06-06-2026, 04:50 PM
La redacción de documentación exacta sobre la piratería en la Corriente Akai del Grand Line fue una tarea despachada por el soldado encontrado en los Archivos la semana pasada, no obstante, debe asegurar su destino y el de todos sus compañeros asegurando la información disponible sobre todos los criminales que pudiesen llegar a ser un peligro para los suyos, así cómo características que pudiesen aprovechar a su favor en las próximas islas que tuviesen a disponibilidad avanzando en la corriente. Aún quedaban muchos pasos a realizar, como la compra de un nuevo barco tras el hundimiento del tempestad, pero...
Parece que todo eso debía esperar.
―Se presenta Soldado Raso Miguel Ángel
Kael alzó una ceja confundido, tomando postura militar frente al soldado poco después de recibir su saludo, ya que por mucho que pudiera considerarse un oficial de mayor rango para algunos, lo cierto es que no deja de poseer el mismo rango que aquel que ahora mismo tiene enfrente.
Dejó que terminase su discurso, comprendiendo por su vestimenta y formas de actuación que necesita un claro repaso si algún día esperaba poder ascender a Sargento...cómo mucho.
―Gracias, Soldado.―Por supuesto, aquellos pensamientos quedarían relegados en su memoria, donde nadie debería poder incidir jamás.
Tomó la carta entre sus manos, revisando el sobre, tratando de intuir que tipo de información le esperaba en el contenido del mismo. Al ser de cargos superiores esperaba que, de una vez por todas, le entregasen su cargo merecido para finalmente ascenderle de rango, pero aquella idea abandonó su cabeza al comprender que "leer en la mayor brevedad posible" no es algo habitual cuando se entregan esa serie de noticias, mucho menos en un entorno privado y seguro.
Suspiró.
Aquel merecido ascenso tendría que esperar para más adelante.
Salió del lugar tras ordenar toda la documentación que había estado utilizando para sus investigaciones, y presto a cumplir con su deber, se encerró en la habitación del cuartel, asegurando las puertas y la ausencia de compañía para, pegado a una esquina que le permitiera descansar la idea de recibir alguna mirada insospechada en su punto ciego, revisar el contenido del sobre y leer la carta adecuadamente.
"La fiesta de la Baronesa Carriera White. Marines implicados corruptos, cúpula de Matsuri...esto no pinta bien" Aquello elevó sus alertas. A diferencia de su misión largas semanas atrás, en el contenido de aquel documento se hablaba sobre la seguridad de toda la isla con involucración directa del cuerpo. Si alguien llegaba a reconocerlo estarían perdidos...y es por su bajo rango y su falta de socialización con el resto de marines lo que lo hacía perfecto para la misión: un completo desconocido a ojos de todos que, con el debido disfraz, pasaría totalmente desapercibido frente a cualquier mirada indiscreta.
Su único punto a favor es el apoyo de un segundo agente, alguien escogido minuciosamente para la misión que se les venía encima por los cargos superiores de entre todos los agentes desplegados en el G-39 que, esperaba, estuviesen limpios de sospechas de corrupción en toda la isla.
"Sólo puedo hacerlo lo mejor posible". Tenía tres horas y media para prepararse, vestir su mejor atuendo, y dirigirse al lugar con la mejor postura que tenía bien practicada en el fondo de su ser. No había tiempo para dudar: la misión se había entregado, y su deber era obedecer por el bien del Orden Mundial.
Era su única forma de demostrar sus capacidades a los altos cargos de la Marina.
Para evitar sentirse acalorado, a la par que permitir entregar cierta vista para la curiosidad, llevaba la chaqueta abierta de forma parcial dejando ver de esta forma un chaleco de corte refinado sujeto por una hilera de botones metálicos pulidos con un reflejo plateado. Bajo este, además, asomaba una camisa oscura de cuello alto, rematada por una elaborada chorrera de encaje negro que descendía sobre el pecho y aportaba a su figura un aire casi principesco, que, de alguna manera, dejaba en claro que aquel hombre había nacido preparado para portar unas galas de tal magnitud como un guante en su cuerpo.
