Ojo izquierdo de la calavera - 90 de Otoño - Año 17
Nitz el mudo era un hombre sencillo. Corría con mis mandados dónde le dijera, esperaba en la puerta de mi estancia en la calavera montando guardia y dejaba que Nicolás le armase lo que quisiera sin quejarse. Era mi conexión con la tropa de infantería, yo dictaba y el ordenaba.
Nitz el mudo era mi boca, le llamaban mudo por que no callaba. Le llamaban mudo por que era el deseo de todos que la enfermedad llegase a él en esa forma. Aunque nadie le odiaba, pues sabían que era mi recadero en Hachinosu.
- Nitz - Al instante la puerta de la estancia del ojo izquierdo se abrió. Me abría asustado, pero ya estaba acostumbrado.
- Señor. Terrible Señor. Lord Demoniaco. Ashura, Señor - se presentó como acostumbraba - ¿Qué necesita, Jefe de guerra? ¿Agua? ¿Vino? ¿Mujeres? Esas escasean... ¿Tiene ordenes? ¿Qué hago excelentísimo alcalde? ¿Qué puedo hacer por usted? -
Caminé en silencio hacia el gran boquete del ojo izquierdo de la calavera. A veces su verborrea me mareaba, otras me ponía en mi sitio. Curioso hombre Nitz, el mudo.
Una nariz aguileña, bajo unos ojos hundidos, pelo ralo de color naranja y pecas en sus mejillas, sus labios escondían una dentadura con huecos, bastantes, fruto del escorbuto y la poca higiene. Camisa blanca ancha que dejaba un pecho sin pelo al descubierto, pantalones de color crema manchados, atados con una bandana morada morada como me gustaba, pies descalzos, sucios y callosos. Armado con una espada corsaria, Nitz el mudo era el estereotipo de un pirata.
Me giré dando la espalda al ventanal que hacía de ojo en la calavera.
- Busca a Quetzalli. Le reclamo para entrenar - Dije con una voz calmada - necesito ejercicio. Tanto papeleo y ordenes me están oxidando - Finalicé mientras me dejaba caer hacia atrás, precipitándome sin control hacia el suelo de la entrada de la calavera. El viento azotó mis oídos pero pude escuchar como Nitz entusiasmado salía de la estancia.
- ¡CONVOCA AL HERALDO! - Gritó mientras salía - ¡Un enfrentamiento entre el Heraldo de la santa... - No pude escuchar más.
Sabía que Nitz haría con diligencia el mandado y Quetzali no tardaría en aparecer. Así que caí en el suelo como mi propio camino había sido hasta ahora, inevitable.
Estallé en humo sobre la amarilla piedra que se aferraba al sustrato de Hachinosu, asustando a los guardias apostados en la puerta. Mi forma volvió a erguirse sobre el caos del elemento nocivo que me formaba. Aspiré todo hasta recobrar por completo mi tamaño y forma.
Abrí la mano izquierda hacia el costado y reclamé lo poco que me faltaba de mi esencia, Nicolás.
Desde la lejanía una columna de humo apareció.
- Churitaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. ¡JOPUUUUUUUUUUUUUUUUTAsssss! - el humo se unió a mis dedos con una hilera, el coco impactó con la palma y lo capturé - Mierda seca. Bueno por lo menos va a ser entretenido - seguía maldiciendo mientras lo ataba en su atadura común y corriente, ahora lejos de su libre albedrio de su forma Nick Fury.
Allí, frente a la entrada esperé la llegada de aquel hombre que se había antepuesto a la muerte hasta llegar a este día junto a mi, uno de los pocos que quedaban a mi lado.
La Hoja del luto en mi mano derecha, envainada en mi cinto la Daña Almirantes, junto a Nicolás.
En otro lugar....
Nitz el mudo llegaba hacía Quetzalli.
- ¡SEÑOR! ¡HERALDO DE LA SANTA MUERTE! ¡GENERAL! - Gritó Nitz afogonado tras la presteza con la que había cumplido su misión. Un leve descanso tomando aire - Ashura le reclama. Quiere entrenar - En los ojos del Nitz había un brillo.
La noticia no tardó en correr por la isla, la entrada de la calavera Haibu se llenó de tropas, algunas querían ver si de verdad nuestra fuerza era cierta, otros solo querían entretenerse, pero lo que era cierto es que frente al edificio insignia de Hachinosu. El viento empezaba a ondear con fuerza, el filo de mi espada empezaba a helarse y mi humo... Mi humo se revolvía en mi interior.
SmokeRol
![[Imagen: 51pnN8x.png]](https://imgur.com/51pnN8x.png)
