08-07-2026, 01:27 AM
(Última modificación: 08-07-2026, 02:20 AM por Tobias Murray.)
Tobías se hallaba en su camarote, sentado en el escritorio, revisando su alta montaña de proyectos en forma de hojas encuadernadas. Pascal merodeaba curioso sobre el sombrero del vaquero, siguiendo con la mirada una suculenta mosca cojonera. - ¿No tienes hambre pequeñajo? Cómetela por gula aunque sea, please. - Se estaba empezando a agobiar con todas aquellas ideas que no llegaban a plasmarse en la realidad. La excusa de tener una sola mano comenzaba a dolerle en el alma. Cogió el proyecto que más le atormentaba y lo volvió a repasar por enésima vez. Había dos puntos que colgaban de un hilo todavía, justo los dos extremos del prototipo que estaba diseñando. Tanto la mano, como la conexión a su hombro derecho estaban en duda, el antebrazo y el bíceps estaban mucho más claros, solo le faltaba una fuente de alimentación efectiva. Eso era algo en lo que había estado trabajando la última semana, inspirado por los autómatas del Doctor Utakata. Aún le quedaba mucho por aprender, y eso era más culpable de su estancamiento que la ausencia de su diestra para trabajar con mayor capacidad. No quería hacer una prótesis de madera para poder aguantar un vaso y un cigarro a la vez, quería volver a tener un brazo funcional y a la vez con más capacidades que su antiguo cúmulo de huesos, carne y piel. Tenía que poder disparar con él, sin necesidad de asir un arma, poder defender con robustez, poder ocultar un sinfín de utilidades para sorprender a sus rivales. Tenía que ser un comodín en toda regla. De pronto, su hermano Garnet abrió la puerta cargado de emoción y con una propuesta.
Hacía tiempo que quería escuchar esas palabras por parte de su hermano. Un escalofrío recorrió la espina dorsal del vaquero de abajo arriba al imaginarlo. Era la mejor prueba que se le podía presentar a Tobías para seguir su camino como guerrero. Un combate de entrenamiento con el tipo más poderoso que conocía, permitiría desarrollar sus habilidades y conocerse mejor. El carpintero asintió sin pensárselo dos veces, era un buen momento y casi podrían asegurar un escenario sin interrupciones ni inocentes a los que evitar. Sería al día siguiente, por la tarde, cerca del curioso lago en el que desembocaban diversos ríos. Garnet volvió a sus quehaceres, dejando a barba naranja y Pascal con los suyos. Tobías reorganizó rápido los papeles y los guardó en su sitio, dejando una sola hoja en blanco para tomar unas notas sobre su estrategia y enseres necesarios. Quedaban más de veinticuatro horas para el encuentro, pero el nerviosismo ya había invadido al impaciente vaquero.
A la mañana siguiente, después de desayunar, Tobías se pasó el resto del tiempo hasta la hora de comer preparándose. Había hecho una lista con las armas necesarias y la munición que cargaría en cada una y la que llevaría extra. Nada de comer, ni vendas, ni ungüentos. Y así pasó las horas, comprobando y volviéndolo a hacer en bucle. No quería dejar nada sin control, todo medido y confirmado. Rozaba la locura, pero esas ganas de que llegara el momento lo martirizaban. Iba a medirse con Garnet, por mucho que compartieran la misma cantidad de recompensa por su cabeza, el carpintero sabía de sobras que lo superaba con creces. De ahí venían, también, los nervios. Garnet era infinitamente superior a él a nivel físico, tenía que apoyarse casi al cien por cien en las habilidades de su fruta del diablo para plantarle cara. Las armas serían más un comodín de distracción que herramientas bélicas. No dejó de darle vueltas a su estrategía, incluso comiendo y el resto de la tarde, hasta que no pudo más. Repasó por enésima y última vez la lista, cargó todo en su zamarro y se encendió un cigarro para el camino. Todavía quedaba una hora para la cita, así que decidió ir acompañado para aquel largo paseo. Greta estaba comiendo flores cerca de la playa, solía pastar libremente por ahí cuando no estaban de expedición por Punk Hazard. - ¿Qué tal estás, chica? - Tobías rascó la zona de detrás de las antenas de la Jumperbike, su zona favorita. - ¿Vamos a dar una vuelta por la isla? - El vaquero subió de un gentil salto sobre el lomo de la saltamontes. Ésta, desplegó sus alas y las batió con velocidad durante tres segundos, era su forma de calentar. Acto seguido comenzó a brincar, sin detenerse casi entre saltos, en la dirección que le marcaba Tobías.