Sus manos estaban cubiertas precisamente por esos guantes negros de cuero de cuervo de Matsuri, perfectamente ajustados hasta las muñecas, que fueron los mismos que usó durante la mascarada, mientras que varios cinturones ornamentales cruzaban su torso en diagonal, mezclando funcionalidad oculta y estética refinada de una manera que solo alguien acostumbrado a la alta sociedad podría apreciar con todo el valor que poseía en realidad, finalizando con unos pantalones del mismo tono oscuro que el resto del conjunto, siguiendo una línea elegante y estilizada, desapareciendo bajo unas botas altas de cuero desconocido impecablemente cuidado.
Todo aquel ostentoso traje tan solo podía ser rematado por un broche de amatista engastado en metales oscuros que estuviese colocado descansando junto al cuello, capturando ocasionalmente la luz artificial para así devolverla en destellos violáceos para terminar de combinar aquellos tonos oscuros, dorados, plateados y violáceos en una amalgama de colores que mezclan el nivel que busca reflejar en su atuendo, y al mismo tiempo, el misterio que le permite mantenerse oculto en aquel evento sin ningún tipo de duda sobre su estatus social en un evento como aquel.
Por supuesto, nada de eso tiene sentido si aquel vestuario era portado por alguien que no sabía cómo llevarlo, pues tal y como dice el refrán: aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Por descontado, el joven Omuyaga había preparado todo aquel conjunto perfectamente a conciencia, y es que si hay algo de lo que puede jactarse por encima de todos y cada uno de sus compañeros es de su maestría en esa clase de situaciones, siendo capaz de mantener una postura y una etiqueta que roza tan solo aquella que los altos miembros de la realeza son capaces de aprender en sus distinguidos palacios. Quizás se había excedido en esta ocasión, pero ello solo le permitía realzar una vez más las características de estilo nobiliario que le han perseguido durante toda la vida, y que hoy, en una misión para la Marina, debía dejar fluir de tal forma que ni un solo marine en todo aquel circo pudiese siquiera dudar sobre la naturaleza del hombre que se oculta tras la máscara, dándole así un aura de persona inalcanzable al que ni tan siquiera alguno de esos malhechores tendría la valentía de acercarse, temerosos de la respuesta que alguien con su porte podría llegar a ofrecerles, hundiendo su vida con tan solo un par de palabras.
Llegó al punto de encuentro cinco minutos antes de la hora acordada, manteniendo siempre esa puntualidad que nunca ha sido capaz de romper en su hábito, agachando la mirada en aquella esquina para tan solo observar de reojo a cualquier persona que se le acercase. En poco tiempo, el silencio del lugar fue quebrado por una voz femenina la cual, cómo si hubiese sido parte de un destino demasiado bien estructurado, le hizo sonreír al descubrir quién sería su compañera en esa aventura tan alarmante, y le permitiría bajar la guardia por, al menos, unos breves instantes antes de volver a retomar su postura habitual.
―¡Qué suerte encontrarte aquí, Reyson!
―Las casualidades no existen, mi querida Daphnel. Estoy seguro que el destino nos ha escogido a los dos para encontrarnos en esta bella noche, a sabiendas de lo bien acompañados que nos sentiríamos el uno con el otro.―Un mensaje oculto recubierto de pomposidad, que sin duda ella sería capaz de entender a la primera si le había prestado la suficiente atención.
Aún asegurando la discreción de su compañía, el hombre recortó distancia con su compañera, la suficiente cómo para resultar incómoda para posibles miradas que no acostumbrasen a observar a parejas con tanta cercanía entre ellas, sosteniendo su mirada, permitiéndose así hablar un poco más holgado con su única persona de confianza durante toda aquella noche.
