02-06-2026, 03:34 PM
Estaba prevenido, se había preparado, y tenía mentalizada una respuesta negativa por parte de la contraria...y aún con todo eso su argumento le pilló desprevenido.
—¿Y tú acostumbras a llevar mujeres solas a callejones durante reclutamientos oficiales?
La cortesía desapareció en ese mismo instante. Donde él busco respuestas educadas, encontró acusaciones. Quiso sonar serio, mas no cortante, pero su tono de voz siempre ha destacado por una clara ausencia de emociones, y eso le estaba jugando completamente en contra. Está apostando, jugando con una mano en la que ningún resultado es bueno, en el que simplemente decidir que hacer puede meter a uno en problemas, y que no hacer nada iría en contra de la moral por la que decidió alistarse.
Pero entonces cayó en el truco. No podía dejarse amedrentar. Había perdido valiosos segundos de un combate verbal en el que la contraria ganaría tiempo si así lo había querido. Incluso si la acusación era firme, sus palabras la habían delatado.
No hubo acceso a réplica o reproche. Recortó la distancia un par de pasos hasta apoyar el brazo derecho en el muro, al lado del bello rostro femenino. No entregó una mirada distinta, ni hubo interés en lo que la escena podría llegar a intuirse. La seriedad en su semblante no desapareció ni un ápice, sino que, al contrario, aquello parecía haber escalado a un punto completamente nuevo, dejando que su mirada se clavase directamente sobre los orbes ajenos, hasta que el sonido de la calle principal desapareciese, y solo pudiese prestar atención a quién tenía delante.
—¿Por qué estás aquí?
—¿Y tú acostumbras a llevar mujeres solas a callejones durante reclutamientos oficiales?
La cortesía desapareció en ese mismo instante. Donde él busco respuestas educadas, encontró acusaciones. Quiso sonar serio, mas no cortante, pero su tono de voz siempre ha destacado por una clara ausencia de emociones, y eso le estaba jugando completamente en contra. Está apostando, jugando con una mano en la que ningún resultado es bueno, en el que simplemente decidir que hacer puede meter a uno en problemas, y que no hacer nada iría en contra de la moral por la que decidió alistarse.
Pero entonces cayó en el truco. No podía dejarse amedrentar. Había perdido valiosos segundos de un combate verbal en el que la contraria ganaría tiempo si así lo había querido. Incluso si la acusación era firme, sus palabras la habían delatado.
Durante reclutamientos oficiales
Demasiado específico, extremadamente conveniente. No, eso no era lo que ella quería causar en el contrario en aquel momento. Había decidido desconfiar de su palabra, y aunque entiende la excepcionalidad del momento con la tensión que asimila sobre sus hombros...ha apostado demasiado alto.
Ella no es la única que se está arriesgando.
—Veo que has acertado.—Respondió sin vacilación. Su mirada se había afilado. Si ella quería acceder a esas formas, él daría batalla, porque tiene la sartén por el mango.—Esto no es ningún riesgo, tan solo una forma de cerciorarme. Has infringido la ley falsificando un documento de identidad para tratar de escapar de la isla a través de una embarcación militar del Gobierno Mundial, y yo tengo órdenes de entregar a toda aquella persona que intente cometer un acto tan burdo como el que acabas de intentar.—Sentenció con la verdad, tratando de ser claro y conciso, entregando la menor información posible.—Así que por ello voy a entregarte, irás a prisión, y te mandarán a casa tras el pago de tu fianza en unas horas...o tal vez un par de días.
Por supuesto ambos sabían que eso último no era cierto. Aquel era el protocolo estándar, pero una mujer como ella sería liberada en cuanto su predecesor moviese algunos hilos para liberarla sin armar mayor escándalo. ¿Su único problema? Al final, el resultado sería el mismo: la mujer camuflada sería devuelta con su familia, y deberá afrontar las consecuencias que ello pudiese acarrearla, si es que poseía alguna detrás de toda aquella fachada.
