prueba que a él lo había dejado eliminado. Lo que no podía haber imaginado es que serían tan rápidos. Se movieron casi a la vez, pero fue la mujer quien apuntó a su rostro.

No vio el golpe venir, incluso fue suficiente para acomodarle las ideas en más de un sentido. Ni siquiera pudo sentir como el agarre que ejercía Jin con su poder quedaba atrás en cuanto él fue impactado y obligado a retroceder. “RESPONDE”, fue lo único que sonó en su cabeza mientras su visión se nublaba y el dolor comenzaba a hacerse presente.

No pudo hacerlo, pero dio igual, aterrizó con sus pies sobre la arena, con la visión aún en mal estado y con el cuerpo sin responderle al máximo. Vio a la mujer hacer algo, como si quisiera acercarse, pero de pronto se alejó sin más. ¿Qué había querido hacer? Tuvo que sacudir su cabeza un instante para que tanto el dolor como la sorpresa del golpe se fueran, aprovechó esos segundos donde todavía no estaba a pleno para sacudir su cuerpo un poco y librarse del barro que le había quedado por su contacto con ese banquero asqueroso.

¿Cuál era la situación?

Jin y ese… ¿animal?, parecían enfrentarse. Runin lo había liberado de los poderes de Jin, al menos así podría pelear en serio. Ahora ella había retrocedido, chocando con su compañero de equipo. Mala decisión.*

Sus piernas lo hicieron avanzar con la mayor velocidad posible esos dos metros que los separaban, al mismo tiempo que sus manos se encargaban de quitar una de las katanas de su vaina y sostenerla con fuerza con su mano izquierda. En cuanto llegó frente a ella no necesitó ni un segundo para alzar su espada y atacar con un ataque descendente, dirigido directamente al hombro izquierdo de la mujer.

Sin separarse ni esperar más, aprovechó la postura actual que dejaba su espada debajo de su cintura. Flexionó sus rodillas, descendiendo más, giró su muñeca y dejó el filo de la hoja apuntando a la pierna derecha de su rival. Su siguiente movimiento volvió a ser un ataque, un corte de derecha a izquierda que impactó en la pierna de la mujer. Un daño menor que antes, pero con otra finalidad.

Sin reincorporarse, aprovechó la flexión de sus piernas para convertir el movimiento en un salto, moviéndose hacia la izquierda y alejándose del grupo de gente otros 5 metros. Los observó con atención, atento a cada cosa que pudieran hacer. ¿Qué mierda estaba haciendo Jin ahora?


*: Debido a unos errores de cálculo en el post de Runin, en mi post se asumen estas distancias. Se verán de mejor manera en el apartado correspondiente de mi bélico.
Libro de recetas



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - La Arena (Parte V) - SEMIFINAL - Onizuka Jin - 30-07-2026


Igual que con Eros, no los vio venir, a ninguno de los dos. En un parpadeo, de repente, tenía a ese gigante frente a él después de retirar su katana. Parpadeó repetidamente. ¿Qué había pasado? Ah... Con que sí funcionaba con otras personas. Era la primera vez que ponía a prueba el Akuma. Allí estaba, ese gigante, que aparentemente trató de sujetarlo sin éxito. Sonrió con malicia, de oreja a oreja, cargado de orgullo y satisfacción.

Esto estaba siendo inesperadamente entretenido.

No perdería ni un segundo, en cuanto se percató de que no hizo nada más que atravesar por completo su cuerpo, retiró su daga que, hasta entonces, se encontraba oculta dentro del abrigo de su traje, estando ahora equipado con ambas armas. No dudó ni un solo segundo en aplicar su técnica: Jūji Kōdan, haciendo un movimiento fugaz, con una tensión que se elevaba por todo su cuerpo, fortaleciéndolo lo suficiente y lo expulsa al instante con un solo movimiento, descargando así un corte brutal que arrastra todo su cuerpo en un medio arco con un descenso diagonal, con un corte brutal, formándose una X en el movimiento. El impacto es brutal, puede sentir cómo sus dos hojas impactan directamente al enorme hombre. Lo mejor es que puede sentir, en ese silencioso regalo, el gran impacto y la facilidad que eso le provoca al moverlo. ¿Lo mejor de todo? No tenía ni que voltearse a ver si Uker estaba o no bien, el Kenbunshoku ya le estaba ayudando a “ver” sin necesidad de tener que voltearse, pudiendo centrarse por completo en el hombre que tenía frente a él.

