13-06-2026, 12:04 PM
Finalmente abandonarían Báltigo para regresar a lo que ahora era su hogar. El panda lo necesitaba, porque las emociones que había experimentado en la isla sumado al hecho de que había una cantidad inconmensurable de personas en un mismo sitio podrían pasarle factura a la larga. Necesitaba una buena cama donde dormir a pierna suelta hasta que su cuerpo recargase las pilas. Le vendría bien un poco del aire salino del Grand Line para despejarse después de todo. Aquella mañana se preparó, como había hecho Kisuke antes, su petate con todo lo necesario. No llevaba muchas cosas, pero metidas en un saco de cualquier manera parecía que el panda se llevaba toda su casa con él. Paradójicamente nunca se le dio bien organizarse el equipaje.
En esta ocasión, Alhen no les acompañaría de regreso al Nuevo Mundo. Esto le pareció normal, porque la Mano del Ejército tendría cosas más importantes que hacer que servirles de transporte privado a los Toros Negros. En casa les esperaba el Grand Prix, majestuoso como era, y en ese barco se sentirían como en casa. El viaje de regreso lo harían en una embarcación proporcionada por el Ejército al efecto. Con las habilidades de Kisuke como navegante y las capacidades de carpintería del panda por si hubiera cualquier inconveniente no tendrían problema en llegar al Nuevo Mundo como fuese. Salió de la Base entre saludos y despedidas, pues al parecer todo el mundo estaba al tanto de que los Toros ya se iban. Se despidió de más personas allí de las que había llegado a conocer en su vida y se encaminó hacia el puerto, donde les esperaba la embarcación. En la distancia, cargado con su petate personal y sus espadas, estaba Kisuke. El samurái gruñón estaba hablando con unos operarios del puerto. —Como madruga comandante, honhonhon. Esperemos que los chavales no se mareen en el camino a casa. —Como su camarada, el panda dejó su desorganizado equipaje en el suelo y sacó un cigarrillo para matar el rato mientras esperaban. La embarcación que les habían asignado estaba bien, aunque no se sentirían como en casa navegando con ella. ¿Cuánto tardarían en volver a Mogaro? ¿Y cuánto tiempo tendría que esperar el panda para que le dieran instrucciones sobre la misión personal que le esperaba? Incógnitas irresolubles. Por lo pronto, sólo podían vivir en el presente y disfrutar del camino.
En esta ocasión, Alhen no les acompañaría de regreso al Nuevo Mundo. Esto le pareció normal, porque la Mano del Ejército tendría cosas más importantes que hacer que servirles de transporte privado a los Toros Negros. En casa les esperaba el Grand Prix, majestuoso como era, y en ese barco se sentirían como en casa. El viaje de regreso lo harían en una embarcación proporcionada por el Ejército al efecto. Con las habilidades de Kisuke como navegante y las capacidades de carpintería del panda por si hubiera cualquier inconveniente no tendrían problema en llegar al Nuevo Mundo como fuese. Salió de la Base entre saludos y despedidas, pues al parecer todo el mundo estaba al tanto de que los Toros ya se iban. Se despidió de más personas allí de las que había llegado a conocer en su vida y se encaminó hacia el puerto, donde les esperaba la embarcación. En la distancia, cargado con su petate personal y sus espadas, estaba Kisuke. El samurái gruñón estaba hablando con unos operarios del puerto. —Como madruga comandante, honhonhon. Esperemos que los chavales no se mareen en el camino a casa. —Como su camarada, el panda dejó su desorganizado equipaje en el suelo y sacó un cigarrillo para matar el rato mientras esperaban. La embarcación que les habían asignado estaba bien, aunque no se sentirían como en casa navegando con ella. ¿Cuánto tardarían en volver a Mogaro? ¿Y cuánto tiempo tendría que esperar el panda para que le dieran instrucciones sobre la misión personal que le esperaba? Incógnitas irresolubles. Por lo pronto, sólo podían vivir en el presente y disfrutar del camino.
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