Dieron un amplio y largo rodeo antes de dirigirse a su verdadero destino. Tomaron uno de los riachuelos corriente abajo, no le sonaba la zona al carpintero y eso le gustaba, descubrir parajes nuevos. Y vaya si debía celebrarlo, pues, ya cerca del lago, una tímida cascada apareció frente a ambos. La estampa era de cuento de hadas, una pequeña cascada doble de un par de metros de altura, un pequeño remanso de agua y un riachuelo que proseguía su camino hasta el lago. Todo eso rodeado de una vegetación viva y colorida. Un nuevo lugar al que recurrir para meditar o imaginar. El vaquero hizo un gesto a Greta para que se detuviera. Iban sobrados de tiempo y el lugar merecía ser apreciado. Barba naranja aprovechó para sentarse al lado de la cascada, con las piernas cruzadas. Se quitó el sombrero y lo dejó apoyado sobre el musgo a su izquierda. A su derecha, el agua que salpicaba una de las cascadas, rociaba con cariño una bruma refrescante y cautivadora. Dejó su mente en blanco no sabe cuantos minutos. Volvió al mundo terrenal de un sobresalto, al final iba a llegar tarde. Recogió su sombrero, se puso de pie de un salto y se lo puso perfectamente alineado. De otro salto subió a espaldas de Greta y juntos prosiguieron el camino a máxima velocidad. Estaban cerca del lugar concretado, pero ya era la hora exacta del encuentro. Según sus cálculos, iban a llegar 2 minutos tarde.
El sol les miraba directamente mientras se acercaba al horizonte frente a montura y jinete. Tobías sacó sus gafas de sol y se las puso, a la vez que expandía su Haki de Observación unos cientos de metros. Un minuto más y unos pocos saltos después, el carpintero identificó la presencia de su hermano al otro lado del lago, en una zona perfecta para combatir. Tobías conocía esa parte, había un amplio espacio abierto entre el agua y la selva. Bordeando por la vera izquierda, unos saltos más bastaron para llegar hasta el punto donde se encontraba Garnet, en el punto medio exacto entre vegetación y agua. El vaquero se puso de pie sobre el lomo de Greta, en cuclillas. - Salta por encima de él y vuelve a la playa. Yo iré en un rato. - Así lo hizo la enorme saltamontes, pasando a cinco metros por encima del músico y siguiendo recto hacia la selva. En ese punto, Tobías saltó hacia arriba para caer a un par de metros frente a su hermano. - Siento llegar tarde. - El carpintero inclinó su tronco hacia delante en señal de disculpa. - He encontrado un sitio precioso a un par de minutos en Greta de aquí. - Señaló hacia la dirección de donde habían venido. - Ya os lo enseñaré, es precioso. - Barba naranja sonrió a su compadre. - Bueno, no hemos venido a charlar. - Tobías se quitó las gafas de sol deslizándolas nariz abajo y dio un salto hacia atrás a ras de suelo mientras las guardaba en el bolsillo. La misma distancia hacia los árboles que hacia el agua. Los nervios estaban a flor de piel. - Ya sabes que yo no sé empezar estas cosas. - Tobías agudizó sus sentidos al máximo, concentrando su Haki de Observación en un área más reducida y a un nivel superior. Una última sonrisa, más desafiante, marcaba el inicio de aquella velada.
Hacía tiempo que quería escuchar esas palabras por parte de su hermano. Un escalofrío recorrió la espina dorsal del vaquero de abajo arriba al imaginarlo. Era la mejor prueba que se le podía presentar a Tobías para seguir su camino como guerrero. Un combate de entrenamiento con el tipo más poderoso que conocía, permitiría desarrollar sus habilidades y conocerse mejor. El carpintero asintió sin pensárselo dos veces, era un buen momento y casi podrían asegurar un escenario sin interrupciones ni inocentes a los que evitar. Sería al día siguiente, por la tarde, cerca del curioso lago en el que desembocaban diversos ríos. Garnet volvió a sus quehaceres, dejando a barba naranja y Pascal con los suyos. Tobías reorganizó rápido los papeles y los guardó en su sitio, dejando una sola hoja en blanco para tomar unas notas sobre su estrategia y enseres necesarios. Quedaban más de veinticuatro horas para el encuentro, pero el nerviosismo ya había invadido al impaciente vaquero.
