28-07-2026, 04:06 AM
(Última modificación: 28-07-2026, 05:01 AM por Onizuka Jin.
Razón: Agregar código de Kenbun
)
[personajeinvalido=3941]
El tiempo que estaba disfrutando estaba resultando con su amado, y no planeaba, al menos por el momento, alejarse de él. Las palabras de Runin le hicieron asomar una media sonrisa con cierta diversión al escucharla. Sus ojos se entrecerraron, elevando su mano para ofrecerle, de forma amistosa, un par de palmadas a la muchacha. —No me gusta que amenacen a Tezca, pero también sé que él no es débil. Trate de no maltratarlo demasiado. Es bastante especial, pero único como ninguno, estoy seguro que en sus viajes se habrá dado cuenta, señorita Runin. — Apartó suavemente su mano, volviendo la mirada a Tezca, ahora pasando su brazo alrededor de su cintura, divertido y agradecido por la gran compañía que le brindaba. También había una silenciosa confianza ante su presencia, una que quería lograr con darlo todo, entregarlo todo, bajo cualquier precio. No iba a defraudarlo, ni a él, ni a su jefe, quien le había dado la confianza suficiente. El concierto parecía lejano, pero se divertía alrededor de esos chicos de su alrededor en conjunto a su amado. No lo parecía, pero resultaban ser mejor de lo que eran aparentemente al inicio.
El concierto se estaba dando, mientras él disfrutaba, en su caso, evitando el alcohol al saber que le iba a tocar confrontarse en la prueba siguiente. Alguien más parecía invitarlos, ah, era ese mapache que le resultaba familiar. Elevó su diestra en señal de saludo de forma amable. —Puedo invitarle a comer algo a usted y su tripulación si también lo desea dada su hospitalidad, caballero.
Comenzó a sentir un ligero nerviosismo, algo de impaciencia, con un recuerdo claro, nítido, en un recuerdo de antes de zarpar con el Jackpot. Había llegado hasta allí, lejos, y todavía le quedaba mucho por demostrar, más ahora delante de tantas personas, delante de todos esos Skypeanos. El Dirigente estaba allí, ahora preparado y listo para presentar el siguiente combate. Sintió el nerviosismo escalar... ¿Era nerviosismo, o quizás impaciencia? La adrenalina de un combate, ahora un dos contra dos, seguro, firme... ¿Qué compañero le iba a tocar? ¿Qué tipo de cosas serían las que iba a ver? Estaba impaciente... Miró a su amado de reojo, luego al grupo que se había unido, aunque fuera de forma parcial. Cerró los ojos unos segundos, revisando su bolsillo, abriendo su cajita de metal, contemplándola silenciosamente con la hilera de cigarrillos que, después de haber entregado un par a Juan, se habían reducido. Tenía todavía, por lo menos, la mitad del paquete. Elevó el cigarrillo, tratando de verse calmado y tranquilo, encendiéndolo para dar una larga calada.
Cerró los ojos unos segundos más de nuevo, elevando su cabeza hacia el cielo, expulsando el humo sobre sus cabezas. ¿Podría? No debía tener esa confusión. Tenía que hacer lo mejor posible, a cualquier precio. Dio leves toques, con su zurda, la mano libre, sobre su propio muslo, utilizando el dedo índice para ello. Su mente divagaba ahora, con pensamientos y leves recuerdos que solo el yakuza comprendía.
Tenía que hacerlo. Mínimo, llamar la atención, demostrar sus capacidades, que no era un enclenque como había pasado en los Blues, o como había pasado en sus confrontamientos contra el propio Eros. Descendió la mirada ahora hacia el escenario, inclinando ligeramente su torso, aún con cierta impaciencia y nerviosismo, prestando ahora atención a la entrada del Dirigente, quien estaba tan eufórico como el propio público, quizás el que más. Se le veía divertido, agradable, tenía un carisma envidiable, desde luego. Sus ojos se mantenían fijos en el hombre de la máscara a medida que hablaba... Y presentó a alguien más. ¿Alguien más iba a salir? Con ambas manos juntas y el cigarrillo entre sus labios, prestó atención. “La Voz de Birka”.
