23-07-2026, 04:06 AM
— No te creas todo lo que lees en los periódicos, Louis, amigo. Ya sabes cómo funciona el Gobierno. Si uno les estornuda cerca del palacio, al día siguiente publican que intentaste derrocar el reino con un ejército de piratas. Tú me conoces desde hace años. Sabes perfectamente cómo soy. — comenté entre risas mientras seguíamos corriendo, no aflojamos el paso ni un instante. Las calles comenzaron a vaciarse poco a poco y el bullicio del mercado fue desapareciendo a nuestra espalda hasta convertirse en un murmullo lejano. En su lugar apareció un silencio extraño, acompañado por un frío que parecía colarse directamente en los huesos.
Era un frío antinatural, de esos que hacen que el aire queme al respirarlo, cada palabra escapaba de nuestras bocas convertida en una espesa nube de vaho mientras continuábamos avanzando y entonces ocurrió lo peor que podía pasar y no sabría decir si fue porque yo seguía hablando sin parar o porque Louis tenía la curiosa habilidad de tropezar con los peores momentos posibles, pero terminó chocando de frente contra un grupo de guardias que patrullaba la zona. — Uy, esto no estaba en el itinerario. — murmuré mientras despacio rodeaba a los guardias e intentamos seguir de largo como si nada hubiera pasado, en mi cabeza era una estrategia excelente, una que duró exactamente dos segundos.
Reconocieron primero a Kasui, después a mí y, siendo fieles a la costumbre de los guardias de Briss, decidieron desenvainar los sables antes siquiera de preguntar qué hacíamos allí, siempre el mismo orden, primero las armas, después el cerebro —Por eso estamos como estamos.— Suspiré mientras me detenía y levantaba ligeramente las manos. — Lo siento, Kasui. — dije con una sonrisa resignada. — Esta no es precisamente la primera impresión que quería que te llevaras de mi isla natal. La hospitalidad de Briss ha empeorado muchísimo desde la última vez que la recomendaron en una guía turística. — Sin embargo, la suerte decidió intervenir o quizá fue la mala suerte todo dependía completamente de a quién se lo preguntaras porque, si me preguntaban a mí, acabábamos de ganar unos minutos de ventaja, pero si se lo preguntaban a Louis probablemente acababa de volver a quedarse solo frente a un grupo de guardias, otra vez.
Con un movimiento firme desenvainó su espada y se colocó entre nosotros y los soldados. Sin apartar la vista de ellos, levantó la hoja apuntando hacia el final de la calle, no me gustaba la idea ni un poco porque ya había visto una vez a Louis con una cuerda al cuello y no tenía ninguna intención de repetir aquella experiencia. — Más te vale alcanzarnos tú primero que la horca, compañero. — respondí con una media sonrisa, intentando quitarle peso a una situación que claramente no lo tenía. — Ya te salvé una vez de una ejecución. No pienso convertir eso en una costumbre. — Le sostuve la mirada apenas un instante y asentí porque confiaba en él, no porque creyera que fuera invencible sino porque los revolucionarios aprendían muy pronto que confiar en sus compañeros era la única forma de seguir avanzando. — Vamos, Kasui. — dije retomando la carrera. — Si Louis decidió quedarse, lo peor que podemos hacer es desperdiciar el tiempo que acaba de comprarnos. — sin volver la vista atrás, continué corriendo hacia el puerto porque para mi ayudar a un compañero significaba luchar a su lado y otras veces significaba confiar en que volvería a reunirse contigo.
Llegamos al puerto a toda velocidad, el barco nos esperaba meciéndose suavemente sobre el agua, listo para partir y yo ni siquiera reduje el ritmo. De un solo salto crucé la distancia que separaba el muelle de la cubierta y aterricé con ambos pies sobre la madera, que crujió bajo mi peso cuando me reincorporé fue cuando vi a Kasui y su cuerpo comenzó a transformarse de una manera que jamás había presenciado tan de cerca. No era un simple cambio de apariencia; era como si las propias reglas de la naturaleza decidieran hacerse a un lado para dejarlo existir de otra forma. Mis orejas se levantaron inmediatamente y mis ojos me brillaban de pura curiosidad. — ¡Ah! Así que consumiste una de esas Frutas del Diablo. Ahora entiendo. — dije con una enorme sonrisa. — ¡Eso explica muchísimas cosas! Bueno, en realidad no explica nada, solo hace que tenga muchas más preguntas. — Me acerqué un poco más mientras lo observaba de arriba abajo, completamente fascinado.
— Después tienes que contármelo absolutamente todo. ¿Cómo se siente? ¿Duele transformarse? ¿Notas diferente el equilibrio? ¿Ves distinto? ¿Escuchas mejor? ¿Puedes dormir igual? ¿Desde cuándo la tienes? ¿Hay algo que ya no puedas comer? ¿Qué se siente al perder la capacidad de nadar? — Las preguntas comenzaron a salir una detrás de otra sin dejarle espacio para responder, como siempre. Hasta que de pronto recordé dónde estábamos, miré el barco, miré el mar y luego me golpeé suavemente la frente con la palma de la mano. — Ah siiii, , Cierto, los esclavos. Eso es bastante más urgente. — Sin perder la sonrisa, me dirigí inmediatamente hacia los cabos y las velas.
