11-04-2026, 09:43 AM
(Última modificación: 11-04-2026, 09:43 AM por Ryota Miyamoto.)
Está es otra de esas historias reales que les he traído, me sucedió a mí y fue cuando apenas era un niño en la hermosa y veraniega isla de Baterilla.
Mi familia vivía a las afueras del poblado de Baquella, cerca al mar como las demás familias de pescadores. Entre todas esas modestas casas, se encontraba una que nos generaba especial curiosidad a mis amigos y a mi.
La casa del Sr Jenkins.
El señor Jenkins era un viejo huraño que vivía cerca al risco de la costa, nunca hablaba con los vecinos y era normal verlo quejándose de lo entrometidos que éramos mis amigos y yo. Nos tenía prohibido acercarnos a su casa.
No sé qué esperaba ese hombre, tan solo éramos niños curiosos que relataban historias de terror alrededor de un viejo solitario y malhumorado.
-De seguro mató a su mujer y vive con su cadáver, si nos acercamos podríamos acusarlo con la marina- Teorizaba uno de mis amigos de esa época. - Nah, claramente es un antiguo soldado revolucionario que perdió la guerra y se refugio aquí, si espiamos si casa seguro daremos con toda clase de armas. - Contesto otro. - Quizás solo tenga alguna clase de pasatiempo vergonzoso que no quiere que nadie sepa. - Dije pensando en algo menos alocado.
Todos teníamos nuestras hipótesis y por eso mismo fue que decidimos escabullir nos hasta la casa en el risco, tentados por cada una de nuestras ideas. En el mejor de los casos solo éramos niños dejando volar nuestra imaginación y en el peor, podríamos robarle el tesoro si era algún pirata retirado.
Con cuidado, nos escondimos en la maleta hasta que el Sr Jenkins salió de su hogar. De inmediato nos acercamos hasta la casa para asomar las cabezas por la ventana y poder encontrar algo. Sin embargo, solo vimos muebles viejos, sin nada interesante que relatar.
Desde pequeño disfrute la aventura, así que no quería quedarme con las ganas y abrí la ventana para adentrarme allí. Mis amigos en cambio, temerosos de lo que el Sr Jenkins pudiera hacerles si se enteraba, salieron corriendo.
Cobardes, fue lo único que pensé dándome valor para continuar. Pues si conseguía algo bueno, iba a ser el héroe de todos ellos.
Pase de la sala a ala cocina y finalmente a la habitación. No encontre nada en las dos primeras más allá de fotografías y objetos antiguos llenos de polvo, Pero si cuarto seguramente sería diferente, ya que si fuera una especie de asesino serial, de seguro guardaría allí mis secretos. O eso pensé a esa edad.
Al entrar al cuarto solo sentí el aroma a anciano que recorría toda la casa y en su mesita de noche ví la fotografía de una mujer bellísima, junto a quien se veía como una versión mejorada y funcional del Sr Jenkins. Al parecer si había tenido esposa. Intente husmear en sus cosas y encontré un pequeño diario en el cajón de la mesita, comas siglas “Amada Betty”
Comencé a leerlo y entendí que era la antigua esposa del Sr Jenkins, la mujer en su diario lo describía como un hombre tranquilo, amable y servicial. Nada que yo hubiera visto en él.
A diferencia de lo que todos creíamos, había Sido marine y se dió el alta para vivir junto a su esposa que cayó en una rara enfermedad. El texto relataba que ella siempre se sintió culpable por alejar al Sr Jenkins de lo que le hacía feliz, Pero el hombre pareció jamás quejarse por ello, todo lo contrario la acompañó cada día hasta que la tinta parecía ser escrita con menos presión y finalmente dejó de escribir.
Sentí pena por el señor Jenkins pero tras la caligrafía femenina, vino una más sencilla y áspera una cuantas hojas mas adelante. El Sr Jenkins también comenzó a escribir en el diario tras perder a su amada. Revelaba lo mucho que la extrañaba, lo perdido que se encontraba, la soledad que vivía y el dolor que sentía por haberla perdido.
Cerré el diario y volví a dejarlo allí. Salí por la ventana donde entré, fui a casa y le pedí a mi madre que invitaramos al Sr Jenkins a cenar.
No negare que fue divertido ver la cara de sorpresa del anciano cuando fui a su casa con mi madre para invitarlo, se negó de inmediato, sin embargo mi vieja es incluso mas insistente que yo, en la noche comimos todos, mis hermanos, mi padre, mi madre, el señor Jenkins y yo, reímos y nos contó sobre sus hazañas como marine, incluso mi padre le pidió que lo acompañará a pescar de vez en cuando para animar el ambiente de los pescadores.