En silencio, escuchaba las palabras del Lunarian, quien parecía al inicio algo silencioso, hablaba de igualdad, el cambio que se había dado a lo largo de todos esos años. Sus ojos se entrecerraron, en silencio, la conversación que lo llevaba a un vago, pero todavía vivo recuerdo que no había compartido, aquellas calles que apestaban a humedad, drogas... El silencio después de la tormenta, esas calles sucias y destartaladas, sin cuidado alguno, sin amor alguno. No podía compartir una opinión sin saber qué tanto habría cambiado ese lugar... Shandora podría verse diferente, ¿pero había salido de Skypea ese hombre? ¿Qué tanta convicción tenía de sus palabras? Si ya comenzaba a implorar en “convertirlo en un lugar mejor”... Se hizo un silencio por parte del yakuza, momento en que el toqueteo de su dedo sobre el muslo cesó, expulsando una vez más el humo de su cigarrillo. Aún así, aplaudió, a palabras que deseaba que fueran reales, a un recuerdo que hubiera deseado fuera distinto, y a un silencio que prefirió no mencionar. Miró entonces a Tezca una vez más, estirando su mano libre, tomándola y, con dulzura, dando un leve beso en la misma.
Le miró con una sonrisa paciente, antes de volver a acercarse a él, con un nuevo beso que, por el momento, prefirió que fuera en la mejilla. —O al menos un poco de suerte. — Incluso con las palabras que le había dedicado previamente, nunca estaba de más escucharlo directamente de sus labios. Se puso en pie, ahora sí, preparándose, con la mentalidad firme de lo que...
Un momento... ¿UKER? ¿EL MISMO UKER? Eso sí era algo inesperado. Elevó su mano hacia su rostro, frotando ligeramente un lado de su cicatriz en modo pensativo. Tendría que conseguir que eso funcionara, sabiendo que no le caía a él especialmente bien y, conociendo lo que ahora conocía... Ahora era algo complicado. Qué cruel es la fortuna... o el destino. Ahora sí, era su momento, tenía que brillar, darlo todo y conseguir lo mejor que podía en ese combate...
Ahora caminaba hacia la zona que sería la arena, descendiendo de las gradas, hasta donde estaba el encuentro con Uker. Lo miró, en silencio, entrecerrando los ojos. Estaba preparado para lo que fuera.
Su sonrisa arrogante se veía algo nerviosa, pero todavía quedaba mucho por hacer, muchísimo por delante. —Demos lo mejor de todo entre tú y yo. — Extendió su mano en señal de paz, mirándolo directamente a los ojos. —Por una pequeña tregua que nos lleve a la victoria. Confía en mí por una vez. Solo una. — No sabía si aceptaría o no su mano, y más ahora que se encaminaban a la arena. Descendió su mano poco después, escuchando el gran grito del Dirigente, viéndolo alejarse de la arena y dejarles el lugar ahora solo a los cuatro combatientes, en ese dos contra dos. Su diestra, sin embargo, se mantuvo en la espalda de Uker, quien estaba a su lado, probablemente atento al combate, o quizás distraído. Su mano comenzaba, sin embargo, de forma lenta, a envolver por completo el cuerpo del Pirata Sepulturero, un ex-compañero que lo dejó viajar un poco más... Pero las palabras de alguien volvieron a su mente una vez más. Respiró profundamente, inhalando, exhalando.