Entregó unos segundos de silencio, otorgándole la posibilidad de responder, pero sobre todo para sopesar sus palabras con firmeza y una mente más objetiva. Kael nunca ha destacado por su expresividad ni sus emociones, sino por su lógica para planear cada una de sus jugadas, movimientos y acciones. Si ella quería enfrentarlo...esperaba que fuese más avispada que el azabache.
—Antes de que se te ocurra desenvainar la espada o gritar por auxilio para que crean que estás sufriendo un caso de abuso de poder o autoridad, te sugiero que te ahorres el numerito para no ponerte las cosas más difíciles. El tinte de tu cabello es prueba más que suficiente para demostrar la falsedad de cada uno de tus argumentos, y sin mencionar que, como ya te he dicho, mis superiores saben que estoy aquí...—No le entregó ni una sola palabra más al respecto. Había revelado algunas de sus cartas sin necesidad, pero...¿por qué?—Así que, si eres capaz de entender de verdad por qué te he traído aquí, entonces volveré a preguntar una vez más. Presta atención, porque no volveré a repetirlo.
Ella no es la única que se está arriesgando.
—Veo que has acertado.—Respondió sin vacilación. Su mirada se había afilado. Si ella quería acceder a esas formas, él daría batalla, porque tiene la sartén por el mango.—Esto no es ningún riesgo, tan solo una forma de cerciorarme. Has infringido la ley falsificando un documento de identidad para tratar de escapar de la isla a través de una embarcación militar del Gobierno Mundial, y yo tengo órdenes de entregar a toda aquella persona que intente cometer un acto tan burdo como el que acabas de intentar.—Sentenció con la verdad, tratando de ser claro y conciso, entregando la menor información posible.—Así que por ello voy a entregarte, irás a prisión, y te mandarán a casa tras el pago de tu fianza en unas horas...o tal vez un par de días.
Por supuesto ambos sabían que eso último no era cierto. Aquel era el protocolo estándar, pero una mujer como ella sería liberada en cuanto su predecesor moviese algunos hilos para liberarla sin armar mayor escándalo. ¿Su único problema? Al final, el resultado sería el mismo: la mujer camuflada sería devuelta con su familia, y deberá afrontar las consecuencias que ello pudiese acarrearla, si es que poseía alguna detrás de toda aquella fachada.
Entregó unos segundos de silencio, otorgándole la posibilidad de responder, pero sobre todo para sopesar sus palabras con firmeza y una mente más objetiva. Kael nunca ha destacado por su expresividad ni sus emociones, sino por su lógica para planear cada una de sus jugadas, movimientos y acciones. Si ella quería enfrentarlo...esperaba que fuese más avispada que el azabache.
—Antes de que se te ocurra desenvainar la espada o gritar por auxilio para que crean que estás sufriendo un caso de abuso de poder o autoridad, te sugiero que te ahorres el numerito para no ponerte las cosas más difíciles. El tinte de tu cabello es prueba más que suficiente para demostrar la falsedad de cada uno de tus argumentos, y sin mencionar que, como ya te he dicho, mis superiores saben que estoy aquí...—No le entregó ni una sola palabra más al respecto. Había revelado algunas de sus cartas sin necesidad, pero...¿por qué?—Así que, si eres capaz de entender de verdad por qué te he traído aquí, entonces volveré a preguntar una vez más. Presta atención, porque no volveré a repetirlo.
No hubo acceso a réplica o reproche. Recortó la distancia un par de pasos hasta apoyar el brazo derecho en el muro, al lado del bello rostro femenino. No entregó una mirada distinta, ni hubo interés en lo que la escena podría llegar a intuirse. La seriedad en su semblante no desapareció ni un ápice, sino que, al contrario, aquello parecía haber escalado a un punto completamente nuevo, dejando que su mirada se clavase directamente sobre los orbes ajenos, hasta que el sonido de la calle principal desapareciese, y solo pudiese prestar atención a quién tenía delante.
—¿Por qué estás aquí?
