09-04-2026, 08:18 AM
(Última modificación: 09-04-2026, 08:30 AM por Runin D. Kitay.)
[personajeinvalido=3367]
Existen un sinnúmero de palabras para evocar la percepción que se tiene de las personas; nadie escapa al señalamiento, de esa extraña necesidad de clasificar y nombrar, de utilizar adjetivos con la finalidad de juzgar todo cuanto pise la tierra. La fémina de mirada chocolate incluso se atrevería a afirmar que, más allá de las olas y el cielo, de la vida y la muerte, de lo onírico y el insomnio, la naturaleza (no solo del ser humano, sino de una infinidad de especies), está estrechamente ligada a un conjunto de cualidades y carencias que, de forma inevitable, serán resaltadas, ya sea por uno mismo o por los demás.
No hace falta ver a través de la máscara para imaginar la desmedida expresión que con seguridad oculta: repulsión y asco, cólera y odio, superioridad y narcisismo. ¿Acaso no se ha burlado de ellos desde el momento en que aquella primera puerta se abrió ante sus ojos? ¿No ha hecho gala de su velocidad, fuerza y de una confianza casi insolente para socavar cualquier intento de rebelión o persistencia? ¿No los ha herido con la intención de romper no solo sus cuerpos, sino también sus voluntades?
Entonces, ¿Por qué, a pesar de todo, la inmensa figura, ahora lacerada, es quien decide mostrar debilidad ante el grupo que constantemente desdeña? Cada pensamiento dedicado a sus adversarios, cada risa, cada puñetazo y cada agarre, cada golpe recibido, cada grito ahogado y cada furibunda mirada se deshacen en el instante en que la máscara encuentra su fin a manos del propio Buccaneer. Los pedazos caen sobre el hormigón mezclándose con la sangre del azabache y, lejos de mostrar algún rastro de empatía o sorpresa, lo único que llena el pecho de la amazona es la incontenible adrenalina, producto de sus más vertiginosos pensamientos y desbocadas emociones.
Si tuviera que utilizar un adjetivo, una palabra digna para juzgar a su adversario, para englobar todo su ser ¿Cuál sería? Dirán que es “egocéntrico”, pero no, la fémina tiene otra palabra en mente:
Landon Coates es débil; carece de la fortaleza necesaria para perseverar en un mundo cambiante y arreciante como es el que todos ellos habitan. ¿Qué suele decirse sobre los egocéntricos? Que viven a merced de una constante necesidad de validación; la crítica arrasa con ellos, que el cambio de circunstancias los desesperan; tratan de imponerse ante cualquiera que ose colocarse enfrente; no aceptan sus propios errores, no conviven con los errores ajenos intentando superarlos, siempre buscan culpables a los que señalar.
La sonrisa de la fémina se intensifica al sentir que sus puños han hecho más que antes, al entender, por fin, la verdadera naturaleza de aquel hombre: del Buccanner que, desesperado, busca víctimas a las que golpear en pos de aferrarse a objetivos que nadie en aquella habitación alcanza a comprender y que, en definitiva, no les interesa conocer.
Un borrón es lo que la kuja apenas capta al notar que su adversario no se encuentra en la misma posición en la que había logrado golpearlo. No. Basta un rápido vistazo para entender que el cuerpo del marine rubio permanece inconsciente y que el espadachín ha sido liberado de su agarre. Ella, por su parte, se encuentra ilesa más allá de las heridas pasadas. ¿La única resolución posible? La hermosa lunarian, la única a la que ha ignorado durante aquella afrenta.
Runin regresa la mirada hacia la esquina superior derecha, encontrando el fatídico escenario de la dulce fémina siendo atacada. Los dientes chirrían entre sí al tiempo que gira el cuerpo en dirección a Landon. ¿Lista para arremeter contra él? No, no es estúpida. Por más que los puños ardan y el cuerpo tiemble de furia, se obliga a hacer lo necesario para obtener algún tipo de ventaja, por más nimia que esta sea. Ha contado los metros mientras retrocedía durante su embestida, ayudándose de la pronunciación de un abecedario que le permite intuir su posición. ¿Once? ¿Doce? Una estimación basta para que la sonrisa vuelva a aparecer en su rostro al tiempo que salta cuatro metros hacia atrás. Durante el trayecto gira su brazo izquierdo tres veces a gran velocidad.
La amazona le ha prometido a la lunarian que se lo retribuirá, ¿No? Incluso si no logra salvarla, no permitirá que el corrupto marine se atreva a arrebatarle la vida; aunque deba intervenir tarde, aún si debe emplear estrategias, aún cuando al caer sobre la superficie un fuerte grito es arrancado de sus pulmones.