Probablemente Uker lo odiaría un poco más por lo que iba a hacer. La mano se había convertido en barro, uno que envolvía desde la parte de la espalda, hasta la zona inferior del cuerpo del varón, de arriba abajo. A su vez, su otra mano se estaba introduciendo, de forma sorprendente, en el interior de su propio cuerpo, por la zona de su propio abdomen, algo que iba asomando muy lentamente, una empuñadura de... ¿un arma? Solo algunos pocos habrían podido notar esa posible aparición, mas no lo que le ocurría a Uker, quien ahora tenía por completo envuelto en el barro, solo con sus ojos y su nariz a la vista.
Y lo absorbió, por completo, desde su propia mano, no dejando ni una sola huella de lo que hubiera quedado del actual Sepulturero. A su vez, con la zurda, retiraba lo que hasta entonces había ido saliendo; una katana. No era como las que tenía en su cinturón, ni siquiera se les asemejaba. El brillo del filo, con esas llamas rojizas, le daban un toque característico. Retiró el arma con su zurda de forma hábil y veloz, desenvainando su Black Jack, pasándola de una mano a otra, para así desenvainar también su otra katana, ahora sí, con la zurda. Hizo un movimiento seguro. Ese dos contra dos, ahora se había convertido en un uno contra dos.
No pretendía hacerlo, bajo ningún concepto. No ahora que al fin había conseguido, después de tantos meses de esfuerzo, la debida confianza de aquel al que ahora lo ayudó a escalar hasta donde estaba. Los ojos, firmes y seguros, ahora estaban fijos a sus contrincantes. Era momento de comenzar el combate, y de demostrar qué tan capacitado estaba esta vez.
Activa, una vez más, aquella habilidad que había aprendido, extendiéndolo en un radio de 25m, queriendo distinguir las auras de sus contrincantes así. El humo de su cigarrillo lo acompañaba con el mismo objeto entre sus labios, ahora con una sonrisa llena de satisfacción y excitación por lo que se venía.
El tiempo que estaba disfrutando estaba resultando con su amado, y no planeaba, al menos por el momento, alejarse de él. Las palabras de Runin le hicieron asomar una media sonrisa con cierta diversión al escucharla. Sus ojos se entrecerraron, elevando su mano para ofrecerle, de forma amistosa, un par de palmadas a la muchacha. —No me gusta que amenacen a Tezca, pero también sé que él no es débil. Trate de no maltratarlo demasiado. Es bastante especial, pero único como ninguno, estoy seguro que en sus viajes se habrá dado cuenta, señorita Runin. — Apartó suavemente su mano, volviendo la mirada a Tezca, ahora pasando su brazo alrededor de su cintura, divertido y agradecido por la gran compañía que le brindaba. También había una silenciosa confianza ante su presencia, una que quería lograr con darlo todo, entregarlo todo, bajo cualquier precio. No iba a defraudarlo, ni a él, ni a su jefe, quien le había dado la confianza suficiente. El concierto parecía lejano, pero se divertía alrededor de esos chicos de su alrededor en conjunto a su amado. No lo parecía, pero resultaban ser mejor de lo que eran aparentemente al inicio.
El concierto se estaba dando, mientras él disfrutaba, en su caso, evitando el alcohol al saber que le iba a tocar confrontarse en la prueba siguiente. Alguien más parecía invitarlos, ah, era ese mapache que le resultaba familiar. Elevó su diestra en señal de saludo de forma amable. —Puedo invitarle a comer algo a usted y su tripulación si también lo desea dada su hospitalidad, caballero.
