15-05-2026, 08:43 PM
(Última modificación: 16-05-2026, 12:54 AM por Nyxara Archeron.)
24 de primavera, Año 16 ❥ Sorbet Norte
I'm your rock'n'roll Joan of Arc, i'm here to save the world, but...who will save supergirl?
─ ♚ ─
La luz filtraba con intensidad por las ventanas de la habitación rentada, bañando el espacio de madera envejecida. No había nada particularmente acogedor en el lugar: una cama estrecha contra la pared, una mesa marcada por los objetos de tantos otros que habían pernoctado allí antes que ella, un espejo de cuerpo completo con los bordes desgastados apoyado contra una de las paredes y ese leve aroma a sal que se colaba desde el puerto y bañaba la ciudad. Era la clase de espacio sencillo en que resultaba imposible imaginar a Nyxara Archeron viviendo ahí por elección, pero era la clase de habitación que Nyssa Vale se permitiría como lujo.
A ojo crítico volvió a repasar la imagen que le devolvía aquel espejo de pared: el vestido camisero de lino era sencillo, la tela gris oscura, ligeramente desgastada, caía recta desde sus hombros hasta rozar la mitad de sus muslos. El único detalle que había sobre esa tela gris era el cinturón negro, sencillo, ese que intentaba, sin suerte, suavizar su figura, buscando borrar cualquier tipo de rastro de nobleza que quedase en ella. Práctico, común, incluso aburrido. La clase de “trapo” que una mujer con un par de monedas de más no compraría por placer; eso era justamente lo que necesitaba y lo había escogido cuidadosamente para ese encuentro.
Aun así…lo odiaba un poco. Ni siquiera vestida de anonimato lograba sentirse invisible, como si no pudiese sacarse el “Archeron” del apellido para reemplazarlo por el “Vale”.
Suspiró, mientras tocaba distraídamente uno de sus aros al caminar de regreso a la cama ¿Qué dirían sus hermanas si la vieran vestida así? Seguramente Aelira se burlaría de ella por parecer una institutriz aburrida y Seren no hubiese aprobado jamás que usara un vestido que no le hiciera justicia en un tono tan oscuro como ese. Pensar en ellas logró que la suave sonrisa coronara sus labios de matiz escarlata mientras se calzaba las botas simples que la hacían ganar esos ocho centímetros de más.
Al volver la vista al espejo descubrió que ni siquiera las líneas rectas y apagadas del lino, afirmadas por el cinturón, lograban esconder del todo la forma firme y torneada de sus piernas, acentuadas ahora por la altura extra del calzado.
“Ya no puedes hacer nada contra eso” Era cierto, no tenía otro par de zapatos para cambiarse, a pesar de tener el dinero para comprarlos, Nyssa Vale, no hubiese llevado cuatro pares de zapatos distintos al momento de enlistarse con los marines…y Nyxara Archeron, tampoco.
Su mirada se endureció apenas mientras trenzaba, casi sin cuidado, el suave cabello azabache entre sus dedos. Intento no pensar en el contraste del negro contra su piel, en como extrañaba aquel rojo imposible de ignorar, el suyo, su color, que muchas veces se fundía y perdía con otros ante sus propios ojos debido a su condición. Cuando termino su creación, la trenza descuidada caía por el costado de su cuerpo, como si la noche misma hubiese decidido detenerse por un momento para delinear el costado de su cintura.
Para recordarles a todos quien era ella.
Lo hubiese dejado pasar…si no hubiese sido porque el mar de sus ojos, esos que le devolvían el reflejo, mostraban con demasiada claridad el peso real de lo que estaba a punto de hacer: una vez que cruzara esa puerta, dejaría de ser Nyxara Archeron hasta que lograse volver a casa con Aelira.
Repentino, el aire pareció desaparecer en esa habitación, como si aquellas cuatro paredes fueran demasiado pequeñas para contener lo que estaba a punto de abandonar.
Su corazón golpeó con fuerza contra su pecho.
A ojos cerrados, Nyx se aferró desesperadamente al recuerdo de sus hermanas, a la sonrisa amplia de Aelira mientras les recordaba que casarse era el error más grande que podía hacer una mujer. Al brillo de los ojos se Seren mientras le mostraba una nueva flor prensada para que ella pudiese dibujar. Al peso del brazo de su padre rodeándolas a las tres mientras su madre fingía molestia desde el sillón con un libro entre las manos...
Su hogar.
Porque ahora entendía, que estaba dispuesta a destruir todo lo que quedaba de sí misma para recuperarlo. Así tuviese que recorrer cada isla de ese mundo bajo un uniforme que jamás había querido vestir, así tuviese que llenar sus dedos de acelerante para incendiar los registros de escritos antiguos por la revolución, así tuviese que venderle su alma a un par de piratas para que la llevaran a los confines de las tierras de ese maldito noble…
Traería a Aelira a casa.