— Las preguntas quedan aplazadas, pero no olvidadas, ¿eh? Cuando terminemos con esto voy a entrevistarte durante horas. — Dicho eso, dejé la conversación para otro momento y me puse manos a la obra. Aflojé amarras, revisé las velas y preparé la embarcación para zarpar lo antes posible, porque en verdad mi curiosidad podía esperar, pero la libertad de aquellas personas, no.
Era un frío antinatural, de esos que hacen que el aire queme al respirarlo, cada palabra escapaba de nuestras bocas convertida en una espesa nube de vaho mientras continuábamos avanzando y entonces ocurrió lo peor que podía pasar y no sabría decir si fue porque yo seguía hablando sin parar o porque Louis tenía la curiosa habilidad de tropezar con los peores momentos posibles, pero terminó chocando de frente contra un grupo de guardias que patrullaba la zona. — Uy, esto no estaba en el itinerario. — murmuré mientras despacio rodeaba a los guardias e intentamos seguir de largo como si nada hubiera pasado, en mi cabeza era una estrategia excelente, una que duró exactamente dos segundos.
Reconocieron primero a Kasui, después a mí y, siendo fieles a la costumbre de los guardias de Briss, decidieron desenvainar los sables antes siquiera de preguntar qué hacíamos allí, siempre el mismo orden, primero las armas, después el cerebro —Por eso estamos como estamos.— Suspiré mientras me detenía y levantaba ligeramente las manos. — Lo siento, Kasui. — dije con una sonrisa resignada. — Esta no es precisamente la primera impresión que quería que te llevaras de mi isla natal. La hospitalidad de Briss ha empeorado muchísimo desde la última vez que la recomendaron en una guía turística. — Sin embargo, la suerte decidió intervenir o quizá fue la mala suerte todo dependía completamente de a quién se lo preguntaras porque, si me preguntaban a mí, acabábamos de ganar unos minutos de ventaja, pero si se lo preguntaban a Louis probablemente acababa de volver a quedarse solo frente a un grupo de guardias, otra vez.
Con un movimiento firme desenvainó su espada y se colocó entre nosotros y los soldados. Sin apartar la vista de ellos, levantó la hoja apuntando hacia el final de la calle, no me gustaba la idea ni un poco porque ya había visto una vez a Louis con una cuerda al cuello y no tenía ninguna intención de repetir aquella experiencia. — Más te vale alcanzarnos tú primero que la horca, compañero. — respondí con una media sonrisa, intentando quitarle peso a una situación que claramente no lo tenía. — Ya te salvé una vez de una ejecución. No pienso convertir eso en una costumbre. — Le sostuve la mirada apenas un instante y asentí porque confiaba en él, no porque creyera que fuera invencible sino porque los revolucionarios aprendían muy pronto que confiar en sus compañeros era la única forma de seguir avanzando. — Vamos, Kasui. — dije retomando la carrera. — Si Louis decidió quedarse, lo peor que podemos hacer es desperdiciar el tiempo que acaba de comprarnos. — sin volver la vista atrás, continué corriendo hacia el puerto porque para mi ayudar a un compañero significaba luchar a su lado y otras veces significaba confiar en que volvería a reunirse contigo.
Llegamos al puerto a toda velocidad, el barco nos esperaba meciéndose suavemente sobre el agua, listo para partir y yo ni siquiera reduje el ritmo. De un solo salto crucé la distancia que separaba el muelle de la cubierta y aterricé con ambos pies sobre la madera, que crujió bajo mi peso cuando me reincorporé fue cuando vi a Kasui y su cuerpo comenzó a transformarse de una manera que jamás había presenciado tan de cerca. No era un simple cambio de apariencia; era como si las propias reglas de la naturaleza decidieran hacerse a un lado para dejarlo existir de otra forma. Mis orejas se levantaron inmediatamente y mis ojos me brillaban de pura curiosidad. — ¡Ah! Así que consumiste una de esas Frutas del Diablo. Ahora entiendo. — dije con una enorme sonrisa. — ¡Eso explica muchísimas cosas! Bueno, en realidad no explica nada, solo hace que tenga muchas más preguntas. — Me acerqué un poco más mientras lo observaba de arriba abajo, completamente fascinado.
— Después tienes que contármelo absolutamente todo. ¿Cómo se siente? ¿Duele transformarse? ¿Notas diferente el equilibrio? ¿Ves distinto? ¿Escuchas mejor? ¿Puedes dormir igual? ¿Desde cuándo la tienes? ¿Hay algo que ya no puedas comer? ¿Qué se siente al perder la capacidad de nadar? — Las preguntas comenzaron a salir una detrás de otra sin dejarle espacio para responder, como siempre. Hasta que de pronto recordé dónde estábamos, miré el barco, miré el mar y luego me golpeé suavemente la frente con la palma de la mano. — Ah siiii, , Cierto, los esclavos. Eso es bastante más urgente. — Sin perder la sonrisa, me dirigí inmediatamente hacia los cabos y las velas.
— Las preguntas quedan aplazadas, pero no olvidadas, ¿eh? Cuando terminemos con esto voy a entrevistarte durante horas. — Dicho eso, dejé la conversación para otro momento y me puse manos a la obra. Aflojé amarras, revisé las velas y preparé la embarcación para zarpar lo antes posible, porque en verdad mi curiosidad podía esperar, pero la libertad de aquellas personas, no.
Un salto hacia la revolución