Comenzó a sentir un ligero nerviosismo, algo de impaciencia, con un recuerdo claro, nítido, en un recuerdo de antes de zarpar con el Jackpot. Había llegado hasta allí, lejos, y todavía le quedaba mucho por demostrar, más ahora delante de tantas personas, delante de todos esos Skypeanos. El Dirigente estaba allí, ahora preparado y listo para presentar el siguiente combate. Sintió el nerviosismo escalar... ¿Era nerviosismo, o quizás impaciencia? La adrenalina de un combate, ahora un dos contra dos, seguro, firme... ¿Qué compañero le iba a tocar? ¿Qué tipo de cosas serían las que iba a ver? Estaba impaciente... Miró a su amado de reojo, luego al grupo que se había unido, aunque fuera de forma parcial. Cerró los ojos unos segundos, revisando su bolsillo, abriendo su cajita de metal, contemplándola silenciosamente con la hilera de cigarrillos que, después de haber entregado un par a Juan, se habían reducido. Tenía todavía, por lo menos, la mitad del paquete. Elevó el cigarrillo, tratando de verse calmado y tranquilo, encendiéndolo para dar una larga calada.

—Pronto me tocará salir.
Cerró los ojos unos segundos más de nuevo, elevando su cabeza hacia el cielo, expulsando el humo sobre sus cabezas. ¿Podría? No debía tener esa confusión. Tenía que hacer lo mejor posible, a cualquier precio. Dio leves toques, con su zurda, la mano libre, sobre su propio muslo, utilizando el dedo índice para ello. Su mente divagaba ahora, con pensamientos y leves recuerdos que solo el yakuza comprendía.

“Puedo hacerlo...”
Tenía que hacerlo. Mínimo, llamar la atención, demostrar sus capacidades, que no era un enclenque como había pasado en los Blues, o como había pasado en sus confrontamientos contra el propio Eros. Descendió la mirada ahora hacia el escenario, inclinando ligeramente su torso, aún con cierta impaciencia y nerviosismo, prestando ahora atención a la entrada del Dirigente, quien estaba tan eufórico como el propio público, quizás el que más. Se le veía divertido, agradable, tenía un carisma envidiable, desde luego. Sus ojos se mantenían fijos en el hombre de la máscara a medida que hablaba... Y presentó a alguien más. ¿Alguien más iba a salir? Con ambas manos juntas y el cigarrillo entre sus labios, prestó atención. “La Voz de Birka”.
En silencio, escuchaba las palabras del Lunarian, quien parecía al inicio algo silencioso, hablaba de igualdad, el cambio que se había dado a lo largo de todos esos años. Sus ojos se entrecerraron, en silencio, la conversación que lo llevaba a un vago, pero todavía vivo recuerdo que no había compartido, aquellas calles que apestaban a humedad, drogas... El silencio después de la tormenta, esas calles sucias y destartaladas, sin cuidado alguno, sin amor alguno. No podía compartir una opinión sin saber qué tanto habría cambiado ese lugar... Shandora podría verse diferente, ¿pero había salido de Skypea ese hombre? ¿Qué tanta convicción tenía de sus palabras? Si ya comenzaba a implorar en “convertirlo en un lugar mejor”... Se hizo un silencio por parte del yakuza, momento en que el toqueteo de su dedo sobre el muslo cesó, expulsando una vez más el humo de su cigarrillo. Aún así, aplaudió, a palabras que deseaba que fueran reales, a un recuerdo que hubiera deseado fuera distinto, y a un silencio que prefirió no mencionar. Miró entonces a Tezca una vez más, estirando su mano libre, tomándola y, con dulzura, dando un leve beso en la misma.

—¿Me dedicas unas palabras de ánimo antes de salir, cariño?
Le miró con una sonrisa paciente, antes de volver a acercarse a él, con un nuevo beso que, por el momento, prefirió que fuera en la mejilla. —O al menos un poco de suerte. — Incluso con las palabras que le había dedicado previamente, nunca estaba de más escucharlo directamente de sus labios. Se puso en pie, ahora sí, preparándose, con la mentalidad firme de lo que...
“...contra Onizuka Jiiiiiiiiiin y Rackham Uuuuuukeeeeeeeeer”
Un momento... ¿UKER? ¿EL MISMO UKER? Eso sí era algo inesperado. Elevó su mano hacia su rostro, frotando ligeramente un lado de su cicatriz en modo pensativo. Tendría que conseguir que eso funcionara, sabiendo que no le caía a él especialmente bien y, conociendo lo que ahora conocía... Ahora era algo complicado. Qué cruel es la fortuna... o el destino. Ahora sí, era su momento, tenía que brillar, darlo todo y conseguir lo mejor que podía en ese combate...