A la mañana siguiente, después de desayunar, Tobías se pasó el resto del tiempo hasta la hora de comer preparándose. Había hecho una lista con las armas necesarias y la munición que cargaría en cada una y la que llevaría extra. Nada de comer, ni vendas, ni ungüentos. Y así pasó las horas, comprobando y volviéndolo a hacer en bucle. No quería dejar nada sin control, todo medido y confirmado. Rozaba la locura, pero esas ganas de que llegara el momento lo martirizaban. Iba a medirse con Garnet, por mucho que compartieran la misma cantidad de recompensa por su cabeza, el carpintero sabía de sobras que lo superaba con creces. De ahí venían, también, los nervios. Garnet era infinitamente superior a él a nivel físico, tenía que apoyarse casi al cien por cien en las habilidades de su fruta del diablo para plantarle cara. Las armas serían más un comodín de distracción que herramientas bélicas. No dejó de darle vueltas a su estrategía, incluso comiendo y el resto de la tarde, hasta que no pudo más. Repasó por enésima y última vez la lista, cargó todo en su zamarro y se encendió un cigarro para el camino. Todavía quedaba una hora para la cita, así que decidió ir acompañado para aquel largo paseo. Greta estaba comiendo flores cerca de la playa, solía pastar libremente por ahí cuando no estaban de expedición por Punk Hazard. - ¿Qué tal estás, chica? - Tobías rascó la zona de detrás de las antenas de la Jumperbike, su zona favorita. - ¿Vamos a dar una vuelta por la isla? - El vaquero subió de un gentil salto sobre el lomo de la saltamontes. Ésta, desplegó sus alas y las batió con velocidad durante tres segundos, era su forma de calentar. Acto seguido comenzó a brincar, sin detenerse casi entre saltos, en la dirección que le marcaba Tobías.
Dieron un amplio y largo rodeo antes de dirigirse a su verdadero destino. Tomaron uno de los riachuelos corriente abajo, no le sonaba la zona al carpintero y eso le gustaba, descubrir parajes nuevos. Y vaya si debía celebrarlo, pues, ya cerca del lago, una tímida cascada apareció frente a ambos. La estampa era de cuento de hadas, una pequeña cascada doble de un par de metros de altura, un pequeño remanso de agua y un riachuelo que proseguía su camino hasta el lago. Todo eso rodeado de una vegetación viva y colorida. Un nuevo lugar al que recurrir para meditar o imaginar. El vaquero hizo un gesto a Greta para que se detuviera. Iban sobrados de tiempo y el lugar merecía ser apreciado. Barba naranja aprovechó para sentarse al lado de la cascada, con las piernas cruzadas. Se quitó el sombrero y lo dejó apoyado sobre el musgo a su izquierda. A su derecha, el agua que salpicaba una de las cascadas, rociaba con cariño una bruma refrescante y cautivadora. Dejó su mente en blanco no sabe cuantos minutos. Volvió al mundo terrenal de un sobresalto, al final iba a llegar tarde. Recogió su sombrero, se puso de pie de un salto y se lo puso perfectamente alineado. De otro salto subió a espaldas de Greta y juntos prosiguieron el camino a máxima velocidad. Estaban cerca del lugar concretado, pero ya era la hora exacta del encuentro. Según sus cálculos, iban a llegar 2 minutos tarde.
El sol les miraba directamente mientras se acercaba al horizonte frente a montura y jinete. Tobías sacó sus gafas de sol y se las puso, a la vez que expandía su Haki de Observación unos cientos de metros. Un minuto más y unos pocos saltos después, el carpintero identificó la presencia de su hermano al otro lado del lago, en una zona perfecta para combatir. Tobías conocía esa parte, había un amplio espacio abierto entre el agua y la selva. Bordeando por la vera izquierda, unos saltos más bastaron para llegar hasta el punto donde se encontraba Garnet, en el punto medio exacto entre vegetación y agua. El vaquero se puso de pie sobre el lomo de Greta, en cuclillas. - Salta por encima de él y vuelve a la playa. Yo iré en un rato. - Así lo hizo la enorme saltamontes, pasando a cinco metros por encima del músico y siguiendo recto hacia la selva. En ese punto, Tobías saltó hacia arriba para caer a un par de metros frente a su hermano. - Siento llegar tarde. - El carpintero inclinó su tronco hacia delante en señal de disculpa. - He encontrado un sitio precioso a un par de minutos en Greta de aquí. - Señaló hacia la dirección de donde habían venido. - Ya os lo enseñaré, es precioso. - Barba naranja sonrió a su compadre. - Bueno, no hemos venido a charlar. - Tobías se quitó las gafas de sol deslizándolas nariz abajo y dio un salto hacia atrás a ras de suelo mientras las guardaba en el bolsillo. La misma distancia hacia los árboles que hacia el agua. Los nervios estaban a flor de piel. - Ya sabes que yo no sé empezar estas cosas. - Tobías agudizó sus sentidos al máximo, concentrando su Haki de Observación en un área más reducida y a un nivel superior. Una última sonrisa, más desafiante, marcaba el inicio de aquella velada.
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