―Planes tengo varios, pero con la escasa información que tenemos probablemente tengamos que improvisar un poco.―Observó la vestimenta de su compañera, irradiando en su figura la belleza de la Humink que, a sus ojos expertos, veía ligeramente manchada por el color de su cabello. Él no tuvo el valor ni la osadía de tratar de cambiar el color de su cabello en un tono de usar y tirar, especialmente por no disponer del tiempo para ello -ya que el maquillaje y ponerse aquel atuendo él mismo le habían robado casi todo el que poseía-, pero también por miedo de ser descubierto en caso de sufrir algún contratiempo o de haber cometido el más mínimo error en alguno de los mechones de su largo cabello. Aún así, había sabido elegir un color de vestimenta que le permitía extraer una presencia de su interior muy difícil de ignorar.
Aquel púrpura profundo...era un color perfecto para ella.
―De momento, quiero establecer un par de señales para que nos podamos entender bien, querida.―Dijo, sin separar la distancia entre ellos ni un ápice.―Separarnos no es algo que me guste. Si se da el caso, lo mejor es hacerlo a una distancia suficiente como para poder vernos el uno al otro. No me gustaría perder tus ojos de vista―No quería que ninguno de ellos se pusiera en peligro sin que el otro pudiera estar atento para acudir al rescate.―Ejercer algo de fuerza sobre el otro indica iniciativa, así que el otro se adaptará a lo que sugiera el que ha empezado con ello. No quisiera que incomodásemos a nadie solamente por querer sugerir al otro una idea algo más...íntima―Un tirón en el brazo, una presión en la espalda, uñas clavadas en el brazo, un agarre ligeramente desmedido...cualquier cosa que dificultase el movimiento podía ser señal de ello.―y por último...te he echado de menos, es un indicativo de lo mucho, mucho, mucho que querremos estar el uno junto al otro, por lo que si recibes esas palabras de mi parte, o yo de ti...―Acarició ligeramente su mejilla, manteniendo a la perfección aquel excelso papel de pareja que había decidido mantener.―Quiere decir que quiero estar contigo...a solas.
Su juego había comenzado, y Kael estaba dispuesto a hacer lo necesario para que aquella misión pudiera ser completada sin ningún riesgos. Aún había demasiadas cosas en el aire, pero no puede hacer mucho más, y su única herramienta sería, sin duda alguna, la confianza que ambos compañeros se depositasen el uno en el otro...
Cercanos a la puerta principal, el comentario de Daphnel hizo entender rápido al caballero información interesante. Aquella entrada no era la adecuada para ellos. Tickets morados eran para el público menos adinerado, y debido a las galas y formalidades de aquellos dos, no podían mantener aquella cola sin llamar demasiado la atención. Lo mejor sería revisar el resto de entradas, a la búsqueda de más pistas que le permitieran saber por donde debían acudir.
―Oh...eso no es para nosotros, querida. Nuestras entradas son de pase Vip. Creo que podremos encontrar un mejor camino por otra parte.
Agarrados del brazo, su pareja del baile le llevó hacia la zona izquierda, comprobando en ello la entrada para trabajadores que, vestidos de cocineros, posiblemente indicaban la cantidad de aperitivos que se servirían en aquel evento con pinta de circo.
―Oh, cariño, veo que nos hemos confundido. ¿Ves lo que te decía?―Sin embargo, saber que había un acceso adicional que posiblemente más adelante estaría menos custodiado era una información que tendría a bien guardar en mente.
Esperaba que, si no estaba equivocado, el último camino lateral fuese el que le permitieran a ambos acceder con sus pases vip. Los mantuvo entre los dedos de su mano, ligeramente escondidos para aquellos que no les prestasen atención, lo suficientes como para que la Humink los observase, y de esa forma, pudiera comprobar con sus sentidos aumentados si, efectivamente, la zona lateral de mayor estatus era la adecuada para ellos, o si debían buscar otra alternativa.
Parece que todo eso debía esperar.
―Se presenta Soldado Raso Miguel Ángel
Kael alzó una ceja confundido, tomando postura militar frente al soldado poco después de recibir su saludo, ya que por mucho que pudiera considerarse un oficial de mayor rango para algunos, lo cierto es que no deja de poseer el mismo rango que aquel que ahora mismo tiene enfrente.