Desde ese día el Sr Jenkins jamás volvió a estar solo, murió a los pocos meses y de vez en cuando iba a aquel risco para sentir que hablaba con el y Betty.
Mi familia vivía a las afueras del poblado de Baquella, cerca al mar como las demás familias de pescadores. Entre todas esas modestas casas, se encontraba una que nos generaba especial curiosidad a mis amigos y a mi.
La casa del Sr Jenkins.
El señor Jenkins era un viejo huraño que vivía cerca al risco de la costa, nunca hablaba con los vecinos y era normal verlo quejándose de lo entrometidos que éramos mis amigos y yo. Nos tenía prohibido acercarnos a su casa.
No sé qué esperaba ese hombre, tan solo éramos niños curiosos que relataban historias de terror alrededor de un viejo solitario y malhumorado.
-De seguro mató a su mujer y vive con su cadáver, si nos acercamos podríamos acusarlo con la marina- Teorizaba uno de mis amigos de esa época. - Nah, claramente es un antiguo soldado revolucionario que perdió la guerra y se refugio aquí, si espiamos si casa seguro daremos con toda clase de armas. - Contesto otro. - Quizás solo tenga alguna clase de pasatiempo vergonzoso que no quiere que nadie sepa. - Dije pensando en algo menos alocado.
Todos teníamos nuestras hipótesis y por eso mismo fue que decidimos escabullir nos hasta la casa en el risco, tentados por cada una de nuestras ideas. En el mejor de los casos solo éramos niños dejando volar nuestra imaginación y en el peor, podríamos robarle el tesoro si era algún pirata retirado.
Con cuidado, nos escondimos en la maleta hasta que el Sr Jenkins salió de su hogar. De inmediato nos acercamos hasta la casa para asomar las cabezas por la ventana y poder encontrar algo. Sin embargo, solo vimos muebles viejos, sin nada interesante que relatar.
Desde pequeño disfrute la aventura, así que no quería quedarme con las ganas y abrí la ventana para adentrarme allí. Mis amigos en cambio, temerosos de lo que el Sr Jenkins pudiera hacerles si se enteraba, salieron corriendo.
Cobardes, fue lo único que pensé dándome valor para continuar. Pues si conseguía algo bueno, iba a ser el héroe de todos ellos.
Pase de la sala a ala cocina y finalmente a la habitación. No encontre nada en las dos primeras más allá de fotografías y objetos antiguos llenos de polvo, Pero si cuarto seguramente sería diferente, ya que si fuera una especie de asesino serial, de seguro guardaría allí mis secretos. O eso pensé a esa edad.
Al entrar al cuarto solo sentí el aroma a anciano que recorría toda la casa y en su mesita de noche ví la fotografía de una mujer bellísima, junto a quien se veía como una versión mejorada y funcional del Sr Jenkins. Al parecer si había tenido esposa. Intente husmear en sus cosas y encontré un pequeño diario en el cajón de la mesita, comas siglas “Amada Betty”
Comencé a leerlo y entendí que era la antigua esposa del Sr Jenkins, la mujer en su diario lo describía como un hombre tranquilo, amable y servicial. Nada que yo hubiera visto en él.
A diferencia de lo que todos creíamos, había Sido marine y se dió el alta para vivir junto a su esposa que cayó en una rara enfermedad. El texto relataba que ella siempre se sintió culpable por alejar al Sr Jenkins de lo que le hacía feliz, Pero el hombre pareció jamás quejarse por ello, todo lo contrario la acompañó cada día hasta que la tinta parecía ser escrita con menos presión y finalmente dejó de escribir.
Sentí pena por el señor Jenkins pero tras la caligrafía femenina, vino una más sencilla y áspera una cuantas hojas mas adelante. El Sr Jenkins también comenzó a escribir en el diario tras perder a su amada. Revelaba lo mucho que la extrañaba, lo perdido que se encontraba, la soledad que vivía y el dolor que sentía por haberla perdido.
Cerré el diario y volví a dejarlo allí. Salí por la ventana donde entré, fui a casa y le pedí a mi madre que invitaramos al Sr Jenkins a cenar.
No negare que fue divertido ver la cara de sorpresa del anciano cuando fui a su casa con mi madre para invitarlo, se negó de inmediato, sin embargo mi vieja es incluso mas insistente que yo, en la noche comimos todos, mis hermanos, mi padre, mi madre, el señor Jenkins y yo, reímos y nos contó sobre sus hazañas como marine, incluso mi padre le pidió que lo acompañará a pescar de vez en cuando para animar el ambiente de los pescadores.
Desde ese día el Sr Jenkins jamás volvió a estar solo, murió a los pocos meses y de vez en cuando iba a aquel risco para sentir que hablaba con el y Betty.
