20-04-2026, 05:44 AM
Narrador / María Merlot
A veces se despertaba sudando, soñando con aquellos que le hicieron tanto daño. Curioso porque mientras estaba bajo su yugo su mente solía obviar esas pesadillas. ¿Por qué ahora la atormentaban? Tal vez porque una voz le susurraba que ellos vendrían y le arrebatarían de la paz que le había regalado Fantasma a través de su tripulación, en especial del objeto de su adoración: Hyakinthos.
Se levanto respirando profundo al tiempo que limpiaba su frente empapada. Los orbes ámbar recorrieron la celda, su nueva “habitación”. No había ningún sonido extraño: gemidos, llanto, gritos. Todo estaba calmado, y el arrullo de las olas meciendo el barco le otorgaba una sensación irreal de… paz. ¿Por qué irreal? Porque ÉL le había dicho hacia mucho tiempo que jamás se libraría de sus tentáculos y en los últimos cinco años lo cumplió al pie de la letra… no importaba donde se ocultara ni quien fuera su escudo, siempre terminaba regresando a su lado... contra su voluntad.
Se levanto respirando profundo al tiempo que limpiaba su frente empapada. Los orbes ámbar recorrieron la celda, su nueva “habitación”. No había ningún sonido extraño: gemidos, llanto, gritos. Todo estaba calmado, y el arrullo de las olas meciendo el barco le otorgaba una sensación irreal de… paz. ¿Por qué irreal? Porque ÉL le había dicho hacia mucho tiempo que jamás se libraría de sus tentáculos y en los últimos cinco años lo cumplió al pie de la letra… no importaba donde se ocultara ni quien fuera su escudo, siempre terminaba regresando a su lado... contra su voluntad.
¡No!
Esta vez no sería igual.
Fantasma le prometió libertad.
¿Ella al fin conocería ese maravilloso concepto?
Esta vez no sería igual.
Fantasma le prometió libertad.
¿Ella al fin conocería ese maravilloso concepto?
Levantándose por completo se cambio la pijama. Había estado todo el día acostada, algo poco común en su personalidad pero la ansiedad a veces la ataca sobremanera y debía auto recluirse en su mente, no quería molestar a la tripulación que apenas la iba acogiendo como una más. Se vistió con una prenda de dos piezas a juego en color mostaza, también arreglo su cabello con esmero. ¡Iría a buscar a Algodón de Azúcar! Él la relajaba, él la hacia olvidar cualquier cosa, vivía por y para él.
Luego de perderse en el barco, el gigante Thrym le informo que el medico pelirrosado había ido al pueblo por negocios. ¿Qué negocios? ¡Obviamente ayudar a los necesitados! Algodón de Azúcar como médico debía hacer esas actividades de beneficencia altruista que llevaban esperanzas a los marginados por la sociedad, y menos afortunados. ¡Él era increíble! ¡Con más razón debía encontrarlo, quería ayudarlo!
María, fiel a su desorientación, tardo el doble de tiempo en llegar al pueblo y una vez ahí empezó a caminar por todos lados. Los habitantes, como siempre le pasaba, no podían apartar las miradas de ella. A esta altura de su vida estaba acostumbrada. Con su encanto natural saludaba a quien pasaba mas de un segundo mirándola fijamente, o se detenía y hablaba con quien le dirigia la plabra. Era amable y extrovertida por naturaleza. Sonrojos y suspiros robo sin proponérselo.
De pronto un hombre, en una esquina choco con ella. El tipo cayo en dirección contraria. Las personas alrededor se acercaron a ayudar a la hermosa dama, otros le refunfuñaban al sujeto que se quedo mudo —… ¡Agarren los datos del carruaje que me atropello! Digo, estoy bien, estoy bien, no me paso nada… creo ¿Estas bien? Disculpa no veía por dónde venía… — dijo a las personas mientras alguien la ayudaba a levantarse, también se disculpó con el raro hombre que veía hacia todos lados buscando algo, algo que había caído a los pies de la joven y que recogió —… ¿es tu bolso? Espero que nada de lo que tengas adentro se dañara, aunque si se dañó, entonces permíteme reponértelo. ¿Que tienes adentro? — le pregunto con curiosidad, no estaba en su personalidad dejar pasar una afrenta que ella misma ocasionara. Supuso que ahora tendría que esperar antes de encontrar a Hyakitnhos.
Por alguna razón el tipo no dijo nada miraba el maletín en sus manos con miedo y devoción pero considerando a las personas alrededor de la hermosa mujer preguntándole como estaba, cualquier actitud hostil podría levantar sospechas. María ajena a ese pensamiento seguía diciéndole a la legión de admiradores que estaba bien sin soltar el bolso.
Luego de perderse en el barco, el gigante Thrym le informo que el medico pelirrosado había ido al pueblo por negocios. ¿Qué negocios? ¡Obviamente ayudar a los necesitados! Algodón de Azúcar como médico debía hacer esas actividades de beneficencia altruista que llevaban esperanzas a los marginados por la sociedad, y menos afortunados. ¡Él era increíble! ¡Con más razón debía encontrarlo, quería ayudarlo!
María, fiel a su desorientación, tardo el doble de tiempo en llegar al pueblo y una vez ahí empezó a caminar por todos lados. Los habitantes, como siempre le pasaba, no podían apartar las miradas de ella. A esta altura de su vida estaba acostumbrada. Con su encanto natural saludaba a quien pasaba mas de un segundo mirándola fijamente, o se detenía y hablaba con quien le dirigia la plabra. Era amable y extrovertida por naturaleza. Sonrojos y suspiros robo sin proponérselo.
De pronto un hombre, en una esquina choco con ella. El tipo cayo en dirección contraria. Las personas alrededor se acercaron a ayudar a la hermosa dama, otros le refunfuñaban al sujeto que se quedo mudo —… ¡Agarren los datos del carruaje que me atropello! Digo, estoy bien, estoy bien, no me paso nada… creo ¿Estas bien? Disculpa no veía por dónde venía… — dijo a las personas mientras alguien la ayudaba a levantarse, también se disculpó con el raro hombre que veía hacia todos lados buscando algo, algo que había caído a los pies de la joven y que recogió —… ¿es tu bolso? Espero que nada de lo que tengas adentro se dañara, aunque si se dañó, entonces permíteme reponértelo. ¿Que tienes adentro? — le pregunto con curiosidad, no estaba en su personalidad dejar pasar una afrenta que ella misma ocasionara. Supuso que ahora tendría que esperar antes de encontrar a Hyakitnhos.
Por alguna razón el tipo no dijo nada miraba el maletín en sus manos con miedo y devoción pero considerando a las personas alrededor de la hermosa mujer preguntándole como estaba, cualquier actitud hostil podría levantar sospechas. María ajena a ese pensamiento seguía diciéndole a la legión de admiradores que estaba bien sin soltar el bolso.
README
Karma Fanático: Hyakinthos.
![[Imagen: mmocheja.png]](https://i.ibb.co/WNPnSwH9/mmocheja.png)
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