Dejó que terminase su discurso, comprendiendo por su vestimenta y formas de actuación que necesita un claro repaso si algún día esperaba poder ascender a Sargento...cómo mucho.
―Gracias, Soldado.―Por supuesto, aquellos pensamientos quedarían relegados en su memoria, donde nadie debería poder incidir jamás.
Tomó la carta entre sus manos, revisando el sobre, tratando de intuir que tipo de información le esperaba en el contenido del mismo. Al ser de cargos superiores esperaba que, de una vez por todas, le entregasen su cargo merecido para finalmente ascenderle de rango, pero aquella idea abandonó su cabeza al comprender que "leer en la mayor brevedad posible" no es algo habitual cuando se entregan esa serie de noticias, mucho menos en un entorno privado y seguro.
Suspiró.
Aquel merecido ascenso tendría que esperar para más adelante.
Salió del lugar tras ordenar toda la documentación que había estado utilizando para sus investigaciones, y presto a cumplir con su deber, se encerró en la habitación del cuartel, asegurando las puertas y la ausencia de compañía para, pegado a una esquina que le permitiera descansar la idea de recibir alguna mirada insospechada en su punto ciego, revisar el contenido del sobre y leer la carta adecuadamente.
"La fiesta de la Baronesa Carriera White. Marines implicados corruptos, cúpula de Matsuri...esto no pinta bien" Aquello elevó sus alertas. A diferencia de su misión largas semanas atrás, en el contenido de aquel documento se hablaba sobre la seguridad de toda la isla con involucración directa del cuerpo. Si alguien llegaba a reconocerlo estarían perdidos...y es por su bajo rango y su falta de socialización con el resto de marines lo que lo hacía perfecto para la misión: un completo desconocido a ojos de todos que, con el debido disfraz, pasaría totalmente desapercibido frente a cualquier mirada indiscreta.
Su único punto a favor es el apoyo de un segundo agente, alguien escogido minuciosamente para la misión que se les venía encima por los cargos superiores de entre todos los agentes desplegados en el G-39 que, esperaba, estuviesen limpios de sospechas de corrupción en toda la isla.
"Sólo puedo hacerlo lo mejor posible". Tenía tres horas y media para prepararse, vestir su mejor atuendo, y dirigirse al lugar con la mejor postura que tenía bien practicada en el fondo de su ser. No había tiempo para dudar: la misión se había entregado, y su deber era obedecer por el bien del Orden Mundial.
Era su única forma de demostrar sus capacidades a los altos cargos de la Marina.
----------------------------------------
Uno nunca puede estar lo suficientemente preparado para una misión de alto cargo social. Kael, por suerte, parecía desdibujar la línea de la sobriedad y la preparación con una facilidad extremadamente pasmosa. Ataviado con galas que lo confundirían con un duque de tierras lejanas a la Gran Line, sobre sus hombros descansa una amplia capa negra de corte aristocrático que había conseguido aprovechando cierto apellido, elaborada con tejidos pesados y lujosos que caían en pliegues hasta por debajo de su cintura en un corte extraño, normalmente considerado para llegar hasta casi rozar el suelo, había sido recomendado por él mismo a esta altura tan particular, entregando así cierto toque vistoso hacia él por su singular forma de vestir, recubiertos por cadenas doradas ornamentales que cubrían tanto sus hombros, cómo, adicionalmente, su pecho manteniendo una elegancia y un misterio escondidos en su interior que, por supuesto, estaban medidas al milímetro para la confección de su propia vestimenta. El interior de su atuendo muestra reflejos más cálidos, entregando confort a su portador que, a simple vista, resulta inapreciable incluso cuando su prenda muestra ciertos pliegues de apertura al caminar
Para evitar sentirse acalorado, a la par que permitir entregar cierta vista para la curiosidad, llevaba la chaqueta abierta de forma parcial dejando ver de esta forma un chaleco de corte refinado sujeto por una hilera de botones metálicos pulidos con un reflejo plateado. Bajo este, además, asomaba una camisa oscura de cuello alto, rematada por una elaborada chorrera de encaje negro que descendía sobre el pecho y aportaba a su figura un aire casi principesco, que, de alguna manera, dejaba en claro que aquel hombre había nacido preparado para portar unas galas de tal magnitud como un guante en su cuerpo.
