[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 7)
#28
Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco.

Landon sujetaba a la Lunarian frente a sí. No era humana, pero había demostrado ser pusilánime como el que más. A lo largo de aquellos minutos, habían sido precisamente los humanos los que, en su altanería e hibris características, habían mostrado el mayor deseo de supervivencia. Eran como cucarachas, agarrándose a la vida al precio que fuese, por encima de cualquier otro principio. Landon podía tener cierto respeto por aquello, pero no por la cobardía. Los Lunarian debían ser un ejemplo de la excelencia física, absolutamente superior a cualquier humano. Y, sin embargo... Apretó el cuello de la Lunarian y golpeó su cabeza con rabia, provocando que perdiese el conocimiento. Los maltrechos tubos que colgaban de su espalda borboteaban aquel extraño líquido verde, formando un charco bajo sus pies que se mezclaba con su propia y abundante sangre.


Sin embargo, había una certeza en su mente, tan frecuentemente nublada por los químicos que la habían alterado salvajemente durante años, y ahora despejada, tal vez por la intensidad de aquel combate, paradójicamente: aquella había sido la última batalla del Capitán de la Marina Landon Coates. El mundo adquiría un color distinto cuando la certeza de la muerte acechaba. Sintió cómo unos hilos atrapaban sus extremidades. Sus ojos ya no eran los de aquella máscara, de un verde brillante, sino los ojos vacíos y tranquilos de un hombre que sabía que iba a morir. Tal vez aquella fuese la sensación más puramente humana que Landon Coates jamás hubiese experimentado.

Era el final del Gran Esclavista, del responsable de lo que podría haber sido la industria más lucrativa de todo el Grand Line. Y, más que una mera industria, hubiera sido un cambio de paradigma, el establecimiento de un nuevo orden en que los humanos quedarían exactamente donde les correspondía. Mil recuerdos, emborronados por el paso del tiempo y el abuso de los químicos, corrieron por su castigada mente. El combate contra Don Ald, aquel recluta que siempre se había creído más listo que él y que pensaba que podía engañarlo. Nunca habría podido odiarlo; era, como él, ambicioso, hambriento de poder. Sabía lo que era eso. Ese loco hijo de puta sabía lo que era hacer bailar a la gente, un maestro del sadismo, el mejor en lo suyo. Sabía también que Arnold era perfectamente capaz de morir aún vistiendo el harapiento abrigo que le había regalado al reclutarlo para su aventura empresarial. ¿Para qué quería aquel tipo un abrigo? Jamás se lo había cuestionado, pero no cabía duda de que era uno de los activos más peligrosos y fundamentales del equipo. Curok, aquel monstruo marino de lealtad y fidelidad inquebrantables, un idealista bajo aquella superficie grotesca, que había estado a su lado desde el principio, su más valioso compinche a la hora de filtrar a los esclavos aptos y no aptos. Tal vez el único con principios en aquella banda de exiliados, y el único con dos dedos de frente. La Teniente Miarma... ¿Qué decir de Jari? Su obsesión platónica se había traducido en la más entregada de las luchadoras a su cargo, alguien que habría ido hasta el fin del mundo por su causa, y él lo sabía. Su cara, casi inerte en su inexpresividad, casi dibujó una sonrisa al recordarla. Kong, aquella extraña criatura que rivalizaba en intelecto con los más grandes, pero cuyas prisas habían acabado por jugarle más de una mala pasada. En su interior, Landon sabía que aquel inventor chiflado no tenía nada que envidiar a grandes como el Dr. Omp. Sin él y sus dotes de ingeniería, a la par de sus dotes de combate, nada de todo aquello habría sido posible.

Años de recuerdos se agolpaban en su cabeza. Los años en la Marina, los ascensos, la tentación, el poder, las acusaciones, el asco, el exilio, el plan.

Los golpes de la Kuja atinaron, provocando primero que cayese al suelo, desplomándose en su inconsciencia. No luchó. Apenas se reflejó en su propia cara. Todo se volvió negro, pero a él no le importó, demasiado inmerso ya en sus propios delirios, en los pensamientos que corrían por su castigada mente. Lo había intentado. Había dejado el listón alto. Con un poco de suerte, no sería el último en morir en aquel lugar. Si alguno sobrevivía, esperaba que recordase aquel día para siempre.

Con un sonido que, en esta ocasión, todos pudieron oír, Landon Coates exhaló su último aliento sobre el crudo suelo de hormigón.




Resumen

Información
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 258 - 1108 = -850
Energia: 1563 + 0 = 1563
Espiritu: 505 + 0 = 505


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 7) - por Landon Coates - 10-04-2026, 12:52 PM

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