No miró atrás cuando salió cual huracán de la habitación.
Llevaba un mapa y un par de horas de ventaja, tenía muy claro que la orientación jamás había sido su fuerte, contaba con ello incluso para llegar a tiempo a la elección de reclutamiento. No supo cuánto tiempo estuvo deambulando por las calles de esa ciudad, entre mercados atestados, marines que avanzaban de un lado a otro y comerciantes que ofrecían mercancías que Nyx jamás había visto, mientras que el ruido de las personas a su alrededor terminaba por convertir esas calles en un lugar difícil de navegar, incluso con un mapa entre manos.
Cuando logró encausar el camino de adoquines limpios, la parte adinerada de la ciudad comenzó a reflejarse. Los negocios parecían más ordenados, las casas mejores pintadas, el verde más vivo, pero sobre todo, el bullicio tan característico de la vida de un mercado era reemplazado por las conversaciones discretas entre las personas que ahí estaban, la clase de personas que asistirían a los eventos que su madre y sus tías prepararían. La clase de personas a las que su padre saludaría sintiéndose totalmente fuera de lugar, mientras sus hermanas y ella aguadaban a su lado solo para ayudarle a sobrellevar la incomodidad antes del baile. Aunque la Archeron no parecía uno de ellos, aunque el vestido intentase volverla discreta y desapercibida con sus tonos apagados en medio de los colores limpios y vivos, su caminar arruinaba todo el esfuerzo.
Nyx nunca había aprendido a avanzar como alguien dispuesto a hacerse pequeño, al contrario, su seguridad era difícil de ignorar. Incluso ahora, bajo documentos falsos y un nombre inventado, seguía moviéndose con esa confianza casi insolente de quien ha crecido para demostrarles a otros que el mundo podría pertenecerle por derecho, si hacia el esfuerzo mínimo para reclamarlo.
Fue esa misma firmeza tranquila la que la llevó hasta la fila de reclutamiento, acercándose al último potencial cadete, como si ese lugar, también pudiese pertenecerle – Buenas tardes – saludo como quien saluda a un conocido de toda la vida. El joven frente a ella giró con ese rostro que delataba la molestia por ser interrumpido en la espera silenciosa – ¿Ya han comenzado a llamar por apellidos? – la pregunta de Nyx había sido clara, pero el hombre repentinamente había dudado en responder, como si fuese más importante dedicarle esa mirada rápida por un momento más – heee… creo que si – carraspeó – Digo, sí. Han comenzado con los voluntarios y…–
La Archeron no necesito más, con un sencillo gracias lo cortó para avanzar por la fila hacia adelante, en dirección al sargento y los cadetes que comenzarían a ordenar a los voluntarios. Ella ya había repasado la historia de Nyssa Vale tantas veces que podía recitarla como si de las antiguas escrituras en otro idioma se tratasen, estaba lista para poner su mentira por delante: ingresaría a los marines y no aceptaría un “no” por respuesta.
A ojo crítico volvió a repasar la imagen que le devolvía aquel espejo de pared: el vestido camisero de lino era sencillo, la tela gris oscura, ligeramente desgastada, caía recta desde sus hombros hasta rozar la mitad de sus muslos. El único detalle que había sobre esa tela gris era el cinturón negro, sencillo, ese que intentaba, sin suerte, suavizar su figura, buscando borrar cualquier tipo de rastro de nobleza que quedase en ella. Práctico, común, incluso aburrido. La clase de “trapo” que una mujer con un par de monedas de más no compraría por placer; eso era justamente lo que necesitaba y lo había escogido cuidadosamente para ese encuentro.
Aun así…lo odiaba un poco. Ni siquiera vestida de anonimato lograba sentirse invisible, como si no pudiese sacarse el “Archeron” del apellido para reemplazarlo por el “Vale”.
Suspiró, mientras tocaba distraídamente uno de sus aros al caminar de regreso a la cama ¿Qué dirían sus hermanas si la vieran vestida así? Seguramente Aelira se burlaría de ella por parecer una institutriz aburrida y Seren no hubiese aprobado jamás que usara un vestido que no le hiciera justicia en un tono tan oscuro como ese. Pensar en ellas logró que la suave sonrisa coronara sus labios de matiz escarlata mientras se calzaba las botas simples que la hacían ganar esos ocho centímetros de más.
Al volver la vista al espejo descubrió que ni siquiera las líneas rectas y apagadas del lino, afirmadas por el cinturón, lograban esconder del todo la forma firme y torneada de sus piernas, acentuadas ahora por la altura extra del calzado.
“Ya no puedes hacer nada contra eso” Era cierto, no tenía otro par de zapatos para cambiarse, a pesar de tener el dinero para comprarlos, Nyssa Vale, no hubiese llevado cuatro pares de zapatos distintos al momento de enlistarse con los marines…y Nyxara Archeron, tampoco.