Sus manos estaban cubiertas precisamente por esos guantes negros de cuero de cuervo de Matsuri, perfectamente ajustados hasta las muñecas, que fueron los mismos que usó durante la mascarada, mientras que varios cinturones ornamentales cruzaban su torso en diagonal, mezclando funcionalidad oculta y estética refinada de una manera que solo alguien acostumbrado a la alta sociedad podría apreciar con todo el valor que poseía en realidad, finalizando con unos pantalones del mismo tono oscuro que el resto del conjunto, siguiendo una línea elegante y estilizada, desapareciendo bajo unas botas altas de cuero desconocido impecablemente cuidado.
Todo aquel ostentoso traje tan solo podía ser rematado por un broche de amatista engastado en metales oscuros que estuviese colocado descansando junto al cuello, capturando ocasionalmente la luz artificial para así devolverla en destellos violáceos para terminar de combinar aquellos tonos oscuros, dorados, plateados y violáceos en una amalgama de colores que mezclan el nivel que busca reflejar en su atuendo, y al mismo tiempo, el misterio que le permite mantenerse oculto en aquel evento sin ningún tipo de duda sobre su estatus social en un evento como aquel.
Por supuesto, nada de eso tiene sentido si aquel vestuario era portado por alguien que no sabía cómo llevarlo, pues tal y como dice el refrán: aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Por descontado, el joven Omuyaga había preparado todo aquel conjunto perfectamente a conciencia, y es que si hay algo de lo que puede jactarse por encima de todos y cada uno de sus compañeros es de su maestría en esa clase de situaciones, siendo capaz de mantener una postura y una etiqueta que roza tan solo aquella que los altos miembros de la realeza son capaces de aprender en sus distinguidos palacios. Quizás se había excedido en esta ocasión, pero ello solo le permitía realzar una vez más las características de estilo nobiliario que le han perseguido durante toda la vida, y que hoy, en una misión para la Marina, debía dejar fluir de tal forma que ni un solo marine en todo aquel circo pudiese siquiera dudar sobre la naturaleza del hombre que se oculta tras la máscara, dándole así un aura de persona inalcanzable al que ni tan siquiera alguno de esos malhechores tendría la valentía de acercarse, temerosos de la respuesta que alguien con su porte podría llegar a ofrecerles, hundiendo su vida con tan solo un par de palabras.
Llegó al punto de encuentro cinco minutos antes de la hora acordada, manteniendo siempre esa puntualidad que nunca ha sido capaz de romper en su hábito, agachando la mirada en aquella esquina para tan solo observar de reojo a cualquier persona que se le acercase. En poco tiempo, el silencio del lugar fue quebrado por una voz femenina la cual, cómo si hubiese sido parte de un destino demasiado bien estructurado, le hizo sonreír al descubrir quién sería su compañera en esa aventura tan alarmante, y le permitiría bajar la guardia por, al menos, unos breves instantes antes de volver a retomar su postura habitual.
―¡Qué suerte encontrarte aquí, Reyson!
―Las casualidades no existen, mi querida Daphnel. Estoy seguro que el destino nos ha escogido a los dos para encontrarnos en esta bella noche, a sabiendas de lo bien acompañados que nos sentiríamos el uno con el otro.―Un mensaje oculto recubierto de pomposidad, que sin duda ella sería capaz de entender a la primera si le había prestado la suficiente atención.
Aún asegurando la discreción de su compañía, el hombre recortó distancia con su compañera, la suficiente cómo para resultar incómoda para posibles miradas que no acostumbrasen a observar a parejas con tanta cercanía entre ellas, sosteniendo su mirada, permitiéndose así hablar un poco más holgado con su única persona de confianza durante toda aquella noche.