—¡ARGH! ¡¿QUÉ DIABLOS?
La voz escapa, obligándola a entender lo inevitable: No ha errado; sus cálculos han sido lo bastante acertados como para haber escapado del extraño entorno de silencio que envuelve a Landon. Le gustaría ser más consciente de ello, de no ser por el persistente dolor en la planta de sus pies. No necesita mirar hacia abajo: el escenario entero se tiñe de pinchos que rasgan la piel y vierten la oscura sangre sobre la superficie que anteriormente era cubierta por el blanco hormigón.
Está bien, nada de ello importa, no cuando Landon le da aún la espalda, abriendo la brecha para que ella prepare su siguiente ataque. A pesar del punzante dolor, la fémina de mirada chocolate alza su guardia; los músculos de sus piernas se tensan, ambas orientadas hacia el oponente, la izquierda frente a la diestra.

—¡Si tengo que matarte para ser libre, cariño, lo haré! ¡SHOOTING STAR!
¿Aquella primera frase se la dedica a Landon o a sus improvisados compañeros malheridos? Ni siquiera Runin lo sabe. Lo único que tiene claro en ese momento es que, si se lanza directamente hacia Landon, cabe la posibilidad de herir a la lunarian; no puede permitirse algo así. Aun así, nada frena su iniciativa. No cuando su cuerpo se impulsa en un salto vertical hacia el enemigo, justo después de pronunciar el nombre de su técnica. Se desplaza lo suficientemente alto como para evitar el constante pulso de los pinchos, pero lo suficientemente bajo como para no perder la velocidad o fuerza de arranque.
Tocar de nueva cuenta la superficie la lleva a emitir quejidos de dolor, que desaparecen al encontrarse dentro del rango de la habilidad del enemigo. No importa: no necesita volver a hablar, no de momento, no cuando su puño izquierdo se dirige hacia la tibia del adversario en un golpe contundente, cargado de cada ápice de su coraje y fastidio, de cansancio y miedo, de dolor y rebelión.
¿No estaba demasiado ocupado enfocándose en la lunarian? Esas cosas no pueden quedar a la deriva, no cuando la amazona se concentra más en la intensa sensación de su puño al impactar la carne que en el dolor de sus pies; en cómo su brazo izquierdo gira tres veces más: una para cargar la habilidad de su fruta del diablo, las otras dos para evocar la memoria de su primera técnica utilizada.

—¡STAR TRIAL!
¿Piedad? ¿Templanza? ¿Empatía?
En realidad son fortalezas a tener en cuenta.
Pero así como Landon es débil, Runin también lo es, porque desde su perspectiva arrancarle la vida a una basura como él, es proporcional a convertirse en el elefante que aplasta a las hormigas sin darse cuenta.
Existen un sinnúmero de palabras para evocar la percepción que se tiene de las personas; nadie escapa al señalamiento, de esa extraña necesidad de clasificar y nombrar, de utilizar adjetivos con la finalidad de juzgar todo cuanto pise la tierra. La fémina de mirada chocolate incluso se atrevería a afirmar que, más allá de las olas y el cielo, de la vida y la muerte, de lo onírico y el insomnio, la naturaleza (no solo del ser humano, sino de una infinidad de especies), está estrechamente ligada a un conjunto de cualidades y carencias que, de forma inevitable, serán resaltadas, ya sea por uno mismo o por los demás.
Insignificantes.
Inferiores.
Inferiores.
No hace falta ver a través de la máscara para imaginar la desmedida expresión que con seguridad oculta: repulsión y asco, cólera y odio, superioridad y narcisismo. ¿Acaso no se ha burlado de ellos desde el momento en que aquella primera puerta se abrió ante sus ojos? ¿No ha hecho gala de su velocidad, fuerza y de una confianza casi insolente para socavar cualquier intento de rebelión o persistencia? ¿No los ha herido con la intención de romper no solo sus cuerpos, sino también sus voluntades?
Putos humanos.
Ratita kuja.
Ratita kuja.
Entonces, ¿Por qué, a pesar de todo, la inmensa figura, ahora lacerada, es quien decide mostrar debilidad ante el grupo que constantemente desdeña? Cada pensamiento dedicado a sus adversarios, cada risa, cada puñetazo y cada agarre, cada golpe recibido, cada grito ahogado y cada furibunda mirada se deshacen en el instante en que la máscara encuentra su fin a manos del propio Buccaneer. Los pedazos caen sobre el hormigón mezclándose con la sangre del azabache y, lejos de mostrar algún rastro de empatía o sorpresa, lo único que llena el pecho de la amazona es la incontenible adrenalina, producto de sus más vertiginosos pensamientos y desbocadas emociones.
Si tuviera que utilizar un adjetivo, una palabra digna para juzgar a su adversario, para englobar todo su ser ¿Cuál sería? Dirán que es “egocéntrico”, pero no, la fémina tiene otra palabra en mente:
Débil.
Landon Coates es débil; carece de la fortaleza necesaria para perseverar en un mundo cambiante y arreciante como es el que todos ellos habitan. ¿Qué suele decirse sobre los egocéntricos? Que viven a merced de una constante necesidad de validación; la crítica arrasa con ellos, que el cambio de circunstancias los desesperan; tratan de imponerse ante cualquiera que ose colocarse enfrente; no aceptan sus propios errores, no conviven con los errores ajenos intentando superarlos, siempre buscan culpables a los que señalar.
Débil.
La sonrisa de la fémina se intensifica al sentir que sus puños han hecho más que antes, al entender, por fin, la verdadera naturaleza de aquel hombre: del Buccanner que, desesperado, busca víctimas a las que golpear en pos de aferrarse a objetivos que nadie en aquella habitación alcanza a comprender y que, en definitiva, no les interesa conocer.
Un borrón es lo que la kuja apenas capta al notar que su adversario no se encuentra en la misma posición en la que había logrado golpearlo. No. Basta un rápido vistazo para entender que el cuerpo del marine rubio permanece inconsciente y que el espadachín ha sido liberado de su agarre. Ella, por su parte, se encuentra ilesa más allá de las heridas pasadas. ¿La única resolución posible? La hermosa lunarian, la única a la que ha ignorado durante aquella afrenta.
Débil.
Runin regresa la mirada hacia la esquina superior derecha, encontrando el fatídico escenario de la dulce fémina siendo atacada. Los dientes chirrían entre sí al tiempo que gira el cuerpo en dirección a Landon. ¿Lista para arremeter contra él? No, no es estúpida. Por más que los puños ardan y el cuerpo tiemble de furia, se obliga a hacer lo necesario para obtener algún tipo de ventaja, por más nimia que esta sea. Ha contado los metros mientras retrocedía durante su embestida, ayudándose de la pronunciación de un abecedario que le permite intuir su posición. ¿Once? ¿Doce? Una estimación basta para que la sonrisa vuelva a aparecer en su rostro al tiempo que salta cuatro metros hacia atrás. Durante el trayecto gira su brazo izquierdo tres veces a gran velocidad.
La amazona le ha prometido a la lunarian que se lo retribuirá, ¿No? Incluso si no logra salvarla, no permitirá que el corrupto marine se atreva a arrebatarle la vida; aunque deba intervenir tarde, aún si debe emplear estrategias, aún cuando al caer sobre la superficie un fuerte grito es arrancado de sus pulmones.