Aprovechó el impacto, dando un salto diagonal que logró alcanzar la zona de su cabeza, con los pies entre sus hombros, descendiendo velozmente su mano, la misma que tenía la daga, hasta la frente del hombre. Allí, el barro comenzó a descender lentamente hasta cubrir no solo sus ojos, sino incluído su rostro, fosas nasales y boca, por dentro de sus gafas al entrar en contacto directo con su piel. ¿Qué tanto podría resistir esa masa de músculos frente a la asfixia de su akuma? Habría que probarlo. Sonreía satisfecho, divertido, la adrenalina ascendía como la espuma por todo su cuerpo, vibraba de éxtasis. Lo mejor era que bajo sus pies, el barro comenzaba también a acumularse, formando un charco que se iría expandiendo.

Miró al frente, observando a la muchacha, aturdida por los golpes que había realizado el mismo Uker. Qué buen trabajo, ese hombre era muy bueno peleando. ¿Quién iba a decir que el destino los uniría? Pero mientras ese pensamiento cruzaba su mente, su cuerpo ya estaba descendiendo del cuerpo del musculitos de gafas y, sin dar tregua, elevó su katana, que aprovecharía en su máximo esplendor, para abalanzarse velozmente conta la chica y lanzar, de forma automática, dos tajos. Una en diagonal descendente y la segunda en diagonal ascendente tras la muchacha, dos ataques que no tenían compasión. Por mucho que tuviera una amistad con Tezca, eso era un ring, no había amistades ni cariños dentro de un combate, solo una silenciosa adrenalina que buscaría la victoria. Elevó la mirada hacia donde se encontraba Ubbe, sabiendo, gracias a su Kenbun, que Uker lo observaba. Todavía con la sonrisa iluminando su rostro, la adrenalina lo llenaba, como hacía mucho que no lo hacía. Se enfocó en Ubbe, sin intención de soltarlo.

Cajita de Tabaco



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - La Arena (Parte V) - SEMIFINAL - Ubbe - 30-07-2026

El impacto nunca llegó.
Las enormes manos del buccaneer atravesaron el cuerpo de su rival como si este hubiese dejado de existir de un instante para otro. Donde esperaba encontrar carne, hueso y resistencia, únicamente sintió una masa fría, húmeda y maleable que se escurría entre sus dedos y no hubo tiempo para preguntarse qué acababa de ocurrir.
Ubbe nunca se había enfrentado a algo asi, no existía entrenamiento capaz de preparar a alguien para ver cómo el enemigo desaparecía entre sus propias manos convertido en una masa de barro. El buccaneer no sabía si aquello era una técnica, una fruta del diablo o algún truco extraño, y, por primera vez desde que había comenzado el combate, no tenía la menor idea de cuál era la forma correcta de actuar.
Así que su cuerpo reaccionó antes que su cabeza, completamente desquiciado por la situacion actuó por puro instinto.
Los brazos de Ubbe cambiaron de trayectoria de inmediato. Las manos, enormes como escudos, comenzaron a hundirse una y otra vez en aquella masa informe, cerrándose con fuerza para recoger cuanto barro alcanzaban antes de volver a abrirse y repetir el movimiento una y otra vez. El gigantesco buccaneer dejó de buscar a un hombre; ahora perseguía cada fragmento de aquella sustancia que pretendía escapar de entre sus dedos.
Cada barrido arrastraba más barro contra su propio cuerpo. Sus antebrazos se cerraban como compuertas, su pecho servía de muro contra el que iba acumulándose aquella masa amorfa y el continuo movimiento de la forma híbrida ayudaba a replegarlo todo una y otra vez hacia el mismo punto. Si el barro intentaba deslizarse hacia un costado, una mano ya estaba alli para recogerlo. Si trataba de extenderse por el suelo, el peso del colosal buccaneer y el constante movimiento de su cuerpo lo empujaban de nuevo hacia él.
No había pausa, no había un solo instante en el que aquellas manos dejaran de moverse: recogían, arrastraban y volvían a recoger, una y otra vez.
Con una insistencia casi enfermiza, como un niño negándose a dejar escapar aquello que acababa de atrapar.
- ¡No, no, no... youre a fucking shit! ¡Tú te vienes conmigo, baby!
Y siguió haciéndolo, sin dejar de moverse, sin conceder un solo respiro, sin permitir que aquella extraña masa tuviera un instante de tranquilidad mientras sus enormes brazos continuaban replegándola una y otra vez contra sí.
Ni siquiera dedicó una mirada a la chica sandía. No era desinterés; era confianza. Si había llegado hasta allí, era porque podía cuidar de sí misma. Ubbe tenía un trabajo. Ella también. Y no dudaba ni por un instante de que, cuando todo aquello terminara, ambos seguirían en pie.

Contenido Oculto


HEY BABY