―Planes tengo varios, pero con la escasa información que tenemos probablemente tengamos que improvisar un poco.―Observó la vestimenta de su compañera, irradiando en su figura la belleza de la Humink que, a sus ojos expertos, veía ligeramente manchada por el color de su cabello. Él no tuvo el valor ni la osadía de tratar de cambiar el color de su cabello en un tono de usar y tirar, especialmente por no disponer del tiempo para ello -ya que el maquillaje y ponerse aquel atuendo él mismo le habían robado casi todo el que poseía-, pero también por miedo de ser descubierto en caso de sufrir algún contratiempo o de haber cometido el más mínimo error en alguno de los mechones de su largo cabello. Aún así, había sabido elegir un color de vestimenta que le permitía extraer una presencia de su interior muy difícil de ignorar.
Aquel púrpura profundo...era un color perfecto para ella.
―De momento, quiero establecer un par de señales para que nos podamos entender bien, querida.―Dijo, sin separar la distancia entre ellos ni un ápice.―Separarnos no es algo que me guste. Si se da el caso, lo mejor es hacerlo a una distancia suficiente como para poder vernos el uno al otro. No me gustaría perder tus ojos de vista―No quería que ninguno de ellos se pusiera en peligro sin que el otro pudiera estar atento para acudir al rescate.―Ejercer algo de fuerza sobre el otro indica iniciativa, así que el otro se adaptará a lo que sugiera el que ha empezado con ello. No quisiera que incomodásemos a nadie solamente por querer sugerir al otro una idea algo más...íntima―Un tirón en el brazo, una presión en la espalda, uñas clavadas en el brazo, un agarre ligeramente desmedido...cualquier cosa que dificultase el movimiento podía ser señal de ello.―y por último...te he echado de menos, es un indicativo de lo mucho, mucho, mucho que querremos estar el uno junto al otro, por lo que si recibes esas palabras de mi parte, o yo de ti...―Acarició ligeramente su mejilla, manteniendo a la perfección aquel excelso papel de pareja que había decidido mantener.―Quiere decir que quiero estar contigo...a solas.
Su juego había comenzado, y Kael estaba dispuesto a hacer lo necesario para que aquella misión pudiera ser completada sin ningún riesgos. Aún había demasiadas cosas en el aire, pero no puede hacer mucho más, y su única herramienta sería, sin duda alguna, la confianza que ambos compañeros se depositasen el uno en el otro...
----------------------------------------
Cercanos a la puerta principal, el comentario de Daphnel hizo entender rápido al caballero información interesante. Aquella entrada no era la adecuada para ellos. Tickets morados eran para el público menos adinerado, y debido a las galas y formalidades de aquellos dos, no podían mantener aquella cola sin llamar demasiado la atención. Lo mejor sería revisar el resto de entradas, a la búsqueda de más pistas que le permitieran saber por donde debían acudir.
―Oh...eso no es para nosotros, querida. Nuestras entradas son de pase Vip. Creo que podremos encontrar un mejor camino por otra parte.
Agarrados del brazo, su pareja del baile le llevó hacia la zona izquierda, comprobando en ello la entrada para trabajadores que, vestidos de cocineros, posiblemente indicaban la cantidad de aperitivos que se servirían en aquel evento con pinta de circo.
―Oh, cariño, veo que nos hemos confundido. ¿Ves lo que te decía?―Sin embargo, saber que había un acceso adicional que posiblemente más adelante estaría menos custodiado era una información que tendría a bien guardar en mente.
Esperaba que, si no estaba equivocado, el último camino lateral fuese el que le permitieran a ambos acceder con sus pases vip. Los mantuvo entre los dedos de su mano, ligeramente escondidos para aquellos que no les prestasen atención, lo suficientes como para que la Humink los observase, y de esa forma, pudiera comprobar con sus sentidos aumentados si, efectivamente, la zona lateral de mayor estatus era la adecuada para ellos, o si debían buscar otra alternativa.
Informe del caballeroso espía Reyson