—¡ARGH! ¡¿QUÉ DIABLOS?
La voz escapa, obligándola a entender lo inevitable: No ha errado; sus cálculos han sido lo bastante acertados como para haber escapado del extraño entorno de silencio que envuelve a Landon. Le gustaría ser más consciente de ello, de no ser por el persistente dolor en la planta de sus pies. No necesita mirar hacia abajo: el escenario entero se tiñe de pinchos que rasgan la piel y vierten la oscura sangre sobre la superficie que anteriormente era cubierta por el blanco hormigón.
Duele.
Pero el dolor no es de débiles.
Pero el dolor no es de débiles.
Está bien, nada de ello importa, no cuando Landon le da aún la espalda, abriendo la brecha para que ella prepare su siguiente ataque. A pesar del punzante dolor, la fémina de mirada chocolate alza su guardia; los músculos de sus piernas se tensan, ambas orientadas hacia el oponente, la izquierda frente a la diestra.

—¡Si tengo que matarte para ser libre, cariño, lo haré! ¡SHOOTING STAR!
¿Aquella primera frase se la dedica a Landon o a sus improvisados compañeros malheridos? Ni siquiera Runin lo sabe. Lo único que tiene claro en ese momento es que, si se lanza directamente hacia Landon, cabe la posibilidad de herir a la lunarian; no puede permitirse algo así. Aun así, nada frena su iniciativa. No cuando su cuerpo se impulsa en un salto vertical hacia el enemigo, justo después de pronunciar el nombre de su técnica. Se desplaza lo suficientemente alto como para evitar el constante pulso de los pinchos, pero lo suficientemente bajo como para no perder la velocidad o fuerza de arranque.
Tocar de nueva cuenta la superficie la lleva a emitir quejidos de dolor, que desaparecen al encontrarse dentro del rango de la habilidad del enemigo. No importa: no necesita volver a hablar, no de momento, no cuando su puño izquierdo se dirige hacia la tibia del adversario en un golpe contundente, cargado de cada ápice de su coraje y fastidio, de cansancio y miedo, de dolor y rebelión.
¿No estaba demasiado ocupado enfocándose en la lunarian? Esas cosas no pueden quedar a la deriva, no cuando la amazona se concentra más en la intensa sensación de su puño al impactar la carne que en el dolor de sus pies; en cómo su brazo izquierdo gira tres veces más: una para cargar la habilidad de su fruta del diablo, las otras dos para evocar la memoria de su primera técnica utilizada.

—¡STAR TRIAL!
¿Piedad? ¿Templanza? ¿Empatía?
En realidad son fortalezas a tener en cuenta.
Pero así como Landon es débil, Runin también lo es, porque desde su perspectiva arrancarle la vida a una basura como él, es proporcional a convertirse en el elefante que aplasta a las hormigas sin darse cuenta.
BOLSA DE ESTRELLITAS