A cualquier precio...
Ahora caminaba hacia la zona que sería la arena, descendiendo de las gradas, hasta donde estaba el encuentro con Uker. Lo miró, en silencio, entrecerrando los ojos. Estaba preparado para lo que fuera.

—No pensé volver a encontrarte cara a cara de esta forma, Uker.
Su sonrisa arrogante se veía algo nerviosa, pero todavía quedaba mucho por hacer, muchísimo por delante. —Demos lo mejor de todo entre tú y yo. — Extendió su mano en señal de paz, mirándolo directamente a los ojos. —Por una pequeña tregua que nos lleve a la victoria. Confía en mí por una vez. Solo una. — No sabía si aceptaría o no su mano, y más ahora que se encaminaban a la arena. Descendió su mano poco después, escuchando el gran grito del Dirigente, viéndolo alejarse de la arena y dejarles el lugar ahora solo a los cuatro combatientes, en ese dos contra dos. Su diestra, sin embargo, se mantuvo en la espalda de Uker, quien estaba a su lado, probablemente atento al combate, o quizás distraído. Su mano comenzaba, sin embargo, de forma lenta, a envolver por completo el cuerpo del Pirata Sepulturero, un ex-compañero que lo dejó viajar un poco más... Pero las palabras de alguien volvieron a su mente una vez más. Respiró profundamente, inhalando, exhalando.
“No hagas que me arrepienta.”

“No lo haré, Jefe.”
Probablemente Uker lo odiaría un poco más por lo que iba a hacer. La mano se había convertido en barro, uno que envolvía desde la parte de la espalda, hasta la zona inferior del cuerpo del varón, de arriba abajo. A su vez, su otra mano se estaba introduciendo, de forma sorprendente, en el interior de su propio cuerpo, por la zona de su propio abdomen, algo que iba asomando muy lentamente, una empuñadura de... ¿un arma? Solo algunos pocos habrían podido notar esa posible aparición, mas no lo que le ocurría a Uker, quien ahora tenía por completo envuelto en el barro, solo con sus ojos y su nariz a la vista.

—Espero que sepa contener la respiración, Uker, le hará falta.
Y lo absorbió, por completo, desde su propia mano, no dejando ni una sola huella de lo que hubiera quedado del actual Sepulturero. A su vez, con la zurda, retiraba lo que hasta entonces había ido saliendo; una katana. No era como las que tenía en su cinturón, ni siquiera se les asemejaba. El brillo del filo, con esas llamas rojizas, le daban un toque característico. Retiró el arma con su zurda de forma hábil y veloz, desenvainando su Black Jack, pasándola de una mano a otra, para así desenvainar también su otra katana, ahora sí, con la zurda. Hizo un movimiento seguro. Ese dos contra dos, ahora se había convertido en un uno contra dos.
“Lo único que tienes que hacer es no cagarla.”
No pretendía hacerlo, bajo ningún concepto. No ahora que al fin había conseguido, después de tantos meses de esfuerzo, la debida confianza de aquel al que ahora lo ayudó a escalar hasta donde estaba. Los ojos, firmes y seguros, ahora estaban fijos a sus contrincantes. Era momento de comenzar el combate, y de demostrar qué tan capacitado estaba esta vez.
Activa, una vez más, aquella habilidad que había aprendido, extendiéndolo en un radio de 25m, queriendo distinguir las auras de sus contrincantes así. El humo de su cigarrillo lo acompañaba con el mismo objeto entre sus labios, ahora con una sonrisa llena de satisfacción y excitación por lo que se venía.
Cajita de Tabaco
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