Su mirada se endureció apenas mientras trenzaba, casi sin cuidado, el suave cabello azabache entre sus dedos. Intento no pensar en el contraste del negro contra su piel, en como extrañaba aquel rojo imposible de ignorar, el suyo, su color, que muchas veces se fundía y perdía con otros ante sus propios ojos debido a su condición. Cuando termino su creación, la trenza descuidada caía por el costado de su cuerpo, como si la noche misma hubiese decidido detenerse por un momento para delinear el costado de su cintura.
Para recordarles a todos quien era ella.
Lo hubiese dejado pasar…si no hubiese sido porque el mar de sus ojos, esos que le devolvían el reflejo, mostraban con demasiada claridad el peso real de lo que estaba a punto de hacer: una vez que cruzara esa puerta, dejaría de ser Nyxara Archeron hasta que lograse volver a casa con Aelira.
Repentino, el aire pareció desaparecer en esa habitación, como si aquellas cuatro paredes fueran demasiado pequeñas para contener lo que estaba a punto de abandonar.
Su corazón golpeó con fuerza contra su pecho.
A ojos cerrados, Nyx se aferró desesperadamente al recuerdo de sus hermanas, a la sonrisa amplia de Aelira mientras les recordaba que casarse era el error más grande que podía hacer una mujer. Al brillo de los ojos se Seren mientras le mostraba una nueva flor prensada para que ella pudiese dibujar. Al peso del brazo de su padre rodeándolas a las tres mientras su madre fingía molestia desde el sillón con un libro entre las manos...
Su hogar.
Porque ahora entendía, que estaba dispuesta a destruir todo lo que quedaba de sí misma para recuperarlo. Así tuviese que recorrer cada isla de ese mundo bajo un uniforme que jamás había querido vestir, así tuviese que llenar sus dedos de acelerante para incendiar los registros de escritos antiguos por la revolución, así tuviese que venderle su alma a un par de piratas para que la llevaran a los confines de las tierras de ese maldito noble…
Traería a Aelira a casa.
No miró atrás cuando salió cual huracán de la habitación.
Llevaba un mapa y un par de horas de ventaja, tenía muy claro que la orientación jamás había sido su fuerte, contaba con ello incluso para llegar a tiempo a la elección de reclutamiento. No supo cuánto tiempo estuvo deambulando por las calles de esa ciudad, entre mercados atestados, marines que avanzaban de un lado a otro y comerciantes que ofrecían mercancías que Nyx jamás había visto, mientras que el ruido de las personas a su alrededor terminaba por convertir esas calles en un lugar difícil de navegar, incluso con un mapa entre manos.
Cuando logró encausar el camino de adoquines limpios, la parte adinerada de la ciudad comenzó a reflejarse. Los negocios parecían más ordenados, las casas mejores pintadas, el verde más vivo, pero sobre todo, el bullicio tan característico de la vida de un mercado era reemplazado por las conversaciones discretas entre las personas que ahí estaban, la clase de personas que asistirían a los eventos que su madre y sus tías prepararían. La clase de personas a las que su padre saludaría sintiéndose totalmente fuera de lugar, mientras sus hermanas y ella aguadaban a su lado solo para ayudarle a sobrellevar la incomodidad antes del baile. Aunque la Archeron no parecía uno de ellos, aunque el vestido intentase volverla discreta y desapercibida con sus tonos apagados en medio de los colores limpios y vivos, su caminar arruinaba todo el esfuerzo.
Nyx nunca había aprendido a avanzar como alguien dispuesto a hacerse pequeño, al contrario, su seguridad era difícil de ignorar. Incluso ahora, bajo documentos falsos y un nombre inventado, seguía moviéndose con esa confianza casi insolente de quien ha crecido para demostrarles a otros que el mundo podría pertenecerle por derecho, si hacia el esfuerzo mínimo para reclamarlo.
Fue esa misma firmeza tranquila la que la llevó hasta la fila de reclutamiento, acercándose al último potencial cadete, como si ese lugar, también pudiese pertenecerle – Buenas tardes – saludo como quien saluda a un conocido de toda la vida. El joven frente a ella giró con ese rostro que delataba la molestia por ser interrumpido en la espera silenciosa – ¿Ya han comenzado a llamar por apellidos? – la pregunta de Nyx había sido clara, pero el hombre repentinamente había dudado en responder, como si fuese más importante dedicarle esa mirada rápida por un momento más – heee… creo que si – carraspeó – Digo, sí. Han comenzado con los voluntarios y…–
La Archeron no necesito más, con un sencillo gracias lo cortó para avanzar por la fila hacia adelante, en dirección al sargento y los cadetes que comenzarían a ordenar a los voluntarios. Ella ya había repasado la historia de Nyssa Vale tantas veces que podía recitarla como si de las antiguas escrituras en otro idioma se tratasen, estaba lista para poner su mentira por delante: ingresaría a los marines y no aceptaría un “no” por respuesta.
Léeme
